Los Anteojos del Tata

LA REELECCIÓN PRESIDENCIAL – 2da PARTE: LA LIBERTAD Y SUS LÍMITES

Septiembre 1, 2009 · 13 comentarios

“Creo que la amistad entre el hombre y el perro no sería duradera si la carne de perro fuera comestible.”  Evelyn Waugh (1903-1966) Novelista británico que se caracterizó por sus sátiras y su humor negro.

 Desde la visión del existencialismo, el hombre no posee una esencia predeterminada sino que la va construyendo durante su existencia a través del ejercicio de su libertad. Justamente, de ésta última deriva la total responsabilidad por sus propios actos y sus consecuencias.

A lo largo de las distintas etapas de nuestro ciclo vital, los seres humanos pasamos de la dependencia absoluta para poder sobrevivir al logro de una autonomía que condensa a la libertad y a la responsabilidad. En el marco de esta libertad responsable aprendemos a reconocer los derechos de los otros, a elegir y a dar respuesta por nuestros actos haciéndonos cargo de sus consecuencias. Por esto, la libertad personal se limita al espacio que media entre el impulso de satisfacer nuestros propios deseos egoístas y los derechos de los demás.

Este principio nos lleva a la conclusión de que sólo puede ejercerse una libertad responsable en el marco de ciertas bases éticas reguladas por las leyes y sostenidas por la justicia, que le brinden al hombre una orientación a la conducta.

Esta es una de las principales misiones que tiene la Constitución de una nación. Sus mandatos estipulan los derechos y obligaciones de sus habitantes más allá de sus diferentes puntos de vista. Son límites indispensables que una población debe respetar. Un cambio en estas pautas debería ser motivo de extremo cuidado, en especial, en lo que atañe a los tiempos constitucionales que se le permite a una persona mantenerse en la cúspide del poder político. No nos olvidemos de que estos límites se establecieron con el fin de evitar en el futuro las consecuencias nefastas que, en el pasado, habían generado las monarquías o las dictaduras militares y civiles eternizadas en el poder ejecutivo.

Los demócratas que aceptan la alternancia en el poder reconocen los derechos de los otros diferentes mientras que, para los aspirantes a la hegemonía política, los otros sólo pueden existir siempre y cuando sean un apéndice de sus deseos y voluntades.

 

Si bien el ser humano de hoy es más maduro y más adulto que sus antecesores, la etapa evolutiva en la que se encuentra es aún típicamente adolescente: individualista, poco solidario, con alto nivel de agresividad, discriminador, con pensamiento mágico, extremista, con  tendencia a una lectura polarizada de la realidad, receloso ante la diferencia, y con tendencia a poner afuera la causa de sus males.

En esta etapa de su evolución, es un hecho que tanto la propiedad privada como la libertad política ejercen una atracción poderosa sobre los hombres. Enfrentados a esta realidad no deseada, los ideales socialistas culminan en regímenes totalitarios en los cuales es absolutamente indispensable la permanencia indefinida del líder y el culto personalista para, de esta manera, poder sostenerse en el poder. Es también esencial proceder a la persecución de toda opinión contraria a la única ideología aceptada, sobre la base de considerarla reaccionaria y atentatoria del bien social.

Esta forma de implementar su sistema de gobierno es un problema muy serio para los marxistas dado que deben eliminar dos de los derechos esenciales que el hombre de hoy no quiere perder: la propiedad privada y el cercenamiento de la libertad de pensar y elegir mediante un pluripartidismo democrático. Parecería que sin dictadura política hay un tipo de socialismo que no puede subsistir.

La lógica del ciudadano medio rechaza, entonces, la probabilidad de que un partido político que propugne cierto ideario marxista gane las elecciones pues supone, con buen criterio, que significaría automáticamente la eliminación de sus posibilidades de libre elección en el futuro.

 

LA ENCRUCIJADA DEL SOCIALISMO TOTALITARIO

“Se requiere una mente muy inusual para hacer un análisis de lo obvio.” Alfred North Whitehead (1861-1947) Matemático y metafísico británico. Uno de los grandes filósofos del siglo XX.

Uno de los discursos más utilizados por la izquierda es culpar del fracaso socialista al constante ataque político, económico y militar que el capitalismo ejerció sobre los países comunistas. Esta justificación muestra la dificultad de los socialistas en comprender que el hombre es un ser competitivo por naturaleza que habita un mundo en el cual hay múltiples opiniones políticas, decenas de religiones, centenares de países, varias razas, incontables idiomas, y gran disparidad de riquezas naturales.

Incluso, aunque no existieran la democracia liberal ni el capitalismo, sería igualmente ineficaz todo sistema político económico que necesite de una homogeneidad de la especie humana para mostrar buenos resultados. Los mejores sistemas son, por el contrario, aquellos que demuestran buena capacidad de desarrollo contemplando la disparidad de pensamiento y acciones de sus pueblos.

 

En el imaginario ideológico de la izquierda, el hombre es un ser noble corrompido por la institución del capital y la propiedad privada. Según esta mirada, los pueblos, al evolucionar, irán paulatinamente tomando conciencia de ello, y desencadenarán las revoluciones socialistas. Si consideramos que un sujeto es él y sus circunstancias, ese supuesto aparece hoy más cerca de una utopía que de una probabilidad cierta.

Dadas las circunstancias internacionales y las limitaciones profundas que tiene el socialismo totalitario para producir reformas internas, lo más probable es que una revolución popular termine implementando mejoras en el capitalismo porque, de otra manera, esa nación quedaría aislada en un mundo ideológicamente muy diferente, como es el caso de los actuales países comunistas.

En su libro El Malestar En La Cultura” (1930), Sigmund Freud escribió que Los comunistas creen haber descubierto el camino hacia la redención del mal. Según ellos, el hombre sería bueno de todo corazón, abrigaría las mejores intenciones para con el prójimo, pero la institución de la propiedad privada habría corrompido su naturaleza. (…) No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. (…) El instinto agresivo no es una consecuencia de la propiedad, sino que regía casi sin restricciones en épocas primitivas, cuando la propiedad aún era bien poca cosa.

 

El capitalismo toma, como punto de partida para su desarrollo, al bien individual basado en la competencia, la búsqueda del beneficio y la solidaridad condicionada, mientras que el socialismo marxista persiste en mantener como punto de partida al bien colectivo basado en la generosidad laboral y la solidaridad incondicional.

Al hablarle a un tipo de hombre como el que la mayoría aspiraría ser pero que en realidad no es, se diluyen sus probabilidades de obtener una penetración mayoritaria de las ideas que propulsa.

Los hechos en los que la humanidad toda se ve constantemente implicada dan buena cuenta de que las características esenciales del ser humano de hoy no son todo lo elevadas que se desearía, aunque esta imagen no resulte agradable y provoque un gran disgusto asumir las debilidades y defectos de la especie en su actual etapa evolutiva.

Casi de manera inevitable, la democracia representativa y capitalista ha sido asertiva en su penetración al dirigir sus argumentos hacia un alguien real y posible, justamente hacia quien le dio origen.

Aceptar el estadio actual del ser humano hace más comprensible los fundamentos por los cuales una sociedad necesita imponer límites estrictos con relación a los tiempos de permanencia en el poder.  

 

No tengo ninguna duda de que, cuando el ser humano esté en una etapa más evolucionada como especie, la generosidad y la solidaridad serán parte intrínseca de él, y el socialismo tendrá una mayor clientela dispuesta a adherir a su ideología. Mientras tanto, la naturaleza humana se presenta como un problema insoluble para las ideas marxistas. No en vano, un régimen comunista no puede abrir sus fronteras para el libre tránsito de sus ciudadanos o para la libre circulación de las ideas sin que esto constituya una amenaza para su supervivencia.

 No es un hecho aleatorio en este fenómeno la cuestión de que el socialismo científico fuera la resultante de la creación ideológica de dos personas mientras que el capitalismo fuera el resultado de una evolución del comportamiento socioeconómico del ser humano a lo largo de cinco siglos.

 

Enrico Udenio

1 de septiembre de 2009

Fuentes: “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Enrico Udenio (2004); ¿Por qué nos enfermamos?”, Alicia López Blanco (2008); “El malestar de la cultura”, Sigmund Freud (1930).

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LA REELECCIÓN PRESIDENCIAL -1ra Parte: AMÉRICA LATINA

Agosto 28, 2009 · 12 comentarios

“El sentido común es instinto. Si se tiene suficiente se es un genio.”  George Bernard Shaw (1856-1950). Dramaturgo Irlandés. Premio nobel de literatura.

 El intento del presidente hondureño Manuel Zelaya para promover su reelección presidencial, y el  proceso parlamentario y judicial que está realizando el presidente colombiano, Álvaro Uribe, con ese mismo objetivo, ha permitido que se instale este tema en los medios de comunicación.

Un análisis de este fenómeno puede conducirnos a diversas líneas de enfoque.

   

En América Latina generalmente se apoyan aquellas reelecciones presidenciales con las que se acuerda ideológicamente.

Muchos de los que defienden la voracidad de poder de Chavez, Morales, Correa y los Kirchner, criticaron en su momento la de Menem, y ahora la de Álvaro Uribe. Es curioso observar que el grupo más opositor al intento de ser reelegido de este presidente colombiano, está de acuerdo con la reelección indefinida lograda por el presidente venezolano, Hugo Chavez.

Los argumentos que se esgrimen para defender la permanencia en el poder de unos, se olvidan hipócritamente al rechazar la de los otros. 

 

La tendencia a prolongar los mandatos de los gobernantes en la América latina, nos muestra que la región aún no puede desprenderse de su vínculo con la cultura monárquica y feudal heredada de la colonia española, y la correspondiente dependencia del caudillaje regional. Esta dependencia histórica la hace proclive a aceptar la idea del mandatario “eterno”, al igual que antaño lo eran los monarcas.

Recordemos que, con buen tino, Sigmund Freud decía que había pueblos que tenían la capacidad de poder encolumnarse detrás de una idea mientras que otros sólo podían hacerlo detrás de un líder o de un caudillo.

 

Aquellos que apoyan a los movimientos nacional-populistas rechazan  el sistema democrático representativo con su consecuente alternancia en el poder y, en cambio, promueven una democracia participativa directa, en la que su población, a través de elecciones, referéndum, u otras formas de expresión popular, decide si acepta los actos de su gobierno, o si su líder debe continuar o no en el poder.

Personalmente considero que esta posición es inadecuada desde lo concreto, y tramposa desde su concepción teórica.

Desde lo concreto, su realización es utópica. No se podría gobernar bien un país si las acciones de su gobierno dependieran de los deseos ocasionales que emanan de su pueblo, ya que los intereses del conjunto de la sociedad son de muy diverso origen y dirección, dependen de las necesidades del momento, tienden a buscar la satisfacción inmediata, y son proclives a ser manipulados. La calle no es lugar adecuado para una razonable reflexión política, ni se puede forzar a una población a que vote todos los meses.

En cambio, la democracia representativa ha sido, hasta el momento y a pesar de sus grandes falencias, el mejor sistema de gobierno conocido, donde los intereses del conjunto de la sociedad están representados a través de los partidos políticos y su correspondiente inclusión en los órganos de los poderes ejecutivo y legislativo, al mismo tiempo que les asegura a todos sus habitantes la libertad de opinión y elección.

Por su parte, el concepto teórico de la democracia participativa directa es tramposo porque todos, independientemente de sus preferencias ideológicas, conocen la prevalencia económica y presión política que ejerce un gobernante desde la cúspide del poder y su correspondiente alta capacidad para manipular las voluntades populares. No se trata sólo de asumir el riesgo de que esta manipulación suceda, sino que estamos ante un hecho consumado y comprobado una y mil veces en todos los países de América latina, por no decir del mundo entero, con independencia de si el gobernante se encuentra a la izquierda o a la derecha del plano ideológico.

A pesar de estas evidencias, los marxistas, los fascistas y los adherentes al nacionalismo popular latinoamericano desvalorizan los límites que la democracia representativa impone a través de sus instituciones. Tiene lógica este rechazo, ya que los sistemas de gobierno que ellos proponen necesitan imprescindiblemente de la implementación de un culto a la personalidad con el fin de lograr la eliminación del pluripartidismo y, en lo posible, la desaparición o un fuerte condicionamiento de la propiedad privada y de la libertad de opinión y prensa. Recordemos que este culto a la personalidad sólo es posible concretarlo si se logra evitar la alternancia en el poder. Por ello, la posibilidad de reelección indefinida es un requisito indispensable para poder implementar estas ideologías.

 

LAS DOS CARAS DEL HOMBRE

“El poder no corrompe. El temor de perder el poder es el que corrompe”.  John Steinbeck (1902-1968). Escritor estadounidense. Premio Nobel de Literatura.

 Cada hombre inmerso en una confrontación es como una moneda de dos caras. Dios y el Diablo, la bondad y la maldad, la inteligencia y la estupidez, están integrados en la misma persona o en un grupo de ellas.

Desde sus orígenes de bestia trashumante, el ser humano ha evolucionado hacia un estadio de vida más estable y de menor agresividad para con sus semejantes. A pesar de ello, en sus genes lleva la semilla de la competencia que lo impulsa a sobrevivir y trascender. Siguen siendo parte de su problemática cotidiana la violencia, el sexo, la posesión de la tierra, de los alimentos y de la riqueza necesaria para obtener lo que se propone. Todos los días el mundo nos trae las noticias que indican que la bestia aún mantiene su posición de supremacía dentro del ser humano. Son noticias que provienen tanto del marco ideológico de la derecha como de la izquierda.

Esta concepción significa reconocer el hecho de que los gobernantes están, en general, motivados por el ansia de poder y que manipulan los sentimientos de su pueblo para intentar extender, una y otra vez, su permanencia a través de sucesivas reelecciones. Permitir esa posibilidad es una irresponsabilidad social y un peligro potencial para la democracia representativa.

