LA INFLACIÓN COMO MÉTODO DE AJUSTE

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En el campo de la economía, un ajuste es un conjunto de medidas que adopyta un gobierno para equilibrar el presupuesto. Se torna indispensable recurrir a él cuando los excesos de los gastos públicos y privados generan un déficit que se prolonga en el tiempo y ya no se puede sostener. 
El ajuste puede ser estructural, cuando acciona a través de reformas tributarias y arancelarias, y/o presupuestario, cuando se ocupa de reducir drásticamente los gastos.
Las medidas más habituales que se aplican en general son: restringir la base monetaria, aumentar las tasas de los intereses, congelar o bajar salarios, reducir subsidios, administrar el gasto de manera más eficiente, y promocionar las inversiones nacionales y extranjeras.

Los problemas que genera este tipo de ajuste son de índole social y se presentan durante la primera etapa del mismo debido a un aumento del desempleo y a una reducción de la capacidad de consumo de la población, con la consiguiente baja de las ventas en general. Por ende, sus medidas son muy impopulares.
Sus principales ventajas son la rapidez de recuperación de la economía, el sinceramiento del mercado y el seguro aumento de las inversiones.

Fuera del ajuste en sus formas habituales, se da en la práctica que una alta inflación genera de hecho otro tipo de ajuste. En éste, se intenta equilibrar la economía a través de la inflación y la devaluación de la moneda.

Su metodología consiste en aumentar el gasto público e incentivar el consumo mediante tasas de interés bajas, sostenidas con una lenta devaluación de la moneda y una constante emisión monetaria. Como la recuperación de los salarios e ingresos personales es sustancialmente más lenta que la escalada inflacionaria que producen estas medidas económicas, el ajuste se ejecuta automáticamente.
Sus problemas más graves son: el peligro de caer en desbordes inflacionarios, la fuga de capitales, la ausencia de inversiones, y la enorme dificultad que tiene -por ser un proceso muy lento- en recuperar y mantener el equilibrio de la economía.

Su gran ventaja es que su ejecución enfrenta una menor resistencia social. Todas las experiencias de nuestro pasado nos indican que la pérdida del salario real, por efecto de la inflación y la devaluación, es la que mejor absorbe el pueblo argentino. Cualquier otro intento de disminuir sus ingresos significó y significará grandes conflictos sociales. Por ello, este tipo de ajuste en el que se asegura la lenta licuación del ahorro y del trabajo del pueblo, resulta el método preferido por los gobernantes argentinos a la hora de verse obligados a equilibrar el presupuesto fiscal, porque permite disimular un poco los efectos adversos del ajuste en una primera etapa, aunque vaya mostrando sus nefastas consecuencias en el mediano plazo. 

LAS VENTAJAS DE LA INFLACIÓNEn un principio, la inflación produce beneficios y éstos minimizan sus consecuencias negativas. Estos beneficios lo reciben una buena parte de los empresarios, la cúpula del sindicalismo y el mismo Gobierno.

El empresariado, porque disfruta de una demanda artificial ya que, con devaluación, inflación y créditos a tasas bajas subsidiadas por el Estado, el consumidor medio y alto se lanza a comprar bienes para aprovechar el deterioro real de la cuota a través del tiempo de financiación. Hay que comprar hoy porque mañana será más caro.

La cúpula del sindicalismo porque las discusiones salariales pasan a ser esenciales dada la pérdida del poder adquisitivo de sus afiliados. Por ende, la dirigencia sindical acrecienta su importancia, y su influencia en el poder, gracias a las constantes negociaciones con el gobernante de turno. Por el contrario, con una inflación anual pequeña, la relevancia de las negociaciones salarias es notablemente menor y disminuye, de esa manera, la influencia de la dirigencia sindical sobre sus afiliados.

Finalmente, el Gobierno obtiene ventajas por varias razones:
1) Porque con la inflación aumenta su control sobre los sindicatos, los servicios públicos y los empresarios, ya que concentra en sus manos la posibilidad de que unos u otros obtengan mayores o menores ingresos. Cuando más alta sea la inflación, más elevada será la influencia del Estado para compensar las consecuencias negativas de la misma.
2) Porque como los salarios y gastos siempre van bastante por detrás del aumento de precios, en la práctica, inflación y devaluación equivalen a un ajuste. Como dije más arriba, este tipo de ajuste ofrece menor resistencia social, aunque sus daños sean más profundos y permanentes que el otro.
3) Porque el conocido impuesto inflacionario (1) le reporta automáticamente mayores ingresos.

 

LA EMISIÓN MONETARIA PARA SOLVENTAR EL GASTO PÚBLICO

En los últimos días se tomó conocimiento de que mientras espera la decisión del Congreso sobre la creación del Fondo del Bicentenario, el Gobierno emitiría el dinero que necesita para financiar el aumento del gasto público. Lo haría a través del Banco Central y serían unos $ 25.000 millones de pesos (equivalentes a 6.500 millones de dólares), los que serían volcados al mercado mediante financiamiento de obras, consumo y gastos sociales.

