Los Anteojos del Tata

Entradas de Noviembre 2008

LA QUIMERA DEL ORO

Noviembre 30, 2008 · 5 comentarios

“Los empresarios deben entender que el Estado es su mejor aliado”

Cristina Fernández de Kirchner

 

La frase que encabeza esta nota, dicha días atrás en la Convención de la Cámara Argentina de la Construcción, es de una transparencia psicológica tal, que hasta genera cierta sorpresa por su ingenuidad. La presidenta argentina nos está diciendo –a nivel inconsciente, por supuesto- que para hacer buenos negocios en el país, hay que “asociarse” con ella y su marido. Incluso, los Kirchner han facilitado esta posibilidad como ninguna otra presidencia lo hizo: es cuestión de pedirle asesoramiento a la Consultora Chapel, dirigida y atendida por la misma familia Kirchner, para acceder a las prerrogativas especiales que se supone derivan de tenerlos como asesores de negocios.

La asociación riqueza-estado no es un concepto novedoso en la Argentina ya que se trata de un paradigma desde la época de la colonia española. Recordemos que, en aquellos tiempos, las tierras eran el sinónimo del acceso a la riqueza, y se otorgaban a los que detentaban el poder: la nobleza, el clero y la jerarquía militar. Esto determinaba que la manera más idónea para hacerse rico era estar cerca de estos poderes. Cuanto más cerca, mayor el beneficio.

En cambio, en los Estados Unidos y en Australia (que poseen la característica común de ser jóvenes, pertenecer al nuevo mundo, y tener grandes extensiones territoriales y riquezas naturales como la Argentina), desde la primera época de sus respectivas colonizaciones británicas y seguramente bajo la influencia de la religión protestante, la generación de riqueza y prestigio social estaba asociada mucho más al trabajo competitivo y del esfuerzo personal que a las siempre importantes conexiones con el poder.

 

La asociación de la riqueza con los favores que se podrían obtener del Estado determinó que el hacer negocios por fuera de ese vínculo constituyera un desafío a la imaginación y a la supervivencia.

 

En la Argentina, la asociación de la riqueza con los favores que se podrían obtener de los políticos de turno dejó una profunda huella en nuestra cultura y determinó que el hacer negocios por fuera de esos vínculos constituyera un desafío a la imaginación y a la supervivencia. Cuando una empresa comienza a crecer comercialmente, aparecen inmediatamente los “socios indeseables”: funcionarios del gobierno provincial y nacional, punteros políticos de la zona, empleados municipales de las más inimaginables reparticiones o sectores burocráticos, policías, el sindicato, la mutual, inspectores que aplican controles de todo tipo, incluso los más ridículos, etcétera, etcétera. Todo proyecto de desarrollo que intente llevar a cabo un empresario será interrumpido por un constante cambio de las reglas comerciales y legales que generarán un inacabable juego de obstáculos los cuales, la mayoría de las veces, deberá superar a través de una coima, salvo que acepte el riesgo de que ser perseguido por el Estado, los sindicatos y la justicia manipulada por el poder de turno.

Es que cuando el sistema demoliberal no es sostenido por la justicia, aparecen las continuas transgresiones para poder crecer o simplemente sobrevivir, y el capitalismo se queda sin la sangre que necesariamente debe correr por sus venas: el capital. Es que “el dinero es extremadamente sensible” y reacciona en forma inmediata cuando no se siente protegido por leyes claras y permanentes en el tiempo. El presidente de una empresa informática de la Alemania Occidental, en épocas previas a su unificación con la Oriental, me dijo en una ocasión: “no nos interesa demasiado que las leyes en la Argentina sean muy favorables a las inversiones; lo que necesitamos es que, sean las leyes que sean, se apliquen y se mantengan en el tiempo independientemente del tipo de gobierno que tengan”.

 

LAS NUEVAS MEDIDAS ECONÓMICAS

 

El paquete de medidas anunciado el martes 25 de noviembre incluye blanqueo de capitales, perdón y exención de penas impositivas, blanqueo laboral y ahorro de una parte de los aportes laborales patronales para aquellos que tomen nuevos empleados y no despidan personal; y una inversión en obra pública de 71 mil millones de pesos.

 

Una de las primeras cosas que se aprende en economía es que una medida podrá ser eficaz o no según sea la circunstancia social y política que se viva en el momento de aplicarla. Cuando una buena idea se ejecuta fuera de tiempo y forma, lo más probable será esperar su fracaso. La mayoría de las medidas anunciadas estarían dentro de este concepto.

 

Una de las primeras cosas que se aprende en economía es que una medida podrá ser eficaz o no según sea la circunstancia social y política que se viva en el momento de aplicarla.

 

Un empresario toma empleados si existen expectativas de progreso. Caso contrario, no lo hará aunque le prometan una sustancial baja en los costos sociales, cosa que, además, no ha sucedido porque no pagar el 50% de los aportes patronales por un año no es un ahorro económicamente tan atrayente como para impulsarlo a afrontar el riesgo de una fuerte indemnización por despido de ese nuevo personal en el supuesto caso que no se materialicen esas expectativas de progreso.

 

La moratoria impositiva perdonando multas e intereses por deudas impagas, incluyendo los casos que ya están en mano de la justicia, podría ser un instrumento eficaz para lograr algún ingreso de dinero. Lo negativo de esta medida estaría en que se fortalece la imagen de un gobierno que parece estar desesperado por recaudar dinero y muy ansioso por favorecer a empresarios amigos acosados por la justicia penal tributaria.

