Los Anteojos del Tata

Entradas de Mayo 2009

CONQUISTAR LA ESPERANZA

Mayo 29, 2009 · 42 comentarios

 

“Entre más violento sea un movimiento fascista, más apoyo popular tiende a tener.”   William Ebenstein (1910-1976). ( W. Today´s isms, 1970 pp. 121-150)  Filósofo. Fue eminente  especialista en derecho y teoría política del siglo XX.

 

Los Anteojos del Tata cumple un año desde su primera nota, el 31 de mayo de 2008, con La Crisis Del Campo, Una Consecuencia Inevitable De La Macrocefalia Argentina.  No es trabajo sencillo comprometerse con un artículo semanal que haga referencia a la actualidad política y económica del país  y que, además, tenga la intención de promover el intercambio de opiniones en un nivel que supere el común denominador de los agravios e intolerancia, que caracterizan a la mayoría de este tipo de comentarios. Esperamos habernos acercado mínimamente a este objetivo.

 

El blog ya superó las 185.000 visitas y los más de 1.000 comentarios recibidos (más de ciento treinta fueron por la vía del mail directo) dieron fe de un diverso e interesante abanico de opiniones. Por suerte, han sido sumamente escasos (en total, 18) los insultos y agravios soeces recibidos –algo muy común en los foros sobre política. En cambio, hemos recibido una enorme cantidad de aportes de un alto nivel intelectual y riqueza conceptual. Hago especial mención a aquellos que, sin estar de acuerdo con lo expuesto en las editoriales, en lugar de insultar o descalificar, intentaron defender sus posiciones desde ideologías o pensamientos diferentes.

En estas palabras, va mi agradecimiento a todos, por sus valiosas colaboraciones y por el apoyo a este proyecto.

 

Justamente tomaré como guía de esta nota las palabras de un forista en un comentario realizado hace pocos días con referencia a la postura ideológica de otro forista. Sus palabras fueron: “(…) evidentemente descarta la aplicación de la libertad de elección popular cuando su resultado está en desacuerdo con su ideología”.

El concepto que asomaba en este comentario era que las experiencias del pasado y la democracia se “regulaban” según la conveniencia. Si ideológicamente se está de acuerdo, hay que defender y respetar las decisiones de una población. Si esta elección va en contra de esos ideales, no hay obligación de cumplir con el deseo del pueblo, porque éste “se equivoca” o es “ignorante”.  

  

LA TRANSFORMACIÓN DEL PASADO

 “Curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.” Alberto Moravia, seudónimo de Alberto Pincherle (1907-1990), escritor italiano.

 

Existe una conducta en la cual las personas tienden a distorsionar el pasado para adecuarlo de mejor manera a las características de su presente. Este comportamiento, en el ámbito de lo político, muestra una actitud de negación o transformación de los hechos históricos para adecuarlos a las necesidades actuales.

 

En esta línea podemos encuadrar a reiterados comentarios de los adeptos al peronismo, o al “nacionalismo popular”, sean o no funcionarios del gobierno, que reaccionan con iracundia contra aquellos que marcan el origen fascista de Perón. Epítetos como “gorila”, “tendencioso”, “vendepatria”, “oligarca”, entre varios, son los habituales en el intento de descalificar al que lo dice. Esta actitud muestra al peronismo como un movimiento con poca predisposición democrática, totalitario y autoritario.

 

Valga para esto el ejemplo de la tendencia a convertir a Perón en un exponente del socialismo-popular de izquierda, cercano a figuras como Chaves, Lula, Correa y Evo Morales, cuando está debidamente comprobada (testimonios de la época-1945/55- de los mismos peronistas, documentos oficiales, etc.) su postura conservadora y su preferencia por el modelo fascista italiano. De hecho, los Kirchner conocían perfectamente esto, razón por la cual, durante sus primeros años de gobierno, impulsaron un proceso de transformación ideológica, conocido como “transversalidad”, para transformar al peronismo en una fuerza de izquierda popular cercana a una centroizquierda. Durante los actos partidarios ni siquiera cantaban la marcha del movimiento.

Su fracaso los obligó ahora a sostenerse en el poder a través de  la “columna vertebral del peronismo”: el sindicalismo y sus punteros del conurbano bonaerense -que en la Argentina siempre fueron la derecha peronista- a la que los montoneros calificaban como “la burocracia sindical”.

También está documentado –por los propios testimonios de los dirigentes de Montoneros- que luego de que Perón los echara de la Plaza de Mayo, en 1973, al compás del calificativo de “imberbes”, la Cuba de Fidel Castro siguió entrenando a los terroristas para intentar derrocar a Perón. El ex Montonero Roberto Perdía, en una reciente presentación sobre la década del 70 que realizó el 27 de septiembre del año pasado, dijo que a partir de ese suceso “se desató y se profundizó la lucha interna del peronismo, básicamente entre nosotros y las estructuras sindicales y por otro lado entre Perón y nosotros. La burocracia sindical estaba cercando a Perón y era la punta de lanza del imperialismo norteamericano”. El pensamiento montonero era que “Perón (que apoyaba a la derecha sindical) estaba traicionando a Perón (el izquierdista que quisieron inventar los montoneros), cuando, en realidad, el viejo líder siempre había estado muy lejos del socialismo marxista.
El peronismo de izquierda no sólo combatió a la dictadura militar. Sus acciones posteriores al suceso mencionado de la Plaza de Mayo fueron contra un gobierno elegido en las urnas: el del mismo Juan Domingo Perón. Es decir, siguieron detonando bombas, secuestrando y asesinando (al dirigente sindical José Rucci, entre otros), para destituir a Perón, primero, y a Isabelita, después de la muerte del líder.

