“Los empresarios deben entender que el Estado es su mejor aliado”
Cristina Fernández de Kirchner
La frase que encabeza esta nota, dicha días atrás en la Convención de la Cámara Argentina de la Construcción, es de una transparencia psicológica tal, que hasta genera cierta sorpresa por su ingenuidad. La presidenta argentina nos está diciendo –a nivel inconsciente, por supuesto- que para hacer buenos negocios en el país, hay que “asociarse” con ella y su marido. Incluso, los Kirchner han facilitado esta posibilidad como ninguna otra presidencia lo hizo: es cuestión de pedirle asesoramiento a la Consultora Chapel, dirigida y atendida por la misma familia Kirchner, para acceder a las prerrogativas especiales que se supone derivan de tenerlos como asesores de negocios.
La asociación riqueza-estado no es un concepto novedoso en la Argentina ya que se trata de un paradigma desde la época de la colonia española. Recordemos que, en aquellos tiempos, las tierras eran el sinónimo del acceso a la riqueza, y se otorgaban a los que detentaban el poder: la nobleza, el clero y la jerarquía militar. Esto determinaba que la manera más idónea para hacerse rico era estar cerca de estos poderes. Cuanto más cerca, mayor el beneficio.
En cambio, en los Estados Unidos y en Australia (que poseen la característica común de ser jóvenes, pertenecer al nuevo mundo, y tener grandes extensiones territoriales y riquezas naturales como la Argentina), desde la primera época de sus respectivas colonizaciones británicas y seguramente bajo la influencia de la religión protestante, la generación de riqueza y prestigio social estaba asociada mucho más al trabajo competitivo y del esfuerzo personal que a las siempre importantes conexiones con el poder.
La asociación de la riqueza con los favores que se podrían obtener del Estado determinó que el hacer negocios por fuera de ese vínculo constituyera un desafío a la imaginación y a la supervivencia.
En la Argentina, la asociación de la riqueza con los favores que se podrían obtener de los políticos de turno dejó una profunda huella en nuestra cultura y determinó que el hacer negocios por fuera de esos vínculos constituyera un desafío a la imaginación y a la supervivencia. Cuando una empresa comienza a crecer comercialmente, aparecen inmediatamente los “socios indeseables”: funcionarios del gobierno provincial y nacional, punteros políticos de la zona, empleados municipales de las más inimaginables reparticiones o sectores burocráticos, policías, el sindicato, la mutual, inspectores que aplican controles de todo tipo, incluso los más ridículos, etcétera, etcétera. Todo proyecto de desarrollo que intente llevar a cabo un empresario será interrumpido por un constante cambio de las reglas comerciales y legales que generarán un inacabable juego de obstáculos los cuales, la mayoría de las veces, deberá superar a través de una coima, salvo que acepte el riesgo de que ser perseguido por el Estado, los sindicatos y la justicia manipulada por el poder de turno.
Es que cuando el sistema demoliberal no es sostenido por la justicia, aparecen las continuas transgresiones para poder crecer o simplemente sobrevivir, y el capitalismo se queda sin la sangre que necesariamente debe correr por sus venas: el capital. Es que “el dinero es extremadamente sensible” y reacciona en forma inmediata cuando no se siente protegido por leyes claras y permanentes en el tiempo. El presidente de una empresa informática de la Alemania Occidental, en épocas previas a su unificación con la Oriental, me dijo en una ocasión: “no nos interesa demasiado que las leyes en la Argentina sean muy favorables a las inversiones; lo que necesitamos es que, sean las leyes que sean, se apliquen y se mantengan en el tiempo independientemente del tipo de gobierno que tengan”.
LAS NUEVAS MEDIDAS ECONÓMICAS
El paquete de medidas anunciado el martes 25 de noviembre incluye blanqueo de capitales, perdón y exención de penas impositivas, blanqueo laboral y ahorro de una parte de los aportes laborales patronales para aquellos que tomen nuevos empleados y no despidan personal; y una inversión en obra pública de 71 mil millones de pesos.
Una de las primeras cosas que se aprende en economía es que una medida podrá ser eficaz o no según sea la circunstancia social y política que se viva en el momento de aplicarla. Cuando una buena idea se ejecuta fuera de tiempo y forma, lo más probable será esperar su fracaso. La mayoría de las medidas anunciadas estarían dentro de este concepto.
Una de las primeras cosas que se aprende en economía es que una medida podrá ser eficaz o no según sea la circunstancia social y política que se viva en el momento de aplicarla.