 

Con respecto a los 71 mil millones de pesos que el gobierno nacional invertirá en obras públicas, ¿qué podemos decir que ya no se sepa? Desde el inicio de su mandato, Néstor Kirchner se despachó con anuncios de todo tipo. Después de cinco años, lleva apenas construidas el 20% de la Escuelas prometidas, y apenas el 12% de los nuevos sistemas cloacales, por citar solo dos ejemplos de las numerosas obras públicas anunciadas y ejecutadas solo en parte, sin tomar siquiera en cuenta obras más antiguas que siguen hoy inconclusas. Por supuesto, todavía estamos esperando los “20 mil millones de dólares que invertirían los chinos en la Argentina”. Además, el monto real posible es mucho menor. No solo por los “sobreprecios” que existirán y alimentarán aun más la corrupción existente, sino porque Kirchner confía en que el grueso del dinero para ejecutar esas obras lo obtendrá con la repatriación de los capitales argentinos desde el exterior. 

 

Justamente este último es el punto central del paquete de medidas económicas que quieren implementar: el blanqueo de capitales. Una idea que los KK tenían pensada aplicar a principios de este año dentro del marco del anunciado pero nunca logrado acuerdo del “bicentenario” y que finalmente vio la luz esta semana. Pero entre ese momento y la actualidad se dieron algunos hechos que marcaron la diferencia: el intento del gobierno de captarle al campo un mayor monto de dinero en impuestos, finalmente frustrado en el senado; la expropiación de Aerolíneas Argentinas, inexplicable desde todo punto de vista; la constante persecución contra la prensa no oficialista, ahora ejecutada por la estructura filo-mafiosa dirigida por Hugo Moyano, y principalmente, la expropiación de los fondos de los afiliados a las AFJP. Esta última medida fue la mecha que hizo explotar al mercado.

 

LO INEXPLICABLE

 

Dentro de 20 o 30 años, cuando gracias al paso del tiempo se pueda analizar con mayor objetividad crítica el comportamiento del matrimonio Kirchner en el ejercicio del gobierno, se podrán conocer testimonios que corroboren la improvisación de gran parte de su accionar y de su falta de visión estratégica para insertar al país dentro del círculo del poder mundial. Pero no será necesario que transcurra todo ese tiempo para que se tome conciencia de que la decisión de expropiar los fondos de los afiliados de las AFJP se convertirá en el más nefasto e inexplicable de los errores cometidos durante su gobierno. El daño producido por esa acción ha superado con creces los beneficios económicos que los KK podrán obtener gracias al monopolio estatal de las jubilaciones.

Quizás preocupados por la dura derrota legislativa sufrida con la fallida resolución 125 (el aumento de las retenciones a las exportaciones agropecuarias), al momento de analizar la medida de expropiación de los fondos previsionales privados, los Kirchner sólo se habrán interesado en evaluar si conseguirían la aprobación del Congreso. La alegría habrá sido inmensa al obtener el apoyo de gran parte de la izquierda que, por ser fiel a su ideología  y en una especie de suicidio político, se encegueció y acompañó al oficialismo en esa aprobación contradiciendo las decisiones expresadas oportunamente por los afiliados.

Preocupados unos por apropiarse del dinero acumulado en 14 años de ahorros y otros por hacer desaparecer a las odiadas empresas privadas previsionales (AFJP), ambos sectores se negaron a ver el verdadero punto central en juego: ¿Qué sucedería si no se respetaba la decisión ciudadana de elegir su propio sistema de jubilación? ¿Qué sucedería si los ahorros acumulados individualmente en las AFJP, constitucionalmente pasibles de ser considerados como una propiedad con acceso hereditario, se los convertía compulsivamente en un bien común a repartir solidariamente?           

¿Cómo fue que ninguno de los que apoyaron la medida previó el terrible deterioro que se produciría en la confianza de los habitantes? ¿O pensaron en ello pero, al no haber grandes manifestaciones que se opusieran al proyecto creyeron que ese deterioro no se produciría? Si fueran personas más inteligentes deberían conocer que los grandes quiebres internos se producen cuando no cuentan, justamente, con una fuerte exteriorización.

 

Preocupados por apropiarse del dinero acumulado en 14 años de ahorros y por hacer desaparecer a las odiadas empresas privadas previsionales (AFJP), se negaron a ver el verdadero punto central en juego.

 

En un país como la Argentina, donde los ahorros de su población se encuentran muy desamparados por la escasa aplicación de las leyes vigentes, la expropiación de los fondos de los afiliados de las AFJP, a un año apenas de que éstos exteriorizaran libremente su elección, fue vivida como un claro manifiesto y predicción de que cada vez que el gobierno nacional necesitara de dinero, iría por él sin importar demasiado los medios a utilizar.

La bolsa de valores cayó estrepitosamente; el Banco Central tuvo que establecer fuertes restricciones a la compra de divisas para frenar el alza del dólar; se intensificó la fuga de los capitales y se esparcieron una serie de rumores que espantaron a los ahorristas, como fue el caso de la probable intervención de las cajas de seguridad de los bancos, murmuración no negada aún por los funcionarios públicos.

Probablemente el blanqueo de capitales, que junto con las otras medidas económicas necesita todavía obtener la aprobación del Congreso, sea aprovechado por los amigos del gobierno para blanquear ganancias conjuntas no declaradas, o por inversiones puntuales que se hubieran realizado igualmente aunque no hubiera existido este blanqueo, pero sus principales beneficiarios serán las mafias de todo tipo y el narcotráfico, cuyo objetivo esencial es incorporar dinero ilegal a las actividades comerciales para legalizarlo.

En cambio, fracasará estrepitosamente con la mayoría de los que tienen ahorros no declarados, estén o no en el exterior. Un amigo mío lo sintetizó con esta sencilla frase: “Ni aunque me paguen por traer plata lo haría. ¿Para qué? ¿Para que después me enchufen un corralito o se la queden ellos con el discurso del bien social?”  

