Los Anteojos del Tata

Entradas de Diciembre 2008

EL EJEMPLO DE RIQUELME

Diciembre 31, 2008 · 18 comentarios

Vemos las cosas, no como son, sino como somos.”

Henry Major Tomlinson (1873-1958), novelista inglés, periodista y corresponsal de guerra.

 

Diez días atrás, la Cámara Nacional de Casación Penal ordenó la liberación de Astiz y otros ex marinos procesados por las causas de la ESMA. La decisión judicial se basó en que la ley indica que por ningún motivo se puede mantener presa a una persona por más de tres años si no existe una condena en firme en su contra. Los acusados ya llevan más de cinco años detenidos y aún no fueron sometidos a juicio.

La liberación se suspendió provisoriamente porque el fiscal apeló la medida, y está ahora en curso su resolución.

Inmediatamente se alzaron voces desacreditando a los jueces involucrados cuando, en realidad,  ellos resolvieron conforme a la aplicación de una doctrina penal vigente en todo el mundo, dictando una sentencia perfectamente fundada. La Corte Interamericana de Derechos Humanos es muy enfática sobre el tema y la legislación no prevé que esto se modifique en función de la gravedad del delito. Esta Corte tiene jerarquía constitucional en la Argentina y un juez que no la aplique puede ser sometido a juicio político.

 

El escándalo que se produjo, a partir de esta resolución judicial, permitió conocer el proyecto de ley que la Unión Cívica Radical  había presentado en el Congreso Nacional en mayo del 2007. El mismo determinaba reglas especiales de procedimiento que permitían agilizar los juicios por delitos de lesa humanidad para evitar, justamente, que se produjera lo que finalmente sucedió. Pero, por desgracia, este proyecto nunca quiso ser tratado por el kirchnerismo. El oficialismo lo desestimó para no darle a la UCR un protagonismo en la política de derechos humanos.

 

Al día siguiente de la decisión judicial, Cristina Kirchner intentó ocultar su responsabilidad al expresar que era “un día de vergüenza para los argentinos, para la humanidad y también para nuestro Poder Judicial”, cuando en realidad, se trató de un episodio vergonzoso para el justicialismo y para su investidura presidencial. El haber desestimado el proyecto radical delató que al oficialismo le importaba más la figuración política que las causas judiciales en sí mismas.

 

A Hebe de Bonafini parecería no interesarle el cumplimiento de las leyes si las decisiones judiciales no concuerdan con sus deseos y preferencias ideológicas.

 

A los pocos días, la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, entidad que por su constante proselitismo evidencia contar con fondos millonarios, empapeló una parte de la ciudad acusando a los jueces de corruptos y otras yerbas pero sin hacer ninguna mención hacia los verdaderos responsables de la sentencia judicial: el matrimonio presidencial Kirchner.

Inmersa en una aparente ceguera emocional, a Hebe de Bonafini parecería no interesarle el cumplimiento de las leyes si las decisiones judiciales no concuerdan con sus deseos y preferencias ideológicas.

 

Como la contracara de esta postura, algunos diarios publicaron en su sección deportiva la noticia de que el volante del club Boca Juniors, Juan Román Riquelme, se había negado a que le condonen la amonestación que sufrió en un partido de fútbol. La pena la recibió cuando metió un gol ante el equipo de San Lorenzo y lo festejó levantándose la camiseta por sobre su cabeza para dejar al descubierto una remera con una leyenda de homenaje al recientemente fallecido presidente del club boquense, Pedro Pompilio. La AFA habría considerado la posibilidad de dejar nula esa amonestación en consideración al carácter emotivo que contenía esa acción. 
Si tomamos como cierta esta noticia, nos encontramos ante el hecho de que un simple jugador de fútbol estaría dando a la sociedad un ejemplo de comportamiento civil: Más allá de lo loable de su intención, la infracción existió y, por lo tanto, debe ser penada.

En una Argentina constantemente transgresora, la acción de Riquelme es verdaderamente aleccionadora.

 

¿LEGAL O LEGÍTIMO?

 

Aunque la ley no lo permite, algunas voces intentaron defender el mantenimiento de la prisión preventiva de los represores militares aduciendo que sería ilegítimo o inmoral darles la libertad.

 

Está muy arraigada en la cultura argentina la confusión entre lo legal y lo legítimo.

Es toda una polémica en la cual se mezclan los conceptos legales de la justicia con los referidos a la ética, la moral, los derechos humanos  y las creencias e intereses de una población.

El diccionario nos dice que la palabra “legal” refiere a lo establecido por las leyes vigentes; y lo “legítimo”, también a algo que es conforme a la ley pero que permite un poco más de amplitud de criterio al incorporar la referencia con las cosas ciertas, genuinas y verdaderas.

Si bien desde su propia definición, lo legítimo detenta un primer grado de dependencia hacia la legalidad formal  (de por sí, es legítimo todo aquello que cumple con los preceptos de las leyes), en Argentina se lo ha planteado ubicando el término “legítimo” en un mismo nivel de valor que el concepto de lo legal.

 

Esta particular situación profundizó la confusión existente con relación al cumplimiento de las leyes, pues estas conllevan un marco administrativo formal en el cual las interpretaciones personales están bastante limitadas por la explicitud de los textos, mientras que lo “legítimo o ilegítimo” se nutre no sólo de las leyes sino también de las creencias, la moral, la cultura y las políticas socio-económicas, que hacen que un mismo hecho pueda percibirse igual o diferente según el caso y las circunstancias del momento.

 

Las interpretaciones sobre lo “legítimo o ilegítimo” hacen que un mismo hecho pueda percibirse igual o diferente según el caso y las circunstancias del momento.

