“Entre más violento sea un movimiento fascista, más apoyo popular tiende a tener.” William Ebenstein (1910-1976). ( W. Today´s isms, 1970 pp. 121-150) Filósofo. Fue eminente especialista en derecho y teoría política del siglo XX.
Los Anteojos del Tata cumple un año desde su primera nota, el 31 de mayo de 2008, con La Crisis Del Campo, Una Consecuencia Inevitable De La Macrocefalia Argentina. No es trabajo sencillo comprometerse con un artículo semanal que haga referencia a la actualidad política y económica del país y que, además, tenga la intención de promover el intercambio de opiniones en un nivel que supere el común denominador de los agravios e intolerancia, que caracterizan a la mayoría de este tipo de comentarios. Esperamos habernos acercado mínimamente a este objetivo.
El blog ya superó las 185.000 visitas y los más de 1.000 comentarios recibidos (más de ciento treinta fueron por la vía del mail directo) dieron fe de un diverso e interesante abanico de opiniones. Por suerte, han sido sumamente escasos (en total, 18) los insultos y agravios soeces recibidos –algo muy común en los foros sobre política. En cambio, hemos recibido una enorme cantidad de aportes de un alto nivel intelectual y riqueza conceptual. Hago especial mención a aquellos que, sin estar de acuerdo con lo expuesto en las editoriales, en lugar de insultar o descalificar, intentaron defender sus posiciones desde ideologías o pensamientos diferentes.
En estas palabras, va mi agradecimiento a todos, por sus valiosas colaboraciones y por el apoyo a este proyecto.
Justamente tomaré como guía de esta nota las palabras de un forista en un comentario realizado hace pocos días con referencia a la postura ideológica de otro forista. Sus palabras fueron: “(…) evidentemente descarta la aplicación de la libertad de elección popular cuando su resultado está en desacuerdo con su ideología”.
El concepto que asomaba en este comentario era que las experiencias del pasado y la democracia se “regulaban” según la conveniencia. Si ideológicamente se está de acuerdo, hay que defender y respetar las decisiones de una población. Si esta elección va en contra de esos ideales, no hay obligación de cumplir con el deseo del pueblo, porque éste “se equivoca” o es “ignorante”.
LA TRANSFORMACIÓN DEL PASADO
“Curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.” Alberto Moravia, seudónimo de Alberto Pincherle (1907-1990), escritor italiano.
Existe una conducta en la cual las personas tienden a distorsionar el pasado para adecuarlo de mejor manera a las características de su presente. Este comportamiento, en el ámbito de lo político, muestra una actitud de negación o transformación de los hechos históricos para adecuarlos a las necesidades actuales.
En esta línea podemos encuadrar a reiterados comentarios de los adeptos al peronismo, o al “nacionalismo popular”, sean o no funcionarios del gobierno, que reaccionan con iracundia contra aquellos que marcan el origen fascista de Perón. Epítetos como “gorila”, “tendencioso”, “vendepatria”, “oligarca”, entre varios, son los habituales en el intento de descalificar al que lo dice. Esta actitud muestra al peronismo como un movimiento con poca predisposición democrática, totalitario y autoritario.
Valga para esto el ejemplo de la tendencia a convertir a Perón en un exponente del socialismo-popular de izquierda, cercano a figuras como Chaves, Lula, Correa y Evo Morales, cuando está debidamente comprobada (testimonios de la época-1945/55- de los mismos peronistas, documentos oficiales, etc.) su postura conservadora y su preferencia por el modelo fascista italiano. De hecho, los Kirchner conocían perfectamente esto, razón por la cual, durante sus primeros años de gobierno, impulsaron un proceso de transformación ideológica, conocido como “transversalidad”, para transformar al peronismo en una fuerza de izquierda popular cercana a una centroizquierda. Durante los actos partidarios ni siquiera cantaban la marcha del movimiento.
Su fracaso los obligó ahora a sostenerse en el poder a través de la “columna vertebral del peronismo”: el sindicalismo y sus punteros del conurbano bonaerense -que en la Argentina siempre fueron la derecha peronista- a la que los montoneros calificaban como “la burocracia sindical”.