 

CUESTIÓN DE CONFIANZA

 

También días pasados un empresario me comentaba sorprendido sobre los astronómicos montos que los Estados Unidos pondrían en circulación para paliar las grave crisis financiera de su país. Cientos y cientos de miles de millones de dólares que aportará el tesoro de ese país dejan asombrados a una buena parte de la humanidad. ¿De dónde sacan tamaña “caja” los norteamericanos? La respuesta es tan natural como cruel para los argentinos: de la confianza que esa misma humanidad tiene en que los Estados Unidos soportarán lo que haya que soportar pero no modificarán las reglas básicas del sistema capitalista. ¿En alguna parte del mundo hay alguien que pueda ocurrírsele que el gobierno norteamericano pueda violar las cajas de seguridad de los bancos? ¿O que no respete a la propiedad privada como el derecho primordial de los ciudadanos? ¿O que expropie una compañía aérea deficitaria para quedarse con un negocio también ruinoso? ¿O que sus funcionarios no se pronuncien en contra de una acción mafiosa que intenta impedir la distribución de diarios y revistas opositores?  

Probablemente nadie.

Entonces, contra todos los pronósticos nefastos que existen sobre la economía estadounidense y sobre su moneda, e incluso a sabiendas del monstruoso nivel del déficit que debe soportar ese país, la gente de casi todo el planeta vende sus divisas para comprar dólares o bonos del tesoro norteamericano aunque no rindan beneficio alguno. Es así como Estados Unidos obtiene el dinero que necesita.

Claramente los inversores renuncian a cualquier posibilidad de ganancia porque creen que con esa moneda y/o esos bonos conquistan seguridad. Saben que en ese país no se confunde fácilmente lo urgente con lo importante. Pero Estados Unidos no es el único país en América que mantiene esta postura. Otras naciones siguen el mismo camino, como es el caso de Brasil, Uruguay y Chile.

 

El caso argentino representa el polo opuesto ya que la confianza se fue esfumando en cada una de las decisiones donde lo urgente prevaleció sobre lo importante.

Así como la vida no perdona la persistencia del hombre en su elección de los caminos equivocados, tampoco la geopolítica mundial perdona los desastres políticos y económicos en los que, desde hace décadas, obstinada e insistentemente incurre la Argentina. El mundo real le pasa y le seguirá pasando la factura cobrándosela con la quita de confianza, credibilidad y dinero.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

30 de noviembre de 2008

 

 

 

 

Categorías: Actualidad · Política y economía

LA PAJA EN EL OJO AJENO

Noviembre 25, 2008 · 9 comentarios

Tal como muchos declaman, es muy probable que el corte de la autopista realizado por algunos pobladores de la villa de emergencia nº 31 haya sido promovido por grupos políticos que intentan desgastar la imagen de Mauricio Macri. Pero, cuando los movilizados son mayoritariamente hombres, mujeres y niños en situación de desamparo, resulta imprescindible que quienes ejercen el gobierno encuentren soluciones alternativas a los graves problemas que enfrentan esas personas carenciadas.

Cuando la administración Kirchner culpa a Macri por los conflictos generados por causa de la usurpación de tierras de la villa 31, intenta evadir su responsabilidad  ya que ese asentamiento existe sobre tierras pertenecientes al gobierno nacional y que ha crecido más del doble en tamaño y en población desde que Néstor Kirchner asumió como presidente de la nación en el año 2003.

Además, el ministro del interior, Aníbal Fernández, asume una actitud hipócrita cuando niega su inacción ante los piquetes, y miente al asegurar que él no manipula a la policía. Yo soy testigo de esa manipulación. Tengo mi despacho sobre la Avenida de Mayo y doy fe de que en cada movilización que realizan algunos sectores opositores a las políticas del gobierno, no hay ningún policía en la zona, mientras que durante las otras  manifestaciones, las fuerzas de seguridad cortan las calles, regulan el tráfico y controlan que todo se desarrolle ordenadamente. Como ejemplo basta comentar la última movilización opositora: Aquellos ciudadanos que estaban en contra del monopolio estatal de las jubilaciones realizaron sobre esa avenida una marcha desde la Casa Rosada hasta el Congreso para instar a los senadores a que no aprobaran la ley enviada por el poder ejecutivo. No era posible encontrar policías ni aún a los que habitualmente custodian a los bancos que dan sobre la avenida.    

 

Se supone que la investidura presidencial obliga a gobernar más allá de los partidismos políticos o ideológicos.

 

Si bien, al iniciar su gobierno de la ciudad, se descontaba que Mauricio Macri no iba a contar con el apoyo declarado de Kirchner, tampoco era previsible que, por oponerse a él, el gobierno nacional dejara desamparados a los tres millones de habitantes que tiene la Capital Federal. Se supone que la investidura presidencial obliga a gobernar más allá de los partidismos políticos o ideológicos. Esto no ha sido así. Todo lo contrario. En ocasiones, el nivel del grupo opositor al gobierno actual de la ciudad en la legislatura porteña suele ofender el intelecto del ciudadano. Este el caso del impuesto del 6 por mil sobre el consumo con tarjetas de crédito que quiso implementar el PRO. El bloque kirchnerista argumentó su oposición a esta medida sobre la idea de que este impuesto promoverá la recesión cuando promulgarán en los próximos días la prórroga del impuesto nacional al cheque, cuyos fondos tienen un volumen tal, que torna insignificante y ridículo al que se podría recaudar con el de las tarjetas de crédito.

Más allá de la conveniencia o no de activar más impuestos, quiero señalar la infamia política que significa el concepto que está detrás de este discurso kirchnerista: Si la oposición quiere implementar impuestos para aumentar la recaudación, está promoviendo la recesión. Si lo mismo hacen ellos, se trata de combatir esa recesión.    

El argumento principal que esgrimen aquellos que quieren o aceptan la prórroga del impuesto al cheque es que el gobierno necesita recaudar más para enfrentar la crisis internacional. Este discurso adolece de estas falencias:

a) La crisis financiera mundial tiene un mes de antigüedad y el gobierno ya había anunciado con anterioridad su intención de prorrogar ese impuesto cuya recaudación ya estaba prevista en el presupuesto aprobado semanas atrás;

b) Es un impuesto nacional provisorio que ha perdido su condición de transitoriedad pues se viene aplicando año tras año;

c) Es falso el concepto ideológico subyacente que es el de afrontar las crisis recaudando más, ya que éste se aplicaría para defender un impuesto para el Gobierno Nacional pero se le niega la misma prerrogativa al Gobierno de la Ciudad;

d) Se toma como única verdad la idea de que para solucionar la delicada situación socio económica actual el gobierno debería recaudar más, al tiempo que el resto de los países involucrados en la crisis mundial ha comenzado a implementar políticas totalmente opuestas al bajar los impuestos para liberar dinero disponible para el consumo. 