 

Considerar entonces, que un hecho aceptado por las leyes vigentes pero evaluado por un sector de la sociedad como injusto, inmoral, falto de ética u otras calificaciones similares, sea por ello, ilegal o ilegítimo, es un concepto que no solo podría estar equivocado en su misión de hacer justicia sino que, además, significaría la ausencia del necesario respeto que se debería tener hacia las creencias diferentes, que por lógica existen en toda población. Sería algo así como si los argentinos juzgaran de ilegítima, por considerarla injusta, la posición social de la mujer o la prohibición de beber bebidas alcohólicas en la mayoría de los países árabes; o violatorio de los derechos humanos la dificultad legal de tener más de un hijo en China; o la aceptación del aborto en Dinamarca. Está claro que son posturas legítimas porque así lo determinan las leyes y reglamentaciones en esos países que, por otra parte, son sin duda alguna, una resultante de las creencias mayoritarias, la cultura y la política existente en esas naciones.

 

En contra de este concepto filosófico de legitimidad se asientan muchas de las definiciones que los argentinos tienen acerca de diferentes temas (deuda externa, inversiones, formas de manifestaciones populares, reclamos, piquetes, entre muchos tópicos), que son evaluados como legítimos o ilegítimos con argumentaciones vividas como “reales, objetivas, lógicas y verdaderas”, sin tomar demasiado en cuenta lo que efectivamente determinan las leyes que rigen el comportamiento social de los habitantes de una nación.

 

La dificultad para discriminar estos conceptos quizás resida en el hecho de que Argentina ha sido un país que ha cambiado en forma continua sus reglas de convivencia.

Los conceptos de base que generaron oportunamente la implementación del texto constitucional, las leyes y sus reglamentaciones, son modificados a diario o vulnerados con “chicanas interpretativas”.

Estas constantes transgresiones permitieron incorporar al bagaje de las creencias de la población, una actitud de poco respeto al orden previamente establecido o, peor aún, la legitimación de la idea de que cada uno puede hacer su propia interpretación de las leyes.

Entonces, el factor de subjetividad que implica cada creencia vence con holgura al de la relativa objetividad marcada por la ley formal. Si el hecho no concuerda con los deseos personales o pensamientos preconcebidos del que lo juzga, lo emocional cubre cualquier posibilidad de enfrentarlo con una mayor ecuanimidad.

 

¿Es posible construir una sociedad exitosa relativizando el cumplimiento de sus premisas básicas?

 

La mayoría de las naciones hoy desarrolladas tienen constituciones mucho más sencillas que la argentina. Esta situación disminuye los riesgos de interpretación y de colisión de derechos.

Las leyes responden a las necesidades y creencias de sus poblaciones. Se van modificando según los cambios de vida que se producen a través del tiempo y por las presiones que la misma sociedad va ejerciendo sobre sus gobernantes. Mientras estos cambios se suceden, estas sociedades respetan el orden legal establecido por sobre los considerantes de legitimidad o ilegitimidad que subjetivamente cada uno pueda evaluar. Es el factor clave que regula la convivencia entre sus habitantes y permite promover políticas de desarrollo sustentable a través del tiempo. 

 

Por lo contrario, de manera paradójica, los gobernantes argentinos y su población se han encargado de quebrar, sistemáticamente, los principios básicos –representados por las leyes vigentes- que sostienen la estructura de este sistema.

De esta reflexión surge una pregunta: ¿es posible construir una sociedad exitosa relativizando el cumplimiento de sus premisas básicas?

 

Como pueblo, hemos sido condescendientes con nosotros mismos hasta el hastío, buscando continuamente argumentos o explicaciones que justifiquen la recurrente tendencia a quebrar la mayoría de las normas legales y de convivencia que rigen en nuestro país. Entonces, las más de las veces convertimos nuestras transgresiones y delitos en acciones justicieras o revolucionarias mientras que los “malos” pasan a ser siempre “los otros”.

 

No importan las buenas intenciones que pueda tener un gobernante, o qué política económica se organice, o cuántos subsidios sociales se promuevan. La realidad que imponen las estructuras comunitarias de una nación nos indica que si no podemos contar con una Constitución que se respete ni con leyes formales que se cumplan, las patotas organizadas –de derecha o izquierda da lo mismo- seguirán asaltando continuamente el poder sumiendo al pueblo en una constante frustración, desorientación y desesperanza.

 

Sería un hecho extraordinario si el año 2009 da comienzo a un período fundacional para el país al obligar, y obligarnos, a respetar el orden establecido por la Constitución, las leyes y las reglamentaciones argentinas.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

31 de diciembre 2008

 

 

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INFORME SOBRE LA EDUCACIÓN – 4ta Parte: LA ENSEÑANZA BÁSICA – Los Recursos Económicos

Diciembre 28, 2008 · 3 comentarios

 

Enrico Udenio

27 de diciembre de 2008

TODAS LAS NOTAS ANTERIORES DEL DOSSIER “INFORME SOBRE LA EDUCACIÓN”  SE ENCUENTRAN EN LA PÁGINA DE ESTE BLOG DENOMINADA DOSSIER SOBRE LA EDUCACIÓN.

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SINDICALISTAS RICOS, OBREROS POBRES

Diciembre 22, 2008 · 21 comentarios

“En 1910, la Argentina tenía el 50% del PBI de la región y el 7% del comercio mundial.

En 1928, era la sexta potencia económica mundial y tenía el tercer ingreso per cápita más alto del mundo, casi igual del de Inglaterra y apenas un 20% menos que los Estados Unidos.

En 1940, tenía más coches que Francia y más teléfonos que Japón e Italia.

¿Qué le ha pasado a la Argentina?”