 

 Enrico Udenio

27 de agosto de 2009

Fuentes: “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Enrico Udenio (2004); ¿Por qué nos enfermamos?”, Alicia López Blanco (2008).

 

Próxima Nota: Las Elecciones Presidenciales. Parte II: La Libertad y sus Límites.

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PRODUCIR RIQUEZA ANTES DE DISTRIBUIR

Agosto 21, 2009 · 35 comentarios

“La idea de que el futuro es mejor que el pasado, sigue siendo parte del imaginario colectivo norteamericano. En América latina, en cambio, los planes son siempre a corto plazo. El presente no es un mal necesario para poder avanzar hacia un futuro mejor; esta idea, asociada con la noción de <progreso>, está cada vez más ausente del imaginario popular”.   Fernando López-Alves. Filósofo uruguayo y Doctor en Ciencias Políticas. Profesor titular del Centro de Investigaciones de la Universidad de California, USA.

 Para poder distribuir algo, hay que producirlo previamente. Más que una máxima del capitalismo, parece ser una “verdad de Perogrullo (1)”. A pesar de ello, da la impresión de que en la Argentina, desde hace décadas se consume mucho más de lo que se produce (salvo en el 2002, el único año en el que se invirtió tal conducta), y no parece haber conciencia de que a la fiesta la terminaremos pagando entre todos con el peor de todos los impuestos: la inflación y con su consecuencia, el subdesarrollo.

 En un futuro, la Argentina debería redimirse de su profunda ignorancia que ha caracterizado su historia, en los últimos setenta años, acerca de la proveniencia del dinero. Cualquier grupo corporativo de ciudadanos, en su lucha por sus intereses, suele requerir del gobierno una enorme cantidad de millones sin siquiera sonrojarse. Como ya dije en anteriores escritos, “parecería que subyace la idea de que el dinero proveniente del Estado es un bien surgido del espacio infinito”.

La población continuamente reclama a un Estado benefactor que le provea los fondos requeridos, como si estos correspondieran a un bolsillo ajeno y no al bolsillo de todos. Para paliar probables sentimientos de culpa por ello, aunque no creo que éstos sean elevados, se construye la creencia de que los que deben aportar son los ricos y las grandes empresas, preferentemente las extranjeras, como si éstas no lo estuvieran ya haciendo.

La realidad es otra. Los considerados “Grandes Contribuyentes” por la AFIP (la agencia federal de impuestos), son los que aportan en forma directa e indirecta el mayor porcentual de la recaudación total de los ingresos fiscales argentinos, mientras que, en comparación, en los primeros diez países más desarrollados, esta proporción es notoriamente menor. Esto demuestra que hay una enorme proporción de ciudadanos comunes, pequeños y medianos comerciantes, profesionales, empleados privados y públicos, etc. que no pagan impuestos directos en la Argentina. Desde comprar sin factura hasta evitar siquiera estar registrado en la AFIP, las mañas y trampas del argentino no tienen fin, con el agravamiento de que, a pesar de este comportamiento, igualmente los argentinos siguen convencidos de que no son culpables, en su conjunto, de la extraordinaria evasión impositiva existente.  

No olvidemos que los Estados Unidos son una potencia principalmente porque todos sus habitantes pagan los impuestos. En esa nación usted puede llegar a matar a alguien y ser declarado inocente, pero no se le ocurra dejar de pagar los impuestos, porque no lo salvará ni Dios.

Sería incorrecto si no aclarara, en defensa del evasor argentino, que:

1) Existen muchos impuestos desmedidos, como son el 21% de IVA, los impuestos internos, los altísimos derechos aduaneros, el impuesto al cheque y los enormes cargos que soporta el trabajo, citando sólo algunos de la enmarañada lista de gravámenes distorsivos y abusivos;

2) Se despilfarran tantos miles de millones en subsidios absurdos (el último de ellos, el del fútbol, sería un ejemplo paradigmático) y gastos en estructuras burocráticas inoperantes y;

3) Hay una exposición obscena del insultante nivel de corrupción existente.

 Es entonces que, para muchos contribuyentes en la Argentina, el evadir no es un delito, sino que se trata de un acto de justicia por mano propia.

 

LA REFORMA IMPOSITIVA

“La mayor parte de los impuestos se gastan en las grandes ciudades y en salarios de empleados públicos que residen en ellas, cuyo número se ha multiplicado desorbitadamente. Se han estado aumentando las cargas fiscales a favor de la vida urbana y con detrimento de la vida rural. Los gobiernos no han hecho nada para difundir el hogar rural en propiedad, la pequeña propiedad de la familia productora-consumidora”.  Alejandro E. Bunge (1880-1943) Investigador económico y uno de los máximos precursores del pensamiento nacional. Frase extraída de su libro “Una Nueva Argentina”, Hyspamerica, 1940.

 Un Estado se hace poderoso cuando su población trabaja para ello. Inversiones varias, desde el más chico de los comercios hasta la multinacional más grande, y el pago de impuestos por parte de toda la población, son dos de las claves más importantes que explican el desarrollo socioeconómico de una nación.

Pero sabemos que, a mayor ayuda social mayor carga impositiva; y a cuanta mayor carga impositiva, menores inversiones productivas. Entonces, ¿cómo hacen los países nórdicos, por citar un ejemplo bien conocido, para ser lo que son, cuando tienen una fuerte carga tributaria y un elevado porcentaje del gasto público en relación a sus PBI?

Lo pueden hacer porque, paralelamente, los capitales pueden accionar con gran libertad en el mercado, y los altos impuestos que soportan son más directos porque se aplican mayoritariamente sobre las ganancias, y no sobre la venta y el trabajo. En cambio, en la Argentina, el capital encuentra demasiadas trabas para sus inversiones, y la expansión del gasto público mediante la aplicación de impuestos indirectos que son distorsivos para el buen funcionamiento de los mercados e injustos socialmente, desencadena el estancamiento de la producción y el comercio sumado al descontento social.

El economista Antonio Margariti detectó 83 gravámenes diferentes que se pagan cuando uno cobra por su trabajo, cuando lo consume, cuando lo ahorra y cuando lo mantiene. En total, la estimación de Margariti es que esa carga impositiva equivale al 65,8% del ingreso (2). Esto genera un enorme mercado negro. Las medianas y pequeñas empresas, y los individuos en general, tratan de esconder su real posición fiscal y, por lo tanto, no hacen grandes inversiones para, de este modo, pasar desapercibidos.

 

La Argentina experimenta una sub-economía derivada de la escasa inversión existente, la cual es consecuencia, entre otras cosas, de la falta de confianza; de la falta de incentivos para promoverlas; y de la conjunción del complejo entramado impositivo existente.

Una manera de ir generando esa indispensable confianza sería la de quitarle obstáculos al capital sin resentir por ello al gasto social. No podemos seguir promoviendo una cultura en la que el empresario deba sortear los mil peligros y, por supuesto, evadir lo máximo posible, para poder obtener los mínimos beneficios a los que aspira.

 

Para que comiencen a aparecer las inversiones, retornen los capitales argentinos que se encuentran en el exterior, y los empresarios bajen su nivel de evasión, sería necesaria una reforma impositiva que lleve a simplificar las cargas, reducir los mercados “en negro” y aumentar el nivel del movimiento comercial, haciendo eje en:

1)      Una importante reducción del porcentaje del IVA (éste es un impuesto indirecto que castiga a todos por igual, pobres o ricos).

2)      La eliminación total de los impuestos internos, al cheque y otros gravámenes que se superponen y complican el proceso fiscal; y la eliminación parcial de los impuestos al trabajo. 

3)      La reducción de los porcentajes de retención aduanera de las exportaciones de soja y la eliminación total de todos los otros gravámenes a las exportaciones de productos primarios.

4)      La compensación de la baja de ingreso que generaría, en un primer momento, esta reforma, se lograría con un aumento considerable del impuesto a las ganancias, de naturaleza progresiva. Esto quiere decir que, mientras más dinero o riqueza se genere, más impuesto se pagará. Si no alcanza para cubrir los fondos perdidos, esta política tributaria  se podría complementar con el más eficaz de los impuestos: el pago de una pequeña suma fija aplicada a todas las personas activas (al estilo del monotributo). Adicionalmente, los organismos internacionales ofrecen créditos temporarios para ayudar a sostener este tipo de reformas hasta que los mercados logran reaccionar y adaptarse a las mismas.

5)      Incorporar todos los impuestos nacionales al reparto distributivo con las provincias.

6)      Solucionar los problemas del financiamiento externo, con una política de sinceramiento del INDEC, acordar con el Club de París y con los “holdouts”, con la premisa negociadora de que, a cuanto menor sea el corte del capital adeudado mayor deberá ser el plazo de financiamiento y menor la tasa de aplicación. Recordemos que en la actualidad, el Gobierno sólo puede recurrir al financiamiento interno, siempre y cuando canjee los bonos ajustados por inflación y los reemplace por ajustes fijos o movibles segun las pautas del Banco Central, porque con la adulteración de los índices del INDEC, todo lo ajustable por esas cifras es percibido como una estafa.  

 

Durante estos últimos años, el Gobierno Nacional ha aumentado o intentado aumentar los impuestos  a aquellos que ya los estaban pagando, pero no ha hecho nada para modificar su estructura.

Quiero expresamente aclarar que el porcentual que tienen los ingresos tributarios con relación al PBI es del 30% aproximadamente, y se trata de un porcentaje muy razonable. Por lo tanto, el grave problema tributario del país no se localiza en su carga general con relación a la riqueza producida, sino que se encuentra en la aplicación de impuestos donde no deberían siquiera existir (por ejemplo, sobre el trabajo), sumado a que pocos pagan mucho y muchos no pagan casi nada. Estos pocos que pagan mucho están dejando de invertir en el país y la espiral negativa se acentúa con el paso del tiempo.

 

Es cierto que parecería casi imposible que con el gobierno del matrimonio Kirchner pueda haber cambios estructurales que frenen la curva descendente de la economía pero, en el pasado, los argentinos demostraron que a cuando mayor fue la cantidad de obstáculos para saltar, o la mayor complejidad de los problemas para resolver, florecieron sus mejores capacidades y creatividades que facilitaron el desenvolvimiento de recursos, aunque haya que esperar el recambio presidencial para que se evidencien.

Al fin de cuentas, no hace falta inventar nada nuevo para acabar con la decadencia y la pobreza.
En su campaña electoral, el difunto Alfonsín recitaba el preámbulo de la Constitución como un símbolo de la reconstrucción y el desarrollo de la Argentina. Hoy habría que proponer que se comience a recitar el Artículo Primero de la misma Constitución, pero no como un símbolo, sino para exigir la ejecución de su mandato.

Lo recordamos: “La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal.”  

 

 

Enrico Udenio

21 de agosto 2009

 

(1)Es una expresión que refiere a algo que por evidente y consabido no es necesario aclararlo. Su nombre proviene de una deformación del nombre Pedrogrullo y no se sabe con certeza si se trató de un personaje inexistente o de una persona real. Se trató de frases convertidas en “verdades” que trascendieron cuando varios afamados poetas españoles las incorporaron a sus escritos.

(2)Roberto Cachanosky. “Los Siervos de la Gleba”, Agosto, 2009.

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LA PERINOLA CARGADA

Agosto 17, 2009 · 23 comentarios

“(…) es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos”. Arthur Schopenhauer, (1788-1860), filósofo alemán.

 

Durante las últimas semanas, hubo persistentes reclamos en pos de aumentos de salarios, de subsidios sociales y de mayor seguridad en los empleos. Voces solicitando la reducción o anulación de los aumentos de las tarifas de transportes, gas, electricidad y cuotas escolares. Discursos pidiendo recibir ayuda para el abastecimiento de los comedores comunitarios así como la doble escolaridad para todas las escuelas con almuerzo gratuito incluido.

También se escuchó a un sector de la oposición presionar para que se implemente una “asignación universal por hijo”, una idea que promueve el concepto de que el Estado tiene la obligación de asignar una mensualidad a todos los niños. Por supuesto, nadie menciona una sola palabra sobre la necesidad de implementar un estricto control de la natalidad, lo que llevaría a deducir que, de aprobarse una ley así, el niño se transformará en un producto comercial para las clases más humildes, las cuales ya suelen tener una gran cantidad de ellos aunque no estén en condiciones socioeconómicas de alimentarlos y cuidarlos.

El mercado del entretenimiento no se quedó atrás. Días atrás, y a pesar de la gran pobreza existente, la Asociación de Fútbol Argentino pidió al Gobierno un desopilante monto de dinero para cubrir los constantes déficit de los clubes de fútbol, cuyos dirigentes, ¡oh casualidad!, manejan arbitraria e irresponsablemente fondos públicos con el sorprendente argumento de que “manejan pasión y no negocios”.

 

Daría la impresión de que vivimos en un país en el que todas las personas y organizaciones tienen algo que solicitar al Estado o a los privados. CTA, CGT, piqueteros, vecinos barriales, cooperativas sociales, organizaciones diversas tales como la defensoría del pueblo, la defensa del consumidor, y otras menos conocidas, reclaman su derecho a recibir mejoras de todo tipo.

Es cierto que tampoco la sociedad puede quedarse indiferente ante el hecho de ver que el mismo gobierno, que no paga las sentencias judiciales a favor de los jubilados y que sostiene que no puede bajar los altísimos impuestos porque necesita de esos ingresos, se dedica, por otro lado, a anunciar irresponsablemente subsidios que no se relacionan con las penurias económicas que padecen las clases más bajas, como es el caso del déficit de los clubes de fútbol.

 

Mientras tiene lugar todo este “cambalache”, no aparece en el horizonte ninguna resolución que pueda ayudar de manera efectiva a que las inversiones dejen de escasear, o que el dinero –mes tras mes- deje de fugarse hacia otros mercados.