 

También algunos peronistas y/o nacional populistas, intentan manipular el pasado cuando despotrican contra las privatizaciones de los servicios. Quieren demostrar que las estatizaciones son un símbolo soberano y defienden los intereses de los argentinos. Olvidan, consciente o inconscientemente, que en la época de ENTEL, conseguir una línea telefónica llevaba años de espera. Se compraban propiedades que tenían teléfono sólo para hacerse de él.

Ni hablemos del gas y la luz. En invierno no había gas para prender dos hornallas al mismo tiempo y los cortes de luz eran tan cotidianos que las familias intentaban guardar poca comida en el congelador de la heladera para evitar su deterioro. ¿Recuerdan el ruego para que las casas de familia racionalicen el uso eléctrico a partir de las nueve de la noche y no prendan los televisores?

 

Es común escuchar a los pro-estatistas lamentarse por la privatización de YPF, pero ninguno de ellos dice que era la única petrolera del mundo que daba pérdidas. Que Chaves quiera nacionalizar el petróleo en Venezuela y Evo Morales el gas en Bolivia puede tener una lógica económica: tanto las finanzas de Venezuela como las de Bolivia dependen del gran beneficio que obtienen del petróleo y del gas, respectivamente.

Este afán de nacionalizar empresas tiene su punto culminante y casi ridículo, con la estatización de Aerolíneas Argentinas, un modelo de pérdida de dinero e ineficacia empresarial, para que los funcionarios viajen gratis y abunde la corrupción anidada en los contratos de compras de insumos. Otra historia hubiera sido que el Estado fomentara una línea aérea nacional que permitiera conectar todos los puntos distantes del país. Pero para ello, no era necesario incautar AA.  

 

Es lógico que un marxista tienda a la estatización de toda la economía de un país. Es la esencia de su ideología. También un fascista es coherente con sus ideas cuando adhiere a un alto grado de nacionalización de la economía. A su vez, los autodenominados nacional-popular, al oscilar ideológicamente entre el marxismo y el fascismo nacionalista, inevitablemente deben apoyar una mayor estatización del país. Si pertenece al Estado, es bueno. Si es privado, es de temer.

 

Pero para el peronismo, esta cuestión no es tan sencilla. Es que al quedar a mitad de camino entre el capital y el corporativismo (tal cual como lo explicó el mismo Perón en numerosos escritos), sufre de profundas ambivalencias ideológicas que se ven reflejadas con el paso de los años en los contradictorios personajes que engendra, desde Cámpora hasta Lopez Rega, desde Rucci hasta Moyano, desde Menem hasta Kirchner.

Por ello, para los peronistas, los hechos históricos se interpretan de diferentes maneras según sea quien tenga el poder dentro del movimiento.  

 

 LA CULPA DE NUESTRA ACTUAL POBREZA 

“El destino baraja las cartas, pero nosotros jugamos.” Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.

 

La distorsión del pasado es también utilizada para enfrentar mejor el presente cuando se magnifican los daños producidos por los distintos gobiernos durante las últimas décadas.

 

La mayoría de los marxistas, nacionalistas populistas y peronistas insisten en que la culpa de nuestra actual pobreza se debe a que el liberalismo destruyó la industria argentina a favor de los servicios. Esos sectores siguen culpando de nuestros actuales males a los militares, por el derrocamiento de Perón en 1955; a la política económica impulsada por el ex Ministro de Economía, Martínez de Hoz, en 1976, y a la “convertibilidad” sostenida por Menem desde 1992 hasta el traslado de su mando, en 1999. No voy a entrar a discutir los argumentos con que sustentan esta creencia, porque ameritaría un extenso análisis, sino que me voy a referir a lo vergonzoso que significa para el orgullo argentino sostener esta postura.

 

Toda nación tiene gobiernos con aciertos y errores. También la Argentina. En un exhaustivo análisis podríamos pormenorizar sobre todo lo malo que resultaron para la nación muchas de las políticas económicas y sociales de los sucesivos gobiernos que tuvo el país durante el siglo XX, pero el desarrollo se encuentra cuando se aprovechan los aciertos de esos mismos gobiernos para poder ascender en la espiral evolutiva. Sería algo así como bajar un peldaño pero subir dos. Este crecimiento es posible siempre y cuando nos afirmemos en esos escalones positivos en lugar de intentar construir, una y otra vez, una nueva escalera.

 

Cuando se trae a la “década infame” de los años 30, o el advenimiento de un gobierno populista en 1945, o el golpe de estado de 1955, o la muerte de Perón en 1974, o la “tablita” de Martínez de Hoz en 1976, o la guerra de las Malvinas en 1981, o la apertura industrial y comercial impulsada por Menem, estamos trayendo hechos que sucedieron hace 80 años, 65, 55, 35, 15, o casi 10 años considerando el colapso financiero de diciembre del 2001.