Extraído del diario El País, Madrid, España.

 

El economista británico de origen australiano Colin Clark publicó, en 1931, un libro sobre las perspectivas de crecimiento económico de las naciones. Basándose en las estadísticas existentes desde 1880 a 1930, proyectó los resultados concluyendo que, de mantenerse idénticas tasas de crecimiento, la Argentina llegaría a tener en 1960 el ingreso per cápita más alto del mundo. Clark fue sólo uno de los tantos economistas internacionales que predijeron para nuestro país el mejor de los futuros.

El fracaso de esta utopía se estudia en diversas universidades del mundo como el malogro institucional más grande de la historia moderna.

 

En mi anterior nota “Empresarios ricos, empresas pobres”, me referí a la responsabilidad que le cupo al empresariado en esta gran frustración argentina. Hoy me referiré a otro de los grandes responsables de la involución del país: el sindicalismo peronista. 

 

Cuando Perón asumió, el sindicalismo se encontraba en manos de los comunistas, según escribió en su libro “Conducción Política” (Edición 1974): “(…) cuando pronuncié los primeros discursos en la Secretaría de Trabajo y Previsión,  (…) yo les hablaba un poco en comunismo. ¿Por qué? Porque si les hubiera hablado en otro idioma en el primer discurso me hubieran tirado el primer naranjazo… Porque ellos eran hombres que llegaban con cuarenta años de marxismo y con dirigentes comunistas. (…)  Ellos querían ir a un punto que creían, con la prédica de tantos años, era el conveniente. Eran, mas bien, de una orientación de fondo marxista y, como tal, propugnaban un tipo de revolución distinto del nuestro. Se inclinaban más hacia la lucha de clases (…) Yo no compartía esas ideas. (…) repito, la gente que iba conmigo no quería ir hacia donde iba yo; ellos querían ir adonde estaban acostumbrados a pensar que debían ir. Yo no les dije que tenían que ir adonde yo iba; yo me puse delante de ellos e inicié la marcha en la dirección hacia donde ellos querían ir; durante el viaje, fui dando la vuelta, y los llevé adonde yo quería…”.

 

¿Cómo consiguió esa adhesión? A través de la instauración de una nueva legislación laboral copiada del contrato de trabajo del gobierno de Mussolini. En ella se otorgaba la personería jurídica a un solo sindicato por rama laboral y se establecía una sola central de trabajadores. Como la personería era determinada por el gobierno, había que adherir a las ideas peronistas para obtenerla.

Con la personería, el sindicato accedía al poder económico gracias al pago compulsivo de la cuota sindical (las retenciones salariales), a la negociación de convenciones colectivas de trabajo, la exención de impuestos, el monopolio de la representación gremial, la reelección de sus dirigentes sin límites de tiempo y, fundamentalmente, el manejo de las obras sociales, punto clave del poder y  la corrupción sindical.

 

 

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La permanencia en el tiempo de este tipo de organización modeló al movimiento obrero argentino de manera contraria a la productividad y la competitividad que el país necesitaba para poder moverse en la dinámica capitalista que el mundo occidental propuso a lo largo de las siguientes décadas. Esta situación resquebrajó profundamente al mercado de bienes nacionales pues obstaculizó a las empresas en sus posibilidades de competir con los productos del exterior, y, además, condicionó al fuero laboral, cuyo accionar no buscó la igualdad de los derechos de todos ante la ley sino que intentó equilibrar las ventajas del más fuerte (la patronal) con relación al más débil (el empleado), por lo que la mayoría de los juzgados comenzó a fallar, en gran medida, a favor de este último sin que importaran demasiado si las pruebas procesales demostraban lo contrario. 

En la nota “El Otro Yo de Cristina” escribí: Mientras los cuadros políticos del justicialismo discursean sobre el respeto a la democracia y la república, los sindicalistas demuestran a través de sus comportamientos, sin rubor ni arrepentimiento, el verdadero sentir peronista. Los dirigentes gremiales se eternizan en el poder; se convierten en millonarios algunos y nuevos ricos muchos; las minorías no tienen acceso a los mandos; son bastantes sumisos cuando el gobierno está en manos de un peronista pero le hacen la vida imposible a los gobiernos democráticos de signo diferente. Cuando no logran sus objetivos utilizando las modalidades de protesta gremiales amparadas por la Constitución, no tienen reparo alguno en ejecutar la violencia física y extorsiva para obtenerlos.

Es en ellos donde se visualiza casi a la perfección la génesis fascista del movimiento.  Son muchos años de cultura peronista y han introducido en sus cuadros políticos y sindicales una manera muy especial de ver el país. Gobernar bien es concentrar el poder. Progresar adecuadamente depende de la buena voluntad del gobernante y no del cumplimiento del juego democrático, republicano y federal. Y, por supuesto, el denominado pueblo trabajador debe ser peronista o se perderá todo el poder.”

 

 

 

 

 

barrionuevo   cavalieri   moyano

 .

 

LA CONCENTRACIÓN DEL PODER

 

“Si dejaran de afanar todos por dos años, salimos de la crisis”

Luis Barrionuevo. Secretario general del gremio gastronómico.

 

Este es un país único. Cualquiera que retrocediera en el tiempo hasta la época de la quema del ataúd en el obelisco, por parte de Herminio Iglesias, y la inmediata primera derrota peronista en elecciones libres, jamás imaginaría que ese hombre, hoy ya fallecido, en vez de ser sepultado políticamente por la historia y por la población, terminaría unos años después como diputado de la Nación.