 

Haciendo una analogía, es como si toda la sociedad jugara con una perinola (1) cargada, en la cual cinco de sus seis lados posibles ejecutan la acción de pedir, dejando al lado que nunca aparece la de aportar. No hay que ser genio para darse cuenta de que no pasará mucho tiempo más para que el juego finalice porque no quedará dinero para repartir.

 

¿La población es consciente de que si se atienden a todos sus reclamos puede sobrevenir un desequilibrio económico de trascendente magnitud?

Parecería que no lo es.

Tomemos como ejemplo lo sucedido con los aumentos de las tarifas de luz y gas. Estos incrementos se produjeron en razón de que, desde la pesificación asimétrica del año 2002, la política energética de los sucesivos gobiernos peronistas tuvo un único fin: que no se encarecieran las tarifas a pesar del gran aumento de los costos de producción por causa de la maxi devaluación del peso, el recupero paulatino de los salarios, y la consecuente inflación. Para lograrlo, el Gobierno subvencionó en miles de millones de pesos a las empresas privadas, pero estos subsidios servían sólo para compensar los mayores costos operativos, no para proporcionar las ganancias indispensables para desarrollar y expandir los servicios.

Las consecuencias eran previsibles: el país pasó del autoabastecimiento y la exportación de energía y combustibles a la importación, gastando fortunas en ello. Con esta política se descapitalizó al sector y, ahora, la nación carece de inversiones para mantener su riqueza energética nacional. Cada vez que pase más tiempo sin modificar las tarifas, los aumentos, que en algún momento devendrán para que no colapsen los servicios, serán más brutales.

 

Para que quede bien claro y no haya interpretaciones equivocadas: esta situación no fue producto de un Estado ausente ni de la falta de recursos, sino todo lo contrario. Fue la consecuencia directa de sus distorsionadas intervenciones y de la dilapidación del dinero expropiado a los sectores más productivos.

Entonces, ¿qué es lo que la población argentina, en especial la porteña y la bonaerense,  pretende con el indignado reclamo por el aumento de las tarifas? ¿Que se congelen a perpetuidad? ¿Que pase a manos del Estado y que éste lo produzca a pérdida financiado con nuestros impuestos? En este caso, ¿sabe que una de las consecuencias de ello será que los pobres le pagarán a los más pudientes sus altos consumos de servicios? ¿Por qué? Porque cuando un servicio cuesta muy por debajo de sus costos, los que se encuentran en las escalas sociales más altas, lo consumen mucho más –por ser muy económico- despilfarrando recursos no renovables.

¿La población es consciente de que todo este desacople entre costos y tarifas alguien lo tiene que pagar?  

 

Hace muy poco leí, en una nota del periodista Fernando Laborda, que “lo cierto es que los argentinos somos muy afectos a participar de una fiesta y sólo a su término nos preguntamos cómo pagarla”, lo que me trajo recuerdos de una experiencia de trabajo grupal terapéutico que realicé hace más de treinta años.

Éramos un grupo de ocho personas que simulábamos una situación en la que todos debíamos hacernos cargo del futuro de la supuesta sociedad que conformábamos. A medida que nos llegaba el turno, cada uno de nosotros fue explicando de qué se iba a ocupar. Mientras lo hacían, yo me daba cuenta de que mis compañeros/as estaban eligiendo roles cuyas acciones dependían de un dinero que no poseían.  Me tocó ser el último en definir el rol que yo quería ocupar en esa hipotética circunstancia social, pero alertado por lo que estaba sucediendo dije: “Aquí hay algo que no funciona. Todos ustedes necesitan de riqueza para cumplir con sus roles, pero ¿quiénes se encargan de crearla?”.

Se miraron sorprendidos entre sí, hasta que finalmente uno de mis compañeros contestó: “Alguien”.  En ese instante intervino el coordinador del trabajo grupal para aclarar: “Sí, pero… ¿quiénes?”.

Casi todos me miraron, a lo cual yo reaccioné diciendo: “De ocho que somos, yo no puedo ser el único en hacerse cargo de crear esa riqueza. De esta manera, el dinero jamás va a alcanzar”.

 

También recuerdo que en 1989, un mes antes de que Carlos Saúl Menem asumiera la presidencia, tuve la oportunidad de estar con él y un amigo en común, en ocasión de un vuelo desde Chamical, La Rioja, a Buenos Aires realizado en un pequeño avión de la Fuerza Aérea. En esa ocasión, el ex mandatario dijo: “Yo tengo dos ventanillas: una, para los que piden; la otra, para los que ofrecen. La de los pedidos ya tiene una lista tan larga que es incontable. En la otra, no aparece nadie.”

 

Pasaron muchas cosas en el país desde ese entonces, pero tengo la sensación de que, en relación a ese concepto, todo sigue igual. Hasta suena ridículamente idealista pensar que en la Argentina podríamos tener una sociedad que adhiriera a esa noción de país parafraseando una famosa frase del presidente norteamericano John F. Kennedy: “No piensen en lo que puede hacer el país por ustedes. Piensen en lo que pueden hacer ustedes por el país”.

 

Enrico Udenio

15 de agosto de 2009

 (1) La perinola es un juego en el que se hace girar un objeto con seis caras. La mitad de ellas tiene indicaciones que obliga a los jugadores a aportar y la otra mitad, a recibir.

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LA MADRE DEL BORREGO

Agosto 5, 2009 · 47 comentarios

“En la naturaleza del hombre encontramos la competencia y la desconfianza.”  Thomas Hobbes, 1588-1679), Filósofo y pensador político inglés, de teorías naturalistas. Su libro más conocido, Leviatán (1651) es una de las obras de la historia de la humanidad a la que el mundo contemporáneo hace más referencia.

 

“El capitalismo fue herido de muerte”; “ha concluido la era del libre mercado, la globalización y la desregulación”; “la integración económica retrocede”; “el papel del estado, junto con el proteccionismo comercial y financiero, está en ascenso”; etcétera y etcétera, son sólo algunos epítetos lanzados, prematuramente, respecto del capitalismo.

Para refutar este pronóstico, los índices de algunas naciones desarrolladas evidencian que las acciones destinadas a evitar la catástrofe están siendo eficaces. Probablemente, la crisis internacional se mantenga durante un año más pero ya se prevé que luego se iniciará un ciclo de creciente desarrollo y recupero de los activos perdidos. Desde ya, habrá bajas tasas de crecimiento y mayores regulaciones ,y controles por parte de los gobiernos para evitar, en el futuro, otra “burbuja financiera”.

El liberalismo, bueno o malo, o mejor dicho aún, bueno y malo al mismo tiempo, demuestra, una vez más, que desde su nacimiento, hace ya más de 260 años, sigue siendo el que más logra adecuarse a los cambios que el mismo ser humano impone.

 

ARGENTINA: UN CASO DIFERENTE

Como ya es costumbre, la Argentina es un caso diferente. Cuando el mundo desarrollado, y en vías de desarrollo, esté dando señales de un nuevo crecimiento, nuestro país seguirá sumido en el desorden económico, social y político.

¿Cómo es posible que habiendo estado aislados de ese mundo por el default y la pesificación asimétrica, hayamos igualmente sufrido esa crisis internacional, y continuaremos sufriéndola, aunque afuera se recuperen?

 Una respuesta posible es que nuestra crisis es autónoma por excelencia. Es, fundamentalmente, producto de los deficientes movimientos políticos y económicos que realizó el matrimonio presidencial, Néstor y Cristina Kirchner, desde su asunción, en mayo de 2003, hasta la fecha.

Durante este período, el gobierno recaudó $ 200 mil millones de pesos más de lo acostumbrado. Pasó de $ 50 mil millones en 2002 a 270 mil millones en 2008.

¿A dónde fue a parar esta gigantesca suma extra que recaudó?

Porque seguimos sin tener buenos hospitales ni una buena educación. Los militares y las fuerzas policíacas siguen paupérrimas y el poder judicial está constantemente mendigando. No hay más juzgados ni más jueces ni más fiscales. A su vez, los índices de pobreza reales –y cuando digo reales me estoy refiriendo a índices comparativamente realizados con la metodología anterior a las modificaciones que impusieron los Kirchner- indican que hoy hay tanta pobreza como en el año 1999. Apenas un 1% menos. La misma situación sucede con indigentes. O quizás peor aún, ya que en la ciudad de Buenos Aires, la indigencia casi se triplicó en tres años. ¿Y la vivienda? Los datos muestran que desde el 2003, algunas villas de emergencia duplicaron su población y otras, la triplicaron.

¿A dónde fue a parar esa gigantesca suma que recaudaron los Kirchner?

¿No es que estábamos bien y que el mundo debía aprender de cómo el matrimonio gobernaba la Argentina?

 

 LA “MADRE DEL BORREGO”

Entre todos los males actuales, existe uno, que por elemental no deja de ser importante señalarlo: la carencia de inversiones.

Desde Junio del 2007, el dinero está huyendo hacia el exterior.

Si durante seis meses más continúa este drenaje de dinero, el matrimonio Kirchner deberá tomar algunas de estas medidas para evitar un nuevo default del país:

1) Buscar financiamiento externo, muy difícil de obtener si antes no se sinceran las estadísticas y no se acuerda con el FMI, el Club de París y los deudores privados que quedaron fuera del arreglo de la deuda externa. 

2) Bajar drásticamente los gastos sociales, lo cual los obligaría a enfrentar problemas sociales muy concretos e incluso, hechos de violencia.

3) Reducir o cancelar los subsidios a las empresas privadas, lo que impulsaría un rebrote inflacionario por causa del consiguiente aumento de los precios de productos y servicios básicos (ya está sucediendo).  

4)  Emitir moneda sin respaldo, lo cual, debido a la falta de confianza que se tiene en este gobierno, derivaría en una inflación descontrolada.

5) Buscar financiamiento interno, que es cada vez más caro, además de generar, como consecuencia, que los privados se queden con menos dinero para invertir, lo que profundiza la recesión.

6) Seguir consumiendo el capital y el ahorro de los argentinos, como fueron los casos de los servicios básicos a precios subsidiados desde el 2003 –lo cual ha descapitalizado a las empresas y nos ha puesto en las puertas de importar esos insumos- y la expropiación de los ahorros previsionales. En las condiciones actuales, cualquier nueva expropiación incrementaría la fuga de dinero.

7) Aumentar los impuestos, lo que, muy probablemente, generaría un levantamiento popular. El grado de presión impositiva que existe en el país es ya extremadamente elevado tomando en cuenta la precariedad de las empresas. Además, la población no entiende cómo fue posible que habiendo disfrutado de valores máximos históricos para su producción exportadora, e implementado altísimos porcentajes de impuestos aduaneros, la Argentina se encuentre en esta precaria situación.

 No hay muchas más opciones de las cuales los Kirchner puedan obtener fondos.

Salvo que vuelvan los capitales.

Es ésta la “madre del borrego”. El retorno del capital es el primer eslabón en la búsqueda de la salida de la crisis.

 

LA CONFIANZA MATA AL HOMBRE Y EMBARAZA A LA MUJER

Cuando estalló la crisis financiera inmobiliaria en los Estados Unidos, mis clientes solicitaron asesoramiento. Mi respuesta, y la de casi todos los otros especializados en comercio y economía con los que tuve la oportunidad de intercambiar opiniones, fue que: “Estados Unidos deberá emitir mucha deuda para reemplazar la desaparición de los capitales, por lo tanto, el dólar perderá valor. Se recomienda comprar euros, yenes u oro”.

Pero, cuando la crisis se extendió por el mundo…

¡Sucedió todo lo contrario!

En todos los países, la gente salió a comprar dólares.

Ningún economista en el mundo pudo explicar esto, salvo que ingresara en el mundo de la psicología. Un taxista, como suele suceder a menudo, me dio una respuesta interesante: “Yo compro dólares porque, digan lo que digan, si se cae Estados Unidos, se cae el mundo. Y este mundo no puede permitir que Estados Unidos se caiga.”

La confianza que se tenía de que, a pesar de la gran crisis, el gran país del norte no modificaría las bases fundamentales del sistema capitalista, en especial, la de la propiedad privada, salvó a los propios Estados Unidos.

 El caso argentino es el polo opuesto: la falta de confianza que existe sobre el accionar del gobierno, es lo que hace huir al capital. La creencia –para algunos, la certeza- de que para solucionar sus problemas administrativos, es capaz de hacer cualquier barbaridad, ha hecho incluso fracasar la posibilidad de ingreso de dinero fresco mediante el blanqueo de capitales más amplio y permisivo que registra la historia del país. Sólo ha sido utilizado por el narcotráfico, la corrupción estatal, los que estaban perseguidos por la justicia, y por aquellos que ya tenían previsto realizar una inversión.

 Entonces, la pregunta de rigor sería:

¿Cómo se puede lograr que, aunque sea muy de a poco, aparezca algo de confianza para que el dinero vuelva del exterior o salga del “colchón”?

¿Se podrá con este gobierno o habrá que esperar al próximo mandatario?

¿Qué medidas se necesitarían para que aparezca la confianza?

Un comentario recibido días atrás decía con muy buen criterio: “Creo que los argentinos con la hiperinflación 89-91 aprendimos el costo de la emisión monetaria ilimitada. Con la caída de la convertibilidad el costo del endeudamiento externo cual bola de nieve (…) Y la gestión actual deja algunas conclusiones: no se puede manipular la economía con confiscaciones ni asignaciones discrecionales de subsidios, precios, retenciones y concesiones. No se pueden quemar los recursos extraordinarios de la producción primaria, producto de la situación mundial transitoria, en gastos corrientes. Me parece que el desafío es no volver hacia atrás (…) ¿Hay un modelo alternativo para nuestra economía?” (Flavio Pigazzi-“La Economía que ya fue”- Ago3, 2009)  

 

Por supuesto que la hay. Algún día la Argentina logrará salir de este increíble (utilizo esta calificación porque al mundo entero le cuesta comprender nuestro constante revés) pantano en el que está aprisionado y comenzará a construir un país sobre bases sólidas. Pero, para ello, no es requisito suficiente el tener confianza.