 

Una vez más, como sucede desde hace décadas, el país funciona a contramano del mundo (Ver nota: “Un Corso a Contramano”).

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

24 de noviembre de 2008

Categorías: Actualidad · Política y economía

LA ARGENTINA SEGÚN LOS KIRCHNER

Noviembre 16, 2008 · 26 comentarios

 

Si no media algún imprevisto, en los próximos días el Congreso Nacional aprobará la expropiación de los fondos privados de las AFJP y prorrogará, por otro año más, la ley de emergencia económica que otorga poderes extraordinarios al poder ejecutivo. En esta ocasión, el oficialismo utiliza el pretexto de la crisis financiera internacional para justificar tal prórroga, un argumento pueril si se toma en cuenta que ninguna de las otras naciones del mundo que sufren la crisis le ha otorgado semejante poder a sus gobernantes, y que esta declaración de emergencia se viene aplicando en la Argentina desde hace seis años.

 

En la política de hoy, parecería ser que es mucho más importante lo que se dice, y cómo se lo dice, que el accionar posterior de sus actores. Recordemos la frase del director de estudios latinoamericanos de la Universidad de Texas, Nicolás Shumway: “La cultura política argentina tiene una extraña fe en las palabras; se cree que ellas resuelven los problemas”.

En reiterados discursos, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hace referencia, con tono irónico y despreciativo, a todos aquellos que han pronosticado desdichas y males para la economía argentina pero que ésta se mantiene bien robusta. Con esta actitud envía el siguiente meta-mensaje: “los que no nos querían anunciaban el apocalipsis pero se equivocaron porque ¡miren lo bien que nos fue!”. Lo hace desde un imaginado atril del éxito, sostenido por los números que semanalmente el INDEC vuelca a la sociedad. Es que, si nos guiamos por estos índices, es verdaderamente asombroso el resultado positivo de la marcha de la economía argentina y, ni qué hablar de sus beneficios sociales.

 

Si nos guiáramos por los índices del INDEC, es verdaderamente asombroso el resultado positivo de la marcha de la economía argentina y, ni qué hablar de sus beneficios sociales.

 

Repasando los datos del INDEC de los últimos dos años, comprobamos que este organismo nacional no aportó ninguna estadística negativa: siempre hubo más trabajo, menor pobreza, menos indigencia, mayor inversión, menos desocupación, más consumo, casi nada de inflación, aumentos del PBI, de la industrialización, de las exportaciones, etcétera, etcétera. Con todos estos excelentes resultados no parecería tener sentido alguno el hecho de que, año tras año, en el Congreso Nacional se prorrogue la calificación de emergencia económica para la Argentina.

Pero, claro, si descendemos del atril presidencial, nos encontramos con una realidad muy diferente, tan distinta a la que pregonan los KK que hasta podríamos afirmar que hubiera sido insensato eliminar la situación de emergencia económica que desde hace seis años rige para el país.

 

UN MUNDO AL REVÉS

¿Cómo es posible que los gobernantes de una nación puedan crear un mundo tan irreal?

Lo hacen instrumentando un sistema de desinformación constante. Una táctica sostenida por dos premisas:

1) La descalificación del denunciante. Si no es posible hacerlo en el plano profesional, se lo intenta aludiendo a algún aspecto ético o moral; y

2) La manipulación de las cifras. Si no es posible cambiarlas, se les da una distorsionada interpretación. Algunas de ellas pasarán, como en una caricatura, a la historia del país (como ejemplo vale recordar una de las más absurdas afirmaciones oficiales: “No hay un incremento de la inseguridad. Es sólo una sensación”).

 

Si repasamos la mayoría de las expresiones del oficialismo comprobaremos que esta táctica se extiende a todos los temas y personas que osan criticar, o perturbar las acciones o las intenciones del matrimonio presidencial. Mediante todo tipo de insultos, agravios y expresiones, los KK buscan desacreditar a sus opositores o desvalorizar las críticas a su gestión, pero casi nunca responden a los hechos en sí mismos.

Ejemplos abundan todos los días: “la plata de los jubilados no va a ser timbeada por cuatro o cinco vivos”, una frase dicha por Néstor Kirchner en defensa de la expropiación de los fondos ahorrados por los afiliados a las AFJP en la cual se infiere que los directivos de las AFJP son delincuentes que juegan con el dinero ajeno en beneficio propio.

Pero, si observamos el arqueo de inversiones de ANSES, vemos que el organismo administrador de las jubilaciones “timbea” de manera similar a la que se pretende impedir. Según sus cuentas, a fines de octubre casi el 75% de los fondos fueron invertidos en bonos, acciones, fideicomisos, fondos de inversión, obligaciones negociables y “otros”.  De este porcentaje, más del 68% fue a parar a manos del gobierno nacional, sin incluir en él lo que está depositado en los bancos estatales, lo cual incrementaría ese porcentaje. Por otra parte, cuando los funcionarios califican de robo a las comisiones que las AFJP retienen para su administración, se hacen los distraídos respecto al hecho de que los gastos administrativos de la superpoblada y burocrática ANSES superan en siete veces y media a los gastos de las AFJP y de que, al igual que las comisiones de las AFJP, éstos se sostienen con los fondos que aportan los futuros jubilados.

 

Mediante todo tipo de insultos y agravios, los KK buscan desacreditar a sus opositores o desvalorizar las críticas a su gestión, pero casi nunca responden a los hechos en sí mismos.