 

Este discurso humilla la capacidad de afrontamiento y resiliencia de los argentinos.

 

¿O nos olvidamos que la Alemania de 1920, absolutamente quebrada y sometida por el Pacto de Versalles, con una inflación y depredación monetaria record en la historia de la humanidad, logró en menos de 20 años convertirse en una potencia mundial?

¿O la misma Alemania de 1945, que derrotada militarmente, diezmado su territorio e invadida por los vencedores de la guerra, consiguió convertirse nuevamente en una potencia mundial en apenas 15 años?

¿Y qué decir de Japón? Derrotado y rendido incondicionalmente en 1946, con dos de sus principales ciudades destrozadas por las únicas dos bombas atómicas que la humanidad vio utilizar, logró recuperarse en solo 9 años, y ya en 1970 se convertía en una potencia económica en el mundo.

¿Y Estados Unidos? ¿Recuerdan cuando los soviéticos lanzaron el primer vuelo orbital con la cápsula llamada Sputnik? Fue en 1957 y los norteamericanos todavía ni siquiera habían logrado superar la atmósfera para poder realizar un vuelo sub-orbital. Tocados en su orgullo, en 1959, su presidente John F. Kennedy, anunció que en 10 años iban a llegar a la Luna. Casi todos lo consideraron un delirio o un proyecto populista sin ninguna posibilidad de éxito. En 1965, de cada cuatro naves impulsoras para llegar al espacio, todavía explotaban tres de ellas, pero cuatro años después, el 20 de julio de 1969, Estados Unidos puso el primer hombre en la Luna, cumpliendo la promesa de Kennedy.

¿E Irlanda? En apenas 8 años, de uno de los países más pobres de Europa, se convirtió en uno desarrollado. ¿Y qué podemos decir de Taiwán, un diminuto país que es crónicamente amenazada por la gran China, y donde un obrero, veinte años atrás, ganaba 50 dólares al mes y ahora el mínimo supera los 1.000 dólares?  ¿Y Corea del Sur? A pesar de la constante amenaza militar que significa la Corea del Norte, en 1990 inició un desarrollo en educación que la puso entre uno de los cinco países con mayor nivel educativo.

 

Larga es la lista de aquellas naciones que habiendo sufrido fuertes privaciones y grandes tragedias, lograron crecer significativamente en muy poco tiempo.

 

Aquellos que insisten en justificar la involución del desarrollo argentino en hechos acaecidos 10, 20, 30 o más años atrás, ¿no sienten vergüenza viendo cómo otras naciones que han sufrido diez veces más que nuestro país han superado con éxito sus dificultades? ¿Dónde se encuentra el orgullo argentino?  

 

Un psicólogo diría que el pasado puede dar para todo, incluso para evitar encarar el futuro con el coraje que hace falta.

Un verdadero revolucionario diría que hay que conquistar la esperanza de cambiar la historia.

   

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

29 de mayo de 2009

Categorías: Actualidad · Política y economía

LA SOMBRA DE CRISTINA

Mayo 22, 2009 · 39 comentarios

“La política no es el fútbol. No confundamos pensamientos con sentimientos”.

Enrico Udenio.  Extraído  del libro “Corazón de derecha, discurso de izquierda” (2005). Ed.Ugerman. Cap.2.

 

Carl Gustav Jung designó con el nombre de sombra a los aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo, tanto positivos como negativos, que el yo no reconoce como propios pero que puede ver claramente en otras personas. Si la sombra no se integra a la conciencia, se originan multitud de proyecciones que, en su faz negativa, promueven la tendencia a ver en los otros defectos propios que son agradables de aceptar.

Cuando, a quien proyecta lo negativo de su propio accionar en el otro, se le señala que la acción que ahora critica es la misma que él mismo realizó en el pasado, la respuesta usual es que, “en este caso, es diferente”.  Es claro que los hombres no repetirían acciones fallidas si éstas fueran absolutamente idénticas. La repetición se da siempre y cuando haya algunos componentes que las hagan parecer “como diferentes”.

Nada mejor para describir este fenómeno que el accionar de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en un acto realizado días atrás en Chos Malal, Neuquén. En él intentó defender la toma, por parte del Estado, de los fondos jubilatorios que existían en las AFJP con argumentos tales como: “Ahora que está en manos del Estado, a la ANSES la llaman <la caja>, pero cuando los recursos estaban en manos de los privados y los giraban para afuera nadie decía nada” (…) “¿Saben qué descubrió la Presidenta? Descubrió algo central que nadie sabía. Que esos fondos eran prestados y muchas inversiones iban en obligaciones negociables al exterior. Miles de millones de dólares salieron a inversiones que no tenían nada que ver con los argentinos”.          

 

Al momento de decir estas frases, Cristina no tenía a una psicóloga al lado que la ayudara a recordar que, diez años atrás, ella y su marido enviaron al exterior cientos de millones de dólares pertenecientes a la Provincia de Santa Cruz. Que esos millones fueron a bancos extranjeros, los que a su vez, prestaron ese dinero para generar inversiones no relacionadas con la Argentina.

Años atrás, el matrimonio presidencial defendió esta acción con el argumento de que debían cuidar esos millones porque eran el patrimonio de los santacruceños. En cambio, ahora les negó a los jubilados ese mismo derecho –cuidar su patrimonio-, a pesar de que éstos votaron libremente apoyando la conservación privada de sus fondos. 

