“Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.”
Francisco De Quevedo y Villegas
Poeta español (1580-1645)
En los últimos meses, una de las consultas más frecuentes que me han hecho ha sido sobre la actual crisis económica internacional, y su correlación y consecuencias para la Argentina.
En mi nota del 20 de septiembre pasado titulada “La Gallina de los Huevos de Oro” (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/09/20/la-gallina-de-los-huevos-de-oro/),
expliqué el proceso que desencadenó el derrumbe financiero. Hoy intentaré exponer un panorama general y sintético de sus causas, y un detalle de las formas posibles que existen para lograr la recuperación de las economías.
¿POR QUÉ SUCEDIÓ?
El colapso se produjo porque desapareció el dinero. Éste, en su mayor parte, ha buscado refugio en las cajas de seguridad, en los bonos del Tesoro de Estados Unidos (aunque tenga 0% de rendimiento) o, principalmente, en el oro.
El proceso que llevó a esta crisis comenzó cuando, a partir del año 2003, se aceleró la suba de los valores de las materias primas en los mercados (commodities) y, al mismo tiempo, el Tesoro de los Estados Unidos estableció una tasa bajísima de interés por sus bonos (menos del 2% anual). Esta conjunción de hechos determinó que una gran parte de los inversionistas buscaran mayores dividendos y se volcaran a los mercados financieros alternativos, en especial, a los fondos de inversión hipotecaria (1) y a la especulación a futuro de los precios de las materias primas, ya que los valores de ambos mercados mostraban ascenso constante.
El colapso se produjo porque desapareció el dinero. Y sin éste, se caen todas las economías pues, mayoritariamente, éstas se mueven en base al crédito
Mayoritariamente se produjo una especial y considerable expansión del crédito hacia los fondos hipotecarios pues se sostenía la idea de que el riesgo estaba acotado dado que si el deudor no pagaba se liquidaba la propiedad y se recuperaba el capital. Los beneficios obtenidos por los inversionistas en estos fondos eran muy superiores a los que se podían conseguir con las tasas bancarias. Este dinero permitió un enorme crecimiento de las construcciones. La financiación para la compra de una propiedad devino en excelente y de fácil acceso para el comprador.
Toda esta coyuntura propagó una cadena paradisíaca de inversionistas de segunda, tercera o cuarta mano (ya que el mismo documento se endosa varias veces –Ver nota “La Gallina de los Huevos de Oro”).
Sin el control estatal ni bancario, esta presión de los intermediarios fue generando un constante aumento de los precios de las propiedades. A su vez, esta suba alimentó la compra especuladora de bienes inmuebles: todo lo que se compraba entonces era barato comparado con lo que iba a costar la misma propiedad unos pocos meses después.
Mucha gente aprovechó las facilidades crediticias para adquirir una vivienda para habitar, pero otra buena parte del mercado fue absorbido por especuladores que compraban para acceder a muy atractivas ganancias. Es que con la constante suba de precios, en un año se podían hacer extraordinarias diferencias entre los valores de compra y de venta.
Fue el caldo ideal para que la codicia humana se zambullera.
¿CÓMO FUE?
A partir de 2005 y como una manera para combatir la incipiente inflación, la Reserva de los EEUU inició un paulatino aumento de su tasa de interés. Volvió a captar dinero, por lo que les quitó a los mercados financieros cierta liquidez monetaria. A mediados de agosto de 2007, esta tasa ya había sobrepasado el 4% anual. La venta de inmuebles se frenó y el dinero para mantener el nivel de financiación comenzó a escasear. Subieron los intereses, los montos de las cuotas hipotecarias pasaron a ser más elevados, y los valores de las propiedades comenzaron a bajar gradual y constantemente.
Los que las habían adquirido para su vivienda mostraron atrasos en los pagos de esas cuotas reajustadas por los mayores intereses. A su vez, aquellos que habían quedado últimos en la cadena especulativa –la de comprometer la compra de un inmueble pensando en venderlo poco tiempo después con un buen margen de beneficio- al ver que no sólo no obtenían ganancia sino que comenzaban a tener diferencias negativas, intentaron masivamente vender.
Pero siguieron sin aparecer los compradores.
El mercado inmobiliario se desplomó. Los inversionistas de los fondos hipotecarios se encontraron con que sus bonos valían apenas el 30% de su valor. La situación era simple: los deudores no podían seguir pagando sus cuotas adecuadamente, ni se podían vender las propiedades.
A pesar de que los bancos tradicionales habían participado poco de la especulación, comenzaron a sufrir sus consecuencias dada la gran magnitud de deudas hipotecarias incobrables, o con dificultades de cobro, que ya existían en los mercados. En un mundo fuertemente globalizado e interconectado mediante constantes flujos de dinero virtual a través de internet, era imposible que esta crisis de los Fondos de Inversión no tocara también a los créditos de todo tipo y en todo el mundo.