Es que los integrantes de la dirigencia sindical peronista son especialistas en lubricar los esquemas de la conservación del poder. En general, se eternizan en sus posiciones dentro de los poderes políticos y económicos, sin importar demasiado las barbaridades que hagan o digan, como es el caso de la frase de Barrionuevo puesta como apostilla arriba, o la mencionada quema del cajón por parte de Iglesias, o como las acciones extorsivas del actual secretario general de la CGT, Hugo Moyano –una imitación calcada de las modalidades de presión de las mafias calabresa y napolitana. 

 

 

Recientemente, la Corte Suprema de la Nación dictó un fallo que declaró inconstitucional el artículo 41, inciso (a) de la ley 23551, lo que determinó que ya no es un requisito estar agremiado para asumir una delegación y sostiene que la personería gremial en modo alguno puede significar que la ley le reconozca privilegios. Esta sentencia puede significar el inicio de un proceso de cambios que lesione profundamente el poder del sindicalismo peronista.

Se alzaron muchas voces en contra. Una de ellas, la del abogado de Moyano y diputado nacional peronista, Héctor Recalde, dijo que discrepaba  con el concepto liberal de la Corte y consideró que si hubiera libertad de afiliación, y más de un sindicato por gremio, se lesionaría seriamente la concentración del poder sindical y se debilitaría la posibilidad de defender a los trabajadores.

Se trata del argumento más generalizado a favor de la actual ley sindical. Se basa en que si hubiera libertad gremial, habría dispersión política. Esta dispersión, a su vez, eliminaría la concentración del poder, debilitando la capacidad de negociación y la realización de huelgas, manifestaciones u otras presiones habituales para lograr los objetivos propuestos.

 

Efectivamente, un sindicalismo democrático y multisectorial tendría mayores dificultades para lograr una concentración económica y una capacidad de acción negociadora como la que actualmente dispone gracias a su monopolio.

Sabemos que las estructuras democráticas dificultan la concentración del poder y, sin éste, muchos objetivos serán necesariamente pospuestos, negociados o archivados porque se deberán contemplar los intereses de las minorías. Pero si diéramos validez al argumento de la ventaja que deriva de la concentración del poder, avalaríamos a los regímenes totalitarios o a las acciones filo-dictatoriales, ya que, no hay duda alguna, tienen una mayor eficacia en el logro de sus objetivos.

Un gobierno autoritario tiene la capacidad de presionar sin dificultades a todo aquel sector que se le oponga o no esté de acuerdo con sus objetivos, puede combatir mejor al narcotráfico, la delincuencia, la drogadicción, el alcoholismo, el juego, la evasión impositiva, etcétera. Por ejemplo, en la mayoría de los países árabes, la ingesta de alcohol está prohibida y el robo está penado con la mutilación de la mano, que marca de por vida al ladrón. Por supuesto, en Arabia Saudita usted puede dejar su auto abierto y con la llave puesta toda una semana sin que nadie se lo vaya a robar.

  

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Defender un régimen gremial monopólico con dirigentes vitalicios, argumentando que si éste fuera ampliamente democrático no podría defender correctamente los derechos de los trabajadores, es un pensamiento autoritario que avala el concepto de que los fines justifican los medios, y es un ataque directo a las estructuras democráticas y republicanas. Implícitamente también es un insulto hacia todas las organizaciones gremiales multisectoriales y democráticas que existen en otras naciones porque, según el discurso sindical peronista, se infiere que esas organizaciones no pueden defender correctamente los intereses de sus trabajadores.

 

Mientras en la cultura argentina prevalezca una pobre valoración de la democracia y de los principios republicanos, se mantendrá el nivel de agresión que, a través de los años, los distintos sectores de la población, principalmente el empresariado y el sindicalismo, han ejercido sobre el capital, tanto el financiero como el social.

En la reiteración de culpabilizar a los gobernantes de sus frustraciones el pueblo olvida que sus representantes no pueden ser muy diferentes a lo que ellos son. Por esta razón, los gremios peronistas –que detentan el monopolio sindical y comparten el poder político y económico- no son inocentes si sus creencias los llevan a una constante confrontación política y al accionar de conductas autodestructivas.

 

Reitero un concepto: cuando una nación fracasa en lograr el destino deseado, el principal responsable es el que habita su suelo, porque una nación es su gente. En definitiva, cada país del mundo termina teniendo el destino que determine su población según su estrategia, inteligencia, cultura, sabiduría, sacrificio, coraje y capacidad en concienciar los errores cometidos en el pasado para no volverlos a cometer.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

22 de diciembre 2008 

Categorías: Actualidad · Política y economía

INFORME SOBRE LA EDUCACIÓN – 3ra Parte: LA MUTACIÓN

Diciembre 21, 2008 · 1 comentario

  

Enrico Udenio

20 de diciembre de 2008

TODAS LAS NOTAS ANTERIORES DEL DOSSIER “INFORME SOBRE LA EDUCACIÓN”  SE ENCUENTRAN EN LA PÁGINA DE ESTE BLOG DENOMINADA DOSSIER SOBRE LA EDUCACIÓN.

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Categorías: Actualidad

EMPRESARIOS RICOS, EMPRESAS POBRES

Diciembre 14, 2008 · 4 comentarios

“Hablaban un día de las penas del infierno en presencia del fabulista La Fontaine y él dijo: -¡Bah! Siempre habrá alguien que se acostumbre a ellas  y al cabo de un tiempo estará allí como un pez en el agua.”

