Los Anteojos del Tata

Entradas de Septiembre 2009

LA PELEA POR EL PODER MEDIÁTICO – Primera Parte

Septiembre 30, 2009 · 44 comentarios

“Es preferible mil millones de mentiras en libertad, que quedar prisioneros de una única voz: la del poder político en el Estado”.  Arturo Guardiola, director del diario Los Andes, Mendoza, 14-Sep-2009. 

 Es muy probable que por detrás de la aprobación o no del proyecto de ley de radiodifusión, se encuentren intenciones escondidas de los Kirchner, en primera instancia, la de saber si el Congreso los sigue aceptando o no el poder, y en segunda instancia, la de apoderarse de algunos medios audiovisuales del Grupo Clarín.

De su resultado dependerán muchos sucesos del futuro político y económico de la nación.   

 

Pasaré a referirme puntualmente a algunos de los vericuetos del proyecto.

Según las propias manifestaciones de la presidenta argentina, el proyecto de ley de radiodifusión tiene las siguientes intenciones básicas:

1) Cambiar la ley de la última dictadura militar impuesta en 1982.

2) Eliminar los monopolios y oligopolios privados existentes.

3) Democratizar la información a través de, en primer lugar, la restricción a los privados de sus posibilidades de acceso a las licencias de radio y televisión, con el principal argumento de que ellos se adueñaron de los medios y amenazan a la libertad de expresión; en segundo lugar, regular los contenidos, porque entienden que éstos deben estar al servicio de toda la sociedad y no de intereses comerciales.

 

Según mi parecer, un somero y rápido análisis de la ley pone en evidencia que estas tres intenciones expuestas por los Kirchner no son válidas porque:

1) La actual ley ya tiene muy poco que ver con la dictadura. Desde su aplicación hubo 206 modificaciones realizadas durante los gobiernos democráticos.

2) Técnicamente, en el mercado actual de medios no existen monopolios ni, mucho menos, oligopolios. El Grupo Clarín posee un diario entre 12, un canal de aire entre cinco, una radio AM y una FM entre más de 550 estaciones, una señal de noticias entre cinco, y un cable de TV entre los setecientos que hay en todo el país.

Lo que sí, hay plena constancia de un predominio en el mercado por parte de este Grupo, pero entre un monopolio y un predominio, hay mucha diferencia. Esta diferenciación requiere distintos enfoques y soluciones según el caso. Por ejemplo, que el Estado controle o intervenga en el mercado de la televisión por cable puede llegar a entenderse como una intervención arbitraria porque el cable y las señales audiovisuales no ocupan el espectro radioeléctrico. Justamente, por esa razón, otros Estados no intervienen en ese mercado. En Argentina, Clarín detenta el 47% de todos los abonados, pero en Brasil, su principal grupo de cable predomina con el 48% del mercado; en Chile, el 68%; España, 57%; Venezuela, 50%; y en Perú, su principal operadora tiene conquistado nada menos que el 82%.

3) Asociar la democratización de la información con la propiedad del Estado y las entidades sin fines de lucro, como por ejemplo, los sindicatos, organizaciones barriales, nativas, ONG, fundaciones, etcétera, es primero, agresivo por el concepto deductivo que subyace: la obtención de un lucro en el medio comunicacional sería, entonces, antidemocrática; y segundo, un error teórico ya que, por un lado, el Estado es manejado por el partido mayoritario que detenta el poder y ha demostrado (1) fehacientemente  que intenta establecer un discurso único; y por el otro lado, la gran mayoría de las entidades sin fines de lucro (artículos 16, 31, 142 y 143) tienen, en realidad, un lucro, que es el provecho que extraen de sus funciones los que la manejan. Creo que, en nuestro país, el mejor ejemplo de lo que digo se encuentra en las descomunales riquezas que han acumulado los dirigentes sindicales, ¿o acaso nos olvidamos que los sindicatos son organizaciones sin fines de lucro? Para información de los que no lo recuerdan, cuando se dice “sin fines de lucro”, se refiere a que, al final de cada ejercicio anual, no debe haber ganancias a repartir, o si las hay, se deben gastar en obras sociales o investigaciones, pero que los salarios, gastos y viáticos de sus dirigentes provienen de los ingresos que tiene cada organización.

 

LOS ARGUMENTOS DE OPOSICIÓN AL PROYECTO

Sobre los tres motivos que el gobierno difundió como motivación para presentar este proyecto, aquellos que lo cuestionan denuncian que:

1) Las extremas regulaciones gubernamentales que impone el proyecto se acercan mucho más a la ley original de la dictadura, que a la que está vigente en la actualidad. Justamente, el excesivo control estatal fue la característica principal que tenía esa primitiva ley de los militares. Pícaramente, el gobierno no dice nada cuando leyes aprobadas durante la dictadura lo benefician, como es el caso de la ley que autoriza al Poder Ejecutivo a fijar retenciones a las exportaciones.

2) Es obvio que existe predominio en el mercado por parte del Grupo Clarín, pero sus opositores insisten en que lo que propone el proyecto kirchnerista no es una regulación para eliminarlo, sino que sus verdaderas intenciones son las de reemplazarlo por un monopolio estatal.

3) El otorgamiento de las licencias es la llave del control ideológico. La autoridad de aplicación tendrá, en la práctica, una mayoría gubernamental. Por medio del nuevo organismo –que funcionará en la órbita del Poder Ejecutivo (artículo 11)- el presidente de turno podrá tener el derecho de adjudicar licencias a discreción “por razones de mejor administración” (artículo 80), y de regular a su entero capricho –si así lo desea-, el contenido de los programas (artículos 28 y 34, entre otros).  El proyecto de ley dice claramente que se elegirá a los beneficiados según las propuestas que presenten, incluidos sus contenidos, que serán revisados cada dos años (artículo 40).