Por otra parte, gran parte del dinero de la Provincia de Santa Cruz enviado, sigue depositado en bancos del exterior, por lo que se deduce que no confían ni siquiera en ellos mismos, ya que desde hace seis años comandan la nación. De acuerdo a su accionar, más que patrimonio provincial, esos millones de dólares parecerían ser patrimonio personal de los Kirchner.

 

Este discurso del matrimonio presidencial haciendo referencia a los fondos que maneja ANSES probablemente responda a la necesidad que tienen de construir el marco adecuado para que se modifique la autonomía de la ANSES. El cambio a la reglamentación de la entidad que debería custodiar los fondos jubilatorios de los habitantes argentinos, permitiría al gobierno la utilización, a su antojo, de ese dinero.

¿Qué dirán ahora aquellos gobernadores no oficialistas como Binner o legisladores como los ex ARI, Macaluse, Raimundi, González, Maffei, etc, que aprobaron el paso a la ANSES de los cuantiosos fondos jubilatorios, con la promesa de que ellos “los iban a controlar”? ¿O acaso estas personas podían desconocer las sucesivas quiebras previsionales en las que incurrió el Estado durante las décadas anteriores a la instauración de las AFJP? Imposible, salvo que sean unos incapaces carentes del conocimiento mínimo que deberían tener para el ejercicio de sus funciones, cosa que no creo –o espero- que sea así. 

 

A este ritmo, ANSES se quedará sin fondos libremente disponibles en no mucho más de un año y medio. Esto significará que el dinero que ahorraron miles de jubilados habrá desaparecido nuevamente en el pozo negro e insaciable del gobierno porque es absurdo e infantil creer que, por tratarse de “préstamos”, se devolverán esos fondos. Como muestra basta un botón: ya fueron refinanciados todos los vencimientos que, para este año, la Nación tenía con ANSES, y así será todos los años y para siempre… Jamás volverán esos fondos a sus auténticos dueños, los jubilados. Se convertirán en simples asientos contables.

 

Además, como los aportes de los trabajadores activos no alcanzan para pagar la jubilación de la clase pasiva, el gobierno –tanto el actual como los que lo sucederán- deberá recurrir a la Tesorería de la Nación para afrontar esas obligaciones. Pero como nunca le sobra disponibilidad monetaria, deberá retacear los aumentos a los jubilados, tal como ya ha sucedido siempre en el pasado (salvo en los períodos electorales).

Es que, habiendo desaparecido esos fondos ahorrados en las AFJP, cada aumento –por mínimo que sea- es de una incidencia brutal sobre el presupuesto de la nación. Y, como los jubilados no salen a la calle con palos ni pancartas, cortando rutas y avenidas… se convertirán, una vez más, en el “pato de la boda”.

Sus fondos están yendo a tapar los agujeros de la caja del Estado Nacional sin generar ningún tipo de desarrollo genuino, todo por culpa de una dirigencia que dejó de lado el primer principio básico de la democracia –la población había votado a favor de la continuación de las AFJP y de mantener la libre elección entre el sistema de reparto y el privado- en aras de la rapiña –en el caso del oficialismo- y de la ideología –en el caso de los opositores que apoyaron la desaparición de las AFJP.

¿Qué dirán ahora estos opositores cuando ven que los Kirchner están utilizando esos fondos a diestra y siniestra sin que los poderes legislativo y judicial tengan capacidad de control sobre ello?    

 

 

LA IDEOLOGÍA COMO RELIGIÓN

 

“De tanto ver triunfar las nulidades, de tanto ver prosperar el deshonor, de tanto ver crecer las injusticias, de tanto ver agigantarse el poder en malas manos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra y a tener vergüenza de ser honesto”

Ruy Barbosa de Oliveira (1849-1923). Gran jurista, político y escritor brasileño.

 

En mi nota del 9 de noviembre pasado titulada “La Ideología como Religión”, expresé que este vaciamiento de los fondos jubilatorios fue apoyado por políticos no oficialistas por una cuestión ideológica transformada en religión: “La votaron porque dentro de su marco ideológico está contemplado que el Estado sea quien se hace cargo de la recaudación previsional pues, se supone, que éste es quien mejor puede cuidar de los valores de sus ciudadanos. La aprobaron porque llevaron la ideología al nivel de un dogma religioso, y un dogma no se discute, ni se razona, ni se cuestiona. De esta manera, arrasaron con uno de los derechos más preciados del individuo en las sociedades modernas: la capacidad de elegir libremente su destino.

Que un gobernador como el santafecino Hermes Binner –al que muchos independientes le tenían bastante fe en su proyección democrática – haya apoyado la iniciativa oficialista ignorando la clara voluntad popular, argumentando que “como socialista” no podía apoyar una administración previsional privada, es muy preocupante para la nación. Tiene ribetes angustiantes pensar que los socialistas argentinos se suban a su ideología para arrasar con las decisiones populares realizadas formalmente a derecho. Ya los peronistas, conservadores y militares, han demostrado a través de su historia que hay libertades individuales que no tienen por qué tomarse demasiado en cuenta. Ahora, los socialistas, auto- denominados democráticos y progresistas, también se hacen los distraídos con una de las esencias de una democracia: la libertad de poder elegir y el respeto a las decisiones que surgen de ese derecho.”    

