Días atrás recibí un mail de Marcelo Risso, un abogado de la ciudad de Pergamino, en el que analizaba la situación conflictiva entre el gobierno nacional y el campo. La nota era extensa y pensada desde una perspectiva diferente a lo habitual.
Risso detallaba algo que, si bien es conocido gracias a la cobertura mediática del conflicto, es medular a la lucha que existe entre el matrimonio Kirchner y los productores agropecuarios para obtener la aceptación popular: “El gobierno sostiene que las retenciones móviles son necesarias para: mantener a raya los precios internos de los alimentos y para que haya mayor equidad distributiva”. Agrega que “se sostiene que el sector agropecuario ha sido el gran beneficiado… y que ese beneficio así obtenido debe ser utilizado por el Estado con fines redistributivos arengando para que el sector agropecuario sea más solidario con el conjunto de la población.” Risso también aclara las posiciones de las entidades agropecuarias: “… entre otros argumentos políticos, se sostiene que las retenciones no se coparticipan y por ende… se produce un flujo de dinero desde el interior hacia el Gobierno Central que es luego distribuido de manera arbitraria beneficiando a los gobernadores e intendentes afines al proyecto político gobernante y castigando a los opositores.”
Risso afirma: “En el conflicto desatado entre el gobierno y el campo, se esconden dos filosofías políticas: La primera (impulsada por Ronald Coase y Richard Posner -sobre la tesis del utilitarismo de Bentham y Stuart Mill)… sostiene que el sistema legal debe promover por todos los medios la creación de la riqueza” Esta política hace hincapié en la maximización de la riqueza y no en la distribución de la misma.
La segunda postura (sostenida por John Rawls en su obra “Teoria de la Justicia”) mantiene la idea de que “la principal virtud del sistema socio-económico es la justicia, y no la eficiencia o la maximización de la riqueza. Para ello se vale de la teoría del contrato social, sosteniendo que los eventuales fundadores de una sociedad nunca aprobarían reglas por las cuales alguien tolerara una pérdida de su beneficio en pos de un mayor beneficio disfrutado por otros.”…”Una idea que predomina en el filosofo norteamericano es que nadie merece (desde el punto de vista moral) la posición que ocupa en la sociedad, la cual es el producto de la “lotería natural”;… (por lo que) crea lo que él llama el <principio de la diferencia> por medio del cual se establece que es licito que los mejor dotados en una sociedad obtengan un mayor beneficio que el resto a condición que ese beneficio sea parcialmente compartido con los menos favorecidos de la misma.
Ello se logra, según Rawls, aplicando impuestos progresivos con los cuales el gobierno efectúe una política distributiva que permita mejorar la situación de los más pobres. La tesis de Rawls es un intento por lograr una mayor igualdad dentro de un sistema de economía de mercado. No es socialista, ya que no promueve la abolición del mercado ni de la propiedad privada, pero se distancia del capitalismo a ultranza, ya que, permite -fundado en ideales distributivos- apropiarse de los beneficios obtenidos por el capital o aún por el propio esfuerzo con el fin de mejorar a los menos favorecidos.”
Finalmente Marcelo Risso deja una conclusión: “Desde ya que ninguna fórmula obtendrá el cien por cien de eficiencia ni el cien por cien de justicia, pero esto es así debido a que un sistema donde se busque el cien por cien de justicia, implicaría adoptar un sistema social donde el intento por igualar a todos, impediría la obtención de lucro como motor de la economía, y nadie tendría suficientes incentivos para agrandar la torta si no se le permite apropiarse de una buena parte de la ganancia. Por el contrario, un sistema social que busque únicamente la maximización de la riqueza, pero se desentienda totalmente de cómo se distribuye esa riqueza, más tarde o más temprano podría generar tensiones sociales que acabarían con el propio sistema.