Esta emisión se sustentaría técnicamente sobre la base de que se trata de utilidades del BCRA. Para conocimiento de los lectores, estos beneficios del BCRA son, básicamente, ganancias contables del balance anual, que corresponden a la suba en pesos tanto sea de las monedas extranjeras como de los bonos públicos que el banco tiene en su cartera. Estas subas se generan por efecto de la devaluación, la inflación y la fluctuación de los valores en el mercado bursátil y cambiario.

En los hechos prácticos, el Gobierno negocia cada año el giro de las utilidades con el directorio del BCRA, y usualmente acuerda pases de fondos sensiblemente menores al superávit contable, porque se trata de utilidades sólo “teóricas” y no reales, ya que se convertirán en efectivas recién el día en que el banco venda los bonos o los dólares. Mientras esto no suceda, son sólo utilidades “potenciales o posibles” ya que estos beneficios contables no se pueden asegurar fehacientemente debido a las constantes fluctuaciones de los valores de bonos y monedas en los mercados bursátiles y cambiarios.

Pero ahora, el Gobierno ha insinuado que requerirá todo el saldo del superávit contable y la nueva presidenta del BCRA, Marcó del Pont, una firme aliada a los Kirchner, ya adelantó que no tendría problemas en emitir esa impresionante masa de dinero y cederla al Tesoro Nacional. Aclaremos que deberá emitirla porque, como es una ganancia solo contable, no existen esos billetes en la realidad.

Esto hace suponer que pronto se incrementará la circulación monetaria en 25 mil millones de pesos.
A su vez, si a esta impresionante cifra se le llegara a agregar la del Fondo del Bicentenario (los 6.500 millones de dólares todavía detenidos por la Justicia y el Congreso), alcanzaría los 50 mil millones de pesos.

Para brindar una idea de lo que significa la magnitud de este monto, basta recordar que la actual masa monetaria del país asciende a unos 115 mil millones de pesos. Por lo tanto, se estarían enviando al mercado una cantidad de billetes argentinos equivalentes a casi la mitad de la base actual, lo que constituye una verdadera locura.

Como este gran aumento de la circulación se realizaría sin tener una conexión con la economía real (los superávit fiscal y comercial derivados de una mayor producción de bienes), será imposible evitar un incremento de la ya alta inflación que padece el país (hoy ya estamos entre las cuatro naciones del mundo con mayor índice inflacionario).

El oficialismo sostiene esta actitud con un concepto que trae recuerdos ingratos a los argentinos: la inflación puede ser también motor del crecimiento. Durante décadas nuestro país adhirió a esta idea del ajuste constante y, a pesar de que en lugar de crecimiento sufrimos cincuenta años de decadencia, todavía hay políticos y economistas que insisten con aplicarla interpretando de manera muy particular las reglas de la economía.

Los Kirchner forman parte de esta tendencia y accionan como si la fenomenal expansión monetaria que proponen no tuviera nada que ver con la inflación. Pero para muchos analistas, el matrimonio presidencial genera de manera premeditada esta inflación para lograr el indispensable ajuste que necesita la economía del país. Para defender esta acción sin nombrar la palabra ajuste (económica y políticamente mal vista), argumentan que necesitan de esta expansión para fomentar las inversiones porque ahora no hay suficiente oferta para responder a la creciente demanda.

Ahora bien, esta idea -evidentemente original- hace agua por varios lados.
Por ejemplo, si el problema es que, según lo declarado por el Gobierno, no hay suficiente oferta, da por verdad que hoy las industrias están produciendo al máximo posible de sus capacidades. Pero, si esto fuera así, ¿por qué éstas no están invirtiendo en bienes de capital o de trabajo para aumentar su producción? Ningún empresario es esquivo en invertir para incrementar sus beneficios. En cambio, sucede todo lo contrario. En lugar de incrementarse las inversiones, lo que aumenta es la fuga de capitales. En enero se fueron del país mil millones de dólares netos y por las cifras que se conocen en este mes de febrero (2), la salida de capitales sobrepasaría los 1.200 millones de dólares. Desde enero del 2007, la salida neta de dinero ya superó los 47 mil millones de dólares.

Es evidente que los productores, en lugar de invertir en la Argentina, lo hacen fuera de ella, y los profesionales y ahorristas resguardan sus dineros en dólares o euros en sus casas o en el exterior.

Lo que sucede es que los resultados de una economía están mucho más allá de la voluntad de los políticos. Hay deberes económicos que un Gobierno debe cumplir sí o sí, caso contrario los empresarios, profesionales, especuladores y ahorristas en general, defenderán siempre su bolsillo poniéndolo fuera del alcance del Gobierno. Tendrán la misma motivación que tuvieron los Kirchner cuando en su momento enviaron al exterior el dinero de las regalías petroleras de la Provincia de Santa Cruz: cuidarlo. 