 

Ni hablar si tocamos el tema de la valija de los u$s 800.000 que retuvo la aduana y que, según el juicio que se llevó a cabo en Miami, eran para la campaña de Cristina de Kirchner. Para el oficialismo, los argumentos para rebatir esa conexión se limitaron a calificar de “delincuente o facineroso” a Antonini, a denunciar que los Estados Unidos era una nación que no toleraba que a los argentinos nos vaya bien, y que en ese país la justicia no existe en realidad, porque al jurado y a los testigos los compra la CIA o el FBI.

Pero nadie del gobierno argentino sale a explicar o rebatir con claridad y exactitud los profusos hechos que, en sí mismos, los involucran fuertemente con ese dinero.

 

Esta política no es nueva. En el plano económico y social se llevó a cabo desde el momento en que Néstor Kirchner asumió la presidencia en el año 2003. Constantes manipulaciones que no quedaban en evidencia públicamente porque se le negaban al periodismo las esclarecedoras conferencias de prensa que un presidente debería estar obligado a enfrentar.

Como al pasar, recuerdo algunas de estas maniobras:

Para demostrar que las empresas invertían en el país, el gobierno informó a los diarios que Repsol había decidido invertir varios cientos de millones de pesos. Pero, al acceder a las memorias anuales de la empresa, descubrí que los cálculos de la inversión, que tenían programada para el futuro, arrojaban una cifra tres veces superior a la anunciada.

En realidad, lo que había sucedido era que Repsol no incrementaba sino que estaba recortando fuertemente sus inversiones en el país.

O cuando K informó con bombos y platillos que, para conquistar independencia y ahorrar intereses, no se iban a pedir más préstamos a los organismos financieros internacionales, cuando éstos, con anterioridad, ya habían anunciado la suspensión de tal ayuda debido a las dudas que les proporcionaba el funcionamiento de la economía argentina.

Otro ítem lo constituyen las comparaciones que el gobierno nacional hacía para demostrar el alto nivel de crecimiento y desarrollo. Siempre las realizaba con relación a las cifras del año 2002-2003. Obviamente, dada la situación inmediata al post diciembre del 2001, todas las estadísticas mostraban que todo iba mejor. Pero, si la comparación se efectuaba con los años anteriores al 2001, los datos del país –económicos a valores constantes, desocupación, empleo e inversiones entre otros- seguían dando cifras desventajosas para la administración Kirchner.  

En mis archivos tengo acumulados una gran cantidad de ejemplos de cómo el gobierno de los KK transformaba una mala noticia en una buena, o peor aún, directamente inventaba la buena nueva. Claro que muchas de estas veces su imaginación “se pasó de revoluciones”, como fue el caso de los veinte mil millones que China iba a invertir en la Argentina (no previeron que los chinos desmentirían expresamente tal noticia).

 

MI QUERIDA CRISTINA, EL “APOCALIPSIS” YA LLEGÓ

La semana pasada mi equipo de trabajo recorrió los comercios del microcentro recabando información acerca del consumo. Los datos obtenidos indicaron que, al mes de iniciado el conflicto con el campo, las ventas habían disminuido entre un 10% y un 15% y que, en las últimas tres semanas, esta baja tuvo otro brusco descenso entre el 25 y el 30%, por efecto del avance estatal sobre los capitales privados (el conflicto con las AFJP) y la crisis internacional. Estas cifras significan –aquí como en cualquier parte del mundo- que ya nos encontramos frente a una grave y aguda recesión.

 

A su vez, por el lado de la inseguridad, el aumento de la delincuencia juvenil ha generado un reclamo social en pro de bajar la edad de la imputabilidad de los menores, pero todos sabemos que eso no solucionaría el problema. Entre las muchas variables que tiene esta grave situación, la económica es una de las más importantes a resolver. Pero, sin inversión no hay desarrollo ni trabajo, y sin desarrollo y trabajo no hay ninguna posibilidad de revertir este aumento de la delincuencia infantil. Y, como desde hace muchos años no hay inversiones en el país, no existe, por lo tanto, la probabilidad de encontrar una solución a la inseguridad, ni siquiera a mediano plazo.

 

Con una derecha y una izquierda democrática, desorientadas y desunidas, la desesperanza invade a los argentinos que observan cómo los gremios aprietan más de lo que las circunstancias económicas lo permiten, que la izquierda radical y el nacionalismo popular prepara sus palos, que la derecha reaccionaria se agazapa esperando dar el salto en el momento apropiado, que los organismos financieros internacionales anuncian que han excluido a la Argentina de la ayuda económica programada, que los sindicalistas copan el manejo de los dineros estatales, sociales y de salud, que las empresas no sólo no toman personal sino que también comienzan a despedir o cesantear empleados, que la bolsa de valores funciona de mínima, que el riesgo país está a niveles similares a los de antes del colapso del 2002, y que los valores de numerosos productos de primera necesidad –convertidos en dólares- están igual o más caros aún que durante el año 2001 cuando regía el cambio del 1 a 1 (pero con el agravante que, en dólares, ahora ganamos muchísimo menos que en aquel entonces).

En fin, es larga la lista de los síntomas que están señalando la cercanía de una fuerte colisión.

Por lo tanto, cuando la escuchamos a Cristina K elogiar la marcha y el “proyecto” de país que conduce, muchos de nosotros nos preguntamos: ¿A qué país se refiere? ¿En qué piensa? ¿A quienes se dirige con su discurso?

Días atrás, un taxista me dio muestra de su sabiduría popular y simpleza conceptual al referirse a los dichos por nuestro matrimonio presidencial: “Mienten. No paran de mentir”.

 

TODO ES MENTIRA

Cuando el gobierno propone sustituir la carencia de inversiones privadas con inversiones estatales, olvida que, en ese caso, necesitaría redefinir su ideología económica, porque hay sólo dos sistemas que trabajan de esa manera: el comunista (en el que no existe la renta privada) y el fascismo (en el que el Estado es el motor principal de la economía). Ninguna de estas dos posibilidades tiene buena prensa en la Argentina.