Anécdota extraída del libro Historia de la Historia (Círculo)(1984), de Carlos Fisas

 

Un mes atrás, el ministro de hacienda de Brasil, Guido Mantega, dijo: ”Es cierto que se vive una guerra financiera mundial y está claro que la crisis tendrá  graves consecuencias en Brasil pero debemos continuar abiertos y mantener la actividad globalizada, porque eso es beneficioso para todos los países. El proteccionismo* fue lo que derivó en la crisis de 1929, cuando los países se cerraron”. (*Nota del autor: Se denomina así a la corriente de pensamiento económico que propone la restricción de las importaciones mediante la aplicación de altas tarifas aduaneras o la subvaluación de la moneda, con el objeto de proteger la producción nativa frente a la competencia exterior)

 

A contrapelo de esta declaración, la mayoría de los más altos dirigentes empresariales argentinos presionan al gobierno nacional para que devalúe la moneda con el argumento de que la actual devaluación de la moneda brasilera saca de competencia a la industria argentina. Cuando afirman esto, los argentinos no hacen ninguna mención a que Brasil sufrió durante los últimos años una fuerte revaluación de su moneda, lo que en términos económicos significó consecuencias terribles para su industria. Recordemos que, en el año 2003, Brasil tenía un cambio monetario de casi 3 reales por dólar, y que en el 2007 llegó a 1,68 reales por dólar. A pesar de que este terremoto cambiario determinaba que todos sus productos industriales pasaban a costar, en dólares, casi un 80% más, Brasil logró aumentar sus exportaciones a más del 50%.  ¿Cómo lo hizo?

 

Es que los empresarios brasileros tienen una génesis muy diferente a la de los argentinos. A pesar de que poseen un mercado interno formidable gracias a sus casi doscientos millones de habitantes, aprovecharon las protecciones aduaneras para potenciar sus propias industrias con la mira de ubicarlas como competidoras en el mercado mundial.

En cambio, los empresarios argentinos siempre utilizaron los momentos de fuerte protección industrial, sean los favorecidos por elevados derechos aduaneros o por un cambio monetario subvaluado, para obtener los mayores beneficios posibles en lo personal. Cada vez que esta protección menguaba o desaparecía, comenzaban los llantos y las quejas por la “competencia desleal de los productos foráneos”.

Gran parte de los últimos sesenta años transcurrieron con altos niveles de protección industrial, pero pareciera que sólo sirvieron para dar mano de obra barata y para abultar en el exterior las cuentas bancarias en dólares de sus dueños.

 

El empresario medio argentino no es inocente de la pobreza del mercado local o la inexistencia de una industria exportadora.

 

Sin dudas que, el exceso de reglamentaciones que sirve de alimento para la corrupción de los funcionarios argentinos; los “precios máximos” que anulan el juego de la oferta y la demanda; las crónicas faltas de crédito para proyectos de desarrollo o la dificultad de los gobernantes para entender la importancia medular que tiene el rol del empresario en el sistema capitalista; explican, en una buena parte, la pobreza del mercado local o la inexistencia de una industria exportadora.

 

Pero de todo esto, el empresario medio argentino no es inocente. En definitiva, su idiosincrasia es la misma que la del resto de la población. El desorden, la predisposición al consumo en lugar del ahorro y la inversión, el individualismo, la desconfianza, el rechazo al riesgo, entre muchas otras peculiaridades del habitante del suelo argentino, forman parte también de sus características.

 

EL EMPRESARIO ARGENTINO

 

La industria argentina actual es fiel heredera del estilo de desarrollo promovido por el primer gobierno peronista (1945-1951): un fuerte impulso a la industria liviana sobre la base del proteccionismo económico.

Las posteriores dictaduras militares y los gobiernos de Arturo Frondizi y Arturo Illia, continuaron esta política sobre la base de la sustitución de importaciones. Este sistema productivo fue utilizado por Estados Unidos y Australia durante el siglo XIX y parte del XX, hasta que el crack de 1929 le dio fin. A partir de allí comenzó, en los países capitalistas de occidente, un proceso industrial más conectado a los mercados internacionales y con más posibilidades de competir en ellos, hasta su desembocadura en el actual mercado globalizado.

 

Mientras esto sucedía, la Argentina recorría su propia historia a contramano de las demás naciones. Desde su independencia y hasta el crack de 1929, no protegió bien a sus industrias regionales (a Buenos Aires no le interesaba) y a partir de la década del ’40 implementó políticas nacionalistas cerradas a la competencia internacional.

En mi antigua historia como empresario, tanto con mis propias ex industrias como en mi rol de asesor de comercio exterior a otras compañías, experimenté una marcada dificultad en hacer comprender al empresario argentino la importancia de competir en el mercado mundial. Durante décadas, el único interés comercial del industrial fue el mercado doméstico. Casi todos estaban engolosinados con la sobreprotección arancelaria estatal, la cual les permitía obtener grandes ganancias. Buena parte de éstas eran enviadas a cuentas bancarias en el exterior, en lugar de ser invertidas en desarrollos industriales que posibilitaran, en un futuro, exportar y competir internacionalmente. En su mayoría, rechazaban las inversiones de riesgo a mediano y largo plazo con una clásica reacción, palabras más palabras menos: “¿Este no es un país serio. En dónde pensás que estamos?”.

 

Un capitalismo con un empresariado que no arriesga su patrimonio y que, habitualmente, piensa en obtener ganancias provenientes del mercado local y amparado por eternizadas políticas proteccionistas, no genera crecimiento genuino para un país. Las  industrias que se desarrollan bajo esta consigna generan mano de obra pero no pueden competir a nivel internacional y terminan siendo mantenidas por la población a través del pago de sobreprecios de enorme magnitud por productos desactualizados tecnológicamente. Se forman así mercados esclavos que resultan en pura ganancia para el dueño del negocio y pura pérdida para el consumidor.

 

El empresario argentino ha desarrollado una extraordinaria capacidad para aprovechar las alternativas que les presenta el cambiante panorama económico del país.