 

CAMBIAR LAS BASES

Puedo llegar a decir que mientras el gobierno del matrimonio Kirchner utilizaba toda la maquinaria de la propaganda oficial para hacer circular en la población que su modelo contenía las ideas salvadoras que necesitaba el país, éste se hundía cada vez más.

Si tengo que pensar en una analogía en tiempo omnipresente, lo compararía con una casa. Podríamos decir que los argentinos se preocupan por arreglarla sin tomar en cuenta que está construida sobre un pantano. Cualquier cosa que se haga en ella, por bella que sea o buena intención que se tenga, no evitará que se hunda. El esfuerzo y el dinero que se necesita hacer para cambiar sus bases y, de esta manera salvarla, se destina a arreglar el techo y las ventanas para protegerse del frío o no mojarse cuando llueve… pero la casa sigue hundiéndose con techo y ventanas inclusive.

Tomando como plataforma esta analogía, recuperar el país implicaría modificar sus cimientos esto es, modificar los aspectos disfuncionales que arrastra desde sus orígenes para que pueda construirse sobre bases sólidas.

Un ejemplo de ello sería llevar a la acción el federalismo tantas veces anunciado como olvidado. Sin este acto, las provincias serán cada vez más pobres mientras que Buenos Aires agrandará cada vez más su deforme cabeza.

Otro ejemplo de cambio histórico sería enfrentar el pasado en términos holísticos, sin blancos ni negros absolutos, para que se pueda rescatar todo lo bueno que seguramente ha tenido cada etapa vivida, incluida la actual, evitando así que se continúe destruyendo todo lo que han construido los antecesores, por poco que esto haya sido.

 

Para la reconstrucción del país se requiere de la educación, y de la ayuda de los poderosos medios de comunicación masivos para que, de esta manera, se puedan modificar los elementos denigrantes de la cultura argentina, como el que simboliza la bochornosa frase del tango “Cambalache”: “el que no llora no mama”, fiel reflejo de la exaltación de la queja y del continuo reclamo al todo poderoso Estado para que éste provea siempre, de manera incondicional al igual que un gran papá, independientemente de que las acciones de sus habitantes-hijos sean adecuadas o no.

Otra idea muy argentina pero nefasta a la vez, se sintetiza en la frase del personaje de Manolito en una viñeta de la historieta de Mafalda: “Nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás”, peligrosa generalización que exalta a la pobreza y denosta al que, con su trabajo, ha logrado acumular riqueza incluyéndolo en el grupo de aquellos que  pudieran haberlo hecho con malas artes, como es el caso de la corrupción de funcionarios y sindicalistas. Una nación que denigra a sus ricos, por el sólo hecho de serlos, está severamente lesionada en su capacidad para generar un capital propio.

Para construir un país sólido hay que exigirle a su población que consuma menos de lo que produce y que defina la ideología de base que guiará y enmarcará sus acciones. Si se elige al capitalismo, también deberá ser paciente respecto del tiempo que demanden los resultados esperados, pues de nada serviría el gran esfuerzo que conlleva restaurar los suelos en los que se apoyarán los cimientos, si luego se exige que, en poco tiempo, la casa esté lista con los detalles de decoración incluidos.

No hay ningún sistema ideológico, nada ni nadie que pueda corregir en pocos años los dos siglos de deformación cultural, institucional y poblacional de la Argentina.

Una nación se transforma en poderosa sólo si sus habitantes tienen en claro que la vida de su país es infinitamente más larga a la de ellos mismos.

 

Enrico Udenio                                                   

6 de agosto de 2009

→ 47 comentariosCategorías: Actualidad · Política y economía

UNA IDEOLOGÍA PARA LA ARGENTINA

Julio 30, 2009 · 51 comentarios

 Por mi nota “Democracias y Dictaduras” recibí, en muy pocos días y hasta la fecha, más de cien comentarios. Esto me sorprendió mucho, pues no pensaba que el tema pudiera generar tanto interés.

En algunos de los comentarios se vislumbraba cierta confusión respecto de las estructuras ideológicas, tanto políticas como económicas. Esto no es de extrañar, dado que el peronismo está muy arraigado en la Argentina y su ambigüedad ideológica genera mucha confusión en la población. Recordemos que el mismo Perón lo definió como un movimiento de masas pendular entre el comunismo y el capitalismo. A diferencia de la democracia capitalista, el marxismo y el fascismo, las tres ideologías político-económicas que tienen aún vigencia teórica en nuestros tiempos, el justicialismo no se construyó como una ideología con formas estructuradas y coherentes entre si.

Mientras vivió Perón,  el peronismo se comportó como un movimiento. A su muerte, su ambigüedad ideológica lo condenó a transformarse en un impreciso partido político.

La diferencia teórica entre un partido y un movimiento es que, mientras el primero gira alrededor de una ideología, el segundo es un conjunto de voluntades hacia ciertos objetivos en común sin que tengan demasiada relevancia las ideas políticas que profesen sus integrantes.

Para agravar la confusión, este conjunto de objetivos, que fueron pergeñados hace 65 años, son los mismos que se enuncian actualmente en casi todas las plataformas políticas de los diferentes partidos. La diferencia, por lo tanto, se encuentra en los caminos con los que cada uno de ellos supone que se podrá alcanzarlos.

Justamente, para marcar el rumbo hacia esos objetivos es que existen las ideologías, entendidas estas como las construcciones teóricas, políticas y económicas sobre las que una sociedad intenta obtener un mejor desarrollo. Se trata de estructuras de pensamiento y funcionamiento que giran a través de unas pocas premisas rígidas, a las que se le suman otras variables que se van modificando según sean los avances de la tecnología, y los cambios culturales y de hábitos por parte de las sociedades.

 El reunir trozos de distintas ideologías no determina de ninguna manera la construcción de una nueva. Ésta debe cumplir pautas de profunda coherencia entre su mecanismo económico y su estructura política, unidas ambas por un respaldo jurídico inconfundible.

Para clasificar científicamente una ideología es necesario contar con una clara estructura en la que se combinan:  1) la clase social dominante;  2) su relación con los medios de producción; y 3) las leyes que la sostienen; para que, de esta manera, se pueda no sólo imponer el sistema, sino también mantenerlo con un desarrollo creciente.

 Durante la historia de la humanidad fueron sucediéndose los siguientes regímenes de trabajo en relación con el instrumento político de su dominio: la esclavitud determina la forma de producción durante la Edad Antigua; la servidumbre marca el signo del Feudalismo; el contrato libre asalariado y competitivo el del Capitalismo; el contrato compulsivo asalariado competitivo el del Fascismo y el contrato compulsivo asalariado no competitivo el del Marxismo.

El peronismo incorporó el contrato compulsivo asalariado competitivo correspondiente al Fascismo, pero, al no tener conexión con la clase dominante (el ejército, el clero, el gran capital nacional y la oligarquía terrateniente), distó de ser un fascismo. Tampoco la relación entre el trabajo y la clase dominante logró enhebrar la coherencia indispensable para establecerse como una nueva doctrina ideológica sostenible en el tiempo con estructuras con bases claras a seguir.

Esto explica con bastante acierto por qué el justicialismo, después de la muerte de su líder y creador, generó, y seguirá haciéndolo, políticas y personajes ideológicamente muy opuestos entre sí.

  Por esta razón y para ayudar a una mayor amplitud de criterio sobre el tema, detallaré algunas pautas universales que ayudarán a esclarecer un poco la cuestión.

 

EL CAPITALISMO

El capitalismo, como todo sistema socioeconómico, está constituido por una compleja trama y su correcto funcionamiento se logra a partir de los grandes esfuerzos que realiza toda la sociedad. No obstante esto, los pilares que le otorgan identidad se han mantenido inalterables a través del tiempo. Éstos son: 1) La propiedad privada. 2) El mercado libre de bienes y servicios regulados, principalmente, según las leyes de la oferta y la demanda. 3) El ahorro acumulado predispuesto para la inversión productiva, activa o pasiva.  4) El trabajo asalariado libre.  5) Las leyes que regulan y protegen al sistema.

Por supuesto, las continuas reformas en este sistema que todos los actores involucrados produjeron durante los últimos siglos, lo convirtió en un fenómeno muy diferente al del pasado. Si pudiésemos resucitar a un poblador de mediados del siglo XVIII, éste se encontraría con un capitalismo que poco tiene que ver con el que vivió en su época. Pero si profundizamos el funcionamiento del sistema en ambos períodos históricos, observaríamos que, haciendo una analogía con un edificio muy antiguo pero bien mantenido al cual, a través del tiempo se le han instalado gas, redes cloacales y ascensores, cambiado las cañerías de agua, los pisos, las ventanas, la calefacción, etcétera, pero todos estos cambios se han realizado sin modificar ni deteriorar los pilares –mencionados arriba- que sostienen el edificio. Si no fuera así, se derrumbaría. 

 Estas bases del capitalismo no emergieron espontáneamente de la imaginación de una persona, sino que fueron el resultado de un proceso colectivo que se inició, en el siglo XIV, con la circulación de mercancías y su intercambio por dinero. Esto dio lugar al comercio y a la formación de los mercados locales e internacionales. Este “pre-capitalismo o mercantilismo” maduró con la propagación de las ideas liberales a partir del siglo XVIII, en especial con el período de la Ilustración Francesa y la obra de Montesquieu, “El Espíritu de las Leyes”, cuando se instaló la base teórica del derecho a la propiedad y su necesidad de protección,  plasmada a través de las leyes y de la constitución de un Estado, iniciando, de esta manera, un proceso revolucionario que cambiaría todas las reglas de juego, político, económico, cultural y social, existentes hasta ese momento.

El pre-capitalismo mercantilista dio lugar a la transformación liberal cuando, en 1776, el economista y filósofo británico Adam Smith publicó su ensayo “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones”.  En él dio forma teórica al desarrollo, que se había producido hasta ese entonces, del capital, del comercio y de la industria de los países.

A diferencia del comunismo, el capitalismo se constituyó así como una práctica antes que como una teoría.

A partir de entonces, el marxismo, fascismo, nazismo, socialismo, nacionalismo, populismo, fundamentalismo religioso, anarquismo, fueron algunas de las numerosas experiencias que, esporádicamente, algunas sociedades aplicaron en el intento de cambiar, radicalmente o a través de reformas, todos o algunos de esos principios liberales.

 

EL AVANCE ARROLLADOR DE LA TECNOLOGÍA

En estos días ya se evidencia que para principios del 2010, finalizará en el resto del mundo la recesión generada por la gravísima crisis internacional, la mayor desde los años de la Gran Depresión.  Esto es una mala noticia para los anticapitalistas que habían pronosticado alborozados que, en esta ocasión, el capitalismo emprendía su proceso hacia su extinción. Pero, también en el pasado, una y otra vez, auguraron, equivocadamente, el colapso de este sistema económico.

Es que llevados por su odio hacia esta estructura socio-económica, se olvidan de que, más allá de sus bondades o calamidades, el capitalismo se ha caracterizado históricamente por reformarse de manera constante para adecuarse a las circunstancias y los cambios de cada época. Es su principal virtud y le ha permitido a través del paso del tiempo, sobrevivir a sus detractores y superar a todas las ideologías que le han salido al paso.

Por otra parte, el capitalismo está asociado al fenómeno de la globalización, el que, a su vez,  está vinculado intrínsecamente con la “Revolución Informática”, lo que lo hace comparable, como acontecimiento, a las revoluciones industriales del siglo XVIII y XIX.

Éstas, en su momento, también desencadenaron inmigraciones masivas, desempleos y desplome de salarios con consecuencias desastrosas y un cúmulo de acciones violentas, protestas y discusiones sobre sus ventajas y desventajas. La nueva tecnología, los rápidos transportes <ferrocarriles y buques>, el desarrollo del hierro y el acero crearon nuevos mercados e industrias al mismo tiempo que destrozaron empleos y otras fábricas. Mientras prosperaban amplios sectores de la población se empobrecían otros.

La historia nos muestra que los gobiernos, sindicatos o cualquier otra corporación nunca pudieron frenar, tanto sea el avance de la máquina sobre el hombre como el desarrollo internacional del comercio. Tampoco pudo conseguirlo Estados Unidos cuando, en gran parte de las décadas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX intentó frenar el libre comercio aplicando elevados aranceles a las importaciones porque estas destruían el “producto doméstico que representa nuestra mano de obra más calificada y mejor pagada” (William Mc Kinley, presidente de los Estados Unidos 1897-1901). El crack de 1929 fue, según muchos historiadores, la consecuencia nefasta de este intento.

 

CONFUSIÓN SOCIALISTA

También he observado en algunos de los comentarios recibidos cierta confusión sobre el ideal de una nación socialista.

Existen tres tipos de socialismos: el marxismo (sea vía socialismo o comunismo) donde no existe el capital, la renta, ni la propiedad privada productiva –dejo a la China actual de lado porque esta experiencia amerita otro tipo de profundidad en el análisis – , el fascismo (vía Capitalismo de Estado al estilo mussoliniano, hitleriano o nacional-popular), y el democrático, sea éste con mayor o menor injerencia del capitalismo liberal (1) o del mercantilismo (2).

Si dejo de lado los socialismos marxista y fascista –dos posturas que tienen muy poco arraigo en la Argentina-, una buena parte de la población tiene como modelo deseado a un socialismo al estilo de los países nórdicos europeos. Esto se debe a la gran valoración que existe sobre los importantes beneficios sociales que estas naciones han logrado conquistar y mantener.

