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En mi nota anterior (“La violencia que ahuyenta inversiones”), expresaba que la violencia ya está instalada en la Argentina. Decía que tenía muchas y variadas formas de ejercerse pero que limitándome a aquella violencia que, específicamente, ahuyentaba las inversiones en la Argentina, destacaba tres claros exponentes: 1) La privación al libre tránsito (del que me ocupé en la nota mencionada); 2) La complicidad del Estado Nacional; y 3) La extorsión y la amenaza; de cuyas características escribiré en este artículo dando por finalizada la serie de notas relacionadas con la desinversión que el país sufre desde hace años.
La complicidad del Estado nacional
“El hombre que ignora si al día siguiente llevará un trozo de pan a su hogar, qué será de él y los suyos si dura la desocupación y la enfermedad, el hombre que se siente aislado ante el duro existir de una sociedad sin piedad (…) entregará su libertad a los regímenes totalitarios a cambio de la eliminación de esas incertidumbres”. Moisés Lebensohn (1907-1953). Abogado, periodista y político argentino. Uno de los ideólogos más importantes de la Unión Cívica Radical.
Organizaciones autodenominadas sociales representan la tropa de combate del actual Estado nacional, al que muchos califican como fascista pero que, en mi opinión, le queda grande esa condición. Creo más bien que el actual Gobierno ha generado una parodia del fascismo pues, además de dañar al Estado de Derecho, parecería que se burla de él.
Su poder se expande gracias a la constante prórroga de la ley de emergencia económica, mediante la cual, pueden disponer de millonarias sumas de dinero que manejan a discreción y que se sospecha sirven para doblegar opositores, enriquecer a políticos, dirigentes y sindicalistas, y sostener actividades extorsivas o, incluso, insurgentes.
La semana pasada, la ya tristemente célebre organización “Túpac Amaru”, liderada por la jujeña Milagros Sala, emitía un comunicado de prensa, con relación a la campaña contra la violencia, que decía textualmente: “Esta campaña está claramente orquestada y dirigida a horadar dos pilares construidos por la sociedad y sostenidos por este gobierno: el primer pilar es la no represión de la protesta social y el segundo, el avance en el campo de los derechos humanos. Además identificamos como uno de sus objetivos principales el ataque a todo atisbo de organización popular con el fin de impedir una justa distribución de la riqueza”.
Con este tipo de discurso, los piqueteros, las barras bravas, las organizaciones sociales y barriales de todo tipo intentan legitimizar su accionar cuando, en realidad, sobre la base de la protesta por el desempleo y la pobreza existente, ostentan un poder sin legitimidad constitucional que se ejerce mediante la fuerza del atropello, la prepotencia, la extorsión y la ocupación a la fuerza de los espacios públicos y privados. Lo paradójico es que actúan como si el gobierno – que en cualquier nación sería el principal responsable de los índices de riqueza y pobreza- estuviera en otras manos en lugar de las del matrimonio Kirchner.
Colaborando con la construcción de esta irrealidad, el gobierno alienta ésta violencia como si no tuviera nada que ver con el estado de miseria en el que están sumidos esos mismos sectores. Lo hace agrediendo de palabra o de hecho a todo aquello que huela a oposición. A veces este agresivo proceder lo ejecutan los propios funcionarios del gobierno, otras veces, sus organizaciones de choque, al estilo de un estado fascista. Pero más allá de las agresiones en sí mismas, hay procederes del Poder Ejecutivo que, por su nivel de irresponsabilidad, dejan perplejos a los analistas nacionales y extranjeros, cuyas opiniones dan la vuelta al mundo con el consiguiente daño a la imagen del país.
Los ejemplos abundan: ¿Cómo se le ocurre a la presidenta Cristina de Kirchner abrazar y solidarizarse con Milagros Sala pocos días después que la organización jujeña, liderada por esta mujer, agrediera de palabra y físicamente al senador Gerardo Morales, presidente del partido político más importante después del peronismo? ¿Qué mensaje se da a la sociedad cuando un presidente premia una agresión semejante? No es justamente la de una embajadora de la armonía. Con su actitud, siembra violencia y cosechará, como no puede ser de otra manera, más violencia.
¿Cómo es que no son conscientes los funcionarios nacionales sobre el modelo que transmiten a través de un Secretario de Comercio como Guillermo Moreno, que atiende a los empresarios con dos enormes matones parados bien firmes a sus costados, y una pistola exhibida sobre el escritorio? Y de esto doy total fe porque el dueño de una empresa a la que asesoro me explicó al detalle su increíble encuentro con este matón al servicio de los Kirchner. ¿Cómo alguien puede llegar a pensar que estas actitudes son inocuas para la cultura del país y para las inversiones productivas?