Esto es, en Argentina o en cualquier parte del mundo, discriminatorio y pasible de deteriorar la libertad de prensa y de opinión. Es que, si se lo propone, el gobierno tendrá en sus manos la potestad de elegir a todos aquellos que han demostrado afinidad ideológica o estratégica a sus fines. Por ejemplo, ese tercio en manos de esas organizaciones “sin fines de lucro” no será elegido por sorteo, por lo tanto, es muy probable que la gran mayoría de los destinatarios de esas licencias terminen alineados detrás del gobierno que los eligió. Esto significaría que el Estado detentaría nada menos que el 60% del mercado (el 30% de las organizaciones sociales, y el 30% que se reserva para él).

Es una pena que una buena idea termine siendo manipulada por los Kirchner en su afán de asegurarse la concentración del poder de decisión. 

 

MISCELÁNEA RADIOTELEVISIVA

El acreditado locutor y periodista Víctor Hugo Morales, impulsado por su odio personal al grupo Clarín, apoyó con firmeza el proyecto, y se burló de aquellos que pedían más tiempo para analizarlo, con el argumento de que a cualquier chico le bastarían dos días para comprenderla. Es una pena que las emociones (el odio es una de los más fuertes, irracionales y destructivas) le hayan hecho decir tamaña barbaridad.

En realidad, una ley de medios tiene tantas complejidades que se necesita un proceso analítico profundo para evaluar las implicancias que cada artículo tendrá sobre las inversiones privadas, la libertad de expresión, los contenidos, la cambiante tecnología, el empleo, los bienes de capital, las ideologías y la sociedad en general.

Hagamos un rápido repaso:

*   Los artículos 12, 13, 14 y 16 autorizan la creación de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (sustituyendo al COMFER) más un consejo asesor y federal de comunicación en la que intervendrían 35 consejeros designados por el Poder Ejecutivo, provenientes de las provincias, ONG y otras entidades, mientras que los medios privados de comunicación sólo podrán contar con la representación de tres personas. Con estos entes, parecería que los Kirchner intentan imitar la estructura de control que lograron con el Consejo de la Magistratura.

Además, en la práctica detentará una supremacía gubernamental que le permitirá designar al defensor del público, lo que generará la paradoja, devenida en anomalía, de que un funcionario oficialista atenderá los reclamos contra los posibles abusos que el mismo gobierno puede generar desde su monopólica actuación.

*  El artículo 149 prohíbe a los licenciatarios que ya hayan renovado sus licencias solicitar una nueva extensión de las mismas. Se trata de una prohibición que sería única en el mundo desarrollado, que frena inversiones y que condena, en especial, a numerosos pueblos del interior del país, donde no existen demasiados interesados en invertir cuantiosas sumas en este mercado. 

*  El artículo 38 inciso C, establece la prohibición de tener un canal de cable simultáneamente con uno de aire. Es evidente que se trata de una particular movida contra el grupo Clarín que ocasionará enormes distorsiones y graves problemas en el interior del país, donde hay numerosas empresas que son propietarias de ambas formas de televisión. Es imperativo analizar muy bien este artículo para poder regularlo, con el fin de generar el menor daño posible a las inversiones, evitar la catarata de juicios que puedan realizar, y cuidarnos de que las empresas amigas del gobierno, o testaferros de funcionarios del mismo, no coopten el mercado comprando a bajo precio esas licencias.

*  Los artículos 54 y 55 prohíben la programación simultánea de una red en todo el país. Esta prohibición es similar a la impuesta por la dictadura militar ya que ésta quería evitar la propagación de las noticias desde la cabecera porteña, siempre tan díscola. 

*  El artículo 35 prohíbe la reventa de una licencia antes de los cinco años de otorgada. Esta prohibición había sido implantada por la dictadura, pero corregida durante la democracia radical. Ahora volvería a implementarse.

*  Los artículos 28 y 30 permiten examinar los contenidos que difundirá el que solicita la licencia y los productores de estos contenidos deberán obtener la autorización estatal (artículo 50). Estos tres artículos son más autoritarios que los que habían impuestos los militares, pues éstos privilegiaban los antecedentes profesionales del solicitante a los contenidos.

*  El artículo 7 del proyecto asegura que los medios son federales cuando el Artículo 32 de la Constitución Argentina dice que el Congreso tiene prohibido imponer la jurisdicción federal sobre la prensa, por lo tanto, es inconstitucional.

*  Por imposición de pequeños partidos de la izquierda argentina, el artículo 23 excluyó a las prestadoras de servicios públicos (por ejemplo, las telefónicas) de la posibilidad de ofrecer comunicación audiovisual. Sin embargo, en el artículo 25 se plantean las excepciones a esa regla y se establece que las personas de existencia ideal sin fines de lucro, como las cooperativas, podrán hacerlo con la condición que no puedan acaparar más del 35% del mercado. Este artículo permitirá ingresar al mercado del cable a las empresas telefónicas a través de sus cooperativas.

 

*  También se descubrió que hay artículos que, lisa y llanamente, son incomprensibles, como es el caso de la exigencia de “un registro de productores de contenidos”. Este requisito es de imposible aplicación. Todos nosotros somos productores de contenidos. Yo lo soy. Cada comentarista de este blog de hecho lo es.

*  Por otra parte, el proyecto confiere a la autoridad de aplicación la potestad de conferir las licencias previa evaluación de la programación, y esto es, muy claramente, pasible de ejercer una censura previa.

 *  Finalmente, y para no extenderme mucho más, el inciso A del artículo 108 habilita claramente al Poder Ejecutivo a revocarle la licencia a una empresa si ésta emite contenidos que “atenten contra el orden democrático”. ¿Qué significa esta frase?

Cristina K acusó varias veces a los ruralistas de golpistas por lo que, según este artículo, el Poder Ejecutivo pudo haber cancelado las licencias de aquellos medios que en su momento propagaron y apoyaron las demandas del campo.

También podría castigarse a un medio por difundir una conversación privada del presidente con sus funcionarios (algo bastante común en la prensa) aduciendo que son mentiras, y que con esta actitud atentan contra la institución presidencial y, por ende, contra el orden democrático.