Ahora bien, la gran mayoría de los que desearían gozar de un sistema similar para la Argentina, desconocen que el sistema económico que existe en estos países nórdicos es el capitalismo con un total respeto a sus premisas programáticas.

¿Conocen esta condición aquellos que apoyan este tipo de socialismo?

Doy un ejemplo muy simple: Si usted no llega a pagar el alquiler de su casa en Suecia, lo desalojan más rápido en este país –modelo del socialismo benefactor- que en Estados Unidos. Al muy poco tiempo de dejar de pagar, usted está fuera de la vivienda. El respeto que estos países nórdicos tienen por la propiedad privada es lógico. Ellos saben que se trata de la piedra basal del sistema económico y que, si comienzan a deteriorarla, la confianza se pierde, el dinero huye y con ello, se va también el bienestar social que han conseguido con tanto sacrificio.

El pensamiento que impera allí es sencillo, a cuanto más éxito en el funcionamiento del capitalismo, mayores serán los beneficios sociales que la población obtendrá de ello a través del cobro de los impuestos.

 

LA IMPORTANCIA DE TENER UNA IDEOLOGÍA CLARA

¡Cuántas veces escuché en la Argentina que las ideologías habían muerto! Todos los días se puede comprobar leyendo los diferentes diarios del mundo que éstas siguen teniendo plena vigencia. ¿Y por qué? La mejor respuesta que, creo, se puede conseguir es que todos los seres humanos necesitamos contar con estructuras claras que nos permitan saber qué hay que hacer hoy, y qué perspectivas tenemos para mañana.

Lo que considero de suma importancia es ser coherente con la ideología elegida, algo difícil de lograr en la Argentina.

 En este país impera una ideología del “no ser”, y esto es muy grave, ya que omite un marco de referencia clara que permita a los habitantes de la nación tener un futuro previsible en relación a las acciones futuras del Estado, más allá del gobernante de turno. Los capitales se sienten más seguros y los trabajadores sufren menos el mayor de los flagelos para ellos: la inflación.

 La indefinición ideológica del peronismo impidió su adhesión al capitalismo. Y me refiero a este sistema, no por hacer una especial defensa de él –en realidad, creo que tiene tantos defectos como los que poseen el comunismo y el fascismo-, sino porque es hoy, el único viable, o el “menos malo” –según mi visión – de las ideologías vigentes.

Probablemente, y según  lo dicho por un forista en su comentario en Los Anteojos del Tata, fue la falta de alineamiento lo que ha estancado a la Argentina en un sistema pre-capitalista (3), sin poder dar ese indispensable salto evolutivo hacia un capitalismo, como lo hicieron los países desarrollados.  

Reitero la importancia que se entienda que el crecimiento socio económico de un país puede concretarse siempre y cuando sostenga la base de una clara estructura política, económica, social y jurídica.

Y ésta la da una ideología bien conformada, sea ésta el capitalismo, el fascismo o el marxismo. Cualquiera de estas tres es válida, en cambio, no lo es la inusual mezcla de las tres que, desde hace tantas décadas, no obtiene resultados positivos para las condiciones de vida de la población argentina.

Es cuestión de decidir qué quiere ser la Argentina, y en las acciones, ser coherente con esa decisión.

 

Enrico Udenio

30 de julio de 2009

 

Apostillas de la nota

 

1)       Los liberales son partidarios de una separación entre las empresas y el Estado. La función de un gobierno será la de regular las normas de funcionamiento económico y comercial, hacerlas cumplir e influir lo menos posible en el éxito o fracaso de una empresa. En esta economía, son los consumidores los que deben determinar la tendencia del mercado y las empresas deben adaptarse a ello o deben desaparecer. Esta fue la economía capitalista que más se impuso a través de los años, aunque ya no se aplica en su estado puro. El gran riesgo del liberalismo económico es su crónica dificultad para ver las necesidades de las empresas nacionales.

2)       Los mercantilistas son partidarios de una injerencia del Estado en la economía y el comercio de un país, con el fin de fomentar exportaciones, desalentar importaciones de productos terminados, y crear fuertes monopolios comerciales que enriquezcan a las empresas y al gobierno a la vez. Esta modalidad tiene el gran riesgo que cae con mucha facilidad en un capitalismo de amigos en connivencia con la corrupción de los gobernantes y desemboca en una economía rentista para beneficios de unos pocos, en lugar de promover el crecimiento económico general.

3)       Pre-capitalismo se puede entender por tal a una forma mercantilista que promueve el control sobre la industria y el comercio con la base de que las exportaciones superen en valor a las importaciones.

  

AGREGADO A LA NOTA “UNA IDEOLOGÍA PARA LA ARGENTINA”

 

Organizar sintéticamente el arco ideológico de la política y economía de hoy pecará irremediablemente de una visión reduccionista o simplista. A sabiendas de esto, igualmente consideré relevante realizarlo para presentar una visión mínima pero esclarecedora para muchos, de los fundamentos ideológicos que rigen en la actualidad (propiedad privada, nacionalismo, internacionalismo, contrato laboral, etc.). En mi ensayo “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ed. Ugerman, 2004, lo hice tomando en cuenta diferentes bases de investigación (4):

Cuadro de diferencias

     

Política

Economía

Marxismo

Dictadura Unipartidismo (5)

Estatista sin propiedad privada de bienes

Democracia

 

Democracia Pluripartidismo

Capitalismo Individual y Liberal  con propiedad privada de bienes

Fascismo

Dictadura Unipartidismo (5)

Capitalismo de Estado con propiedad privada de bienes condicionada.

Justicialismo

Democracia Pluripartidismo

Capitalismo de Estado con propiedad privada de bienes condicionada.

 

Una razonable generalización podría definir el siguiente orden:

  • Extremas Izquierdas: Nacionalismo que no acepta la Propiedad Privada.

Suelen ser el marxismo, comunismo y partidos que propugnan diferentes estilos comunitarios.

  • Extremas Derechas: Nacionalismo que aceptan la Propiedad Privada pero condicionada a factores de decisión variada y personalista según lo determina el líder de turno.

Suelen ser el fascismo italiano, el nazismo alemán, y facciones ultra conservadoras y racistas.

  • Izquierdas Democráticas o Centroizquierdas: Internacionalismo con aceptación plena de la Propiedad Privada.

Suelen ser la socialdemocracia europea, laborismo, PSOE español, Obrero belga, y un numeroso grupo de partidos que promocionan la ecología y otras posturas que involucran al desarrollo social. En esta izquierda, hay también algunos sectores minoritarios, en especial en América Latina, que son nacionalistas con un discurso anticapitalista y que, sin cuestionar directamente el derecho a la propiedad privada, la condicionan. 

  • Derechas Democráticas o Centroderechas: Internacionalismo con aceptación plena de la Propiedad Privada.

Sus adherentes suelen ser el Conservadorismo británico, el PP Español, los partidos republicano o demócrata de los Estados Unidos, y un grupo numeroso de partidos liberales, demócratas y conservadores que hacen hincapié en el desarrollo económico como requisito previo e indispensable para poder promover el desarrollo social.

 

 

Apostillas del agregado

 

4)          La ubicación ideológica que establecen los mismos partidos respecto de sí mismos, cotejado esto con sus campañas proselitistas; B) La ubicación que les dan a estos partidos políticos los medios de comunicación; C) Sus modelos económicos, estableciendo que los extremos sean el marxismo a la izquierda, y el “capitalismo de estado”, a la derecha; D) La utilización como elementos aglutinantes a la propiedad privada y al nacionalismo.

5)      Con respecto a la cuestión “unipartidista” (la existencia de un solo partido político), hay que tomar en cuenta que tanto Mussolini como Hitler pudieron implementar una clara dictadura política en sus respectivos países porque se aseguraron el apoyo del tridente “militar + clero + el capital-empresariado  nacional”. El hecho es que Perón nunca pudo terminar de convencer a ninguno de estos grandes poderes sectoriales sobre las ventajas del peronismo, por lo que, de acuerdo a la opinión de sus detractores, su gobierno transitó sobre una cuerda que muchos historiadores señalan como una “cuasi-dictadura”, no pudiendo armar la otra pata que necesitaba para establecer una ideología fascista: la dictadura política.

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LA ECONOMÍA QUE YA FUÉ

Julio 24, 2009 · 48 comentarios

La verdadera sabiduría consiste no en ver lo que está inmediatamente ante nuestros ojos, sino en prever lo que está por venir.” Publio Terencio (194-159 a.C.) Autor romano. Fue esclavo de Terencio Lucano, que lo educó y emancipó más tarde.

 

La situación económica argentina se encuentra en estos momentos en un estado de profunda emergencia: sin ahorro interno disponible; sin capitales privados para invertir; sin confianza de que pueda haber cambios en la política económica; con rumores de probables expropiaciones; con inflación y recesión; con un incremento de la pobreza; con una menor recaudación impositiva en términos comparativos, lo que hace que el gobierno deba recurrir a actos desesperados para evitar el déficit; sin posibilidades ciertas de acceder a los mercados financieros; con un país aislado internacionalmente; y con serios conflictos internos con el campo, la industria, los servicios y el comercio.

Aún cuando muchos adjudiquen al conflicto con el campo el inicio del fracaso de este modelo, ya en el año 2004, muchos especialistas en política y economía se animaron a augurar que el país se encaminaba hacia un rumbo de segura colisión.

 

 

RUMBO DE COLISIÓN INEVITABLE

 

Cuando asumió su presidencia en el año 2003, el camino que eligió Néstor Kirchner para elevar la alicaída autoestima de los habitantes del país, devenida a partir de la gran crisis de los años 2001 y 2002, fue el de un agresivo discurso tanto contra sus antecesores como con respecto al liberalismo económico, en especial el foráneo. Con ello logró movilizar las emociones nacionalistas de la población recibiendo, a cambio, un enorme porcentaje de apoyo hacia su gestión. Las encuestas a principios del 2006, tres años después de haber asumido, mostraron que más del 70% de la población estaba de acuerdo con su gobierno y, en especial, con la pesificación asimétrica y el resultado del canje de la deuda externa. Esto indicaba que gran parte del pueblo, transgrediendo valores éticos que indican lo contrario, se hizo cómplice del pensamiento oficial de que no hay obligación de honrar los compromisos contractuales asumidos si las circunstancias o las crisis así lo justifican.

 

Al poco tiempo de asumir la presidencia, la suerte favoreció a los Kirchner, pues pudieron contar con un espectacular aumento de los valores de los productos de exportación primaria argentinos. El campo y la agroindustria fue, entonces, el poderoso motor que salvó al país al lograr una recuperación increíble y en muy poco tiempo.

Pero el gobierno siguió equivocándose en su comportamiento con los agentes económicos y financieros nacionales e internacionales, y no sólo no pudo corregir el mal rumbo que tenía el país, sino que, además, produjo el agotamiento de los activos existentes –importaremos insumos primarios y energía cuando, pocos años atrás, los exportábamos- y el despilfarro de dinero más gigantesco que conozca la historia argentina.

 

Entre los años 2003 y 2008, con el fin de evitar que las consecuencias de la devaluación y la inflación se trasladaran a los precios, el gobierno, en subsidios y exenciones impositivas, transfirió a las empresas privadas casi 70 mil millones de dólares. En esta suma, no se incluyen los subsidios a la asistencia social, como los planes de jefas y jefes de hogar, desempleo, discapacitados, programas de capacitación profesional, etc.

Para ayudar a evaluar la magnitud de este monto, basta conocer que el gobierno nacional, en igual período de tiempo, destinó a toda la asistencia social, salud, educación, agua, vivienda, ciencia, cultura, tecnología y urbanidad, la suma de casi 65 mil millones de dólares.

 

Es decir que el país gastó mucho más en subsidios y exenciones impositivas a las empresas privadas que en todos los sectores mencionados arriba, tan esenciales para el bienestar y el progreso de la población.

Dicho de otra manera, la población disfrutó –en especial fueron los más ricos y pudientes de la sociedad los que sacaron mayor provecho de ello- de las tarifas más bajas en agua, gas, luz, naftas, gasoil, subterráneos (según la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, si no se lo subsidiarían, el viaje costaría $ 2,50 en lugar de los actuales $ 1,10), aviones, trenes, colectivos, ómnibus, acero, aluminio, etcétera, etcétera, y renunció con ello, a tener escuela de doble jornada con almuerzos y una asignación mensual por hijo de dos mil pesos, a duplicar el servicio actual de hospitales o a aumentar en un 40% los presupuestos de cada uno de estos sectores.  El director del Centro de Estudios de Gobierno, Empresa, Sociedad y Economía de la Universidad Austral, Juan Llach, proyectó estas cifras y dijo que “si se hubieran aplicado a estos sectores tan relevantes de la sociedad, se habrían dado pasos gigantescos para reducir la desnutrición, la indigencia y la pobreza, para mejorar verdaderamente la distribución del ingreso y para lograr un desarrollo integral a futuro.”  

 

 

LA PESIFICACIÓN ASIMÉTRICA, EL PRIMER GRAN ERROR    

“El dinero es una nueva forma de esclavitud, y se diferencia de la antigua forma simplemente por el hecho de que es impersonal, que no hay una relación humana entre el amo y el esclavo.” Leo N. Tolstoi (1828-1910) Escritor y reformador ruso. Una de las grandes figuras de la novelística mundial.