Un empresario toma empleados si existen expectativas de progreso. Caso contrario, no lo hará aunque le prometan una sustancial baja en los costos sociales, cosa que, además, no ha sucedido porque no pagar el 50% de los aportes patronales por un año no es un ahorro económicamente tan atrayente como para impulsarlo a afrontar el riesgo de una fuerte indemnización por despido de ese nuevo personal en el supuesto caso que no se materialicen esas expectativas de progreso.
La moratoria impositiva perdonando multas e intereses por deudas impagas, incluyendo los casos que ya están en mano de la justicia, podría ser un instrumento eficaz para lograr algún ingreso de dinero. Lo negativo de esta medida estaría en que se fortalece la imagen de un gobierno que parece estar desesperado por recaudar dinero y muy ansioso por favorecer a empresarios amigos acosados por la justicia penal tributaria.
Con respecto a los 71 mil millones de pesos que el gobierno nacional invertirá en obras públicas, ¿qué podemos decir que ya no se sepa? Desde el inicio de su mandato, Néstor Kirchner se despachó con anuncios de todo tipo. Después de cinco años, lleva apenas construidas el 20% de la Escuelas prometidas, y apenas el 12% de los nuevos sistemas cloacales, por citar solo dos ejemplos de las numerosas obras públicas anunciadas y ejecutadas solo en parte, sin tomar siquiera en cuenta obras más antiguas que siguen hoy inconclusas. Por supuesto, todavía estamos esperando los “20 mil millones de dólares que invertirían los chinos en la Argentina”. Además, el monto real posible es mucho menor. No solo por los “sobreprecios” que existirán y alimentarán aun más la corrupción existente, sino porque Kirchner confía en que el grueso del dinero para ejecutar esas obras lo obtendrá con la repatriación de los capitales argentinos desde el exterior.
Justamente este último es el punto central del paquete de medidas económicas que quieren implementar: el blanqueo de capitales. Una idea que los KK tenían pensada aplicar a principios de este año dentro del marco del anunciado pero nunca logrado acuerdo del “bicentenario” y que finalmente vio la luz esta semana. Pero entre ese momento y la actualidad se dieron algunos hechos que marcaron la diferencia: el intento del gobierno de captarle al campo un mayor monto de dinero en impuestos, finalmente frustrado en el senado; la expropiación de Aerolíneas Argentinas, inexplicable desde todo punto de vista; la constante persecución contra la prensa no oficialista, ahora ejecutada por la estructura filo-mafiosa dirigida por Hugo Moyano, y principalmente, la expropiación de los fondos de los afiliados a las AFJP. Esta última medida fue la mecha que hizo explotar al mercado.
LO INEXPLICABLE
Dentro de 20 o 30 años, cuando gracias al paso del tiempo se pueda analizar con mayor objetividad crítica el comportamiento del matrimonio Kirchner en el ejercicio del gobierno, se podrán conocer testimonios que corroboren la improvisación de gran parte de su accionar y de su falta de visión estratégica para insertar al país dentro del círculo del poder mundial. Pero no será necesario que transcurra todo ese tiempo para que se tome conciencia de que la decisión de expropiar los fondos de los afiliados de las AFJP se convertirá en el más nefasto e inexplicable de los errores cometidos durante su gobierno. El daño producido por esa acción ha superado con creces los beneficios económicos que los KK podrán obtener gracias al monopolio estatal de las jubilaciones.
Quizás preocupados por la dura derrota legislativa sufrida con la fallida resolución 125 (el aumento de las retenciones a las exportaciones agropecuarias), al momento de analizar la medida de expropiación de los fondos previsionales privados, los Kirchner sólo se habrán interesado en evaluar si conseguirían la aprobación del Congreso. La alegría habrá sido inmensa al obtener el apoyo de gran parte de la izquierda que, por ser fiel a su ideología y en una especie de suicidio político, se encegueció y acompañó al oficialismo en esa aprobación contradiciendo las decisiones expresadas oportunamente por los afiliados.
Preocupados unos por apropiarse del dinero acumulado en 14 años de ahorros y otros por hacer desaparecer a las odiadas empresas privadas previsionales (AFJP), ambos sectores se negaron a ver el verdadero punto central en juego: ¿Qué sucedería si no se respetaba la decisión ciudadana de elegir su propio sistema de jubilación? ¿Qué sucedería si los ahorros acumulados individualmente en las AFJP, constitucionalmente pasibles de ser considerados como una propiedad con acceso hereditario, se los convertía compulsivamente en un bien común a repartir solidariamente?