Es que es muy peligroso para el ejercicio de la democracia cuando se discursea con frases que ostentan un amplio espectro de interpretación permitiendo un trasfondo probable de contenidos totalitarios como, por ejemplo: “concentración indebida de medios” (artículo 41); derecho que también implica interés por estar objetivamente informados”; “responsabilidad social”, “trascendencia institucional y social”, “información que deberá llegar al receptor libre de manipuleos económicamente orientados por los privados”; o “los contendidos deben estar en función de las necesidades populares”.

¿Qué significado se le da al estar objetivamente informados”?

Por ejemplo, las informaciones opositoras a las políticas del gobierno actual, ¿Están “subjetivamente desinformando” a la sociedad?

¿Cuáles son los contenidos que “deben estar en función de las necesidades populares”? ¿Quiénes los determinan? ¿A qué contenidos se refieren en concreto? Porque si se trata de establecer límites o recortar determinado tipo de información, se lo debe explicitar claramente.

Todas las leyes de medios de las naciones occidentales europeas, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón, expresan con mucha exactitud los ítems que deben cumplir los poseedores de las licencias. No hay nada que se deje librado a interpretaciones varias de frases como “intereses nacionales” (salvo situaciones de guerra, naturalmente),  “interés público”, “resguardar la competencia”, “desinformación popular”, “desestabilizadores”, “sanos valores del pueblo”, etcétera.

Sólo este ítem llevaría muchos días el poder analizarlo y fijar con extrema claridad las exactas obligaciones que deberían cumplir los licenciatarios para que en el futuro no se deje librada la ley a interpretaciones antojadizas o a la discrecionalidad de los gobiernos de turno.

 

A la luz de lo que va saliendo a la luz durante el debate en el Senado, las palabras de Víctor Hugo Morales van perdiendo cada vez más sentido, porque no sólo no es posible analizar las implicancias de esta ley en dos días, sino que se necesitarían dos meses para evaluar las soluciones que ameritaría cada artículo de este proyecto para que la Argentina pueda tener una ley que promueva, en las empresas privadas, la ejecución de las inversiones necesarias para un desarrollo tecnológico de alto costo; para posibilitar la participación de entidades sociales sin fines de lucro independientes al gobierno; para que no exista censura de contenidos; para que se fomenten las producciones nacionales; para que el Estado esté obligado a repartir equitativamente su publicidad; para que se limite el alcance cuantitativo del Estado en el espacio radiofónico; para que se puedan establecer con claridad las acciones a realizar en el caso de que se produzca un evidente predominio del mercado por parte de una empresa; y para que se elimine toda posibilidad de que se constituyan monopolios y/o oligopolios, tanto privados como estatales.

 Enrico Udenio

29 de septiembre 2009

Categorías: Actualidad

UN INSÓLITO SAINETE

Septiembre 20, 2009 · 36 comentarios

“Solo hay dos cosas infinitas: el Universo, y la Estupidez Humana, pero no estoy muy seguro de la primera, de la segunda puedes observar cómo nos destruimos sólo por demostrar quién puede más.”  Albert Einstein (1879-1955). Científico considerado como el más importante del siglo XX.

 La media sanción en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación del proyecto de ley de radiodifusión amerita algunas reflexiones.

Muchas fueron las voces de los oficialistas defendiendo todas las bondades de esta controvertida ley así como abundantes fueron las críticas. La necesidad del gobierno, por lograr su aprobación antes del recambio legislativo del 10 de diciembre próximo, hizo que su paso por la Cámara de Diputados fuera muy vertiginoso y no se pudiera debatir como correspondía a su complejidad técnica y a sus implicaciones con las inversiones privadas, la libertad de opinión y expresión, el autoritarismo y la censura. Como no podía ser de otra manera, dado el casi nulo trabajo legislativo previo, el proyecto que se envía al Senado es burdo y plagado de errores.  

Creo inadecuado el argumento que esgrimen al afirmar que esta ley venía debatiéndose desde hace años en distintas agrupaciones o asambleas. Recordemos que todas las opiniones realizadas fuera del ámbito del Congreso pueden ser sólo complementarias pues, según lo establecido por la Constitución, el ámbito principal de análisis y discusión de las leyes debe ser el Congreso Nacional. Es así porque en el Poder Legislativo es donde están representadas todas las fuerzas políticas más significativas de una nación.

Es llamativo que, durante sus años de gobierno, los Kirchner no expresaran mucho interés en modificar esta ley, sino todo lo contrario, extendieron diez años las licencias de las empresas. Fue a partir de la derrota electoral del pasado 28 de junio que avanzaron contra el grupo Clarín y otros medios importantes del país, “casualmente” opositores a su gobierno. Recordemos que mientras Clarín los apoyó, los Kirchner lo favorecieron posibilitándoles concretar muy buenos negocios. Cuando la línea editorial del importante grupo periodístico se le puso en contra, el medio pasó a ser el gran enemigo a doblegar. Es en este ejemplo donde más se evidencia la actitud hipócrita de estos gobernantes.

 

EL PODERÍO DE CLARÍN

“En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa.”  Groucho Marx. Cómico norteamericano de mediados del siglo pasado.

El grupo de multimedios Clarín, como toda empresa económica poderosa, maniobra política y financieramente para conquistar metas de mercado y obtener o sostener ganancias. Por ello, para evaluar con un poco más de criterio y objetividad su condición actual, es interesante conocer cómo fue su proceso de crecimiento económico.

Fundado por el periodista Norberto Noble, Clarín nació en 1945 como un pequeño diario de sólo 20 páginas. Durante el gobierno de Juan Domingo Perón se implementó una rígida censura previa, la clausura de diarios y la confiscación del matutino “La Prensa “, uno de los dos de mayor circulación del país, al mismo tiempo que se favoreció la propagación de una cadena de diarios adictos al gobierno (“La Razón”, “El Laborista”, “Democracia”, “El Mundo”, “La Época” y “Noticias Gráficas”),

Fue durante este período cuando Clarín sacó provecho del cierre de “La Prensa” para “cosechar” su negocio económicamente más fructífero: los avisos clasificados.