En el capitalismo, es la inversión privada la que motoriza el desarrollo económico, aún si aplicáramos las políticas expansivas del gasto estatal sugeridas en 1936 para las épocas de crisis por el economista británico John M. Keynes.

Por lo tanto, al carecer de esas inversiones, el país no cuenta con un programa económico coherente (que es lo que ofrece la adhesión a un sistema ideológico). Su ministro de economía es, en realidad, Néstor Kirchner, un hábil y astuto político (tal como lo era Menem) pero incapaz para instrumentar profesionalmente un diseño económico confiable, además de ser intelectualmente un hombre muy limitado.

 

Los “mercados” consisten en un número infinito de ahorristas pequeños y medianos que, sumados a los grandes especuladores, reaccionan de manera imprevista, y compulsivamente, ante cualquier variación de las expectativas económicas.

 

El resultado se hace ya muy evidente: no sólo carecemos de inversiones desde hace muchos años, sino que ahora ya se están retirando cuantiosos fondos de los bancos y de las cajas de seguridad para transferirlos al exterior. Mientras tanto, Kirchner sigue con su habitual táctica descalificadora y acusa a los mercados de intentar desestabilizarlo. Es que él piensa que es posible manipularlos para lograr un determinado fin político. Evidentemente no tiene la menor idea de lo que son, porque si esta manipulación fuera posible, Estados Unidos y los demás países desarrollados, con su sabido poderío financiero, habrían podido evitar el colapso de los mercados internacionales.

No lo lograron porque, simplemente, los denominados “mercados” consisten en un número infinito de ahorristas pequeños y medianos que, sumados a los grandes especuladores, reaccionan de manera imprevista, y compulsivamente, ante cualquier variación de las expectativas económicas. No tienen ideología salvo su propio resguardo y beneficio.

 

Mientras esto sucede en la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner se fue a los Estados Unidos a dar cátedra sobre lo que hay que hacer para que un país se desarrolle económicamente.

En fin, no nos olvidemos de que se trata de la presidenta del país que tan bien describió Enrique Santos Discépolo, en 1934, con su canción “Cambalache”.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

16 de noviembre de 2008

Categorías: Actualidad · Política y economía

LA IDEOLOGÍA COMO RELIGIÓN

Noviembre 10, 2008 · 8 comentarios

 

Los argumentos de quienes son partidarios de eliminar la jubilación privada, así como los discursos de los diputados y senadores que aprueban el monopolio estatal previsional, se convertirán, con el paso del tiempo, en uno de los tantos ejemplos históricos de la hipocresía argentina.

Es que todos saben que, hace apenas un año atrás, en un evidente error político del ex presidente Néstor Kirchner (estaba convencido de que los afiliados respaldarían a la administración estatal), más del 80% de la población laboralmente activa decidió adherir a las AFJP rechazando la opción del pase al sistema de reparto administrado por el Estado.

Cuando políticos, economistas, sindicalistas y otros sectores de la sociedad defienden la eliminación del sistema previsional que apoyó la gran mayoría del pueblo activo, promueven una directa violación a la voluntad individual en un tema que está relacionado, precisamente, con una decisión personal: la de decidir sobre la propia jubilación.

Argumentar que la administración estatal es la que responsablemente debería hacerse cargo de todas las jubilaciones de una población, es un tema sobre el que se puede llegar a estar de acuerdo o no, pero afirmar que el Estado Argentino sea más seguro que la administración privada en el tema previsional es un atentado a la inteligencia del argentino medio.

 

Afirmar que el Estado Argentino sea más seguro que la administración privada en el tema previsional es un atentado a la inteligencia del argentino medio.

 

Para explicar mejor mi idea recurriré a una analogía: Podemos estar convencidos de que no hay nada mejor para el cuidado de un hijo menor que el estar con sus padres en la casa familiar. Pero, si hemos comprobado que en esa casa, una y otra vez, ese hijo es abusado y golpeado por sus propios padres, y así y todo, insistimos en afirmar esa postura, terminamos siendo cómplices de todo ese maltrato y copartícipe de los delitos que conlleva ese accionar. Es cabalgar sobre los deseos que mueve una ideología pero de espaldas a una dura y oscura realidad.

Por ello, casi todas las discusiones sobre el tema de las AFJP bordean el absurdo económico en el afán de manipular al otro. Si hay una verdadera convicción y comprobados argumentos de que los afiliados a las administraciones privadas han sido estafados o de que perderán todos sus ahorros, ¿no sería mucho más sencillo que, sin violar la propiedad privada de los futuros jubilados,  se permitiera el libre traspaso entre los dos subsistemas? Esta pregunta se la hice a un funcionario del poder ejecutivo que conozco, el cual me respondió inmediatamente: “Imposible. Si se acepta nuevamente la libertad de elección se pasarían más los que están en el de reparto que los de las AFJP. La gente confía menos en el Estado que en el privado”.

 

En su desesperación por capturar todos los fondos de las AFJP el gobierno le dijo a la población que ella es ignorante y que no se da cuenta de que la están estafando y que se quedará sin nada,  de este modo le está comunicando, implícitamente, que su libre elección careció de validez. Esta afirmación encierra toda una paradoja: el Estado confirma su incapacidad de control –irrenunciable por su mismo sentido de existencia- al mismo tiempo que trata de vender la imagen de que es un mejor administrador que el privado en una nación cuyos sucesivos gobiernos se han hecho famosos por vivir echando mano de la plata del pueblo para atender sus constantes emergencias económicas y políticas. 

 

¿Por qué entonces los legisladores aprueban una ley que saben que, seguramente, terminará con los ahorros de los futuros jubilados?

 

¿Por qué entonces los legisladores aprueban una ley que saben que, seguramente, terminará con los ahorros de los futuros jubilados?

Todos saben que, de la misma manera que se avasallaron los derechos de propiedad adquiridos por los afiliados a las AFJP  (entre ellos el de herencia), el gobierno doblegará todos los controles que se quieran arbitrar. De hecho, los KK se negaron al intento legislativo de  modificar la ley para que no se permitiera al Estado utilizar esos ahorros.