En el conflicto Gobierno-Campo puede verse en líneas generales un enfrentamiento entre las tesis que acabamos de reseñar. El Gobierno tolera cierto margen de utilidad empresaria, pero por encima de cierto porcentaje interviene con regulaciones que implican una absorción de esas utilidades con el declarado propósito de redistribuirla entre los menos favorecidos. A menudo el Gobierno ha suprimido directamente la utilidad empresaria por un sistema de subsidios, donde el subsidio se transforma en la verdadera utilidad empresaria, con lo cual el sistema deja de ser de riesgo empresario, para pasar a ser un sistema de utilidad empresarial “administrada” por un burócrata, lo que a menudo termina transformando esa área económica en un sistema susceptible de ser corrompido y totalmente ineficiente. También el Gobierno considera que la renta extraordinaria del campo no es fruto de su esfuerzo, sino que es el fruto de un hecho fortuito como es el de mercado de comodities creciente que impulsa los precios hacia arriba, y por lo tanto como los productores no han hecho nada para disfrutar de ese beneficio extraordinario, que sería producto de la lotería natural, es justo confiscarlo en beneficio de los menos favorecidos.”
Yo intentare ampliar lo dicho por Risso en su muy interesante reflexión haciendo referencia a lo siguiente:
La renta extraordinaria
Escuchando a la mayoría de los defensores de las retenciones móviles, (y dejando de lado los insultos y calificaciones agresivas que usualmente emiten), se puede inferir que la frase “renta extraordinaria” la aplican a las ganancias adicionales que no estaban previstas al momento de la compra de un bien o del inicio del proceso de una producción, las cuales consideran más que extraordinarias, excesivas. ¿Pero quiénes son los que deciden si una ganancia es “excesiva”? Por lo que hemos visto, no son aquellos que la producen. Parecería ser un tema delicado el juzgar y decidir sobre el destino de un dinero ajeno. Para evitar conflictos imprevistos generados por un abuso de poder por parte de un gobierno, los sistemas democráticos y republicanos establecen reglas claras y límites preestablecidos para fijar los gravámenes impositivos y aduaneros. Por supuesto, éstas deben ser previamente negociadas con los sectores involucrados.
Los valores de la soja, trigo, arroz, y otros bienes no aumentaron por consecuencia de una estrategia maquiavélica del exterior capitalista en su afán de dañar al paraíso argentino, o por producto fortuito de la “lotería natural de la vida”, sino que sus incrementos se debieron, fundamentalmente, a la relación que existe entre la oferta y la demanda, que es la base del sistema económico que rige en gran parte del mundo incluyendo a nuestro país.
Ahora bien, si consideramos a estos aumentos de los productos agropecuarios como una “renta extraordinaria”, deberíamos plantearnos porque se grava con increíble rigor a su producción y no a la de otros sectores. Por ejemplo, en el último año los valores de los automóviles cero km aumentaron 35% en dólares (las terminales aducen aumento de costos pero el campo también sufrió un elevado incremento de ellos). ¿Por qué no se aplican gravámenes adicionales a su venta?
Pero ingresemos en un terreno que involucra a mucha más gente: las propiedades inmobiliarias. Toda la población (incluido el matrimonio Kirchner) vio elevado su patrimonio de una manera asombrosa. Departamentos que en el año 2000 (cuando regía el 1=1) costaban, por ejemplo u$s 30.000, hoy se venden entre 60 y 70 mil dólares. Ni hablemos si la comparación la realizamos con los años 2002/3, en el pos colapso económico del país, cuando se podía comprar de todo por “centavos”. ¿No es esto pasible de ser considerado “renta extraordinaria”?
Por supuesto, si el Estado implementara un sustancial aumento del porcentaje del impuesto a la venta de sus bienes, no tengo demasiadas dudas de que todos los que apoyan el incremento de las retenciones agropecuarias y que, adicionalmente, tuvieran propiedades –pequeñas, medianas o grandes- se indignarían y saldrían en masa a la calle para resistir la expropiación.
¿Pero por qué se enojarían?? Es obvia la respuesta, a nadie le gusta que le metan la mano en el bolsillo. Es fácil declamar y acusar a quienes se resisten a compartir su dinero más allá de lo que establece la ley. Es que somos casi todos genios económicos o socialistas sensibles cuando se trata de apropiarse de la riqueza de los otros, pero cobardes y egoístas cuando se trata de la propia. Para justificar o ocultarse a sí mismos tamaña injusticia, señalan a aquellos otros de oligarcas, antipatrias, evade-impuestos, millonarios insensibles, entre muchos epítetos, algunos de ellos irreproducibles en este blog.