LOS PELIGROS DE LA INFLACIÓN ACTUALSin posibilidades económicas y políticas para aumentar los impuestos (en 2009, el Gobierno nacional y las provincias recaudaron en total el 44,6% del PBI, el porcentaje más alto en la historia argentina), el gran aumento del gasto público argentino (desde que asumió Néstor Kirchner en el 2003 hasta hoy, se cuadriplicó en dólares) genera un alto déficit fiscal que el Gobierno debe cubrir con endeudamiento o con emisión monetaria, porque tampoco le alcanzan los excepcionales fondos que recaudará gracias a la gran cosecha del “yuyito” de la soja.
En los dos años anteriores, fracasado el intento de aumentar las retenciones a las exportaciones agropecuarias, el matrimonio Kirchner se apropió de todo el dinero ahorrado por los jubilados en las AFJP y, desde ya, de todas las cajas públicas del país, como la Anses, el Banco Nación, el Pami, y una parte del Banco Central, además de recurrir al blanqueo de capitales más amplio realizado en la historia moderna mundial. Todas estas medidas disimularon el fuerte déficit fiscal de los últimos tres años, pero ya no resultan suficientes para afrontar el incremento de los gastos de este año y del próximo. Para cubrir todas sus necesidades, el Gobierno necesita hacerse del manejo del Banco Central para, de esta manera, poder emitir moneda y cooptar parte de sus reservas.

Como no se vislumbra que el Gobierno argentino vaya a tomar a la brevedad medidas fiscales restrictivas, muy probablemente el país enfrentará los peligros de una escalada inflacionaria, ya que no se podrán sostener el exceso de emisión de dinero y los altos niveles del gasto público sin una contrapartida de aumento de las inversiones y/o un ingreso de fondos desde el exterior, ambos vedados por el default y la adulteración de los índices del INDEC.
Muchos adherentes a los Kirchner minimizan la expansión monetaria argentina comparándola con la descomunal emisión de moneda que ha hecho los Estados Unidos desde la aparición de la crisis financiera internacional.

Se trata de una errónea comparación, ya que se olvidan o ignoran deliberadamente el hecho de que la Argentina no es Estados Unidos. Lógico o ilógico, racional o irracional, lo cierto es que la mayoría de las naciones compran y mantienen en sus reservas bonos de la Reserva Federal norteamericana. No hay ninguna que tenga en sus reservas bonos argentinos. La gran mayoría de los economistas confían en Estados Unidos. En cambio, en todo el mundo, incluido un gran porcentaje de los propios argentinos, se desconfía de la política económica de los Kirchner, por lo que nuestro país no puede darse el lujo de emitir moneda o deuda de la misma manera que lo hace la gran nación del norte. 

LAS LOCURAS ECONÓMICAS DE LA ARGENTINA

Locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.” Albert Einstein (1879-1955). Científico considerado como el más importante del siglo XX.

Recordemos que nuestro gran gasto público de estos últimos años se originó principalmente con el objeto de evitar el sinceramiento de la economía, manipulada artificialmente desde el colapso financiero y la pesificación asimétrica del 2002. Pero ya han pasado más de siete años y no se pueden seguir evitando las consecuencias internas del aumento internacional de los precios de los commodities argentinos, y del subsidio para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios. Esto, sumado a los constantes reclamos por aumentos salariales, generarán inevitablemente presiones inflacionarias, las que tarde o temprano, deberán ser trasladadas a los consumidores.

Si bien me preocupan las consecuencias sociales y económicas que deberemos enfrentar por causa de la inflación, debo confesar que más me preocupa pensar en el tiempo que deberá pasar para licuar el daño producido y en cuál será el nuevo invento económico con el que el gobernante de turno intentará solucionar esta compleja situación.

Enrico Udenio
25 de febrero de 2010 

(1) Equivale a una transferencia desde los poseedores de dinero al gobierno. La tasa de impuesto es la tasa de inflación. Se produce por el efecto que genera la mayor emisión de moneda sin que tenga una contrapartida de un equivalente aumento en los bienes. Esto reduce el valor de todo el resto de moneda circulante y el gobierno se queda con la diferencia.
(2): La compra de dólares realizada por el Banco Central de la República Argentina continúa en baja lo que es un claro indicador que se estuvo acelerando la caída de capitales privados durante Febrero. El BCRA compró aproximadamente USD 30 millones por semana y como el superávit comercial del Banco es actualmente USD 300 millones por semana, debería haber comprado esa misma cantidad para sostener el tipo de cambio. Por lo tanto, cada semana se está fugando del país la diferencia existente. Esto está implicando que la salida de capitales se incrementó sensiblemente a un ritmo que supera los USD 1.200 millones mensuales

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8 Respuestas a “LA INFLACIÓN COMO MÉTODO DE AJUSTE