 

A principios del 2004, en mi primer ensayo, “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, decía lo siguiente:

Por supuesto, la carencia del ahorro nacional obstaculiza la posibilidad de un crecimiento. Esta es la situación que probablemente tendrá lugar en la Argentina durante la próxima década. Esto sucederá, principalmente, debido a la ley de pesificación asimétrica (…) esta ley quebró (…) al ahorro interno y la creación de un enorme flujo de capitales nacionales.” (…) “El claro perjuicio que tuvo el ahorrista y las enormes ventajas que obtuvo el deudor implantaron una actitud injusta y agresiva hacia el capital, imposible de reparar ni siquiera en el mediano plazo. Aunque me preocupa pensar en el tiempo que deberá pasar para licuar el daño producido, me obsesiona mucho más descubrir con qué invento económico se intentará desarrollar al país en los próximos e inmediatos años.” (…)

 

(…) “Sin ahorro invertido no hay capital y sin capital no hay capitalismo.” (…)A pesar de las advertencias y alertas que enviaban las empresas de servicios, se les negó, sistemáticamente, la posibilidad de aumentar los precios de los servicios que otorgaban para corregir las diferencias de costos producidas por la pesificación asimétrica.” (…) “Las consecuencias de estas actitudes (…) serán seguramente dañinas para el futuro del país, ya que en algún momento no alcanzarán los subsidios y las tarifas estallarán ante la hipócrita sorpresa de la población, que no quieren conocer ni interiorizarse por las consecuencias que tendrá esta política en la generación de energía con tal de pagar tarifas a valores por debajo de los costos de producción” (…)

 

(…) “En una nación capitalista, el intento de hacer valer las necesidades sociales a costa de destruir las bases fundamentales de su sistema económico es lo mismo que pretender que un carro ande con el caballo detrás, pues es justamente el respeto a esas premisas lo que permitirá albergar la esperanza de satisfacer esas necesidades.” (…) “En un país con la extensa experiencia en devaluaciones que tiene el nuestro, argumentar que la pesificación asimétrica <era la única salida posible> es francamente ofensivo hacia el intelecto humano”.

 

(…) “Quizás, en el fondo, lo que sucede en realidad es que la Argentina es una nación que desconoce el funcionamiento del capitalismo y esto trae aparejado pensamientos y decisiones erróneas para el correcto funcionamiento de este sistema.” (…) “Esta reiterada actitud probablemente determinará que las inversiones, tanto las locales como las del exterior, no solo no aparezcan, sino que huyan espantadas. Para el empresario o el ahorrista, la decisión final de invertir capitales no se ve influida sólo por la ganancia a obtener, o por la tendencia más o menos “progresista” o más o menos “conservadora” que tenga un gobierno, sino que estará determinará por la mayor o menor perspectiva de un futuro previsible.” (…) “las consecuentes modificaciones a las “reglas de juego”; la referencia continua a los empresarios como “ladrones” o “enemigos públicos”;(…)  las recurrentes devaluaciones y la atipicidad de la política argentina y de su economía, son realidades insoslayables que hacen desaparecer la previsibilidad y con ella, al dinero. Y, sin dinero, no existe otro futuro posible para el país que su involución.  

 

 

EL CANJE DE LA DEUDA: EL SEGUNDO GRAN ERROR

“La venganza es como una piedra que rueda, la cual cuando un hombre la ha forzado a subir por una colina, se volverá contra él con mayor violencia” Jeremy Taylor (1613-1667) Escritor y obispo anglicano

 

A finales del 2007, escribí en mi segundo ensayo, “La Hipocresía Argentina”, lo siguiente:

Funcionarios, medios de comunicación (…) se encargaron de transmitir a la población que el canje de la deuda externa fue muy exitoso y que, de allí en más, <el país, sólo puede crecer>.  Néstor Kirchner, popularizó, también, la fantasía de que no se pagarían los miles de millones de dólares que pertenecen a los que no aceptaron la propuesta argentina, ya que las resoluciones judiciales terminarían siendo favorables al país y, en el caso de que no lo fueran, igualmente los acreedores no podrían hacer efectivo el cobro mientras él estuviera en el gobierno. Esta decisión obliga a que, año tras año, el Congreso argentino prorrogue el estado de <emergencia económica> del país pues, de otra manera, no podría evitar los juicios internacionales por causa de esa deuda impaga. Como contrapartida, enfatizaba que se pagarían los nuevos bonos utilizados para el canje de la deuda (actualizados por los índices de inflación)…” (…) “Esto mostraba un alto nivel de voluntarismo y pensamiento mágico en un país como la Argentina que posee antecedentes históricos de trasgresión sistemática a las reglas establecidas.” (…) “Recientemente el gobierno intervino el organismo de medición (INDEC) para que los índices de inflación muestren porcentajes menores a los reales. Esto significa, muy claramente, que la nación, nuevamente, ejecutará una estafa a los propietarios de los bonos que se indexan con los índices inflacionarios.”

 

(…) “Después del default se difundió la idea poco probable de que pronto volverían los créditos y las inversiones. Seguir obteniendo ayuda de aquellos a los que dañamos quitándoles un dinero que les pertenece sin que medie negociación de partes, dependerá, finalmente, de la magnitud de esa quita y de la forma en la que se la consiga. El caso argentino mostró un recorte descomunal y una manera hostil en la forma de obtenerlo. Haber informado al acreedor que no se le va a pagar entre aplausos y vítores, además de insultarlo reiteradamente calificándolo como idiota útil, explotador, usurero o ladrón, no es el mejor camino a seguir cuando probablemente en poco tiempo más, se deba recurrir nuevamente a él.”

“A su vez y según las encuestas realizadas en esos momentos, una gran mayoría de la población argentina apoyó la decisión de <no pagar> incrementando, de esta manera, la sensación del riesgo que significaba invertir en la Argentina. A través de los medios de comunicación internacionales, el mundo observaba, con estupor, que la declaración de cesación de pago, la más grande de la historia mundial en términos de volumen de deuda, no era únicamente producto de equivocadas acciones realizadas por gobernantes incapaces e irresponsables sino que, además, contaba con la aprobación de un pueblo que, con esa acción, hacía evidente su carencia de ética ante los compromisos y contratos contraídos. Se reafirmaba así, la reiterada postura de la población y de sus gobernantes a transgredir sistemáticamente las leyes y la Constitución de su país.”

 

(…) “Con una legión de acreedores damnificados viviendo con un nivel de alto estrés y resentimiento, y con las organizaciones de crédito internacional acusadas sistemáticamente de destruir al país, ¿de dónde y de quiénes la Argentina podrá obtener los créditos necesarios para financiar el sostenido desarrollo que el país necesitará en el futuro?”

 

 

LOS GOLPES DE GRACIA A LA ECONOMÍA

 

En el 2007, la adulteración de los índices del INDEC agravó el problema de la distorsión de las estadísticas iniciadas años atrás, cuando se incorporó a los beneficiarios de los planes de jefas y jefes en el sector de “trabajadores”, con el fin de bajar ficticiamente el índice de desocupados.

No olvidemos que es esencial para una empresa calcular sus posibilidades de mercado, su evolución, sus riesgos, beneficios probables, amortización del capital, situación social, inflación, etcétera. Lo hacen a través de las estadísticas que aporta el gobierno. Los gobiernos saben que es muy peligroso intervenir en esos índices porque, si lo hacen, pueden dañar seriamente las perspectivas de inversión. Sin estadísticas confiables, los inversionistas desconfían. Esto sucedió en la Argentina y parece que no tendrá posibilidades de solución con el gobierno del matrimonio Kirchner.

 

En abril de 2008, el campo, cansado de ser el único tractor de la economía del país, entró en conflicto con el gobierno, el que, por impericia o incapacidad política, no logró evitar el choque de intereses. A partir de allí, se inició un fuerte egreso de capitales que llega a nuestros días. Ya se fueron del país más de 43 mil millones de dólares y no hay vista de que se pueda frenar este impresionante drenaje de dinero.

 

Finalmente, los definitivos “golpes de gracia” vinieron con dos medidas en el mismo año 2008: 1) La implementación de un blanqueo de dinero tan amplio que permite la oficialización de los fondos de la corrupción, el narcotráfico y de aquellos que estaban ya perseguidos por la justicia económica; y 2) La estatización de los fondos jubilatorios privados.

 

Ambas decisiones evidenciaron la desesperación del gobierno nacional por hacerse de efectivo. En el caso de las AFJP, el gobierno nacional expropió estos fondos a pesar de que apenas un año atrás, el 80% de los aportantes habían votado por permanecer en el sistema privado. Este desconocimiento de la voluntad de los involucrados directamente con esos fondos, abrió la “caja de pandora”: el pánico del ahorrista al sospechar que el gobierno podría no tener límites en su desesperación por hacerse de fondos frescos. Se intensificó, entonces, la huída de capitales y, definitivamente, se archivaron los pocos proyectos de inversión privada que había y fracasó la recaudación extraordinaria que se había previsto con el blanqueo. Los ahorristas que no tienen juicios pendientes, o no están vinculados con la corrupción y el narcotráfico, no quieren saber nada con oficializar su dinero con este gobierno. 

 

En el capitalismo, el motor de su economía son las inversiones privadas. Sin ellas, el sistema languidece y su mal funcionamiento lleva a un país a una crisis socio-económica inevitable, porque el Estado no puede reemplazar su función, so pena de caer en un funcionamiento fascista.

El matrimonio Kirchner se encuentra incapacitado, intelectual y emocionalmente, de ejecutar las modificaciones estructurales que la Argentina necesita, de manera imprescindible, para corregir el mal rumbo.

A pesar de ello, la población argentina ha demostrado en el pasado que cuenta con los recursos humanos que se necesita para afrontar tiempos difíciles y para iniciar nuevas etapas en el camino del desarrollo social y económico de la nación. Seguramente volverá la confianza de la gente en las instituciones democráticas y republicanas del país y, muy lentamente, retornarán las inversiones y el ahorro nacional.  

Mientras tanto, esperemos y deseemos que los Kirchner, y su grupo de acólitos, cumplan lo que resta de su mandato haciendo el menor daño posible a nuestra economía.

 

Enrico Udenio

23 de julio de 2009

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G14: LA ARGENTINA PERDIDA

Julio 17, 2009 · 70 comentarios

“A medida que la ramita se tuerce, el árbol se inclina”. Publio Virgilio Marón (70-19 A.C.) Poeta romano. Filósofo retórico.

 

La ausencia de la Argentina en la constitución del G14, un grupo que nucléa a las catorce naciones más poderosas e importantes del mundo, incluidas Brasil y México, causa una desazón muy grande, sobre todo si comparamos lo que era la Argentina en el pasado con la que es hoy.

Durante la reunión del G20 acaecida un mes atrás, el país ya había recibido críticas por parte del periodismo internacional especializado, que consideró sin sentido a la participación argentina debido a su mala, inviable y no sustentable economía y a que su política se encontraba aislada del mundo.

Dejaron así en descubierto la mentira instrumentada por el gobierno del matrimonio Kirchner con su “modelo de desarrollo nacional y popular”. No sólo no hubo desarrollo –las cifras reales nunca superaron a las de los años anteriores a la debacle del 2002- , sino que, tampoco fue nacional – pues dependió del dinero del petróleo venezolano y del gas boliviano- ni popular – ya que los índices reales de desocupación, pobreza e indigencia son muy altos y cercanos a los del año 2000.  Y en lo que respecta a su inserción internacional, ha caído en profundo pozo en el que sólo le quedan pocos amigos en el mundo: Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y… y cuesta encontrar muchos más.

 

¡Qué tristeza de país! ¡Cuánta involución!

En estos días observé que muy pocos de mis amigos, compañeros y conocidos, habían tomado nota de este fuerte impacto a nuestro orgullo nacional que significó la ausencia de nuestra nación en el G14. Casi todos ellos están preocupados por la actual crisis política y económica que vive el país. Ya asumimos como normal el hecho de que nos dejen de lado o que nos excluyan, aunque veamos que otras naciones latinoamericanas, mucho más pobres que nosotros setenta años antes, formen hoy parte de la elite de países que influenciarán, en el futuro, la economía y las sociedades del mundo.

¿Algún día podremos darnos cuenta y hacer las cosas como las han hecho las demás naciones desarrolladas o seguiremos inventando caminos atípicos?

Estoy convencido de que algún día los argentinos reaccionarán. La cuestión es no seguir perdiendo tiempo, pues éste no se recupera con facilidad.

Quizás ayude el recordar un poco de la historia, para que no olvidemos lo que la Argentina supo conseguir en un momento de su corta vida.

 

LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

 

En 1937, Argentina ocupaba el octavo lugar entre los países más desarrollados. Su PBI per cápita era dos veces y media superior al de México, tres y medio más que Chile y casi quintuplicaba el de Brasil. Y si lo comparamos con Europa, era superior a la mayoría de los países de ese continente. La pujante Italia de Mussolini tenía sólo la mitad del nuestro. Y si la comparación la hacemos nada menos que con el imperio japonés, a sólo cinco años que éste atacara Pearl Harbor, el PBI per cápita de la Argentina era superior en casi tres veces más.

 

En cambio, el año 2007 nos encuentra con un PBI per cápita apenas 20% superior a Brasil, mientras que México y Chile ya nos superaron. A su vez, Japón, España e Italia triplicaron el nuestro, y salvo Rumania, Bulgaria, Albania y los Balcanes, todas las naciones europeas superaron en mucho a la Argentina.

Recordemos que en 1941, Torcuato Di Tella realizó una interesante investigación que fue publicada en la Revista de Economía Argentina. En ella indicaba que, en esos años, un obrero argentino podía comprar un traje de trabajo con diez horas de su tiempo laboral., mientras que un alemán requería 20 horas, un italiano 32 horas, y un español, 41 horas.

Ya por aquel entonces, la Segunda Guerra Mundial le proporcionaba al país importantes ingresos por sus exportaciones de alimentos a las naciones europeas en guerra, pero al mismo tiempo, fue la bisagra más evidente hacia la profundización de la caída del país. 