Después de la destitución de Perón, captó la preferencia del público por las noticias nacionales, los deportes, los espectáculos y lo policíaco, por lo que Noble le dedicó en sus páginas una gran importancia a estas secciones.  Todavía hoy, las primeras páginas del diario están dedicadas a lo nacional, mientras que en su principal diario competidor, “La Nación, en esas primeras páginas se siguen publicando las internacionales. Otro gran hallazgo comercial fue la prioridad que Noble le dio a la distribución. Logró que el diario Clarín llegara antes que ninguno a los kioscos, tanto de Buenos Aires como del interior del país.

Desde lo político, si bien simpatizaba con el desarrollismo, evitó identificarse con una ideología determinada. A través de las décadas, Clarín le fue fiel sólo a las preferencias de la población. Se caracterizó por ser, básicamente, un medio mercantilista. Define líneas editoriales evitando contradecir el pensamiento promedio de sus lectores, un pensamiento que, por otra parte, varía según el cambiante humor que usualmente experimenta la población argentina. Por supuesto, se produce una retroalimentación constante de este proceso pero, si observamos detenidamente los momentos en los que Clarín fue un duro opositor de Menem así como cuando comenzó a ser crítico de los Kirchner, veremos que coincide con las etapas de creciente descontento popular hacia sus gobernantes. 

Menem se equivocó feo cuando desreguló el mercado comunicacional favoreciendo a los más importantes medios pensando que, de esa manera, iba a contar con su adhesión sistemática. Ese mismo error lo cometió Kirchner cuando le concedió a Clarín muchos favores (el mantenimiento de la pesificación asimétrica, la prolongación de sus licencias y la fusión de las señales de cable) esperando recibir su apoyo eterno. Como esto no sucedió, la palabra “traición” se anidó en el matrimonio presidencial, y la derrota electoral de este año alimentó aún más su rencor hacia este poderoso grupo periodístico, acusado por muchos de ejercer un monopolio comunicacional.

 

LOS MONOPOLIOS

“Intentar definir la competitividad de una nación es mucho más problemático que definir la de una empresa. Cuando decimos que una empresa no es competitiva, queremos decir que a menos que mejore su funcionamiento, dejará de existir. Los países, por otro lado, pueden ser felices o infelices con su situación económica, pero no cierran. Como resultado, el concepto de competitividad nacional es engañoso.” Paul Krugman. Economista norteamericano, crítico del capitalismo.

La venta del diario Clarín capta entre el 40 y el 45% del mercado total del país. Esto parecería mostrar, en primera instancia, la probabilidad de estar ante un monopolio pero, cuando se analizan los elementos que deberían existir para que una empresa sea acusada de ello, devienen muchas dudas. Recordemos que la definición de monopolio está relacionada con tres variables: la exclusividad (en todas sus formas); el acuerdo a utilizar el factor precio para eliminar a la competencia; y el acaparamiento de productos en previsión de su escasez. Ninguna de estas se corresponde con Clarín.

El grupo Clarín demostró haber sido el más astuto y eficaz en su desempeño, pero no es el único poderoso del mercado. Hay, por ejemplo, cinco canales de televisión abierta de los cuales el grupo posee sólo uno que es, justamente, el de mayor audiencia. ¿Se puede castigar a alguien por hacer las cosas mejor que los otros? 

Esta situación me recuerda a un caso que solía comentarse en grupos de estudio como paradigmático a la hora de evaluar la existencia o no de un monopolio: el del alquiler de autos en la década de los 70’. En los Estados Unidos, el negocio estaba copado por la compañía Hertz, que detentaba la increíble cifra del 67% del mercado. Hubo una demanda contra esta empresa por el ejercicio monopólico de la actividad, pero la justicia norteamericana la rechazó con el argumento de que el crecimiento comercial de Hertz se había desarrollado con cláusulas y posibilidades igualitarias para todos (en aquella época, los precios estaban regulados por el Estado) y que, por lo tanto, ese porcentaje mayoritario era consecuencia de haber llevado a cabo una mejor estrategia comercial que la de sus competidores. El tiempo le dio la razón a la Corte Suprema de ese país, pues una de las empresas competidoras, Avis, que apenas detentaba un 10% del mercado, logró, a través de una extraordinariamente inteligente campaña publicitaria (considerada posteriormente como la más creativa en la historia de la publicidad), quitarle a Hertz la mayor parte de ese mercado.

Pero el hecho de que técnicamente Clarín no ejerza un monopolio, no invalida que un Estado deba velar por el equilibrio de sus mercados. Por lo tanto, está en su potestad el regularlos para que, de esa manera, se facilite el logro de una proporción más igualitaria de los mismos.      

 

UNA VEZ MÁS: ¿QUÉ FUE PRIMERO, EL HUEVO O LA GALLINA?

La obsesión del matrimonio Kirchner por controlar los contenidos de los medios de comunicación se solidificó sobre dos premisas: la primera, ve al periodismo crítico como una propaganda de la oposición; y la segunda, considera que el aumento de su imagen negativa en la sociedad se debió a que los medios, en especial el grupo Clarín, manipularon a la población en su contra.

Esto trae a colación una de las discusiones más frecuentes en el ámbito político: Si son los medios los que influyen en las creencias de  población, o si son las de la población las que influyen sobre lo que propagan los medios.

Más allá de que lo uno se retroalimenta con lo otro y viceversa, la historia nos muestra que los medios de comunicación no pueden influir sobre los pueblos si no se dan las condiciones previas para que éstos acepten esta influencia. Desde ya que la importancia que tiene la comunicación en las creencias de la población es muy grande, pero no es un factor determinante. Si lo fuera, las poblaciones de los ex países comunistas no se hubieran convertido al capitalismo con tanta facilidad. Durante décadas existió una total ejecución monopólica de la prensa, que no sirvió para nada al momento en que esos pueblos pudieron decidir sus destinos ideológicos con libertad de opinión y elección.

En nuestro país tenemos dos ejemplos muy concretos que confirman este concepto.

Durante la década 1945-1955 hubo una fuerte persecución peronista contra la prensa opositora y, a pesar de ello, las ideas opositoras (las izquierdas, los radicales, los liberales y los conservadores de la derecha) mantuvieron su vigencia.