 

El empresario argentino que describo, ha desarrollado una extraordinaria capacidad para aprovechar las alternativas que les presenta el cambiante panorama económico.

Esta característica de volubilidad invalida las inversiones a largo plazo. Sin ellas, el excedente de los beneficios industriales especulativos obtenidos gracias a la sobreprotección aduanera o a la subvaluación de la moneda, se destinan al consumo suntuario de los propios empresarios y a acumularse en cuentas bancarias en el exterior. No creo que se presenten muchas dudas sobre este tópico pues, de no ser así, ¿a quiénes pertenecen los ciento cincuenta mil millones de dólares de dinero argentino que se calcula que está fuera del país? Seguramente que no a los jubilados, obreros o empleados. La burguesía comercial y empresarial nacional, los profesionales de altos ingresos, ejecutivos y por supuesto, los políticos y los sindicalistas corruptos, son los dueños de ese inmenso y desopilante caudal de dinero que es utilizado por otras naciones para su desarrollo.

 

LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS

 

Lo que gran parte del pueblo desconoce, es que cada vez que el país ha tenido períodos en los cuales su moneda estuvo sobrevaluada (cambio monetario fijo, “tablita”, convertibilidad, etc.) ha desperdiciado el momento ideal para promover la expansión internacional de sus empresas nacionales. De la misma manera que se favorecen las inversiones del exterior en la Argentina cuando el dólar “está alto/subvaluado” (épocas en las que los extranjeros, con “pocos dólares compran mucho”), los empresarios argentinos pueden invertir en el exterior con mayor facilidad cuando el dólar “está bajo/sobrevaluado”, como fue la ocasión habida durante el período 1993-1999. En estas etapas, crear empresas en el extranjero costaba menos que abrir sucursales en el país. Algunas medianas y grandes compañías argentinas aprovecharon esta oportunidad y se convirtieron en multinacionales, pero fueron muy escasas. Lo común fue que muchos de los empresarios argentinos, en lugar de aprovechar la convertibilidad para desarrollar proyectos de internacionalización de sus empresas, decidieron desprenderse de sus compañías ante las jugosas ofertas de compra que recibían de inversores extranjeros.

 

Por supuesto, el tiempo terminó dándole la razón a los argentinos: cobraron fortunas que enviaron fuera del país mientras los inversionistas del exterior perdían parte de sus capitales a causa de la pesificación asimétrica. No es que hayan sido genios financieros, lo que sucede es que son expertos en desenvolverse dentro del caos. Han nacido como empresarios en él, en él se han enriquecido y no ven al mercado nacional tal como se lo enseña en el estudio del capitalismo. Las reglas internacionales de los mercados no tienen, generalmente, mucha aplicación en el nuestro.  

 

LA ARGENTINA DEL CAPITAL SIN RIESGO

 

El ahorro de su población invertido en sus empresas o en emprendimientos comerciales o industriales para lograr una ganancia, implica siempre el riesgo de perderlo. Normalmente, gran parte de la población de una nación desarrollada utiliza la vía indirecta para la construcción del capital a partir de sus ahorros: los deposita en bancos cobrando intereses por ello. A su vez, estos bancos otorgan los créditos solicitados por empresarios que necesitan de ese capital para sus emprendimientos.

 

La más importante fuente individual de recursos para realizar nuevos negocios en los Estados Unidos y en Australia es la hipoteca sobre las propiedades del empresario, incluida su vivienda personal. Estos activos también pueden aportar una base para crear valores de representación (por ejemplo, bonos o acciones con respaldo hipotecario) que luego pueden ser vendidos en los mercados financieros secundarios. Mediante este proceso, los empresarios de estos dos países, así como los de las demás naciones desarrolladas, inyectan fondos en sus compañías y hacen valer con dinero efectivo a sus activos. De esta manera, obtienen el capital que necesitan para su crecimiento económico.

Por el contrario, el grueso del empresariado argentino se ha distinguido por evadir constantemente los riesgos de comprometer su patrimonio personal. Argentina ha sido, según una conocida frase, la nación de los “empresarios ricos de empresas pobres”.

La adhesión a la condición legal de la vivienda como “bien de familia” (inembargable y no ejecutable), ya es una “institución” instalada desde la promulgación de la Ley Nacional 14394 de principios de la década del ’60.

 

Los empresarios, en su mayoría, no se animaron a mirar mucho más allá de sus fronteras y se acomodaron a las cambiantes leyes locales para obtener grandes beneficios a costa del Estado y de su población.

 

Pero no todos los empresarios son esquivos al riesgo. Hay numerosos y talentosos argentinos que intentaron infructuosamente obtener capital arriesgando su patrimonio. La causa de su fracaso es muy sencilla de explicar: durante la mayor parte de las últimas cuatro décadas no existió en la Argentina un ahorro acumulado suficiente para la formación de capital. Esto no fue así por la inexistencia del dinero, sino porque éste se fugaba del país, acumulándose en los bancos del exterior.

La constante usurpación del dinero ajeno por parte del estado fue el principal motivo de este drenaje de capital. Las formas de agresión al ahorro utilizados por los diferentes gobiernos de turno fueron múltiples, aunque la inflación y las devaluaciones continuas que barrían con el valor real de la moneda, las enormes restricciones burocráticas al crédito y la poca seguridad jurídica para los bienes propietarios fueron los más determinantes.