Cundió el pánico y con él, la desconfianza. Se desplomaron los mercados: los bancos perdieron depósitos y los valores de las acciones y los commodities (petróleo, granos, etc) cayeron en forma acelerada.
Y fue así que el dinero comenzó a desaparecer y, como mencioné al principio de mi nota, los que tienen cierto capital monetario buscan refugio en sus cajas de seguridad, en los bonos del Tesoro de Estados Unidos o en el oro.
Los que tienen cierto capital monetario buscan refugio en sus cajas de seguridad, en los bonos del Tesoro de Estados Unidos o en el oro.
Y con la desaparición del dinero, desapareció el crédito. Y sin éste, se caen todas las economías pues, mayoritariamente, éstas se mueven en base al crédito.
Los bancos dejaron de contar con sus principales ingresos y se ubicaron al borde de la quiebra (en EEUU ya quebraron 39 entidades en estos últimos dos meses).
Por miedo al futuro y por la falta concreta de dinero, se restringió el consumo, por lo que las industrias se están enfrentando a una caída de su producción que también los está llevando hacia una posible quiebra y a ejecutar masivos despidos de personal en el intento por evitarla. Estos despidos se están extendiendo a todos los rubros por lo que el mayor nivel de desempleo conduce a la profundización de la caída del consumo y esta caída, a su vez, está acelerando la espiral descendente de las economías.
LA REACCIÓN DE LOS GOBIERNOS
“Un banquero es una persona que te presta su paraguas cuando el sol brilla, pero lo quiere de vuelta en el preciso instante en que comienza a llover.”
Mark Twain (1835-1910)
Seudónimo del famoso escritor y periodista Samuel Langhorne Clemens.
Ante un panorama como éste, para que la gente retome la confianza en el sistema no es suficiente el discurso de los gobernantes. Se necesitan dos cosas: 1) Acciones concretas que generen esperanza cierta en superar la crisis; y 2) Tiempo.
Por lo tanto, lo que los gobiernos deben hacer es llevar a acto las medidas necesarias para que, en realidad, se pueda superar la grave situación económica.
LAS MEDIDAS POSIBLES
Cuando el problema es que una gran masa de dinero desaparece de los mercados y de los bancos, hay una sola solución: Que aparezca nuevamente.
Hay dos maneras para lograrlo:
a) Aumentando enormemente los gastos del Estado.
Además de los habituales (mantenimiento, infraestructura y soportes sociales), los gobiernos deberán generar una mayor cantidad de proyectos en obras públicas e infraestructura.
El pensamiento económico que sostiene esta política es el siguiente: Un Estado eficiente puede reemplazar circunstancialmente la ausencia de inversiones privadas. Privilegia las obras públicas para paliar la desocupación y vuelca fondos para sostener aquellos sectores claves de la economía, en especial los bancos y las automotrices.
Las principales virtudes que tiene esta decisión son que amortigua en buena parte los costos sociales de la crisis y que la posibilidad de recuperación no dependerá especialmente del “humor volátil” de los inversionistas.
Un Estado eficiente puede reemplazar circunstancialmente la ausencia de inversiones privadas.
Los problemas más importantes son las peligrosas consecuencias que puede generar en una economía capitalista una excesiva injerencia del Estado en el desenvolvimiento de la misma, y el cómo conseguir ese dinero extra para reemplazar al ausente.
Normalmente esos fondos deberían salir de los impuestos pero, como generalmente con las crisis se produce una fuerte caída del consumo y de las exportaciones, el ingreso disminuye y la mayoría de los gobiernos deben recurrir al endeudamiento o a la emisión de moneda.
Entonces, la amenaza inflacionaria es muy grande, y es probable que ésta se produzca finalmente. Si esta inevitable inflación logra ser parcialmente controlada, los mercados pueden llegar a sostenerse hasta que retorne la confianza en los inversores privados y decidan volver a arriesgar su dinero. Si no se puede controlar, el colapso de la economía se profundizará aún más.
b) A través de la reducción de impuestos.
El pensamiento económico que sostiene esta política es el siguiente: Si reducimos los porcentajes de los impuestos, habrá más dinero disponible. Éste se puede volcar al consumo, o a la inversión y a los mercados, generando así la confianza que intrínsecamente genera este tipo de acciones. Esta confianza se expande, porque la transmite el inversor privado en lugar del Estado, y ayuda a restablecer el movimiento económico del país.
La principal virtud que tiene esta forma de solución es que se trata de dinero genuino porque los privados no tienen la potestad para emitir moneda, por lo que no genera mayor inflación. Sin ésta, y con mayores posibilidades de ganancia, los inversionistas pueden aparecer, y con ellos retorna el dinero.