A su vez, los posteriores años al derrocamiento de Juan Perón transcurrieron con una total prohibición de propagar las ideas peronistas, a tal punto que, incluso, no se podían nombrar siquiera a Perón y a Evita.

Está de más extenderme sobre el rotundo fracaso ideológico que finalmente tuvieron estos claros cercenamientos a la libertad de prensa.

 

UNA OPOSICIÓN HIPÓCRITA

“Lo importante no es la Constitución sino el hábito de seguir las reglas de la Constitución, aunque sea imperfecta”. Nicolás Shumway. Director de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas

La media sanción del proyecto de ley de radiodifusión se pudo lograr porque una sustancial cantidad de opositores votó a favor del oficialismo. Se trató de pequeños grupos de la izquierda pro-estatista, cuyos votos obtenidos en la última elección se debieron, en su mayoría, a un discurso antagónico al gobierno de los Kirchner.

No es ésta la primera vez que sucede. Hasta ahora y salvo alguna que otra excepción, sus integrantes siempre dieron su apoyo a los proyectos del gobierno. Sus líderes dicen una cosa pero luego accionan otra. Después de la votación, los diputados Eduardo Macaluse, Carlos Raimundi, Vilma Ibarra, Roy Cortina, Claudio Lozano, los gobernadores Hermes Binner y Das Neves,  así como el líder de Proyecto Sur, Pino Solanas, intentaron hacer malabarismos con las palabras para explicar lo que a una parte de sus votantes les cuesta entender. Es que el 28 de junio, éstos  anónimos electores votaron, desde una perspectiva de izquierda democrática, por ponerle límites a la prepotencia y al autoritarismo kirchnerista, y ahora deben digerir el avance peronista sobre la libertad de prensa gracias al apoyo recibido por parte de sus propios elegidos. El argumento que esgrimieron éstos para justificar este apoyo, fue que este proyecto era mejor que la ley vigente, pero esta explicación resulta improcedente, ya que todos los partidos políticos estaban de acuerdo con la necesidad en construir una nueva ley de medios, aunque no ejecutado de esta irrespetuosa manera e imposibilitando un análisis más profundo de sus contenidos.  

La sensación que queda en la mayoría de la sociedad es la misma que cuando estos mismos opositores aprobaron, hace pocas semanas atrás, la extensión de las facultades extraordinarias para el matrimonio presidencial: de una u otra manera, el oficialismo se las arregla para acomodar detrás de sus intereses personales a esa oposición afín a las políticas estatistas y permeable a la dádiva económica. Por un lado, el fanatismo ideológico siempre fue siembra para la cosecha de las políticas totalitarias y, por el otro lado, la extorsión económica ha logrado con frecuencia torcer los brazos opositores más fuertes.

No nos olvidemos de que sólo los pueblos educados tienen la posibilidad de diferenciar entre un discurso serio y una prédica demagógica y oportunista, lo que les permite evitar la elección de funcionarios corruptos e incompetentes.

 

UNA REFLEXIÓN FINAL                                                                                

En este intento por aprobar a las apuradas una nueva ley de radiodifusión, el oficialismo se ha olvidado de cuestiones muy elementales que hacen a la inteligencia práctica de las personas.

La nueva ley le otorgaría al gobierno la potestad para fiscalizar las licencias cada dos años, lo que le permitiría ejercer una censura de los contenidos periodísticos. A pesar de que el diputado Miguel Bonasso tiene una reconocida inclinación hacia la izquierda “setentista”, se abstuvo en la votación y debe ser el único de las filas cercanas a los Kirchner que percibe el grave error que significa darle ese poder a un gobierno. Es que Bonasso intuye que cuando en el 2011 o  en el 2015 la centroderecha acceda al gobierno en razón del lógico desgaste que se está produciendo en las fuerzas de la izquierda peronista, podrá controlar a los medios manipulando la información de la misma manera que harán los Kirchner en el futuro. En ese momento no se podrá hacer mucho, ya que si se permitió manipular desde uno de los arcos ideológicos, ¿por qué no se podrá hacerlo desde el otro?

 

Clarín sobrevivió a la dictadura, a Menem, al colapso financiero, y no hay dudas que también sobrevivirá al matrimonio presidencial aunque sufra un gran daño económico y deba encarar una fuerte reestructuración de su grupo periodístico. Mientras los Kirchner, muy probablemente, terminarán presos (ya enfrentan, en la actualidad, casi 20 demandas judiciales), Clarín continuará siendo el líder del mercado con el agregado de que, a partir de ahora, podrá mostrar entre sus pergaminos el capítulo de haber sufrido la persecución política más grande de la historia argentina, después de la del matutino “La Prensa”.

Ahora bien, todo está sucediendo mientras la economía se sigue deteriorando.

Dado que ha quedado varias veces demostrado que el humor de la clase media argentina pasa principalmente por sus bolsillos, no es fácil comprender lo que está pasando por las mentes de nuestros gobernantes. No resulta sencillo definir si son personas incompetentes o si son políticamente suicidas. De todos modos, la experiencia nos indica que la sociedad argentina no permitirá que, en su carrera autodestructiva, los Kirchner se lleven puestas las posibilidades de un futuro de bienestar para la población.

Lo más probable es que la ley de radiodifusión se modifique después del recambio legislativo del 10 de diciembre, o que quede obsoleta cuando en pocos años más Internet nos dé cientos de radios y canales de televisión imposibles de ser regulados y controlados por una democracia.

Por lo tanto, que los Kirchner se hayan referido a ella como “la madre de todas las batallas” cuando en la actualidad la pobreza y la indigencia reales están en el mismo nivel que las del año 2001; cuando no existen inversiones y el dinero se esfuma desde hace dos años al exterior o al “colchón”; cuando hemos quedado patéticamente aislados del mundo desarrollado; cuando el exceso de gasto del tesoro del gobierno pasa a ser financiado por los jubilados y por el Banco Central; y cuando la inseguridad jurídica aumenta con cada decisión que toman los poderes ejecutivo y legislativo, nos introduce, indefectiblemente en un insólito sainete.