  1. Las negociaciones salariales no generan inflación, sino que son una consecuencia de ella. Los aumentos en los precios no generan inflación, porque los empresarios saben muy bien que si se les va la mano quedan fuera de competencia, por lo que también son consecuencia.
    Sólo la política monetaria del gobierno puede generar inflación cuando emite más moneda de la que puede garantizar con bienes o con divisas.
    Y una vez que se inicia ese circuito, ya no hay quien pueda controlarlo, ni el gobierno, ni los sindicatos, ni los empresarios.
    Y si alguien cree que la inflación puede ser negocio al poco tiempo se da cuenta que es un cáncer que va atacando porciones que se creían sanas hasta matar a la economía.
    Puede el gobierno licuar su pasivo metiendo la mano en el bolsillo de los habitantes, pero es una solución de corto alcance, porque en la medida que el país se inmoviliza, entran a descender los ingresos impositivos.
    Pueden los exportadores pensar que al devaluarse el peso, como sus costos están calculados en moneda nacional y los ingresos del exterior lo son en divisas fuertes, la diferencia es todo beneficio, pero cuando los valores locales empiezan a subir por efectos de la espiral, ese beneficio inicial es todo lo que pueden dar como ganancia.
    Y los trabajadores y jubilados, siempre los eternos perjudicados, podrán recibir más papeles con sus haberes, pero todos tenemos experiencia acerca de cómo afecta a las economías hogareñas estos ciclos inflacionarios.
    Como bien dice la frase de Einstein citada en la nota de Udenio, pensar que haciendo siempre lo mismo se pueden obtener resultados distintos no sé si será de locos, pero sí lo es de estúpidos.
    Todavía nos duele el lomo de lo ocurrido con Martínez de Hoz, con la tablita de Machinea, con el Austral de Alfonsín, como para pensar que así se puede iniciar un ciclo virtuoso.
    Esta película ya la vimos y queremos salir del cine.
    Como variable novedosa cabe pensar cómo irá a repercutir esta devaluación calculada en 30% para este año, pero que todo indica que volará más arriba de las nubes, en las relaciones con Brasil y el resto del Mercosur. ¿Se la irán a aguantar callados? Yo no lo creo.

  2. muy buena la nota enrico , como siempre.

  3. Ahora me queda bien claro el por qué de esta escalada de precios con los minoristas ante el temor de la inflación.
    Con esta emisión monetaria mounstruosa, sumado al fondo del bicentenario se viene un lindo ajuste encubierto.
    Espero su próximo análisis Enrico Udenio.

  4. Sr Udenio. Sobre el final de la nota, usted expresa lo siguiente.., “Muchos adherentes a los Kirchner minimizan la expansión monetaria argentina comparándola con la descomunal emisión de moneda que ha hecho los Estados Unidos desde la aparición de la crisis financiera internacional.
    Se trata de una errónea comparación, ya que se olvidan o ignoran deliberadamente el hecho de que la Argentina no es Estados Unidos. Lógico o ilógico, racional o irracional, lo cierto es que la mayoría de las naciones compran y mantienen en sus reservas bonos de la Reserva Federal norteamericana.
    Para su informacion, actualmente en el mundo, paises como China estan en pleno conflicto con los EEUU porque obviamente los chinos no comen vidrio y estan tratando de expandir sus negocios sacandose de las mil maneras posibles los bonos norteamericanos.
    Hace pocas semanas nomas, se informó que China vendió u$s30.000.000.000 (treinta mil millones de dolares) de deuda norteamericana, medida que hizo que China, ya no sea el primer acreedor de USA.
    De todas maneras y por tratarse de un tema que da para debates largos, le voy a dejar una nota escrita por la periodista Nidia Osimani del periodico digital “Tribuna de Periodistas”, que describe a la perfeccion como funciona el sistema financiero “virtual”, y de como con esta ingenieria estafan al mundo, y por supuesto a nosotros tambien.
    Dice..
    Un Gobierno “decide necesitar” (no implica que realmente lo necesite con fines públicos genuinos) una determinada cantidad de dinero y se la pide a su respectivo Banco Central. Éste entonces acepta dárselo recibiendo a cambio unos papelitos muy pintorescos llamados “Bonos del Tesoro” que fueron decorados por el mencionado Gobierno el que además decide que son equivalentes al importe que le pidió al Banco de referencia.
    Una vez hecho esto, el Gobierno deposita estos billetes en una cuenta bancaria y ahí es cuando se empiezan a llamar “moneda de curso legal” que suma esos billetes al Tesoro Nacional.

    Ahora bien, en rigor de verdad, la escena descripta nunca ocurre, o mejor dicho, ocurre virtualmente tipeando numeritos y enviándolos desde una computadora a otra, de ahí la cuestión que sólo un porcentaje ínfimo del dinero sea real (unos dicen que el 5, otros que es el 3 y otros que es casi el 10 %).

    Los bonos mencionados representan la deuda que el Gobierno tiene con el Banco Central de su respectivo país, lo que indica claramente que el dinero “se origina” en una deuda, de un “pasivo”. (Ya algo suena raro, ¿no?)