La recuperación es más rápida debido a que los efectos de un mayor ingreso disponible (por la reducción de los impuestos) son siempre más inmediatos sobre el consumo que un gasto de capital (infraestructura y obras públicas).
Reduciendo los porcentajes de los impuestos, habrá más dinero disponible para que el consumo y las inversiones retornen.
Los problemas más agudos que pueden presentarse con esta opción son: cómo solucionar los costos sociales durante el tiempo necesario para que se dé la recuperación económica, y cómo enfrentar la violencia de la sociedad si la recuperación tarda más de lo que ésta puede tolerar.
Normalmente, en términos ideológicos, los socialdemócratas europeos y los demócratas norteamericanos son partidarios de la primera de las soluciones. Los liberales, conservadores y republicanos tienen preferencia por la segunda, aunque algunos también optan por una mezcla de ambas. El nuevo presidente de los EEUU, Barack Obama, ha aprobado una serie de medidas que se aproximan a la primera de las propuestas de solución, mientras que Japón y una parte de las naciones europeas están aún debatiendo por cuáles de estas dos opciones se vuelcan, o si apelan a una mezcla de ellas.
¿PARA CUÁNDO LA RECUPERACIÓN?
En la gran mayoría de las crisis pasadas hubo intervenciones gubernamentales masivas para sanear a los bancos, pero esto llevó a fuertes incrementos de deuda pública, al tiempo que las economías involucradas se hundían mientras el gasto público se incrementaba.
La velocidad de la recuperación difirió mucho según cada caso: por ejemplo, Japón atravesó un brutal estancamiento en 1990 y tardó toda la década para recuperarse. En cambio, Corea del Sur retornó rápidamente al crecimiento después de los efectos de la crisis asiática de 1997. La diferencia básica en la velocidad de recuperación se centró en el reconocimiento de la dimensión de la crisis y de la existencia de problemas estructurales. Japón tardó mucho en aceptar ambos, mientras que Corea del Sur los abordó inmediatamente.
Lo más probable es que el mundo se recuperará más rápido que la Argentina.
Si bien lo más probable es que el mundo se recuperará más rápido que la Argentina, hay que tener en cuenta que el proceso será muy complicado y demandará mucho tiempo ver buenos resultados. No olvidemos que los préstamos retrasados y/o incobrables en los EE.UU ascienden a 5.7 trillones de dólares, es decir, nada menos que el 40% de su PBI. Esto implica que los ingentes esfuerzos que realizará su gobierno a través de un enorme aumento de los gastos de ayuda, que conllevará a la emisión de títulos públicos para financiarlos, profundizarán aún más su posición del mayor deudor mundial. Además, desde el punto de vista administrativo, esta ayuda se agrava dada la gran dispersión de entidades involucradas (8500 bancos y 700 grandes empresas).
Por efectos de la globalización, el impacto de la caída de la actividad en EEUU no solo contagió a Europa, sino que ya se expandió a los dos grandes tractores de la economía mundial de los últimos diez años: China e India.
De todos modos, la idoneidad de los gobiernos de las naciones desarrolladas, sumada a la concientización de la gravedad de esta crisis y el conocido sostén de sus instituciones, auspician buenas posibilidades de un recupero para el 2011.
Con respecto a la crisis argentina, si bien el colapso financiero internacional ha hecho mella en ella, tiene causas y consecuencias bastante diferentes al resto del mundo.
Por otra parte, la incapacidad intelectual de sus máximos funcionarios y el hecho fáctico de que se trata de un país cuya economía no es manejada por un idóneo en la materia (Néstor Kirchner es, de hecho, el verdadero ministro de economía del país), presagia una caída muy profunda. Probablemente, el año 2010 será para la Argentina el año de quiebre de sus finanzas y su recupero dependerá, en mucho, de las acciones que realice el próximo gobierno.
En la nota de la semana que viene, me ocuparé de analizar el proceso de la crisis nacional y sus perspectivas de recuperación.
Enrico Udenio
21 de febrero de 2009
(1): Los fondos de inversión (Hedge Funds) son packs que organizan empresas de ahorro e inversión para inversionistas que, en general, les resulta complicado invertir de manera directa en las bolsas de valores o en el mercado de los commodities o de moneda extranjera. El hecho de que estas sociedades de inversión son conformadas por un “grupo de personas”, ayuda a que sean más accesibles porque disminuye la cantidad de dinero necesaria para invertir. Estos fondos no tienen control estatal ni bancario lo que los hace muy flexibles y de alto riesgo a la hora de otorgar los créditos (denominados “subprime” o “hipotecas basura”) orientados a clientes con escasa solvencia comprobada.