 

Es un hecho bien conocido que los gobernantes militares argentinos simpatizaban con la causa nazi. Fue la única nación latinoamericana que no se incorporó o apoyó a los aliados (recién al final, la Argentina adhirió a la causa democrática y le declaró la guerra a Alemania), por lo que el Gobierno militar que ostentaba el poder en aquel momento, tuvo que enfrentarse a una dura oposición internacional e interna. En ese gobierno ocupaba un lugar muy destacado el coronel Juan Domingo Perón, quien sería ungido presidente en 1946. Con él llegó Eva Duarte de Perón, quien luego se convirtió en un mito, y un gobierno de sesgo netamente populista con algunas características similares al fascismo italiano.

A partir de 1949, se produjo una interminable cadena de importantes crisis económicas y políticas que llegan todavía a nuestros días.

 

LA SEGUNDA PARTE DEL SIGLO XX

 

En general, la primera mitad del siglo XX en la Argentina fue una época en la cual el nacionalismo defendió la idea de que los servicios y las principales riquezas de la nación debían estar en manos del Estado. Fue también una etapa que careció de una fuerte clase dirigente pues, históricamente, este rol lo había ocupado la clase dominante de la burguesía terrateniente agro-exportadora.

A su vez, el ejército, con una clara inclinación hacia el nacionalismo del tipo fascista y un fuerte rechazo a las ideas liberales, ocupó paulatinamente el poder.

La Segunda Guerra Mundial produjo el definitivo divorcio entre el ejército y los conservadores pues, mientras estos últimos abogaban por la adhesión a los aliados, las fuerzas militares simpatizaban más con las fuerzas fascistas alemanas e italianas.

Cuando la vieja clase dirigente, conservadora y dominante, se opuso al ascenso del entonces coronel Juan Domingo Perón, el ejército tomó finalmente la decisión de apoyar a este militar, cuyo triunfo en la elección de 1945, no sólo rompió en forma definitiva el dominio de los conservadores, sino que terminó con la posibilidad de que éstos tuvieran la fuerte representación política que la nación, como todas las naciones capitalistas del mundo, necesitaba.

Los militares, con Perón a la cabeza, estaban convencidos de que los fascistas ganarían la guerra, pero en cambio, fueron los aliados los vencedores del conflicto mundial. La Argentina, por su actitud de no apoyarlos durante la guerra, soportó sanciones comerciales y financieras.

 

El especialista en política internacional, Dr. Carlos Escudé, en su libro “Gran Bretaña, Estados Unidos y la declinación argentina, 1942-1949”, afirma que este boicot perjudicó enormemente al país ya que no se pudieron importar los insumos necesarios para su desarrollo industrial mientras que Brasil y México –que habían intervenido en la guerra con los aliados- comenzaron a recibir facilidades y prioridades en el intercambio económico y comercial.

Documentos norteamericanos desclasificados aseveran que ya en 1945, Estados Unidos decidió potenciar a Brasil como el futuro líder de Sudamérica y relegar a la Argentina por ser ésta una nación no confiable para el mundo democrático occidental. En los documentos publicados por el Departamento de Estado de los EEUU, se lee que el envío de bienes de capital a la Argentina debía mantenerse en los mínimos posibles para dificultar el desarrollo de la industria pesada en nuestro país, y así poder evitar que Perón impulsara en la región una política expansiva del “post fascismo”. Escudé también afirma que el presidente Franklin Roosevelt, en un memorándum dijo: “(…) deberíamos proceder duramente con la Argentina. Al mismo tiempo, creo que es esencial que nos movamos inmediatamente para fortalecer a Brasil”.

 

Algunos analistas argumentan que esas sanciones no fueron sólo por la adhesión argentina al fascismo sino que se debió, especialmente, a que EEUU competía en el mundo con los productos agropecuarios argentinos. Esta idea no es correcta ya que, en aquel entonces, los productos australianos y canadienses ofrecían tanta o más competencia –por su posición geográfica- que los argentinos, y nunca hubo interferencias o intento de perjudicar con sanciones a Australia o Canadá.

Es un hecho registrado históricamente que la posición pseudo-neutral de los argentinos ante la guerra mundial y la preferencia peronista por el fascismo, perjudicó en mucho al país, y lo dejó fuera del formidable crecimiento económico que se produciría en el mundo democrático occidental durante los siguientes treinta años. Brasil emergería como la potencia regional por ser una nación más confiable y obtuvo provecho del más grande desarrollo económico mundial de la historia gracias a la notable expansión del comercio internacional.

 

Mientras tanto, Argentina se estancaba, abroquelada en el aislacionismo y en el nacionalismo proveniente de ideas originarias en la primera mitad del siglo.

Continuas luchas internas desencadenaron golpes de estado, persecuciones, asesinatos y masacres; una feroz guerrilla mesiánica; dictaduras militares; un movimiento peronista convertido en una “bolsa de gatos” que un día caminaba hacia la derecha y otro hacia la izquierda; un sindicalismo fascista en su origen y en su funcionamiento; una oposición inútil y no muy diferente al peronismo; una enorme corrupción, salvo muy contadas excepciones, anidada en la misma cima del poder –el matrimonio Kirchner es un fiel ejemplo de que esta depredación económica se mantiene en el presente viendo el inaudito crecimiento de su patrimonio; derechas reaccionarias e izquierdas infantiles mesiánicas; una justicia siempre dependiente del poder ejecutivo; un poder legislativo ausente la mayor parte del tiempo; devaluaciones monetarias escandalosas, impuestos provisorios que siempre se eternizan, y economías erráticas en las que, por un lado, los nacionales amigos del poder sacaban enormes provecho de ello, mientras que, por otro lado, condicionaban a las inversiones en el país a dar rápidos resultados positivos porque los continuos cambios de las “reglas del juego” hacían incierto el futuro.

Algunos más directos, y menos moderados que yo, dirían que la Argentina sufrió dos estragos durante más de setenta años: 1) gobiernos manejados por corruptos incapaces, y 2) la presencia de un pueblo al que nunca le interesó demasiado cumplir con las reglas de la democracia, ni acatar las instituciones republicanas, ni expandir la población y la riqueza por todo su territorio.

 

EL TIEMPO PERDIDO

 

Así como la vida personal no perdona la persistencia del hombre en su elección de los caminos equivocados, tampoco la geopolítica mundial perdonó los desastres políticos y económicos en los que obstinada e insistentemente incurrió la Argentina. El mundo real le pasó la factura y se la cobró, aunque tengo fundamentos para dudar sobre la capacidad, de un amplio sector de la población argentina, de tomar conciencia de la propia responsabilidad implicada en todos estos años malogrados.

Es recurrente la tendencia a negar la realidad, del mismo modo que lo es la de transformar una derrota en casi una victoria, o la de minimizar las consecuencias del daño ocasionado por tantos años perdidos en su desarrollo.

A mi parecer, este tiempo perdido es tiempo muy difícil de recuperar.

 

Para que el lector tenga una idea más justa de lo que significa el precio que pagamos por nuestra incompetencia para crecer económicamente, haré referencia a algunos datos verdaderamente llamativos: en 1947 el habitante promedio de la Argentina tenía un ingreso a moneda constante equivalente a la mitad del promedio por persona en los Estados Unidos. Los datos proyectados por el Banco Mundial en la actualidad determinan que, para que nuestro país vuelva a conquistar esa misma relación deberán pasar cuarenta años, siempre y cuando la Argentina emprendiera desde este año, 2009, un crecimiento sostenido superior al 6% anual de su PBI y Estados Unidos no creciera más del 1% anual.

Si se lograra este desarrollo, hecho que sería maravilloso y milagroso al mismo tiempo, recién en el año 2.044 nos encontraríamos, con relación a la primera potencia del mundo, en las mismas condiciones económicas que teníamos en el año 1947. Literalmente perdimos noventa y siete años del desarrollo de nuestro país (desde 1947 al 2044).

Si esta relación la hacemos sobre la posibilidad de igualar el ingreso promedio del habitante norteamericano, la proyección es más lamentable aún. Para igualar el estándar de vida entre norteamericanos y argentinos deberían transcurrir más de doscientos treinta años cuando, en 1947, esa misma posibilidad podría haberse concretado en setenta y dos, esto es, que dentro de apenas quince años podríamos haber tenido el mismo estándar de vida que el pueblo de los Estados Unidos.

 

Así de simple el cálculo pero también así de compleja la situación cultural para que nuestra carrera involutiva pueda frenarse con facilidad.

No es una novedad afirmar que si utilizamos como símbolo de la edificación del desarrollo integral de una sociedad, a la construcción de una escalera en un edificio, la Argentina estaría continuamente armando el tramo que conduce hasta el primer piso, una y otra vez, pues cada gobierno que llega al poder se encarga de destruir lo construido en el pasado.

 

COMENZAR HOY MISMO

“Incluso los hombres débiles son poderosos cuando se unen”.  Friedrich Von Schiller (1759-1805), el mayor dramaturgo de la literatura alemana, poeta y filósofo.

 

Pero la esperanza es un motor muy importante para producir los cambios que el país necesita. No es necesario dar vuelta el vaso en forma drástica. Podemos comenzar cambiando criterios para transformar la crónica confrontación ideológica que sufrimos y animarnos a aceptar como natural las alternancias que se dan en el poder.

Debemos concientizar que este país necesita de la derecha, del centro y de la izquierda; de los liberales, conservadores, socialistas, peronistas y marxistas; de los empresarios y empleados; patrones y obreros.

El bien y el mal forman parte de una misma moneda. Todos tenemos el mismo objetivo: trabajo, vivienda, justicia para todos, paz y momentos de felicidad. Las diferencias se encuentran en los caminos que se quieran elegir para llegar a ese ideal.

 

Hace muy pocos días recordé una frase que me dijo treinta años atrás un argentino –ya fallecido- que vivía en Panamá: “Enrico, patria no es el lugar donde uno ha nacido. Patria es el lugar donde uno puede vivir con dignidad”.  Pero la dignidad no se encuentra en el dinero, por importante que éste sea para el desarrollo socio económico de una persona, sino en el respeto por el otro diferente. Y esto se conquista con educación.

No olvidemos que el fracaso de una nación es el fracaso de su pueblo, porque una nación es su pueblo. Por lo tanto, para que un país cambie, deberán ser sus habitantes los que cambien.  

Podemos recuperar el tiempo perdido, pero no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.

  Enrico Udenio

17 de julio 2009 

 

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DICTADURAS Y DEMOCRACIAS

Julio 8, 2009 · 158 comentarios

“La democracia es un asco (firmado: El Pueblo Armado)”.  Grafitis en la zona de Congreso, Buenos Aires

 

El aún no resuelto conflicto de Honduras ha llevado a la luz a uno de los más serios problemas que enfrenta la OEA (Organización de Estados Americanos). A pesar de que el presidente hondureño depuesto, Manuel Zelaya, logró el apoyo de esta organización para que aleje a Honduras de su seno, los nuevos poderes de este país no se han inmutado por ello. Al contrario, comenzaron a escucharse voces de diferentes dirigentes e intelectuales de toda América cuestionando la decisión de la OEA y tildándola de hipócrita.

 

Razones no les faltan ya que, durante los últimos años, el presidente venezolano Hugo Chávez  ha perseguido a los medios de comunicación que luchan por preservar la libertad de prensa y la OEA no dijo nunca una sola palabra acerca de ello. También enmudeció cuando el mismo Chávez generó un golpe de estado caraqueño contra el alcalde Antonio Ledesma, al crear ilegalmente el cargo de Jefe de Gobierno de Caracas con rango jerárquico superior a Ledesma. Éste, incluso, perdió el manejo del presupuesto y sus oficinas. En ese momento no importó que Ledesma fuera un gobernante elegido por el pueblo y que, según la Carta Democrática Interamericana de 2001 que promueve la democracia en la región, los países miembros estuvieran obligados a defenderlo. Tampoco dijo nada sobre la génesis del conflicto hondureño: la decisión del mismo Zelaya de ignorar las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia de Honduras y del Congreso, que lo obligaban a renunciar a su intento de reelección presidencial.

 

Durante los últimos años, circunstancias similares, arraigadas en el abuso de autoridad de los presidentes, se han cometido en muchos países de la América Latina, pero la OEA nunca emitió opinión al respecto.

Lo que sucede es que, en realidad, la eficacia ejecutiva de esta Organización supra nacional, así como está planteada, es inviable si no soluciona la incoherencia que existe en la estructura ideológica de las naciones que la componen.

 

EL PROBLEMA DE FONDO

“La Ley es como la veleta de un viejo campanario, que varía según sopla el viento”.  Leo Nicolaievich Tolstoi (1828-1910). Escritor y reformador ruso. Una de las grandes figuras de la novelística mundial.

 

En el año 2001 las naciones que la componen llegaron a un acuerdo y lo plasmaron en una Carta Democrática. En ella se comprometen a defender las estructuras democráticas en el continente. Es imposible que la OEA pueda hacerlo y la causa de este impedimento radica en que algunas de sus naciones miembros entienden a la democracia de una manera muy bizarra.

El ejemplo más claro y sencillo para explicar esto es la situación de Cuba. ¿Cómo se entiende la apertura para que este país se incorpore a la organización interamericana si existe esa Carta Democrática del año 2001?

La respuesta para que podamos entender este fenómeno la da, de manera insólita, Fernando Solanas, el director de cine argentino, y político nacionalista, que cosechó un importante volumen de votos en la última elección de la Ciudad de Buenos Aires.

En oportunidad de una reciente visita a Venezuela y Cuba, Solanas afirmó que estos dos países gozaban de una plena democracia. Fue sorprendente escuchar esa definición que rebate lo postulado por el mismo inventor del comunismo (es el sistema que rige en Cuba hacia el cual, aparentemente, se dirige Venezuela), Karl Marx, explicitó claramente que su funcionamiento se puede realizar únicamente a través de una dictadura, la del proletariado.