Más allá de lo que se proclama a través de los discursos, todos saben que ese dinero desaparecerá rápidamente. Esta actitud de negación u ocultamiento puede llegar a entenderse desde la cofradía oficialista, que se ilusiona con que con esos fondos se evitará un nuevo default del país, pero ¿por qué una parte de los opositores la aprobaron con cambios sólo formales?

 

La respuesta la dieron los mismos legisladores: por ideología. La votaron porque dentro de su marco ideológico está contemplado que el Estado sea quien se hace cargo de la recaudación previsional pues, se supone, que éste es quien mejor puede cuidar de los valores de sus ciudadanos. La aprobaron porque llevaron la ideología al nivel de un dogma religioso, y un dogma no se discute, ni se razona, ni se cuestiona. De esta manera, arrasaron con uno de los derechos más preciados del individuo en las sociedades modernas: la capacidad de elegir libremente su destino.

Que un gobernador como el santafecino Hermes Binner –al que muchos independientes le tenían bastante fe en su proyección democrática – haya apoyado la iniciativa oficialista ignorando la clara voluntad popular, argumentando que “como socialista” no podía apoyar una administración previsional privada, es muy preocupante para la nación. Tiene ribetes angustiantes pensar que los socialistas argentinos se suban a su ideología para arrasar con las decisiones populares realizadas formalmente a derecho. Ya los peronistas han demostrado  a través de su historia que hay libertades individuales que no tienen por qué tomarse demasiado en cuenta. Ahora, los socialistas, auto- denominados democráticos, también se hacen los distraídos con una de las esencias de una democracia: la libertad de poder elegir y el respeto a las decisiones que surgen de ese derecho.    

 

LA HIPÓCRITA ASTUCIA DEL MARIDO

 

Hace muchos años (más de los que yo desearía), vi en el cine una tragicomedia italiana, de la que no recuerdo su nombre, y en la que, a diez minutos de iniciado el film, la protagonista femenina descubre la infidelidad de su marido en la propia habitación matrimonial de su casa: lo encuentra en la cama con otra mujer. Ante la aparición de su esposa, el hombre se levanta de la alcoba y con total naturalidad la saluda mientras que su amante se viste y se retira apresuradamente de la casa, sin decir palabra alguna. 

Cuando la esposa reacciona airadamente, él se muestra muy sorprendido y niega la presencia de la otra mujer acusándola de imaginar todo eso. Poco después, al enterarse de lo sucedido, los amigos del marido lo increpan diciéndole que su postura en negar lo innegable va a enojar aún más a la esposa, y lo va a llevar a un seguro divorcio. El hombre rechaza esta hipótesis afirmando que ella tiene depositada una buena parte de su vida en él y que, en realidad, no querrá enfrentar esa frustración y un futuro totalmente incierto. Por lo tanto, si él mantiene su inocencia a toda costa, será el fuerte deseo de ella lo que hará el resto: terminará aceptando que lo mejor es creer en lo que él le dice.

 

Se niega lo innegable porque es mejor creer lo que Kirchner dice para evitar una nueva frustración y un futuro incierto.

 

Tanto sea por los comentarios despectivos como por las directas agresiones que los partidarios de este gobierno se refieren a los opositores (gorilas, idiotas útiles, oligarcas, cipayos, etcétera) queda muy en evidencia el temor a que, con la caída de los KK, vuelva a gobernar la derecha, retorne “el neoliberalismo” y se pierdan las subvenciones sociales, la unilateral política de derechos humanos, la supremacía sindical, el discurso nacional popular que los reivindica históricamente, y otros deseos con arraigos ideológicos, tanto políticos, como sociales y económicos.

Entonces, no importa que las evidencias de la corrupción oficial, y la de sus empresarios amigos, ya superan a las del mismo gobierno de Menem, que el enriquecimiento de los KK sea, no solo tan flagrante, sino también amparado por la justicia, que sus decisiones económicas y las estatizaciones sin sentido ahuyenten a los capitales, que ya se sepa que al país lo gobierna el desbordado marido de la presidenta, que se compruebe diariamente cómo se falsean descaradamente los índices del INDEC dejando al país sin fusibles para detectar los peligros, etcétera, etcétera …

No importa, porque la imperiosa necesidad de creer en un proyecto imaginado por ellos, los llevará a aceptar cualquier argumento que defienda esa idea, por inverosímil o irreal que sea.

Todo vale para evitar una nueva y dolorosa frustración, y enfrentar un futuro incierto. Un futuro que, además, será con una ideología diferente porque el sistema democrático funciona con la alternancia ideológica en el poder político y económico. Se trata de un hecho que, tarde o temprano, sucederá inexorablemente.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

9 de noviembre de 2008

 

Categorías: Actualidad

¿NOS TOMAN POR SUICIDAS O POR IDIOTAS?

Noviembre 2, 2008 · 13 comentarios

  

Según el pensamiento kirchneriano, el pueblo tiene madurez y capacidad

 para elegirlo como presidente pero cuando elije a las AFJP

 para administrar su jubilación, es un suicida.

 

Releyendo algunos de los comentarios que hemos recibido durante las últimas dos semanas, así como por numerosas notas periodísticas y radiales, puedo inferir que el tema puntual de las AFJP ha girado hacia lo ideológico escapando de lo que considero que es el núcleo central del problema actual: hace un año la población tuvo la opción de elegir entre la jubilación con administración privada o la jubilación con administración estatal. Probablemente, los que desconfiaban de la injerencia del Estado y consideraban al aporte previsional como un ahorro en vistas de asegurarse un ingreso futuro para cuando dejaran de trabajar, decidieron mantenerse en las AFJP;  y aquellos que pensaban que era un aporte social que debía ser repartido solidariamente entre todos, y no querían ser administrados por organizaciones privadas con fines de lucro, eligieron el subsistema de reparto manejado por el Estado.