 

Esta situación trae nuevamente sobe el tapete el tema de la democracia. Algunos foristas de este blog recalcaron que la Argentina es una nación que está viviendo un largo proceso de aprendizaje de lo que significaría ser y comportarse como un demócrata. Creo que tienen bastante razón. El desconocer una libre decisión ciudadana –promovida por el mismo gobierno que luego ignoró esa voluntad popular- es un ejemplo fascista, no demócrata. Recordemos que tanto en el fascismo como en el comunismo-socialista  marxista, se le niega al ciudadano el derecho a elegir entre opciones multipartidistas. Es el Gobierno-Estado que se erige en el único capaz de decidir sobre lo que más le “conviene a la población”.

 

La ideología como religión es una deformación democrática que también se expande en políticos más jóvenes que cuentan con buenas expectativas de obtener un crecimiento electoral, como es el caso del promocionado intendente de Morón, Martín Sabbatella, un peronista del “lado izquierdo”. En una reciente nota, el filósofo Tomás Abraham comenta que en una conversación con el intendente, éste insistió en que no trabajaría con un hombre de la derecha aunque fuera honesto. Abraham relata sobre Sabbatella: “Jamás comprendería que lo que él llama derecha puede llegar a solucionar problemas reclamados por la izquierda. (…) Jamás entendería alianzas como las que vemos en otros lares, (…) todo lo mide con la fidelidad a una ideología que llama de izquierda que le permite descalificar a los adversarios como de derecha” Continúa en la nota diciendo que para el intendente el mundo es diáfano: (…) “lo que entra en el saco de una ideología, está bien; lo que cae en el otro saco, mal.”

Finalmente, Tomás Abraham añade un comentario a título personal: “Hace rato que para mí, la izquierda no es una entidad diáfana que asegura un certificado de buena conducta. No me hace falta Gulag, Camboya o Europa Oriental para sospechar que una izquierda ideológica puede encubrir una política fascista y una moral espúrea”.

 

Un buen aprendizaje para todos aquellos que, una y otra vez, se auto proclaman respetuosos de la democracia, es aprender que ésta es, en realidad, un estado social en el que muchas veces hay que afrontar la frustración de lo que significa desear o pensar algo diferente a lo que la mayoría de la población finalmente decide, con la indispensable humildad que debería tener cualquiera que concientice que es imposible tener la verdad absoluta, porque ésta no existe.

 

Enrico Udenio

22 de mayo de 2009

Categorías: Actualidad · Política y economía

LA CODICIA DE PODER ES UNA ENFERMEDAD

Mayo 15, 2009 · 26 comentarios

“La codicia de poder es la más flagrante de todas las pasiones.”
Tácito Cayo Cornelio (55-120 D.C. Uno de los más grandes historiadores romanos.

A la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se le escapó una frase que, probablemente, formará parte de la historia: “¿Para qué quieren la mayoría?”, en alusión a sus rivales de las próximas elecciones. “Quienes quieren la mayoría ahora, fueron gobierno en la Argentina del 2001”, fue la peculiar aclaración que dio a continuación.

Lo que se evidencia detrás de esa imprudente frase, es la génesis totalitaria de gran parte del peronismo. Y digo especialmente “gran parte”, porque existen muchos dirigentes de este partido cuyas mentalidades son claramente demócratas representativas, republicanas y federales, tal cual lo manda la Constitución Nacional. Días atrás, un periodista realizó un irónico pero acertado comentario sobre la oculta intención de Cristina: “Fue casi como decir ¿para qué tenemos que hacer elecciones si estamos gobernando nosotros”.

Es lógico que un político desee el poder. Para ello le dedicó años de su vida a la actividad política. Pero, cuando el ansia de poder se convierte en una obsesión, el que la padece enferma. Los síntomas saltan a la vista: buscar constantemente ser reelegido, eludir las elecciones internas de un partido, sustituir los cargos con la esposa –o el marido, hermanos, etc,-, marginar constantemente a los otros poderes de una nación o provincia, transgredir groseramente los calendarios electorales, y el último de los inventos argentinos: presentarse a candidaturas testimoniales o simbólicas. Hagamos cómo si…

Estos dirigentes defienden su accionar con el argumento de que sus actos son legítimos porque creen que su régimen político en la práctica es “menos malo” que cualquier otra forma posible de gobierno regulado por las instituciones políticas de la democracia formal. El sociólogo y científico político alemán Juan José Linz, en su ensayo sobre los gobiernos totalitarios y/o autoritarios, “Legitimacy of Democracy and the Socioeconomic System”, sugiere que los dirigentes autoritarios accionan en la creencia de que, para un país determinado y en una coyuntura concreta, ningún otro tipo de régimen podría asegurar un mayor éxito en la consecución de los objetivos colectivos deseados.

No sólo en el peronismo los dirigentes se eternizan y retornan, una y otra vez, a ocupar infinitos cargos. También sucede con figuras de otros partidos políticos. Es que se trata de una enfermedad que se ha generalizado en la Argentina. En su propagación, los dirigentes no son los únicos responsables, el grueso de la población no es inocente de este hecho.