¿Cómo fue que ninguno de los que apoyaron la medida previó el terrible deterioro que se produciría en la confianza de los habitantes? ¿O pensaron en ello pero, al no haber grandes manifestaciones que se opusieran al proyecto creyeron que ese deterioro no se produciría? Si fueran personas más inteligentes deberían conocer que los grandes quiebres internos se producen cuando no cuentan, justamente, con una fuerte exteriorización.
Preocupados por apropiarse del dinero acumulado en 14 años de ahorros y por hacer desaparecer a las odiadas empresas privadas previsionales (AFJP), se negaron a ver el verdadero punto central en juego.
En un país como la Argentina, donde los ahorros de su población se encuentran muy desamparados por la escasa aplicación de las leyes vigentes, la expropiación de los fondos de los afiliados de las AFJP, a un año apenas de que éstos exteriorizaran libremente su elección, fue vivida como un claro manifiesto y predicción de que cada vez que el gobierno nacional necesitara de dinero, iría por él sin importar demasiado los medios a utilizar.
La bolsa de valores cayó estrepitosamente; el Banco Central tuvo que establecer fuertes restricciones a la compra de divisas para frenar el alza del dólar; se intensificó la fuga de los capitales y se esparcieron una serie de rumores que espantaron a los ahorristas, como fue el caso de la probable intervención de las cajas de seguridad de los bancos, murmuración no negada aún por los funcionarios públicos.
Probablemente el blanqueo de capitales, que junto con las otras medidas económicas necesita todavía obtener la aprobación del Congreso, sea aprovechado por los amigos del gobierno para blanquear ganancias conjuntas no declaradas, o por inversiones puntuales que se hubieran realizado igualmente aunque no hubiera existido este blanqueo, pero sus principales beneficiarios serán las mafias de todo tipo y el narcotráfico, cuyo objetivo esencial es incorporar dinero ilegal a las actividades comerciales para legalizarlo.
En cambio, fracasará estrepitosamente con la mayoría de los que tienen ahorros no declarados, estén o no en el exterior. Un amigo mío lo sintetizó con esta sencilla frase: “Ni aunque me paguen por traer plata lo haría. ¿Para qué? ¿Para que después me enchufen un corralito o se la queden ellos con el discurso del bien social?”
CUESTIÓN DE CONFIANZA
También días pasados un empresario me comentaba sorprendido sobre los astronómicos montos que los Estados Unidos pondrían en circulación para paliar las grave crisis financiera de su país. Cientos y cientos de miles de millones de dólares que aportará el tesoro de ese país dejan asombrados a una buena parte de la humanidad. ¿De dónde sacan tamaña “caja” los norteamericanos? La respuesta es tan natural como cruel para los argentinos: de la confianza que esa misma humanidad tiene en que los Estados Unidos soportarán lo que haya que soportar pero no modificarán las reglas básicas del sistema capitalista. ¿En alguna parte del mundo hay alguien que pueda ocurrírsele que el gobierno norteamericano pueda violar las cajas de seguridad de los bancos? ¿O que no respete a la propiedad privada como el derecho primordial de los ciudadanos? ¿O que expropie una compañía aérea deficitaria para quedarse con un negocio también ruinoso? ¿O que sus funcionarios no se pronuncien en contra de una acción mafiosa que intenta impedir la distribución de diarios y revistas opositores?
Probablemente nadie.
Entonces, contra todos los pronósticos nefastos que existen sobre la economía estadounidense y sobre su moneda, e incluso a sabiendas del monstruoso nivel del déficit que debe soportar ese país, la gente de casi todo el planeta vende sus divisas para comprar dólares o bonos del tesoro norteamericano aunque no rindan beneficio alguno. Es así como Estados Unidos obtiene el dinero que necesita.
Claramente los inversores renuncian a cualquier posibilidad de ganancia porque creen que con esa moneda y/o esos bonos conquistan seguridad. Saben que en ese país no se confunde fácilmente lo urgente con lo importante. Pero Estados Unidos no es el único país en América que mantiene esta postura. Otras naciones siguen el mismo camino, como es el caso de Brasil, Uruguay y Chile.
El caso argentino representa el polo opuesto ya que la confianza se fue esfumando en cada una de las decisiones donde lo urgente prevaleció sobre lo importante.
Así como la vida no perdona la persistencia del hombre en su elección de los caminos equivocados, tampoco la geopolítica mundial perdona los desastres políticos y económicos en los que, desde hace décadas, obstinada e insistentemente incurre la Argentina. El mundo real le pasa y le seguirá pasando la factura cobrándosela con la quita de confianza, credibilidad y dinero.
Enrico Udenio
Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.
30 de noviembre de 2008