También está documentado –por los propios testimonios de los dirigentes de Montoneros- que luego de que Perón los echara de la Plaza de Mayo, en 1973, al compás del calificativo de “imberbes”, la Cuba de Fidel Castro siguió entrenando a los terroristas para intentar derrocar a Perón. El ex Montonero Roberto Perdía, en una reciente presentación sobre la década del 70 que realizó el 27 de septiembre del año pasado, dijo que a partir de ese suceso “se desató y se profundizó la lucha interna del peronismo, básicamente entre nosotros y las estructuras sindicales y por otro lado entre Perón y nosotros. La burocracia sindical estaba cercando a Perón y era la punta de lanza del imperialismo norteamericano”. El pensamiento montonero era que “Perón (que apoyaba a la derecha sindical) estaba traicionando a Perón (el izquierdista que quisieron inventar los montoneros)”, cuando, en realidad, el viejo líder siempre había estado muy lejos del socialismo marxista.
El peronismo de izquierda no sólo combatió a la dictadura militar. Sus acciones posteriores al suceso mencionado de la Plaza de Mayo fueron contra un gobierno elegido en las urnas: el del mismo Juan Domingo Perón. Es decir, siguieron detonando bombas, secuestrando y asesinando (al dirigente sindical José Rucci, entre otros), para destituir a Perón, primero, y a Isabelita, después de la muerte del líder.
También algunos peronistas y/o nacional populistas, intentan manipular el pasado cuando despotrican contra las privatizaciones de los servicios. Quieren demostrar que las estatizaciones son un símbolo soberano y defienden los intereses de los argentinos. Olvidan, consciente o inconscientemente, que en la época de ENTEL, conseguir una línea telefónica llevaba años de espera. Se compraban propiedades que tenían teléfono sólo para hacerse de él.
Ni hablemos del gas y la luz. En invierno no había gas para prender dos hornallas al mismo tiempo y los cortes de luz eran tan cotidianos que las familias intentaban guardar poca comida en el congelador de la heladera para evitar su deterioro. ¿Recuerdan el ruego para que las casas de familia racionalicen el uso eléctrico a partir de las nueve de la noche y no prendan los televisores?
Es común escuchar a los pro-estatistas lamentarse por la privatización de YPF, pero ninguno de ellos dice que era la única petrolera del mundo que daba pérdidas. Que Chaves quiera nacionalizar el petróleo en Venezuela y Evo Morales el gas en Bolivia puede tener una lógica económica: tanto las finanzas de Venezuela como las de Bolivia dependen del gran beneficio que obtienen del petróleo y del gas, respectivamente.
Este afán de nacionalizar empresas tiene su punto culminante y casi ridículo, con la estatización de Aerolíneas Argentinas, un modelo de pérdida de dinero e ineficacia empresarial, para que los funcionarios viajen gratis y abunde la corrupción anidada en los contratos de compras de insumos. Otra historia hubiera sido que el Estado fomentara una línea aérea nacional que permitiera conectar todos los puntos distantes del país. Pero para ello, no era necesario incautar AA.
Es lógico que un marxista tienda a la estatización de toda la economía de un país. Es la esencia de su ideología. También un fascista es coherente con sus ideas cuando adhiere a un alto grado de nacionalización de la economía. A su vez, los autodenominados nacional-popular, al oscilar ideológicamente entre el marxismo y el fascismo nacionalista, inevitablemente deben apoyar una mayor estatización del país. Si pertenece al Estado, es bueno. Si es privado, es de temer.
Pero para el peronismo, esta cuestión no es tan sencilla. Es que al quedar a mitad de camino entre el capital y el corporativismo (tal cual como lo explicó el mismo Perón en numerosos escritos), sufre de profundas ambivalencias ideológicas que se ven reflejadas con el paso de los años en los contradictorios personajes que engendra, desde Cámpora hasta Lopez Rega, desde Rucci hasta Moyano, desde Menem hasta Kirchner.
Por ello, para los peronistas, los hechos históricos se interpretan de diferentes maneras según sea quien tenga el poder dentro del movimiento.
LA CULPA DE NUESTRA ACTUAL POBREZA
“El destino baraja las cartas, pero nosotros jugamos.” Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.
La distorsión del pasado es también utilizada para enfrentar mejor el presente cuando se magnifican los daños producidos por los distintos gobiernos durante las últimas décadas.