 

LA RESPONSABILIDAD DEL PUEBLO

“Estupidez humana. La palabra humana sobra. Realmente los únicos estúpidos son los hombres.”  Jules Renard, (1864-1910) Escritor francés, frase extraída de su diario.

Una de las cosas que más me sorprende de la Argentina es la carencia del sentimiento de culpa, en el ciudadano común, sobre sus decisiones políticas.
Tomemos como ejemplo un caso actual: el matrimonio Kirchner. Sus antecedentes en la Provincia de Santa Cruz y la forma en que instrumentaron la candidatura de Cristina en el pasado 2007, evidenciaban claramente sus posturas autoritarias y sus transgresiones a las leyes que regulan sus actos públicos. A pesar de ello, en el 2007, el 45% de los electores la eligieron para gobernar el país como una evidente manera “monárquica” de continuar el mandato de su marido.
Muchos de aquellos que la eligieron entonces, hoy no quieren saber nada con ella ni con su esposo, y se sienten “engañados” por la forma de gobernar del matrimonio presidencial.
Pero no concientizan que, en realidad, los Kirchner no engañaron a nadie. Ellos fueron así en su provincia durante veinte años. ¿Por qué iban a cambiar su forma de ejercer el poder?

Aquellos que los votaron no son inocentes del actual deterioro de la nación. ¿O acaso no sabían que durante sus mandatos provinciales modificaron la constitución dos veces para poder ser reelegidos indefinidamente como gobernadores? ¿No les decía nada esa actitud… o no les interesaba… o les parecía que carecía de relevancia?
¿O acaso no sabían que oprimían a los medios de comunicación de su provincia que osaban criticarlos? ¿No leían las solicitadas de aquellos que sufrían las persecuciones de Kirchner?
¿No les pareció ofensivo que los cientos de millones de dólares que Menem les concedió con el invento de las regalías petroleras desaparecieran en el exterior y regara con créditos a extranjeros mientras los argentinos penaban por su ausencia? ¿O les pareció un acto de “viveza criolla”?
¿No se hicieron los distraídos con la inusual fortuna que acumularon durante el ejercicio del poder provincial y nacional? Aclaro que no hace falta ser economista o empresario para darse cuenta que es imposible acumular tantísimos millones de dólares solo por “alquilar departamentos”.

Desde 1946, pasaron casi 63 años. Los peronistas gobernaron 31 de ellos, de los cuales 17 fue durante los últimos 20 años. Las dictaduras militares y los radicales se repartieron casi proporcionalmente el resto de los gobiernos. Es decir, en más de la mitad del tiempo transcurrido, el justicialismo detentó el poder en el país. En la provincia más grande e importante del país, la Provincia de Buenos Aires, los justicialistas están gobernando desde hacer 28 años ininterrumpidos. La pobreza y la indigencia de los sectores bonaerenses no sólo son denigrantes, sino que cada año que pasa, es más humillante para la dignidad humana.

La nación tuvo en todos estos 63 años, la involución de desarrollo económico más grande de la historia mundial (Maddison, 2000, series de estadística mundial a moneda constante), pero son pocos los militantes o funcionarios que lo reconocen y hayan asumido su crucial incidencia en esta debacle nacional. Constantemente despliegan una feroz propaganda haciendo caer la casi total responsabilidad de este desastre en los otros gobiernos, e insultando o descalificando a todo aquel que osa denunciar esa forma totalitaria de ejercer el poder.
Cuando la población de un país decide hacerse la distraída con los antecedentes autoritarios de un político que ejerció un poder ejecutivo, sea este nacional o provincial, no puede ser inocente de las consecuencias que el país sufrirá en el futuro si éste es elegido.

 

UN PRIMER DIAGNÓSTICO

“La mayoría de los problemas que un presidente tiene que enfrentar tiene sus raíces en el pasado.”  Harry S. Truman (1884-1972). Presidente de Estados Unidos.

El primer grave problema que tiene el país es el incumplimiento del primer mandato establecido por el artículo primero de la Constitución, el cual establece que la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal.
Hay dirigentes que no son democráticos porque accionan como si la democracia comenzara y finalizara en el trámite electoral; que no son republicanos porque dificultan la independencia de los tres poderes de una nación –Ejecutivo, Legislativo y Judicial- e impiden la creación de instituciones que funcionen autónomamente para que el pueblo no dependa del “rey de turno”; y que no son federales porque someten a las provincias consolidando la pobreza del vasto interior del país.

Retornando a lo analizado por Juan Linz, debemos saber que, si bien es posible que exista en el pueblo un sentimiento general a favor de la democracia, lleva muchos años esperar que ese mismo pueblo apoye los comportamientos asociados con este sistema. Se trata de un largo proceso en el que deberá ir despojándose de los aspectos totalitarios y autoritarios arraigados en la sociedad civil en fases anteriores a nuestro proceso de democratización iniciado en 1983.

Es nuestra decisión decidir si queremos participar votando hoy a quienes han demostrado en sus acciones apego a la democracia participativa, al mantenimiento de la independencia de los otros poderes, a la creación de instituciones autónomas que protejan al pueblo, y a devolver al interior del país la esperanza de un genuino federalismo.
Por su importancia, esta responsabilidad trasciende en mucho las posiciones ideológicas de derechas, izquierdas, liberales, progresismos o conservadorismos, que tenga cada uno.
No podremos extraer nada bueno de lo anunciado en los artículos siguientes de la Constitución, si no se puede cumplir con el mandato del primero.