 

Por supuesto que los empresarios no son los únicos responsables sociales del fracaso argentino. Las mafias sindicalistas que aún existen en nuestro país son en gran parte corresponsables de la decadencia industrial argentina (en la nota de la próxima semana me ocuparé de ello) pero, estoy convencido de que una importante carga le cabe a los empresarios que, en su mayoría, no se animaron a mirar mucho más allá de sus fronteras y se acomodaron a las cambiantes leyes locales para obtener grandes beneficios a costa del Estado y de su población.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

14 de diciembre 2008

 

Categorías: Actualidad · Política y economía

INFORME SOBRE LA EDUCACIÓN – 2da Parte: CIENCIA Y ÉTICA

Diciembre 13, 2008 · 3 comentarios

 

Enrico Udenio

13 de diciembre de 2008

 

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CUANDO EL INDEC DEJE DE MENTIRNOS

Diciembre 7, 2008 · 11 comentarios

Por fin el gobierno de los Kirchner dispuso una medida económica que figura en todos los manuales de estudio de la economía. Serán trece mil millones que se destinarán, principalmente, a promover financiamiento al consumo de automotores y electrodomésticos. Pero, a pesar de la buena intención, su resultado final será muy incierto ya que la magnitud total del agujero económico argentino es tal que no le alcanzarán los fondos disponibles, incluidos los expropiados de los afiliados a las ex AFJP y la recaudación de una ANSES ubicada en un “rol bancario”, para enfrentar con éxito sus obligaciones sociales y financieras.

Es que los KK ya se gastaron todo el dinero que ingresó durante sus cinco años de gobierno. Principalmente se “gastaron” la confianza depositada en ellos por la casi totalidad de los denominados “independientes”, entendidos estos por aquellos habitantes que no pertenecen ideológicamente a un partido político, ni se ven compulsados a elegir entre una derecha y una izquierda, sino que deciden, en cada momento, lo que su instinto les dice qué puede ser lo mejor para el país.

 

Tomemos en cuenta que los mismos incentivos al consumo se aplicarán en los Estados Unidos y la Unión Europea y que éstos se sustentan sobre fondos que aportarán mancomunados todos los gobiernos de esos países. A pesar de que todo esto genera una importante sensación de fortaleza, los mercados igualmente dudan y desconfían de que esos fondos finalmente se consigan o sean suficientes para evitar la recesión y la desocupación.

¡Qué podemos decir nosotros, entonces, que tenemos un gobierno que convirtió al campo en un mal negocio para los agricultores y ganaderos, que nos mintió y miente con todos los índices que deberían señalar el comportamiento laboral, social y económico argentino, que dio muestras de que, ante la necesidad de obtener dinero, es capaz de arrasar con el derecho de propiedad de sus habitantes o con las leyes que penan el contrabando de divisas.

 

La presidenta sigue insistiendo en declamar que nos iba muy bien hasta que “de repente apareció el mundo y nos complicó la vida a los argentinos”

 

Un gobierno cuya presidenta sigue insistiendo en declamar que nos iba muy bien hasta que “de repente apareció el mundo y nos complicó la vida a los argentinos”. Si lo dice porque cree genuinamente en ello, su diagnóstico sobre nuestra crisis muestra una grave deficiencia de conocimiento respecto de la economía y una asombrosa ignorancia de la realidad social del país, lo cual no presagia nada bueno para nuestro futuro. Recordemos que cuando el diagnóstico es errado, el tratamiento no será el adecuado para el caso. Si por el contrario es consciente de que mucho antes de que estallara la crisis financiera internacional, la Argentina estaba ya en una espiral inflacionaria y con probabilidades ciertas de volver a enfrentar una cesación de pagos en el 2009, entonces… con su discurso nos está mintiendo, lo cual tampoco presagia nada bueno para el país porque no existen las medidas económicas que sustentadas sobre mentiras puedan dar buenos resultados.  Es que la mayor parte de la población percibe que nadie empujó a los KK a meter al país en un ataúd y la percepción de que sus gobernantes les siguen mintiendo agudizan el estado de desconfianza.

 

LA ECONOMÍA SEGÚN LA FILOSOFÍA KIRCHNERISTA

 

Cuando los números del INDEC dejen de adulterarse (en algún momento se deberá sincerar la situación social y económica que vive el país), los habitantes argentinos se encontrarán con muchas sorpresas desagradables. De todos modos, por doloroso que sea siempre será mejor conocer la verdad que seguir viviendo dentro de una mentira o una irrealidad. 

 

Recordemos que la economía K se sostuvo hasta ahora, en términos generales, sobre los siguientes parámetros:

A) Los altos valores internacionales de los commodities argentinos cuyas exportaciones generaron los superávits comercial y fiscal; 

B) El tipo de cambio monetario elevado que permitió salarios y costos bajos en dólares;

C) El aumento de las reservas del Banco Central que ayudó a controlar el mercado de divisas; y

D) El apoyo de la población a una manera de gobernar autoritaria que logró calmar el pánico generado por el desgobierno heredado del colapso del 2002.

 

- Respecto del superávit fiscal, actualmente éste se ha tornado escaso –aún a pesar de la expropiación de los fondos de las AFJP- ante la baja de los precios internacionales de los commodities, la disminución de la recaudación impositiva por la caída del consumo, y la maraña de subsidios empresariales, sociales y de servicios, más las obligaciones electorales que Kirchner afronta para 2009. Es probable que, consciente de esta escasez de fondos, los KK intenten en el futuro nuevos avasallamientos a la propiedad, sean estos los depósitos bancarios, las cajas de seguridad, los fondos sindicales de salud o cualquier otro reducto privado o corporativo donde exista dinero acumulado. Cualquier acción de este tipo, acrecentará el miedo de la población convirtiéndolo en pánico. Y ya sabemos qué es lo que sucede cuando los argentinos se enfrentan a un gobierno que amenaza sus ahorros.  