 

Enrico Udenio

19 de septiembre de 2009 

Categorías: Actualidad

HILDA MOLINA Y LA LEY DE MEDIOS

Septiembre 11, 2009 · 170 comentarios

“Nadie manifiesta más su ignorancia que la persona que comienza a hablar antes de que otro haya terminado su alocución.”   Mosleh al-Din Saadi Shirazi  (1184-1291). Poeta persa, sufista y místico religioso, de estilo universal y romántico.

 “Estuve un mes en Cuba y la realidad no es como usted dice”, le espetó un joven a la Dra. Hilda Molina, interrumpiéndola. Ésta le contestó mirándolo fijamente a los ojos: “Usted no sabe más de mi país que lo que se yo. Le cambio vivir aquí por vivir allá”. Éste fue sólo uno de los tantos cruces verbales que se dieron en el Congreso Argentino, el martes pasado, en ocasión de una invitación que se le cursó a la médica cubana.

Un grupo de periodistas de radios comunitarias, asesores de diputados de la izquierda y militantes de organizaciones sociales, la acosaron e insultaron intentando impedir que expresara sus quejas sobre el gobierno castrista. La valiente mujer los enfrentó diciéndoles todo lo que la había desilusionado el régimen comunista de Fidel Castro.

 Voy a ser sincero, al enterarme de este acontecimiento, mi primera sensación fue la de la vergüenza ajena. ¿Cómo fue posible que un grupo de admiradores argentinos de las izquierdas marxista y populista pudieran haber sido tan irrespetuosos como para cuestionarle a ella sus conocimientos de las condiciones de vida imperantes en Cuba? ¡Nada menos a ella, que le dio tanto a su país y que adhirió con firmeza a los conceptos enarbolados por la revolución castrista! “Una revolución por la cual envejecí y a la que le entregué mi vida”, fueron sus palabras.

 La segunda de mis sensaciones fue la de la indignación. ¡Cómo osaban hablarle así a una mujer a la que, durante quince años, le habían impedido salir de Cuba frustrándole su natural deseo de visitar a su hijo y a sus nietos en la Argentina!

Seguramente, ninguno de los que la acosaron en el Congreso parece tener la más remota  idea de lo que significa vivir en un país del que no te permiten salir, o de la profunda sensación de violación que se experimenta cuando se recibe correspondencia previamente abierta por el gobierno. No parecen evidenciar una mínima capacidad empática para comprender que la libertad que tuvieron ellos para hostigar a la médica, jamás lo hubieran tenido en Cuba, si su ideología no se correspondía con la del gobierno.

 Pasada la sorpresa y el enojo, mi pensamiento se encauzó hacia el intento de comprender a esta particular izquierda argentina que desde hace bastantes años se ha desbordado y se exaspera con todo aquel que piensa diferente. Sus adherentes pueden hablar en cualquier lugar sin que los molesten mientras ellos, en cambio, generan una forma de censura política al hostigar y agredir a toda persona cuya tendencia ideológica no se corresponda con la de ellos. La defensa de los principios de cada uno debería expresarse en sus propios discursos, y no en la acción de impedir u hostigar a aquel con el que se está en desacuerdo.

Sus desatinos no finalizan aquí. Aunque parezca difícil de comprender, también salen a gritar a favor de feroces dictaduras, como es el caso de Irán, una nación fascista en la que existe una terrible discriminación hacia la mujer y que, no nos olvidemos, se trata del país que fue promotor de uno de los peores atentados terroristas que sufrió la Argentina en aras de destruir a una nación, Israel.

 EL SILENCIO DE LOS BUENOS

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos.”   Martin Luther King (1929-1968) Premio Nobel de la Paz 1964. Paladín de los derechos civiles, fue asesinado en Memphis, USA.

No debemos permitir que una banda de fanáticos ideológicos logre con su prepotencia el silencio de los buenos. Cuando los militantes de izquierda salen a la calle apoyando a la Cuba de Castro, están apoyando políticas totalitarias.

Sería recomendable sugerirles que vayan a vivir allí para poder experimentar en carne propia lo que significa la persecución por disidencia o por tener un pensamiento crítico. No es únicamente un tema ideológico, es un problema de violación a los derechos individuales esenciales, como son la falta de libertad de expresión, la dificultad de transitar dentro y fuera del país, y la injerencia en la correspondencia privada, citando sólo algunos de los numerosos ejemplos existentes.  

No se trata de una propaganda imperialista. Se trata de una realidad impuesta por el mismo sistema marxista porque, para mantenerlo, se hace indispensable eliminar esos derechos.

Yo nací en un país comunista y con mis padres pudimos salir de allí gracias a dos circunstancias: nuestra condición de italianos y el pasaporte diplomático que llevábamos cuando el tren cruzó la frontera, allá por 1948. Pero todo el resto de mi familia quedó varada allí y, a través de las décadas siguientes, fui testigo de cómo el gobierno comunista violaba sus derechos de privacidad y sus libertades individuales básicas. En la medida que iban falleciendo los hombres, se les permitía a sus mujeres y niños salir del país. Incluso, un tío mío decidió suicidarse para permitir que su esposa y su hijo menor obtuvieran el permiso para viajar a la Argentina.

A veces tengo la impresión de que a esa particular izquierda no le importan demasiado las cualidades éticas de sus gobernantes. Es que a pesar de que los populismos demagógicos en América asfixian las libertades individuales civiles y promueven las dictaduras y el culto personalista, sus adherentes las defienden, y cuando esto sucede, se convierten en traidores irresponsables de su propia causa al perder sus ideales individuales y generar un fuerte distanciamiento con el resto de la sociedad.   

¿Cómo es que cometen esta sarta de barbaridades políticas en aras de una especie de cruzada religiosa contra todos aquellos señalados como enemigos? 