Enrico Udenio
15 de mayo de 2009

Categorías: Actualidad

LA MENTIRA INFAME

Mayo 12, 2009 · 13 comentarios

“El verdadero problema no es si las máquinas piensan, sino si los hombres lo hacen.”  Burrhus Frederic Skinner (1904-1990). Psicólogo. Principal representante del <conductismo>, escuela que explica el comportamiento humano en términos de respuesta a diferentes estímulos.

En gran parte del mundo, el primero de mayo se conmemora el día del trabajador. La fecha fue impuesta en 1889, durante la reunión de la Segunda Internacional Socialista. Se trató de un homenaje a los trabajadores fallecidos en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, durante la revuelta obrera iniciada el primero de mayo de 1986 con el fin de reducir la jornada laboral de 14 a 8 horas de duración.

Algunos municipios de diferentes ciudades del mundo comienzan el día anterior con ciertos festejos tales como bailes y murgas, pero no tengo conocimiento de que en ningún lugar una organización central de los trabajadores haya organizado una manifestación masiva el día 30 de abril en conmemoración del 1 de mayo.

Pero, la Confederación General de Trabajo de la Argentina, presidida por el kirchnerista Hugo Moyano, decidió anticipar el evento. En razón de ello, un día laborable se transformó en una jornada “semi-laborable”. Por un lado, dañando al gobierno que dice defender, porque en la Nación se produce mucho menos durante ese día con el consiguiente deterioro de las finanzas; por otro lado, lesiona la esencia de la conmemoración misma, pues no corresponde un cambio de fecha para un acto de duelo que homenajea a obreros fallecidos, al tiempo que simboliza la lucha por los derechos de los más oprimidos.

Resulta bastante obvio que se trató de un acto para presionar al gobierno del matrimonio Kirchner, con el fin de ubicar, en la próxima elección, a la mayor cantidad de sindicalistas en las listas electorales del partido peronista. Es también evidente, que decidieron realizarlo en un día laborable para que éste se convirtiera en un asueto pago, facilitando así, a los dirigentes sindicalistas, el traslado y concurrencia de una mayor cantidad de personas a la Plaza de Mayo.

 Más allá de las intenciones que se tuvieran, lo dramático es observar cómo se ha desnaturalizado el sentido mismo de la existencia de una organización de trabajadores: en lugar de defender los intereses del sector, con independencia de la afinidad ideológica que tenga cada uno, se ha transformado en el apéndice de un partido político.

 Un buen símbolo de esta problemática lo podemos encontrar en la solicitada que la Unión Ferroviaria -un participante activo de esa manifestación peronista- publicó en algunos diarios. He aquí algunos de los puntos más impactantes de ese texto:

 (…)  Comencemos por decir las cosas como son. En primer lugar, manifestando claramente que apoyamos a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, porque su gobierno y el de Néstor Kirchner expresan la necesidad nacional de convertirnos en un país desarrollado y la voluntad popular de refundar una sociedad justa y solidaria. (…) De este lado están los intereses de la Nación y del pueblo, la vocación de soberanía  y la convicción de avanzar fraternalmente unidos con los demás pueblos de América Latina. Y en la vereda de enfrente los que conspiran contra esos fines, quien son los mismos que, antes de ahora -y quizás con otras caras-, entregaron las riquezas del país, hambrearon a los trabajadores, aniquilaron los ahorros de la clase media y destruyeron al Estado. (…) la democracia es una realidad social y vital y profunda (sic), y no un escenario de utilería diseñado por manipuladores profesionales de la opinión pública.

Es asombroso, diría casi pueril, el texto de esta solicitada, en especial en boca de quienes en su accionar no muestran un comportamiento democrático. Recordemos que su Secretario, el Sr. José Pedraza, ejerce su cargo desde hace trece años, y que en la actualidad se automanifiesta fanático kirchnerista, en la década de los ‘80, cafierista, y en los ‘90 ferviente menemista. No le fue tan mal con su capacidad camaleónica: en 1998 compró una mansión valuada en u$s 700.000, en una zona residencial de Villa Sarmiento, Morón.

¿A qué se referirá el peronismo cuando habla de democracia?

 

LA GÉNESIS TOTALITARIA

“El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente.”

Lord John Emerich Acton (1834-1902; historiador y profesor ingles.

 

Cuando los sindicalistas discursean sobre el respeto a la democracia y a la república, demuestran a través de sus comportamientos, sin ruborizarse ni arrepentirse, el verdadero sentir peronista. Los dirigentes gremiales se eternizan en el poder; las minorías no tienen acceso a los mandos; y son bastantes sumisos cuando el gobierno está en manos de un peronista porque, en definitiva, ellos son parte del mismo, pero le hacen la vida imposible a los gobiernos de signo diferente. Cuando no logran sus objetivos utilizando las modalidades de protesta gremiales amparadas por la Constitución, no tienen reparo alguno en ejecutar la violencia física y extorsiva para obtenerlos. Moyano es el prototipo actual de esta forma de lograr, por cualquier medio, un fin determinado, al mejor estilo que popularizaran, en su momento, las mafias napolitana y calabresa. 