 

- Respecto al saldo favorable de la balanza comercial, ya lo está licuando la dolarización del mercado. El dinero remanente no se vuelca en inversiones sino en comprar dólares para el “colchón” o para enviarlos al exterior.

 

- A su vez, la inflación durante estos cinco años pasados eliminó al tipo cambio competitivo. En una canasta de 20 productos alimenticios de consumo masivo, los valores en dólares de hoy ya promedian los del mes de noviembre del año 2001, cuando regía el cambio del uno a uno.

Para que el dólar aumente y retome el nivel competitivo que tenía antes, el gobierno sólo necesita que el Banco Central no impida la compra de dólares con su consecuente fuga de capitales, pero esta situación impulsará la inflación. Y si, en lugar de ello, opta por emitir moneda, también deberá enfrentar un fuerte aumento de la inflación con las consecuencias ya conocidas por todos: un incremento de las tasas de interés en un intento de evitar la fuga de los depósitos en los bancos, una corrida hacia la adquisición de dólares u oro, y una mayor recesión (aunque en algunos rubros aumentará la venta de productos justamente para resguardarse de la desvalorización de la moneda argentina). Por lo tanto, de una u otra manera, ya no volverán las ventajas de un cambio favorable.

 El Banco Central, por otra parte, tiene disponible un volumen de fondos exiguos para poder controlar una corrida generada por el pánico, y no cuenta con posibilidades de créditos y ayudas desde el exterior.

 

- Finalmente, la población ya da muestras de estar hastiada del autoritarismo de los KK. Muchos parecen pensar que vino muy bien para un momento histórico del país, pero que dejó de ser beneficioso cuando se retomó cierta estabilidad social y económica.

 

LOS LÍMITES QUE IMPONE LA REALIDAD ECONÓMICA

 

Ante cada nuevo problema, en el intento de solución los KK están recurriendo a los subsidios o a la expropiación. Tanto uno como el otro tiene sus límites. Así como en los Estados Unidos los subsidios estatales de emergencia tranquilizan al mercado, en nuestro país lo enloquecen, pues se sabe que, a diferencia del país del norte, aquí las emergencias son eternas, el dólar escasea y no nos respalda nadie.

 

Los sindicatos gremiales que siguen a Moyano son el principal sostén político que poseen los Kirchner. Concientes de su poderío, los gremios reclaman hasta niveles que son absurdos de acuerdo a la realidad económica de hoy, o en el peor de los casos, no quieren perder las ventajas que obtuvieron durante estos últimos años. Pero hagan lo que hagan, no podrán evitar la debacle que derivará de la escasez de fondos y de la falta de inversiones que sufre el país. Además, no podrán impedir la creciente desocupación porque la ausencia de capitales  no se debe a la crisis internacional –que probablemente se superará a partir del año 2010- sino a gruesos errores de una política interna. 

Aclaremos que una de las mejores maneras que existen para verificar el correcto funcionamiento de una economía asi como su buena proyección hacia el futuro, es el comportamiento de los capitales. Durante todo el gobierno de Néstor Kirchner hubo más salidas que ingresos de capitales (con excepción del segundo y tercer trimestre del 2005 y el primero del 2007), pero fue a partir del tercer trimestre del año pasado que este déficit se convirtió en una verdadera fuga al exterior, similar a lo vivido durante el pasado 2001. Además, los otros índices que marcan el funcionamiento de una economía (pobreza, endeudamiento, confianza del consumidor, ingresos fiscales comparativos, toma de nuevos empleos, etc) comenzaron a mostrar resultados negativos desde marzo de este año, lo que marca claramente la caída de la economía argentina.      

Esta política interna de los KK no podrá  modificarse debido a dos factores: una es la dificultad por parte del matrimonio presidencial de salirse de una postura ideológica rígida y limitada y otro es que si se le ocurre cambiar de política económica y social perderán sin duda el apoyo de aquellos que hoy lo sostienen, y no tendrán ninguna garantía que este sostén pueda ser reemplazado por otros sectores.

Es difícil pensar en soluciones nacidas en esta administración porque, aunque parezca increíble, los Kirchner se han caracterizado durante su mandato en “morder la mano de quien podría darles de comer”. Desde sus inicios, en el 2003, han insultado, desprestigiado y agredido a aquellos sectores y capitales que podrían haberlos ayudado en épocas de crisis.

 

Desde el 2003, el matrimonio presidencial ha insultado, desprestigiado y agredido a aquellos sectores y capitales que podrían haberlos ayudado en épocas de crisis.

 

 

Todavía Kirchner trata de transmitir confianza a los suyos afirmando que podrá sortear los problemas nacionales e internacionales y que logrará en el año 2011 consolidarse nuevamente como el nuevo presidente de los argentinos. Aun tiene muchos seguidores políticos en el Congreso y en las gobernaciones porque ellos confían en su capacidad de mantener el poder nacional a través de la “caja distributiva”, pero apenas las grietas económicas se tornen más visibles, la mayoría de estos seguidores actuales huirán espantados hacia el nuevo mandatario que emerja del peronismo.

Cuando ello suceda, el futuro de los KK se reducirá a planificar la evitación de los abundantes juicios que deberán enfrentar por enriquecimiento ilícito, incumplimiento de los deberes de funcionario público, asociación ilícita, mal ejercicio del poder, traición a la patria y otras yerbas habituales. Pero así son las reglas políticas cuando se pierde el poder.

 

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

7 de diciembre de 2008

Categorías: Actualidad · Política y economía

INFORME SOBRE LA EDUCACIÓN – 1ra Parte: VALORES DE VIDA

Diciembre 6, 2008 · 4 comentarios

 

 Enrico Udenio

6 de diciembre 2008

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