Los defensores de la ilegalidad y la violencia
“Uno llama sabiduría a lo que otro denomina miedo; y uno crueldad a lo que otro cree justicia” Thomas Hobbes, 1588-1679), filósofo y pensador político inglés, de teorías naturalistas. Su libro más conocido, “Leviatán” (1651) es una exposición de su doctrina de la soberanía y una de las obras de la historia de la humanidad a la que el mundo contemporáneo hace más referencia.
No obstante la lógica que tiene la definición de acatar la Constitución y las leyes en beneficio de una comunidad, en muchos casos, el mero intento de imponer autoridad está mal visto por amplios sectores políticos y por los organismos de los DDHH.
En este renglón caben numerosas y prestigiosas personas, como es el caso –al sólo efecto de citar un ejemplo- del premio nobel de la paz Pérez Esquivel que días atrás cuestionó a tres figuras famosas del espectáculo, Susana Giménez, Mirtha Legrand y Marcelo Tinelli, quienes durante las últimas semanas expusieron abiertamente su rechazo a ese tipo de violencia. Pérez Esquivel dijo: “Están cansados y temerosos de que los pobres corten rutas, avenidas, y generen el caos ciudadano; están hartos de piqueteros que reclaman trabajo y seguridad para su familia y la comunidad”. Además, Esquivel les cuestionó el hecho de no haber reaccionado cuando la Sociedad Rural y la Federación Agraria pararon el campo durante cuatro meses “para desestabilizar y condicionar al gobierno”. “A los pregoneros que pretenden imponer la represión hay que decirles que son caminos de autoritarismo y regímenes dictatoriales que ha sufrido el país y el continente”, exigió.
En realidad, un análisis un poco más profundo de los dichos de Esquivel, deja en evidencia que califica de “insensibles” a todos aquellos que quieren hacer cumplir la ley a costa de “los pobres que reclaman trabajo y seguridad”, mientras que critica la misma metodología utilizada por los trabajadores del campo (al que groseramente calificó en otras ocasiones como oligarcas) delatando su partidismo favorable a los Kirchner cuando juzga que el campo quería “desestabilizar y condicionar al gobierno” ignorando ex profeso los derechos de éstos a defender sus legítimos intereses.
Tanto Pérez Esquivel como casi todas las otras personas que con sus palabras buscan legitimar las acciones ilegales de esas organizaciones de movilización agresiva, conocen a la perfección el concepto de que las leyes están diseñadas y legisladas pensando en las mayorías y son producto de la cultura y la ética de cada lugar. Sería muy injusto hacer padecer a 80 personas para complacer a sólo 20. Esta idea marca la convivencia entre los seres humanos. La ley debe atravesar a todos por igual. Se debe imponer por sobre los deseos, intereses y voluntades personales de cada uno. Por lo tanto, los hombres deben someterse a esas leyes que determinan lo que se debe o no se debe hacer en una sociedad cuando las acciones de uno inciden en las de los demás.
Pero los defensores de esa modalidad de protesta evalúan que las leyes no deben aplicarse a esa minoría argumentando que, por su condición social e ideológica, no tiene otra manera de protestar. Aunque, probablemente, no se lo propongan, con su discurso promueven la intolerancia, la descalificación y el insulto, tanto sea hacia la autoridad como hacia cualquiera que piense de manera diferente y pretenda una sociedad más respetuosa del cumplimiento de las leyes. Convierten a un adversario en un enemigo, por lo que, entonces, anulan toda posibilidad de diálogo y consenso democrático.
La extorsión y la amenaza
“Puedes conseguir mucho más con una palabra amable y una pistola de lo que puedes conseguir con sólo una palabra amable.” Al Capone (1899-1947). Famoso mafioso estadounidense.
Los cortes de calle son una forma de extorsionar a la población en general pero este país ha generado otra forma de extorsión que es enormemente más dañina en términos de inversiones productivas. Se trata de las extorsiones y amenazas puntuales apoyadas por el gobierno nacional. Abundan los ejemplos en este ítem: el impedir el ingreso y egreso de los trabajadores, clientes y proveedores de una empresa, amenazar con violencia física, no transferir dinero a una provincia salvo que sus legisladores apoyen las políticas del Gobierno nacional, son algunas de las más dañinas formas extorsivas que, principalmente, desde la asunción de Néstor Kirchner en el 2003, se han popularizado en el país.
El secretario general de la CGT, Hugo Moyano, fue uno de los primeros que comenzaron a utilizar esta modalidad mafiosa (fue inventada por la mafia napolitana a principios del siglo pasado) pero ha sido un “modus operandis” del matrimonio presidencial.
En oposición a lo que las leyes sindicales determinaban, Moyano logró, a través de la extorsión y las amenazas, cooptar para su sindicato de camioneros un numeroso contingente de operarios que pertenecían al gremio de comercio.