 Una explicación de esta actitud, se encuentra en la legislación laboral que impuso Juan Domingo Perón, y que copiara de la “Carta del Lavoro” (legislación laboral que en 1927 elaborara el gobierno de Mussolini). Ésta ley otorgó el monopolio de la organización sindical a un solo partido político: el justicialismo. El mecanismo con el que lo obtuvo fue simple: otorgando la personería jurídica a un solo sindicato por rama laboral, y estableciendo una sola central de trabajadores. Como la personería únicamente podía ser adjudicada por el gobierno, Perón se aseguró la adhesión a sus ideas porque, de lo contrario, el sindicato corría el riesgo de no poder obtenerla. La otra central de trabajadores, la CTA, inclinada ideológicamente hacia el marxismo y el socialismo, puede dar buen ejemplo de esta situación en su infructuosa búsqueda para obtener desde hace años la personería jurídica.

Es que con ella, los sindicatos acceden al poder económico gracias al pago compulsivo de la cuota sindical (las retenciones salariales), a la negociación de convenciones colectivas de trabajo, la exención de impuestos, el monopolio de la representación gremial, la reelección de sus dirigentes sin límites de tiempo y  fundamentalmente, el manejo de las obras sociales, punto clave del poder y  la corrupción político-sindical.

 

LA MENTIRA INFAME

 Cada vez que surge en la sociedad la necesidad de modificar esta concentración absoluta del poder aparecen, desde el campo sindical, argumentos de defensa que se dan de bruces con la lógica y la realidad del sindicalismo internacional.

Los defensores de la actual ley sindical argumentan que si hubiera libertad de afiliación, y más de un sindicato por gremio, se debilitaría la posibilidad de defender a los trabajadores porque habría dispersión política y ésta, a su vez, eliminaría la concentración del poder, deteriorando la capacidad de negociación y la realización de huelgas, manifestaciones u otras formas de presión.

Estos argumentos están construidos en base a infames mentiras, al tiempo que son una ofensa para la inmensa cantidad de sindicatos que, en otras partes del mundo, representan al movimiento obrero sin ejercer ningún tipo de monopolio político-sindical.

 A título de ejemplo, citaré a la nación que quizás ostenta la jerarquía de haber ejercido históricamente, y en todo el mundo, la mejor defensa del movimiento trabajador: Francia.

En este país conviven ocho centrales de trabajadores y cada gremio tiene, a su vez, varios sindicatos. Por supuesto, desde lo político, cada central y cada sindicato tiene su predilección o afiliación ideológica. Cuando la situación social alcanza un alto nivel de gravedad, las centrales se juntan y coordinan las acciones en defensa de sus derechos. Pero, cuando la protesta tiene visos de ser más política que gremial, o muy localista, hay una sana reacción social de los otros gremios que impide su extensión. Para que no queden dudas, hablo de un país en el que sus dirigentes sindicales obtuvieron la reducción de la jornada laboral a seis horas, medida que, más allá de si terminó siendo beneficiosa o perjudicial para Francia, se trató de la mayor conquista laboral obtenida hasta el momento. 

 En cambio, y descontando las buenas intenciones que habrán tenido muchos de los dirigentes obreros argentinos, la realidad histórica de nuestro país demuestra que después de más de sesenta años de implementación de este régimen monopólico sindical, la gran mayoría del sector del trabajo dependiente sigue sumergido en la pobreza, porque el mismo país está sumergido en ella. La dirigencia sindical peronista, en lugar de favorecer y fortalecer el crecimiento económico, sin tener en cuenta el signo del gobierno de turno, se ha dedicado a la política partidaria para acumular riquezas personales. Pactó permanentemente con los gobernantes peronistas, siempre y cuando éstos compartieran con ellos la repartija del poder político y económico, al tiempo que hacía la vida imposible a los gobiernos que osaban oponerse a esos manejos.

 Es justamente en el sindicalismo donde se visualiza casi a la perfección la génesis fascista del movimiento inventado por Juan Perón. Son muchos años de cultura peronista los que han introducido en sus cuadros políticos y sindicales una manera muy especial de ver el país:

  • Gobernar bien es concentrar autoritariamente el poder y mantenerse en el mismo por muchos años.
  • El progreso depende de la buena voluntad del gobernante y no del cumplimiento del juego democrático, republicano y federal.
  • El denominado pueblo trabajador debe ser peronista porque, de lo contrario, será sometido por los conservadores, liberales, comunistas, radicales, socialistas, intereses foráneos, oligarcas, gorilas, vendepatrias, etc.

 

El discurso de los dirigentes que fundamenta el monopolio sindical no es sólo una vulgar e inocente mentira. Se trata de una actitud infame porque hace creer una cosa –defender a la clase trabajadora a través de una legislación calcada del fascismo- cuando, en la realidad, la eternizan en la pobreza mientras ellos se convierten en millonarios algunos y nuevos ricos muchos, dentro de un marco de impunidad judicial y fiscal.

 La democratización verdadera de los sindicatos, sin secretarios vitalicios y con minorías participativas en su cuerpo de dirigentes, es esencial para la genuina defensa de los intereses de los trabajadores, del trabajo mismo y del desarrollo del país.

 

Enrico Udenio

8 de mayo de 2009

Categorías: Actualidad