Seguramente, cuando en uno de los últimos discursos de la presidenta argentina, los asistentes aplaudieron la confirmación de las retenciones móviles, ninguno de ellos pondría la mano en su bolsillo para ayudar a esa “redistribución de la riqueza”.
La redistribución de la riqueza
Son los impuestos coparticipables los que permiten una adecuada distribución de la riqueza generada por la masa productiva y de consumo de un país. Esto se debe a que los gobiernos centrales son bastante incapaces de conocer los detalles de las necesidades de sus estados o provincias. Creo haber sido bastante claro en mi nota anterior (“La crisis del campo: una consecuencia inevitable de la macrocefalia argentina”) sobre el tema de la coparticipación, por lo que haré sólo un sencillo agregado: A diferencia del impuesto a la ganancia, donde el porcentaje se aplica sobre el beneficio neto, las retenciones aduaneras a las exportaciones, se aplican en forma directa sobre el valor bruto de venta (similar al esquema de los ingresos brutos). Es decir, no le interesan los gastos y costos del que produce ese bien. Gana o pierda el productor le da lo mismo al Estado nacional porque si pierde (imponderables como el clima, huelgas, pestes), el gobierno nacional no “coparticipa de esa pérdida”. Es un socio sin ningún riesgo.
La ruta del dinero que se retiene
Dentro de lo posible, pues el matrimonio Kirchner tiene la costumbre de no aclarar debidamente los destinos de los fondos públicos) intentaré seguir la ruta del dinero.
Con los elementos que tenemos a mano, podemos decir que son los planes sociales al conurbano y los subsidios a las empresas de servicios básicos y transportes quienes reciben la mayoría de la promocionada redistribución.
¿Pero donde están localizados los principales servicios que reciben esos subsidios? En Buenos Aires. Salga usted y vaya al interior del país, por ejemplo, a Ituzaingo, en la provincia de Corrientes, descubrirá que, a pesar de que este pueblo está a 20 km de Yaciretá, sus habitantes pagan la electricidad tres veces más que los de Buenos Aires. Lo mismo sucede con el gas, al cual este año importamos pagando hasta cuatro veces más que el precio de compra interno al que se ven obligados los productores nacionales a vender. ¿Y la nafta? Todos lo que viajaron a las provincias en los últimos años han podido comprobar que una cosa era el precio del litro de nafta en Buenos Aires y otra muy distinta en el interior.
¿Y los planes sociales? Ya conocemos que el grueso del dinero va hacia al conurbano bonaerense (según las cifras electorales, es allí donde el peronismo kirchnerista tiene su mayor caudal de votos). Por supuesto, que se trata de un amplio sector de la población que sufre las consecuencias del desempleo, la delincuencia, la falta de una vivienda adecuada, salud y educación. ¿Pero qué decir de la miseria y el desamparo de los habitantes de los pueblos del interior del país? Además, ¿de dónde vino esa enorme masa de habitantes del cinturón poblacional que rodea a la Capital Federal? Los censos realizados desde hace casi dos décadas nos dice que la mayoría tiene su origen en los pueblos y ciudades de nuestras provincias. Cuanto más empobrecemos el interior más se despoblará éste buscando la quimera de oro que es Buenos Aires.
Buenos Aires es la principal beneficiada de la riqueza del interior
Entonces, nos encontramos con la hipócrita situación de que cuando el gobierno nacional reclama justicia social para todos, piensa solucionar –solo en parte según lo que se observa de la realidad capitalina y bonaerense- algunas de las carencias y reclamos de Buenos Aires pero generando una fenomenal injusticia socio- política y económica para el resto del país.
La mayor parte del dinero que se le saca a la producción generada en el interior del país mediante las retenciones aduaneras, termina en Buenos Aires. Parecería que después de casi 200 años, el unitarismo esta vivito y coleando, trasgrediendo el espíritu republicano y federal que determina el artículo primero de nuestra constitución. Sería muy importante que los militantes kirchneristas explicaran a qué tipo de democracia se refieren cuando hablan todo el tiempo de defenderla. O… ¿Qué entienden como democracia?
Enrico Udenio
24 de junio de 2008