El matrimonio Kirchner, en el proceso de ejecución de esas maniobras extorsivas y las concretas amenazas que realizan contra sus “enemigos”, utilizó al Estado para sus fines partidarios. Expanden la confusión entre Estado, gobierno y partido. Es la deserción del Estado de sus funciones básicas.
El sociólogo Eduardo Fidanza (1) escribió al respecto: “Hace 20 años nuestra clase dirigente discute si el estado debe intervenir activamente en la economía o debe limitarse a garantizar servicios esenciales, como salud, educación, seguridad, justicia y defensa. Pues bien, tuvimos una década para cada posición; al cabo, el Estado sigue demostrando ser un pésimo administrador de empresas y un ente fracasado para asegurar los bienes públicos. La gente sufre cada día la ausencia del Estado. Se siente desprotegida. Intentemos convencerla de que no se repliegue, de que no se enfurezca, de que no se deprima, de que no se asuste o de que no recurra a medios ilegales para alcanzar sus objetivos. Será inútil: dirán, cómo se dice en la calle, “<no nos queda otra>”.
Las constantes mentiras, algunas de ellas descaradas como son los casos de los índices del INDEC y las candidaturas testimoniales, se convierten en violencia cuando la población se siente burdamente engañada.
La prepotencia y sordera de los Kirchner golpea a esa mayoría de ciudadanos que votaron mayoritariamente el 28 de junio pasado quitándole al oficialismo la mayoría parlamentaria cuando el matrimonio presidencial impone en tiempo record leyes a su antojo comprando voluntades con dinero, (hecho totalmente comprobado por la confesión abierta de números legisladores), así como su constante diatriba contra todo aquello que huele a oposición. Esta actitud, como ninguna otra, ha generado una sociedad argentina crispada e intolerante. Esto reviste gravedad, porque las democracias se deterioran con su desorganización y cuando esto sucede, aparecen las visiones totalitarias.
La caldera que alimenta el odio
Sin inversiones genuinas estamos viviendo a diario el aumento de los índices reales de pobreza, indigencia, mortalidad infantil y otros indicadores sociales similares. Cuando el Gobierno nacional se desentiende de las pautas básicas que necesitan los capitales para invertir en el país, se incrementa la desigualdad, se generan resentimientos, frustración y violencia. La sociedad se divide: de un lado, los que pueden mantener una vida digna, del otro, los que no poseen nada y no tienen esperanza de mejorar. Esta es una caldera que alimenta el odio. “Los argentinos siguen muriéndose cada día de pobreza o de violencia” afirma Fidanza (1.)
Esta frase la relaciono con una nota escrita en septiembre del 2007 por la socialista catalana Pilar Rahola: “A Argentina le pesa tanto el pasado, que a veces parece que habita en él (…) Un pasado, además, mirado con ojo tuerto, donde los dictadores y sus cómplices reciben el legítimo repudio y lentamente van pisando los suelos de la justicia; pero cuyos terroristas son considerados héroes del pueblo. Héroes. Lacra de toda Latinoamérica y no sólo de Argentina, la actitud de una parte del espectro social, que minimiza, justifica e incluso avala el terrorismo, es un penoso síntoma del relativismo ético que practican muchos líderes de izquierdas, hasta el punto de no conmoverse ni con la muerte masiva. Ahí está, para vergüenza de Argentina y para vergüenza de la humanidad, el brindis que Hebe de Bonafini -la antigua presidenta de las Madres de Mayo- hizo, celebrando el atentado del 11-S. Un total de 4.000 muertos, 4.000 personas con sus vidas, sus esperanzas, sus ilusiones, convertidas en humo en manos del terror, y la risa de Bonafini bendiciendo la matanza. Y su famoso ¡Viva ETA! En la España que la había invitado y aún lloraba la muerte de Ernest Lluch.
Hebe representa el paradigma de una izquierda violenta, revanchista hasta la locura, inequívocamente reaccionaria. Sin embargo, ¿es ella lo alarmante?
Al fin y al cabo, personajes como Hebe o como otros que pululan por el continente (…) No. Lo alarmante es que el día después del brindis de muerte, las Hebes continúen teniendo micrófonos, vida social activa, miles de pesos de ayuda pública y hasta el aval institucional. “Todos somos hijos de Hebe”, me aseguran que dijo Néstor Kirchner. Sobran palabras…
Eso es el relativismo ético, ésa es la quiebra de valores que, con angustiosa naturalidad, se puede respirar en la Argentina que avala determinado progresismo. En esa Argentina, y en alguna de las Españas… Como dijo el sabio, “habrá que defenderse de una derecha muy diestra, y de una izquierda muy siniestra”.
Han pasado más de dos años desde estas afirmaciones y, aún hoy, continúan teniendo vigencia.
Enrico Udenio
28 de noviembre de 2009
(1) Eduardo Fidanza, Sociólogo, director de la consultora Poliarquía. en una nota publicada en el diario La Nación el 19-nov-2009