    Este dinero entonces depositado en esa cuenta bancaria pasa a formar parte de la reserva del banco junto con el resto de los depósitos, pero como es una deuda con el Banco Central del respectivo país y conforme lo determinan las normas, un banco debe retener reservas legales por un determinado porcentaje sobre los depósitos que tiene, considerándose el resto un excedente que es utilizado para prestar.

    Ahora bien, como dije más arriba, como el dinero fue creado de una deuda generada por unos numeritos que pasaron de una computadora a otra (pero de dinero real ni hablemos), cuando alguien toma un crédito en un banco lo que paga es interés sobre algo que no existe, numeritos tipeados que pasaron “virtualmente” de una computadora a otra que refleja en la pantalla otros datos alfa-numéricos a la que llaman “cuenta”. Si uno tiene la mala racha de no poder devolver ese dinero “que parece le prestaron”, o pagar los intereses que se inventaron sobre esa “nada”, el banco se queda con la cantidad de sus otros bienes que cubran el importe en cuestión (su casa, su empresa, su auto, etc). Y lo más dramático del asunto es que esto lo hace “en el marco de la ley”.

    Es decir, los bancos prestan dinero que no existe y cuanto más lo hacen, más circulante habrá, mayor expansión económica y la gente entonces se endeudará más adquiriendo diferentes bienes.

    Cuando la elite decide que es tiempo de volver a concentrar la riqueza en manos de siempre los mismos (ellos), genera primero una gran expansión prestando de manera indiscriminada. Cada vez habrá mayor cantidad de deudores, entonces promueven una mega-crisis y se apoderan de todos los bienes de quienes, víctimas de la gran estafa, no pudieron cumplir sus obligaciones. Esta crisis puede tener varias caras (si bien nunca falta el incremento sustancial de la tasa de interés y el reclamo compulsivo de lo prestado) que puede variar desde inventarse por ejemplo una “oportuna” guerra, atentados, de echar a rodar una “Teoría Conspirativa/Conspiranoica” cuyo efecto desequilibrante sea lo suficientemente contundente como por ejemplo que ciertas acciones en la Bolsa bajen de manera dramática y así apoderarse de las mismas para, al cabo de un tiempo prudencial, decidir que suben abruptamente (siempre en el marco de versiones que se tiran con evidente intencionalidad) y “hacerse” de la diferencia, etc. etc.

    Entonces advertimos que en el sistema económico vigente el dinero se crea de dos maneras: por el Banco Central “simulando” que imprime billetes, lo que se conoce como “Dinero de curso legal”, y mediante los depósitos que efectúan los clientes de las entidades bancarias privadas, a lo que se denomina “Dinero bancario”.

    Toda vez que un cliente consulta el saldo de su cuenta ve los numeritos en la pantalla de la pc, pero su dinero en realidad no está en su cuenta sino que anda deambulando por el mundo bajo la denominación de “préstamo” o invertido en acciones de empresas o bonos, u otros valores. Por esto es que si todos los clientes juntos decidieran retirar sus depósitos el banco quiebra por el sólo hecho de que alguien “susurre la intención” nomás.

    Bueno, ahí es donde la misma elite “acuerda” (léase presiona) con el gobierno respectivo “una ayudita de amigos” a la que llaman elegantemente “rescate”, pero que con toda sinceridad es otra estafa dentro de la gran estafa porque el Estado le está dando dinero de los mismos estafados a los mismos estafadores que los estafaron……..en fin….. ¿será cosa de locos o cosa de idiotas?….

    Hablé por ahí del porcentaje legal sobre los depósitos que hace un banco, lo que nos lleva a la definición de “reserva fraccionaria”.
    Una entidad bancaria puede prestar a sus clientes, y debe devolverles su dinero en el momento en que éstos lo demanden. Esto último, como dije, sería imposible si todos los clientes reclaman a la vez su dinero.

    Por esto, un banco está obligado por ley a conservar una porción de dinero en efectivo llamado “coeficiente de caja”, para afrontar las erogaciones para con aquellos clientes que deseen retirarlo. Esta es la “reserva fraccionaria”.
    Pero cabe la salvedad de que hace muchos, pero muchos años esta práctica era considerada algo así como una “apropiación indebida”.

    Sin embargo, como todas las malas costumbres, terminó por adquirir “carácter legal”, lo que trajo aparejada la expansión constante de la oferta monetaria (pero éste es otro tema).
    Ahora pensemos, ¿no estamos ya en condiciones de decir que esta “creación” legalizada resulta lisa y llanamente un repugnante fraude a los depositantes porque desequilibra la oferta monetaria, promueve la inestabilidad de los ciclos económicos y hace descender “ad hoc” el tipo de interés real, en tanto los bancos al amparo del propio Gobierno y en el marco de la ley, crean dinero de la nada y encima le aplican intereses, concentrando la riqueza en el sistema bancario en detrimento de la sociedad en su conjunto, la que queda inexorablemente atrapada en deudas?.
    Como si esto fuera poco y por el mismo precio, esto naturalmente trae aparejada la inflación.