Parecería que no pueden tomar conciencia de que no hay dictaduras malas y buenas. En la vida no se debería tener doble moral. Yo estuve en contra de las dictaduras de Pinochet y de Videla, y estoy en contra de la dictadura de Castro y de las del fundamentalismo musulmán. Creo que es inmoral aceptar a unos y no a los otros.
En una nota publicada en el diario Perfil, el filósofo Tomás Abraham decía que la dialéctica marxista ha generado en un grupo de personas una “versión canónica que sostiene que lo verdaderamente importante es la marcha de la historia, y ésta no es otra cosa que la historia de la lucha de los pueblos por su libertad frente al imperio. (…) La obtención de los logros hasta la victoria final necesita de personajes que aun siendo burgueses, corruptos, mal o bienintencionados, mientras piloteen el barco hacia la lucha popular, si se convierten en portavoces de los pobres contra los ricos, poco importa si compran tierras a cero pesos y las revenden a mil, o si emiten bonos cuyo dinero se evapora, si mienten a diestra y siniestra, o si roban. Todo tiene sentido desde el punto de vista de los fines.”

 LA LEY DE RADIODIFUSIÓN

“¿Qué clase de mundo es éste, en que los hombres aspiran al bien y, ello no obstante, realizan tan frecuentemente el mal? ¿Qué lugar le corresponde en él al hombre, y cómo están relacionados sus ideales, sus sistemas de valores con el conjunto del universo?”    Aldous Huxley (1894-1963). Extraído de su ensayo “El Fin y Los Medios” (1937). Considerado como un líder del pensamiento moderno y crítico de los roles sociales, las normas y los ideales.

En estos días se intenta promulgar la modificación a la popularmente conocida como “Ley de Medios”. No voy a entrar en detalles ya que, en forma abundante, los diarios, la radio y la televisión se están ocupando de ello.

Sí, en cambio, voy a relacionarla con lo sucedido con la Dra. Hilda Molina.

Algunos de los artículos de este proyecto, como son los casos de la repartición de los espacios radioeléctricos, el derecho del gobierno a adjudicar licencias a discreción por “mejor administración”, y a su revisión cada dos años, tienen en su esencia, el mismo concepto con que se maneja esa particular izquierda argentina y el matrimonio presidencial: la comunicación social a través del periodismo es un instrumento de propaganda, por lo cual, sus contenidos deben ser cooptados o bien controlados.

Con este concepto, si alguien tiene un pensamiento crítico, debe ser tratado como si fuera una publicidad a favor de la oposición, que hay que descalificar y agredir. Esta idea y no otra, es la que más muestra la carencia de una actitud democrática y la predisposición a favorecer un pensamiento único afín a los intereses del gobierno.

Cuando los fanáticos castristas quisieron impedir la palabra de la Dra. Molina, se transformaron en un símbolo de lo que sucedería si la nueva Ley se aprobara sin modificaciones sustanciales al intento monopolizador de los derechos radiofónicos de los Kirchner: hay que impedir o dificultar la voz del otro opuesto, a cualquier precio.

 El germen de una dictadura se encuentra allí: el “buen” fin justifica el medio violento.

La izquierda totalitaria, en su idea de que lo único que importa es la victoria, ha olvidado ese maravilloso concepto de Aldous Huxley: El fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos.

Con este olvido, las izquierdas marxistas y populistas se anestesiaron socialmente y perdieron de vista a los ideales del individuo. La búsqueda del fin a cualquier precio los aleja cada vez más de sus metas, además de que el resquemor, el odio y el bloqueo emocional no los puede conducir a otro lugar que no sea a su propia destrucción.

 Para aquellos que están a favor de una izquierda democrática y más permeable a la gran diversidad de creencias y razas existentes, es muy importante que no se dejen intimidar por estas bandas totalitarias, aunque también es esencial que no olviden rescatar esos mismos ideales que esta gente ha extraviado en su suicida epopeya por destruir al enemigo demócrata capitalista, sea éste socialista, liberal o conservador.

 Enrico Udenio

10 de septiembre de 2009

 Fuentes: Diarios La Nación; Perfil; Página 12; entrevista con la vicealcaldesa de Barcelona, Pilar Róala; El Fin y Los Medios, de Aldous Huxley, 1931; y “I have a dream”, de Martin Luther King, 1967.

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LA REELECCIÓN PRESIDENCIAL – 2da PARTE: LA LIBERTAD Y SUS LÍMITES

Septiembre 1, 2009 · 13 comentarios

“Creo que la amistad entre el hombre y el perro no sería duradera si la carne de perro fuera comestible.”  Evelyn Waugh (1903-1966) Novelista británico que se caracterizó por sus sátiras y su humor negro.

 Desde la visión del existencialismo, el hombre no posee una esencia predeterminada sino que la va construyendo durante su existencia a través del ejercicio de su libertad. Justamente, de ésta última deriva la total responsabilidad por sus propios actos y sus consecuencias.

A lo largo de las distintas etapas de nuestro ciclo vital, los seres humanos pasamos de la dependencia absoluta para poder sobrevivir al logro de una autonomía que condensa a la libertad y a la responsabilidad. En el marco de esta libertad responsable aprendemos a reconocer los derechos de los otros, a elegir y a dar respuesta por nuestros actos haciéndonos cargo de sus consecuencias. Por esto, la libertad personal se limita al espacio que media entre el impulso de satisfacer nuestros propios deseos egoístas y los derechos de los demás.

Este principio nos lleva a la conclusión de que sólo puede ejercerse una libertad responsable en el marco de ciertas bases éticas reguladas por las leyes y sostenidas por la justicia, que le brinden al hombre una orientación a la conducta.

Esta es una de las principales misiones que tiene la Constitución de una nación. Sus mandatos estipulan los derechos y obligaciones de sus habitantes más allá de sus diferentes puntos de vista. Son límites indispensables que una población debe respetar. Un cambio en estas pautas debería ser motivo de extremo cuidado, en especial, en lo que atañe a los tiempos constitucionales que se le permite a una persona mantenerse en la cúspide del poder político. No nos olvidemos de que estos límites se establecieron con el fin de evitar en el futuro las consecuencias nefastas que, en el pasado, habían generado las monarquías o las dictaduras militares y civiles eternizadas en el poder ejecutivo.

Los demócratas que aceptan la alternancia en el poder reconocen los derechos de los otros diferentes mientras que, para los aspirantes a la hegemonía política, los otros sólo pueden existir siempre y cuando sean un apéndice de sus deseos y voluntades.