 

El hecho es que, un año atrás, y a pocas semanas de caducar el plazo que permitía la transferencia de subsistema, apenas el 8% se habían pasado desde las AFJP al Estado.

El gobierno de Kirchner, a pesar de haber impulsado la mayor campaña publicitaria habida durante su mandato en el afán de convencer a la población sobre las ventajas que tenía el de reparto, veía cómo fracasaba la convocatoria. Decidió, entonces, que para varios de los grandes gremios (en especial el docente) y para todos los monotributistas, el traslado al subsistema del Estado administrado por ANSES fuera una obligación y no una elección libre.

Finalmente, así y todo, el 82% de los afiliados se quedaron en las AFJP.

 

MADUROS SÓLO PARA ELEGIR PRESIDENTE     

El martes pasado, en ocasión de tratarse el tema previsional ante la comisión legislativa, el titular de la CTA, Hugo Yasky, en presencia y con el asentimiento corporal del titular de la CGT, Hugo Moyano, dijo que el gobierno hace lo correcto al monopolizar la caja previsional porque: “Hablan de libertad de opción, pero no podemos dejar que la gente se suicide”.

Crease o no, eso fue lo que dijo.

  

 Si traducimos ese concepto a un lenguaje subliminal, podría decirse que el pueblo tiene madurez y capacidad para elegir un presidente pero a la hora de elegir la administración de los fondos de su jubilación, es un suicida. Lo que significa que es autodestructivo, que constituye un peligro para sí mismo y que requiere, por lo tanto, de tutelaje. Un pueblo enfermo que necesita ser protegido de sus impulsos agresivos por quienes saben lo que es mejor para él.

Esta definición fue transmitida por los más altos dirigentes de las organizaciones sindicales, los  que, paradojalmente, todo el tiempo emiten loas hacia los reclamos mayoritarios populares, pero, cuando el pueblo se expresa en contra de los intereses o de las ideologías que ellos proclaman, las alabanzas se convierten en insultos que intentan desprestigiar al mandato popular.

 

  Podríamos pensar que no quiso decir suicidas sino ignorantes, porque “no nos damos cuenta de que nos están quitando nuestro futuro”.

Pero también podríamos deducir que Yasky, en realidad, quiso decir que somos “idiotas útiles” porque somos permeables a los intereses del gran capital y a la manipulación de los multimedios, manejados por los grandes grupos empresarios y los buitres seudo periodistas, que nos engañan y convencen de que el Estado no es confiable, y de que las AFJP presentan un futuro más promisorio para nuestras jubilaciones.

Y es posible que “idiota” sea la calificación más acertada, no porque seamos idiotas al elegir a las AFJP como nuestras administradoras de los fondos previsionales, sino porque nos toman por tales cuando los funcionarios del gobierno tratan de convencernos de lo contrario.

 

 

Es verdaderamente increíble escuchar a quienes justamente no se destacan por su inteligencia lógica y comprensión madura de las reglas económicas y políticas, cuando nos catalogan como suicidas –por no animarse a decir “estúpidos”- sobre un tema en el que ninguno de ellos puede articular un razonamiento lúcido y firme en defensa de sus propias ideas. Sólo pueden discursear acusando, insultando y desvalorizando a los que no piensan como ellos.

Cualquiera que tenga un poco de genuino conocimiento acerca de cómo se manejan las administraciones privadas y estatales sabe que cada una de ellas tiene sus pro y sus contras. Es cuestión de dar a conocer esas ventajas y desventajas y dejar que el pueblo elija.

Hace un año, más del 80% se decidió por las administraciones privadas. Cuando se cumplan los ciclos del proceso de capitalización (el sistema previsional es una operativa de muy largo plazo) podremos conocer si su resultado fue mejor, igual o peor a cuando el Estado Argentino monopolizaba la caja previsional.

 

¿QUIENES SON LOS SUICIDAS?

Cuando los gobernantes y funcionarios actuales reiteran que el proyecto para obligarnos a adherir al sistema de reparto administrado por el Estado, es por nuestro bien, menosprecian la inteligencia de la mayoría del pueblo.

¿Cómo piensan que no nos vamos a dar cuenta de que, en realidad, están desesperados por utilizar los fondos acumulados en las AFJP?

También nos consideran tontos al reiterar el discurso de que con esta medida están confrontando a los intereses del gran capital cuando, en realidad, se trata de fondos que no pertenecen a los administradores privados sino al pueblo que ha ahorrado mes tras mes, año tras año, para asegurar su futura jubilación, ya que el subsistema de capitalización privada, a diferencia del estatal, individualiza a cada ahorro.

 

 

Que los funcionarios del gobierno digan que el régimen privatizado es una estafa, evidencia un nivel importante de incapacidad funcional, ya que muestra al Estado como un ente inútil a la hora de controlar a estas administraciones. Admitir que el estado no es eficiente a la hora de ejecutar un buen control hace dudar sobre su capacidad para gestionar administrativamente esos fondos. El que no puede correr los cien metros, menos podrá hacerlo durante diez kilómetros.

Además, los gobernantes y funcionarios muestran también su filo autodestructivo porque, aunque el año próximo cuenten con esos fondos, si no cambia la política económica, ese dinero, que no es tan voluminoso como se cree, se esfumará rápidamente.

Será para entonces que los KK verán que se han quedado nuevamente sin caja para manipular la voluntad política y con una masa poblacional a la que le capturó compulsivamente –una vez más- su ahorro y su esperanza en un mejor futuro. Una población, además, a la que se dieron el lujo de insultar considerándola incapaz de decidir su destino previsional.

 

 

Sin lugar a dudas, esa sustracción y esa falta de respeto hacia su libre decisión y hacia su  inteligencia se percibirán a la hora de votar. En ese momento, por fin le daremos la razón a los KK, ya que seremos tan ignorantes e idiotas que terminaremos votando por la oposición.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

2 de noviembre de 2008

Categorías: Actualidad · Política y economía