    En relación a los países resulta idéntico. Los Gobiernos piden préstamos que malgastan a más no poder en cualquier cosa menos en atender las necesidades públicas, y “pagan” tanto el interés como el capital original con presión tributaria (ahorcando a los ciudadanos con impuestos “a todo” y cuanto más altos mejor: IVA, Ganancias, Bienes Personales, Impuesto al cheque, etc.). Argentina es uno de los más claros exponentes de esto.

    Ahora, ¿por qué los gobiernos no generan su propio dinero sin intereses?. Bueno, la respuesta a priori es demasiado fácil: “No es negocio para los pocos que ocupan los más estratégicos cargos públicos temporalmente”.
    Le van a contar sobre la necesidad de insertarse en el mundo, que son cosas de la globalización y las “tendencias a financiarse que tienen los Estados”, que las presiones de acá y de allá, en fin… un montón de argumentos falaces que además son en un 99,9 % estúpidos, y se los tiran en formato “conferencia de prensa” en boca de algún señor con cara de tonto grave que ostente un cargo en un Ministerio, Secretaría o similar, quien en realidad está ahí porque fue puesto a dedo por el poder político de turno, y no sé Ud. pero yo casi siempre me termino preguntando ¿Este es o se hace? (en virtud del nivel de disparates que suelen exponer con la misma expresión de seria-satisfacción como si estuvieran enunciando el más benéfico avance científico en términos de salvar a toda la humanidad de algún flagelo de los más conocidos)
    El “especialista” designado Ministro, Secretario o similar, se dirige a la audiencia en un lenguaje para el cual el ciudadano común necesita, previo a sentarse al televisor, disponer de un técnico/economista bilingüe (porque muchos términos económico-financieros encima, son el inglés y como queda “fashion” los dicen así). La cuestión es que “la masa” ignorante (según ellos suponen), entienda lo menos posible y no moleste mientras nos enriquecemos a costa de ellos, generando deuda, practicando la contabilidad creativa, refinanciando intereses y cobrando jugosas comisiones por eso.

    A esto hay que anexarle (porque es una arista más que relevante de la trama) los diferentes cambios de paradigma, o evolución científica que fue sufriendo la Economía (inductivismo, deductivismo, positivismo lógico, falsacionismo popperiano, paradigma de Khun, programas de investigación de Lakatos, anarquismo metodológico de Feyerabend, otros métodos), en tanto que se estudia de manera más que sofisticada una disciplina por demás sensible en términos sociales, partiendo de datos inventados procedentes de un sistema fraudulento (el financiero), a lo que hay que sumar a su vez, el fraude de los métodos “creativos” aplicados a variables macroeconómicas por organismos oficiales (INDEC, AFIP, etc.), o las manipulaciones contables al Presupuesto Nacional, por ejemplo, amparado todo esto en un complejo sistema normativo que lo justifica a la perfección (consolidando la mentira a la perfección).
    Nidia G. Osimani

  5. Alejandro Cardoso

    Reconociendo su existencia de hecho, rescatando su utilidad ante las emergencias, y formulando límites que permitan la gobernabilidad republicana, la Convención Reformadora de 1994 incorporó -por medio del inciso 3º del artículo 99- los decretos de necesidad y urgencia en nuestra Constitución Nacional, y dejó establecido el deber de sancionar una ley que regule el trámite y los alcances de la intervención del Congreso.
    Más de una década demoró nuestro sistema político en dar cumplimiento a la sanción de esa ley. Pero ¿cumplieron nuestros representantes con la Constitución?
    La ley 26122 de 2006 fue la respuesta, que de manera sutil ingresó elementos propios de las monarquías absolutas a nuestro sistema democrático y republicano.
    De su lectura advertimos cómo la ley permite la aprobación de los DNU a partir de la aceptación de una sola de las cámaras, violando la disposición constitucional que exige el tratamiento expreso de ambas. El silencio de una de ellas implica la vigencia del DNU, limitando por estos medios el control popular en la sanción de las leyes.
    Dicho de otro modo, esta solución otorga al poder ejecutivo -justamente al que nuestra constitución republicana le veda facultades legislativas- la potestad de que dicte leyes con la aprobación de una sola cámara, derecho del que no goza ni siquiera el propio Congreso de la Nación, órgano natural de la potestad legislativa. Es un absurdo que debe ser corregido por vía legislativa, o incluso judicial.
    Pero es durante la aplicación de esta ley cuando se hacen evidentes otros elementos propios del absolutismo. Este es un buen momento para observarlos.