 

Si bien el ser humano de hoy es más maduro y más adulto que sus antecesores, la etapa evolutiva en la que se encuentra es aún típicamente adolescente: individualista, poco solidario, con alto nivel de agresividad, discriminador, con pensamiento mágico, extremista, con  tendencia a una lectura polarizada de la realidad, receloso ante la diferencia, y con tendencia a poner afuera la causa de sus males.

En esta etapa de su evolución, es un hecho que tanto la propiedad privada como la libertad política ejercen una atracción poderosa sobre los hombres. Enfrentados a esta realidad no deseada, los ideales socialistas culminan en regímenes totalitarios en los cuales es absolutamente indispensable la permanencia indefinida del líder y el culto personalista para, de esta manera, poder sostenerse en el poder. Es también esencial proceder a la persecución de toda opinión contraria a la única ideología aceptada, sobre la base de considerarla reaccionaria y atentatoria del bien social.

Esta forma de implementar su sistema de gobierno es un problema muy serio para los marxistas dado que deben eliminar dos de los derechos esenciales que el hombre de hoy no quiere perder: la propiedad privada y el cercenamiento de la libertad de pensar y elegir mediante un pluripartidismo democrático. Parecería que sin dictadura política hay un tipo de socialismo que no puede subsistir.

La lógica del ciudadano medio rechaza, entonces, la probabilidad de que un partido político que propugne cierto ideario marxista gane las elecciones pues supone, con buen criterio, que significaría automáticamente la eliminación de sus posibilidades de libre elección en el futuro.

 

LA ENCRUCIJADA DEL SOCIALISMO TOTALITARIO

“Se requiere una mente muy inusual para hacer un análisis de lo obvio.” Alfred North Whitehead (1861-1947) Matemático y metafísico británico. Uno de los grandes filósofos del siglo XX.

Uno de los discursos más utilizados por la izquierda es culpar del fracaso socialista al constante ataque político, económico y militar que el capitalismo ejerció sobre los países comunistas. Esta justificación muestra la dificultad de los socialistas en comprender que el hombre es un ser competitivo por naturaleza que habita un mundo en el cual hay múltiples opiniones políticas, decenas de religiones, centenares de países, varias razas, incontables idiomas, y gran disparidad de riquezas naturales.

Incluso, aunque no existieran la democracia liberal ni el capitalismo, sería igualmente ineficaz todo sistema político económico que necesite de una homogeneidad de la especie humana para mostrar buenos resultados. Los mejores sistemas son, por el contrario, aquellos que demuestran buena capacidad de desarrollo contemplando la disparidad de pensamiento y acciones de sus pueblos.

 

En el imaginario ideológico de la izquierda, el hombre es un ser noble corrompido por la institución del capital y la propiedad privada. Según esta mirada, los pueblos, al evolucionar, irán paulatinamente tomando conciencia de ello, y desencadenarán las revoluciones socialistas. Si consideramos que un sujeto es él y sus circunstancias, ese supuesto aparece hoy más cerca de una utopía que de una probabilidad cierta.

Dadas las circunstancias internacionales y las limitaciones profundas que tiene el socialismo totalitario para producir reformas internas, lo más probable es que una revolución popular termine implementando mejoras en el capitalismo porque, de otra manera, esa nación quedaría aislada en un mundo ideológicamente muy diferente, como es el caso de los actuales países comunistas.

En su libro El Malestar En La Cultura” (1930), Sigmund Freud escribió que Los comunistas creen haber descubierto el camino hacia la redención del mal. Según ellos, el hombre sería bueno de todo corazón, abrigaría las mejores intenciones para con el prójimo, pero la institución de la propiedad privada habría corrompido su naturaleza. (…) No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. (…) El instinto agresivo no es una consecuencia de la propiedad, sino que regía casi sin restricciones en épocas primitivas, cuando la propiedad aún era bien poca cosa.

 

El capitalismo toma, como punto de partida para su desarrollo, al bien individual basado en la competencia, la búsqueda del beneficio y la solidaridad condicionada, mientras que el socialismo marxista persiste en mantener como punto de partida al bien colectivo basado en la generosidad laboral y la solidaridad incondicional.

Al hablarle a un tipo de hombre como el que la mayoría aspiraría ser pero que en realidad no es, se diluyen sus probabilidades de obtener una penetración mayoritaria de las ideas que propulsa.

Los hechos en los que la humanidad toda se ve constantemente implicada dan buena cuenta de que las características esenciales del ser humano de hoy no son todo lo elevadas que se desearía, aunque esta imagen no resulte agradable y provoque un gran disgusto asumir las debilidades y defectos de la especie en su actual etapa evolutiva.

Casi de manera inevitable, la democracia representativa y capitalista ha sido asertiva en su penetración al dirigir sus argumentos hacia un alguien real y posible, justamente hacia quien le dio origen.

Aceptar el estadio actual del ser humano hace más comprensible los fundamentos por los cuales una sociedad necesita imponer límites estrictos con relación a los tiempos de permanencia en el poder.  

 

No tengo ninguna duda de que, cuando el ser humano esté en una etapa más evolucionada como especie, la generosidad y la solidaridad serán parte intrínseca de él, y el socialismo tendrá una mayor clientela dispuesta a adherir a su ideología. Mientras tanto, la naturaleza humana se presenta como un problema insoluble para las ideas marxistas. No en vano, un régimen comunista no puede abrir sus fronteras para el libre tránsito de sus ciudadanos o para la libre circulación de las ideas sin que esto constituya una amenaza para su supervivencia.

 No es un hecho aleatorio en este fenómeno la cuestión de que el socialismo científico fuera la resultante de la creación ideológica de dos personas mientras que el capitalismo fuera el resultado de una evolución del comportamiento socioeconómico del ser humano a lo largo de cinco siglos.

 

Enrico Udenio

1 de septiembre de 2009

Fuentes: “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Enrico Udenio (2004); ¿Por qué nos enfermamos?”, Alicia López Blanco (2008); “El malestar de la cultura”, Sigmund Freud (1930).

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