La mayoría de los marxistas, nacionalistas populistas y peronistas insisten en que la culpa de nuestra actual pobreza se debe a que el liberalismo destruyó la industria argentina a favor de los servicios. Esos sectores siguen culpando de nuestros actuales males a los militares, por el derrocamiento de Perón en 1955; a la política económica impulsada por el ex Ministro de Economía, Martínez de Hoz, en 1976, y a la “convertibilidad” sostenida por Menem desde 1992 hasta el traslado de su mando, en 1999. No voy a entrar a discutir los argumentos con que sustentan esta creencia, porque ameritaría un extenso análisis, sino que me voy a referir a lo vergonzoso que significa para el orgullo argentino sostener esta postura.
Toda nación tiene gobiernos con aciertos y errores. También la Argentina. En un exhaustivo análisis podríamos pormenorizar sobre todo lo malo que resultaron para la nación muchas de las políticas económicas y sociales de los sucesivos gobiernos que tuvo el país durante el siglo XX, pero el desarrollo se encuentra cuando se aprovechan los aciertos de esos mismos gobiernos para poder ascender en la espiral evolutiva. Sería algo así como bajar un peldaño pero subir dos. Este crecimiento es posible siempre y cuando nos afirmemos en esos escalones positivos en lugar de intentar construir, una y otra vez, una nueva escalera.
Cuando se trae a la “década infame” de los años 30, o el advenimiento de un gobierno populista en 1945, o el golpe de estado de 1955, o la muerte de Perón en 1974, o la “tablita” de Martínez de Hoz en 1976, o la guerra de las Malvinas en 1981, o la apertura industrial y comercial impulsada por Menem, estamos trayendo hechos que sucedieron hace 80 años, 65, 55, 35, 15, o casi 10 años considerando el colapso financiero de diciembre del 2001.
Este discurso humilla la capacidad de afrontamiento y resiliencia de los argentinos.
¿O nos olvidamos que la Alemania de 1920, absolutamente quebrada y sometida por el Pacto de Versalles, con una inflación y depredación monetaria record en la historia de la humanidad, logró en menos de 20 años convertirse en una potencia mundial?
¿O la misma Alemania de 1945, que derrotada militarmente, diezmado su territorio e invadida por los vencedores de la guerra, consiguió convertirse nuevamente en una potencia mundial en apenas 15 años?
¿Y qué decir de Japón? Derrotado y rendido incondicionalmente en 1946, con dos de sus principales ciudades destrozadas por las únicas dos bombas atómicas que la humanidad vio utilizar, logró recuperarse en solo 9 años, y ya en 1970 se convertía en una potencia económica en el mundo.
¿Y Estados Unidos? ¿Recuerdan cuando los soviéticos lanzaron el primer vuelo orbital con la cápsula llamada Sputnik? Fue en 1957 y los norteamericanos todavía ni siquiera habían logrado superar la atmósfera para poder realizar un vuelo sub-orbital. Tocados en su orgullo, en 1959, su presidente John F. Kennedy, anunció que en 10 años iban a llegar a la Luna. Casi todos lo consideraron un delirio o un proyecto populista sin ninguna posibilidad de éxito. En 1965, de cada cuatro naves impulsoras para llegar al espacio, todavía explotaban tres de ellas, pero cuatro años después, el 20 de julio de 1969, Estados Unidos puso el primer hombre en la Luna, cumpliendo la promesa de Kennedy.
¿E Irlanda? En apenas 8 años, de uno de los países más pobres de Europa, se convirtió en uno desarrollado. ¿Y qué podemos decir de Taiwán, un diminuto país que es crónicamente amenazada por la gran China, y donde un obrero, veinte años atrás, ganaba 50 dólares al mes y ahora el mínimo supera los 1.000 dólares? ¿Y Corea del Sur? A pesar de la constante amenaza militar que significa la Corea del Norte, en 1990 inició un desarrollo en educación que la puso entre uno de los cinco países con mayor nivel educativo.
Larga es la lista de aquellas naciones que habiendo sufrido fuertes privaciones y grandes tragedias, lograron crecer significativamente en muy poco tiempo.
Aquellos que insisten en justificar la involución del desarrollo argentino en hechos acaecidos 10, 20, 30 o más años atrás, ¿no sienten vergüenza viendo cómo otras naciones que han sufrido diez veces más que nuestro país han superado con éxito sus dificultades? ¿Dónde se encuentra el orgullo argentino?
Un psicólogo diría que el pasado puede dar para todo, incluso para evitar encarar el futuro con el coraje que hace falta.
Un verdadero revolucionario diría que hay que conquistar la esperanza de cambiar la historia.
Enrico Udenio
Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.
29 de mayo de 2009