  6. Alejandro Cardoso

    Dentro de la polémica por el tratamiento de los DNU del uso de fondos del BCRA, los partidarios del Ejecutivo en el Parlamento salieron a cuestionar duramente a la Comisión Bicameral –dominada por la oposición- al no reconocerle capacidad para declarar la nulidad del DNU.
    Pero a nuestro juicio la Comisión Bicameral está plenamente habilitada para dictaminar la nulidad absoluta e insanable de un DNU, de acuerdo con lo establecido por la constitución y la ley 26.122.
    Veamos por qué. La Comisión Bicameral Permanente” debe expedirse acerca de la validez o invalidez del decreto y elevar el dictamen al plenario de cada Cámara para su expreso tratamiento. El dictamen debe pronunciarse expresamente sobre la adecuación del decreto a los requisitos formales y sustanciales establecidos constitucionalmente para su dictado” (Art. 10 Ley 26122).
    Los requisitos constitucionales sustanciales (Art. 99 inc. 3 – Constitución Nacional) indican que “solamente cuando las circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos, [el poder ejecutivo] podrá dictar decretos por razones de necesidad y urgencia…”.
    En caso contrario “El Poder Ejecutivo no podrá.. .. bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo” .
    Es decir, cuando no existan los requisitos constitucionales las disposiciones de carácter legislativos –los DNU- emitidas por el poder ejecutivo son de nulidad absoluta e insanable, de acuerdo con nuestra constitución.
    Un dictamen que lo declare inválido en tal caso, sólo se limitaría a cumplir con la ley y la Constitución. Y la calificación de “invalidez” de la Comisión no puede significar otra cosa que la “nulidad absoluta e insanable” del DNU, puesto que la comisión no se encuentra habilitada para evaluarla políticamente.
    De este modo, el propio poder legislativo efectúa un control de constitucionalidad restringido al contralor de las condiciones del Art. 99 Inc. 3 de la CC. En este sentido la afirmación de que “el único control de constitucionalidad es el de la Corte Suprema” es falso respecto a los DNU.
    ¿Qué ocurre con los derechos de terceros? Un caso es cuando un DNU cumple los requisitos constitucionales. Aún en esta circunstancia las Cámaras mantienen la potestad de aceptarlo o rechazarlo a través de una evaluación política.
    Si las Cámaras lo rechazan, la norma rechazada deja a salvo los derechos adquiridos durante su vigencia, según establece la ley 26122 en su artículo 24: “El rechazo por ambas Cámaras del Congreso del decreto de que se trate implica su derogación de acuerdo a lo que establece el artículo 2º del Código Civil, quedando a salvo los derechos adquiridos durante su vigencia. “.
    Pero un caso sustancialmente distinto es cuando el DNU rechazado no cumple los requisitos constitucionales, evaluación que la ley le adjudica a la Comisión Bicameral, (y a falta de ésta, debe entenderse que al propio Parlamento), y entonces las disposiciones de los DNU emitidas por el poder ejecutivo son de nulidad absoluta e insanable, de acuerdo con nuestra constitución.
    Y en estos casos no puede haber derechos adquiridos. Si se aceptara la adquisición de derechos a partir de un DNU nulo, de nulidad absoluta e insanable, (sin que siquiera medie el tiempo como factor adquisitivo, ya que se trata sólo de días) se estaría otorgando al Ejecutivo una facultad legislativa despótica, bajo la invocación de la seguridad jurídica, e implicaría que el Ejecutivo tiene el derecho adquirido de violar la constitución y de alterar el sistema republicano.
    Por lo tanto, no puede haber adquisición de derechos durante el período de evaluación parlamentaria a partir de un DNU que resulte luego de nulidad absoluta e insanable. La ley 26.122 requiere de una urgente y seria revisión que subsane estas deficiencias.
    Lo contrario sería permitir que, como la humedad en las paredes, el absolutismo continúe filtrándose en la República.

  7. En 1989 asume Menem, y recorrí BsAs con la propuesta de una moneda atada a una canasta de monedas, como la que aplicó China en 2005 en reemplazo de la convertibilidad al dólar que tenía.
    Luego Cavallo aplicó algo similar, pero más imperfecto que mi propuesta.
    La Convertibilidad no se cae porque era mala la idea, se cae por el dispendio del menemismo.
    Se mantuvo 10 años, cuando se cayó pronosticaban un dólar a $ 100, y hoy está a $ 4, una convertibilidad de hecho, sin Ley, a base de Reservas.
    Envié a Presidencia mi idea actual: BASE 100, que supera a la Convertivilidad, es más que un simple Control de Precios.
    La derivaron a Economía, y la archivaron.
    Hoy sería sencillísimo aplicar éste instrumento técnico, ya que la inflación es muy baja.
    La idea central es crear un ENTE REGULADOR de PRECIOS, algo parecido a lo que está haciendo la Secretaría de Comercio Interior ahora, pactando con las Empresas formadoras de precios una por una, pero con la diferencia de que se involucra a los Empresarios para que deban discutir entre ellos quien debe aumentar su precio, y quienes deben absorber ése aumento, para no generar inflación, y evitar la devalución de la moneda.
    Ésta idea está resumida para no robarles mucho tiempo, le llamo Base 100.
    Ésto no es control de precios ni convertibilidad.
    Es simplemente dejar que los precios se acomoden entre sí.
    Si un producto aumenta su precio genera una diferencia con los demás.
    Si ése producto y los demás absorben ése aumento, se mantiene ésa diferencia que ése producto necesitaba, y logramos evitar la devaluación de la moneda.
    Ejemplo: Si cada día algunos productos aumentan un poco, nos encontramos que al año todos aumentaron más o menos un 20%, pero conservan casi la misma relación entre ellos.
    Pero logran el objetivo de devaluar la moneda, atrasar los sueldos, etc.
    Por éso insisto: todos los productos deben absorber cada aumento.
    Les muestro un pequeño ejemplo hipotético:

    Si tenemos 100 productos de $ 1 cada uno, y
    40 de ellos no aumentan ( 0% )
    30 aumentan un 1%
    10 aumentan un 2%
    10 aumentan un 5%
    y 10 aumenta un 10%,
    y hacemos que cada uno absorba el porcentaje que le corresponde (en éste caso sería el 1,96%), logramos que no se devalúe la moneda, pero dejamos que se establezca la relación entre los precios que se quería lograr con ésos aumentos.

    Ejemplo en números: Menos 1.96 % (que absorbe c/u)
    40 x $ 1 = $ 40 + 0 % = $ 40 – 1,96 % = $ 39,216 / 40 = $ 0,9804
    30 x $ 1 = $ 30 + 1 % = $ 30,3 – 1,96 % = $ 29,706 / 30 = $ 0,9902
    10 x $ 1 = $ 10 + 2 % = $ 10,2 – 1,96 % = $ 10 / 10 = $ 1
    10 x $ 1 = $ 10 + 5 % = $ 10,5 – 1,96 % = $ 10,294 / 10 = $ 1,0294
    10 x $ 1 = $ 10 + 10 % = $ 11 – 1,96 % = $ 10,784 / 10 = $ 1,0784
    $ 100 $ 102 $ 100

    Como se observa, logramos que el total sumado quede en 100, y no en 102, manteniendo la diferencia porcentual entre los precios que era el objetivo de los aumentos.
    No es que bajan los precios (porque todos bajan), sólo se reacomodan dentro de la Base 100.
    La Inflación (variación en la relación de los precios entre sí) se mantiene, pero evitamos la devaluación de la moneda.
    El ajuste debería ser sobre los precios de fábrica ó mayoristas.
    Lo ideal sería ajustar los precios en forma mensual.
    Para ello, durante las primeras semanas del mes, las empresas que vayan a aumentar ( ó bajar ) sus precios (a partir del mes siguiente), deben comunicarlo a un Ente Regulador creado al efecto, integrado por funcionarios del Gobierno, Consumidores y Empresarios.

    Se evalúa, se negocia, y se aceptan ó rechazan. Y durante la última semana del mes el Ente comunicará los precios ajustados que regirán a partir del 1º día hábil del mes siguientes.
    Si incluimos, y regulamos, los sueldos dentro de la Base 100 cerramos el círculo.

    Parece simple porque es simple, y se puede comprobar, como explico al principio.
    La inflación no viene por falta de respaldo de la moneda, es sólo que un producto busca posicionar su precio en relación con los demás productos.

    Cuando se aumenta el precio de un artículo, lo que en realidad se aumenta es su participación en el gasto del consumidor en desmedro de los otros artículos, que ven disminuida su participación en dicho gasto.
    La comprobación de que la inflación es un posicionamiento del precio de un artículo en relación con los demás, y que no debería influir en la devaluación de la moneda, la obtenemos cuando comparamos el comportamiento de los precios en plazos medianos ó largos.
    Observaremos que cuando los precios llegan al doble ó la triple, todos llegan al doble ó la triple (centavo más ó menos), pero el valor de la moneda quedó relegada a la mitad ó a la 3º parte.
    La inflación, creada por especulación, desconfianza, huelgas, etc., lo único que logra es devaluar la moneda, porque con el tiempo los precios y los sueldos se acomodan, pero, como el Estado no ajusta el valor de la moneda a la inflación, todos pagamos un impuesto inflacionario y perdemos confianza en la garantía del Estado cuando emite la moneda.
    El respaldo de la moneda se debe dar con los bienes del Estado.
    Traté de ser lo más claro posible, es difícil explicar algo así tan concisamente..
    Les saludo muy atte,
    Horacio Raúl Nieves

  8. Si se entiende Horacio, pero la idea no es bajar o regular la inflación sino justamente lo contario, cobrar un impuesto clandestino por decirtelo de una manera… bueno, ese es mi punto de vista, claro, pero yo no le encuentro otra explicación. Para mi ellos quieren mantenerla para generar el superávit y así ir dando aumento cada tanto. Otra no hay… Saludos

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