Así como Solanas trató de disfrazar una dictadura de democracia, la OEA acciona de manera hipócrita al invitar a Cuba para que se reincorpore, sin dar importancia a que el sistema que rige en ese país se dé de bruces con el compromiso asumido en defensa de la democracia.

 

Con esta actitud, la Organización de Estados Americanos establece de hecho una posición de prescindencia respecto de las políticas ideológicas de sus países miembros.

La postura de prescindencia ideológica no está per se, ni mal ni bien. Es tan válida como la de comprometerse con una ideología determinada. Lo que está mal, por su notable incoherencia, es que por un lado adhiera al sistema político democrático y republicano (elecciones dentro de un marco de pluripartidismo y respeto por la independencia de poderes dentro de una nación) y por el otro, acepte sistemas totalmente opuestos. Aplaude cuando algunos de los presidentes latinoamericanos se resguardan en la democracia cuando las circunstancias políticas están a su favor, pero se hace el distraído cuando los mismos funcionarios violan sus preceptos porque éstos se interponen y dificultan sus proyectos personales como gobernantes.

 

Por lo tanto, es imposible, desde una organización continental, que puedan congeniarse políticas democráticas abarcadoras cuando algunas de sus naciones miembros no lo son.

 

Por ejemplo, la Unión Europea tiene una coherencia ideológica democrática y republicana, y es justamente ésta característica uno de los principales motivos que están impidiendo la incorporación de Turquía a esa supra organización.

Situación similar se da en la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN). Sería imposible imaginar un acuerdo de defensa democrática si incluyeran a la dictadura comunista que gobierna Corea del Norte.

Sin tanto análisis, nuestros abuelos afirmarían: no se pueden mezclar el agua con el aceite.

 

Como premisa en mi vida, considero que los golpes de estado, civiles o militares, de derechas o de izquierdas, nunca son una solución para los problemas que pueda tener un país. Es extremadamente penoso que una Corte Suprema de Justicia o un Congreso recurran a las Fuerzas Armadas para evitar los abusos del Poder Ejecutivo, pero no olvidemos que, de los tres poderes que tiene una nación, el Ejecutivo es el único que tiene fuerza de fuego propia (las policías). Tanto el Legislativo como el Judicial, carecen de ellas. Esto, y lo aclaro expresamente, no los exculpa de no haber intentado otras formas de corregir la ilegal acción del ex presidente Zelaya, como pudo haber sido un juicio político previo al reemplazo presidencial.

Creo siempre que la buena política debe ser negociación continua y aceptación de la alternancia en el poder, y que la eficacia de funcionamiento de la OEA y su incidencia en el futuro democrático del continente dependerán de la coherencia y congruencia con que sus dichos y reglamentos se relacionen con los hechos en sí mismos.

 

LA EVALUACIÓN DE LA INCOHERENCIA

“Ninon de Lenclos, la célebre cortesana francesa, tenía relaciones con el conde de Choiseul, pero de quien estaba enamorada era de un actor y bailarín llamado Pecaurt. Un día se encontraron los dos y, como Pecaurt llevaba un traje que parecía un uniforme, el conde le preguntó: -¿En qué cuerpo servís?-

-Mando en un cuerpo en el que usted, mi señor conde, sirve hace tiempo.”

Anécdota extraída del libro Historia de la Historia (Círculo, 1984), de Carlos Fisas

 

Es costumbre tratar a la incoherencia como un mal menor, este es un grave error de evaluación. Cualquier proceso incoherente en la vida, implica una ruptura de relación entre las propias partes. Si decidiéramos accionar nuestro cuerpo hacia un objetivo, cualquiera sea éste, necesitamos mantener una unidad de los elementos que lo componen. Imaginemos qué nos pasaría si al salir a la calle, nuestro lado derecho quiere caminar hacia la derecha y el izquierdo hacia la izquierda, todo esto al tiempo que nuestro cerebro envía la orden de caminar hacia adelante. Nos paralizaríamos o, en el mejor de los casos, por más voluntad que pongamos en la obra, lograríamos caminar hacia uno de los tres lados con una marcada dificultad emergente de la tensión que las direcciones no atendidas provocarían. Seguramente iríamos con rapidez al médico seguros de tener alguna grave enfermedad. Entonces, ¿qué nos hace suponer que una sociedad incoherente, o un gobierno incoherente, o una organización supra nacional con esta característica, pueda tener efectos diferentes de los que experimentaríamos individualmente?

¿Desde qué lugar podemos minimizar las consecuencias de ello en temas como la ideología de una nación o de un continente, o las acciones de un gobierno, cuando, si nos llegara a pasar en forma personal no hay dudas de que cada uno de nosotros entraría en pánico, pensando en las terribles consecuencias que podríamos sufrir ante el descontrol de nuestro cuerpo y la sensación de que se desconecta de nuestra mente?

De la misma manera que sucede esto en la persona, sucede en todas sus creaciones. Sin la visión integral de un sistema político-económico, son una utopía sus posibilidades de éxito.

 

Enrico Udenio

8 de julio 2009

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PRIVATIZACIONES Y ESTATIZACIONES

Julio 4, 2009 · 42 comentarios

“Los grandes espíritus siempre han encontrado violenta oposición de los mediocres. Estos últimos no pueden entender cuando un hombre no sucumbe compulsivamente a prejuicios heredados sino que, honestamente y con coraje, usa su inteligencia.”.  Albert Einstein (1879-1955). Científico considerado como el más importante del siglo XX.

 

Las elecciones legislativas del 28 de junio pasado, dejaron “picando” el tema de las privatizaciones versus nacionalizaciones, a tal punto, que ya hubo algunos comentarios de foristas en Los Anteojos del Tata.

Días antes de la elección, el jefe comunal de Buenos Aires, Mauricio Macri, un político demócrata liberal y filo peronista, anunció que, si por él fuera, volvería a privatizar Aerolíneas Argentinas y a compartir las jubilaciones entre el Estado y los privados dejando la elección a criterio personal de cada usuario.

Por el otro lado, una fuerza política comandada por el peronista populista, nacionalista y filo marxista, Fernando Solanas, realizó una rápida y exitosa campaña en la ciudad de Buenos Aires sustentada sobre el discurso de nacionalizar determinadas empresas, privatizadas durante la década de los 90. La mayoría de sus votantes, según los análisis que se realizaron, parecen provenir de los más jóvenes –siempre más inclinados hacia los parámetros de la izquierda estatista que hacia la derecha privatista- seducidos por el discurso estatista de Solanas.

 

Con respecto a los temas puntuales de Aerolíneas Argentinas y AFJP, no creo necesario decir más que lo ya explicitado en mis notas del 27 de julio del año pasado “¿De qué se ríe, Señora Presidente?”  (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/07/27/%c2%bfde-que-se-alegra-senora-presidenta/) y del 10 de noviembre pasado “La ideología como religión”  (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/11/10/la-ideologia-como-religion/).

 

Por ello y con especial dedicación a aquellos jóvenes que no han vivido la época estatista del país, voy a explicar de qué se trata, en la realidad política, social y económica, la disyuntiva que existiría entre ambas posturas: los servicios en manos del Estado o bajo el funcionamiento gerencial de los privados.

No es conveniente abordar este tema desde lo general, porque no todo lo que está en manos del Estado es deficitario y deficiente, ni todo lo que está en manos privadas es positivo y eficaz para una población. Cada servicio presenta sus particularidades. Tomemos como ejemplo a los transportes públicos. En primer lugar, es diferente si se trata de ómnibus o aerolíneas que de ferrocarriles. Una cosa es cubrir pequeños territorios y otra, extensas regiones. En segundo término, influye altamente en las decisiones el hecho de contar o no con un Estado eficiente. Si viviéramos en Japón, donde los trenes estatales funcionan mejor que los privados, la imagen que tendríamos de la eficacia del Estado sería diversa a la nuestra.

Esto nos lleva a afirmar que la conveniencia o no de estatizar o privatizar servicios depende de las características económicas, geográficas y poblacionales de cada nación.

 

Por lo tanto, pongamos un ejemplo argentino común a la mayoría de las naciones del mundo: la electricidad.

Este servicio tiene altas inversiones de infraestructura (llámese obras hidráulicas, usinas nucleares, centrales de distribución, generadores, cableados, etcétera) que son realizadas, en general, por el Estado. Por ello, en la mayoría de los países en donde se privatiza el servicio, no se transfiere la propiedad sino su gerenciamiento. Se hace sobre la base de un costo o canon que cobra el Estado por una cantidad determinada de años. La empresa privada que toma el servicio está obligada a realizar periódicas inversiones para la actualización, modernización tecnológica y ampliación del mismo. Todo lo invertido queda, al vencimiento del acuerdo, dentro de la propiedad del Estado.

Todo esto determina un proceso de costos –canon, materia prima, salarios, impuestos, intereses- que fija el valor del Kw según las zonas (cada zona tiene sus propios procesos y diferencias en esos costos) y, a partir de allí, se estipula el beneficio. Éste debe cubrir, básicamente, la amortización del capital más la reserva calculada para cumplir con las constantes inversiones que el servicio obliga. El excedente será distribuido entre los accionistas, entre los que, muchas veces, se encuentra el propio Estado.

Según los criterios de la mayoría de la población argentina, el costo del Kw debería ser bajo para que incida lo menos posible en el presupuesto familiar. Para ello, existen las tarifas diferenciales (R1, R2, C1, etc.) que intentan equilibrar según el supuesto nivel económico de los habitantes de cada área.  

 

Ahora bien, si los arqueos de los costos y beneficios necesarios dan un valor de venta “x1”, y éste es considerado alto (porque los insumos son caros o el costo del dinero es alto o la mano de obra tiene excedentes o elevados salarios), para bajarlos quedan tres posibilidades:

a)      Que el Estado reduzca canon o impuestos, lo que nunca ha hecho porque lo priva de un sistema de cobranza fácil y a su vez difícil de eludir por parte del usuario. Además, el Estado ha aprovechado esta dificultad para cobrar porcentuales de IVA muy superiores al mercado (27% en lugar de 21%) más otros impuestos adicionales.

b)     Que el Estado subsidie directamente a las empresas las diferencias que resultan entre el precio real y el políticamente ajustado por el Gobierno. Lo que sucede es que cuando este subsidio es menor a la realidad inflacionaria, la empresa descarta inversiones porque de algún lado tiene que compensar las crecientes salidas de dinero. Esta fue la política realizada por la administración Kirchner. Lo que hay que concientizar es que para la población esto no es un ahorro, ya que lo que obtiene por un lado (tarifas más baratas) el Estado se lo saca por otro (impuestos para conseguir el dinero necesario para subvencionar esas tarifas). Es muy importante conceptualizar esto, ya que en la Argentina, cualquier grupo corporativo de ciudadanos, en su lucha por sus intereses, puede requerir del gobierno una enorme cantidad de millones sin siquiera sonrojarse. Parecería que subyace la idea de que el dinero proveniente del Estado es un bien surgido del espacio infinito.

c)      Que el Estado nacionalice el servicio y se haga cargo de las pérdidas operativas. Ya no hay subsidios directos. Lo que, en función de nuestra experiencia argentina durante décadas, significa pérdidas para la empresa estatal que, por supuesto, deberán ser cubiertas por impuestos pagados por la población. Es decir, se trata de una modalidad similar al de las subvenciones directas (punto b) pero con algunos agravantes porque, al tratarse de una empresa estatal, y según las leyes laborales del país, los empleados que no cumplen con los requerimientos necesarios no pueden ser despedidos. Ya conocemos por la experiencia que nos dan cincuenta años de nacionalizaciones que, a través del tiempo, la cantidad de personal irá aumentando desproporcionadamente porque las empresas estatales son  utilizadas para emplear amigos y para paliar las cifras de desocupación. Asi como en las organizaciones estatales hay gente muy capaz y honesta, también, lamentablemente, los denominados “ñoquis” sólo tienen cabida en ellas. 

En los puntos (b) y (c), de una manera u otra, la población pagará más por el servicio, pero lo hará de una manera indirecta en lugar de hacerlo directamente a través de las tarifas acordes a los costos reales del servicio.

La experiencia en nuestro país nos ha mostrado que la inmunidad de despido, y la carencia de beneficio económico en el servicio, harán que haya más trabajadores de los que se necesiten, y que escaseen las inversiones para mejorar el servicio. Esto último se debe a que el dinero para ello deberá ponerlo el Estado, y éste siempre necesitará esos recursos económicos para cubrir necesidades sociales más acuciantes e importantes que mejorar un servicio público. Fue por esto que llegamos al extremo de no poder conseguir teléfonos, soportar continuos apagones, no poder prender más que una hornalla de gas, etcétera. Las empresas eran “nuestras” pero los productos eran ajenos a nuestra posibilidad de consumirlos.

 

EL MITO DE LOS SERVICIOS SOBERANOS

“El dinero es como un sexto sentido, sin él no puedes hacer uso de los otros cinco.”  William Somerset Maugham (1874-1965). Escritor inglés, nacido en Francia.

 

Uno de los argumentos más recurrentes esgrimidos por los defensores de las empresas del Estado, es que las tarifas son bajas porque se eliminan las ganancias de los privados. Esta constituye una idea falsa introducida por una manipulación política, o tal vez producto de la ignorancia.

Doy un ejemplo concreto: si tomamos los últimos tres años del período 1998-2001, en el que existía libertad de precios en las tarifas de los servicios públicos, vemos que las ganancias netas distribuidas en todas las empresas que manejaban los rubros gas, electricidad, teléfonos y aguas, promediaron poco más del 4% sobre lo facturado. Es decir, que si esas empresas hubieran estado regenciadas por el Estado en lugar de los privados, habríamos podido ahorrar un 4% sobre esas tarifas sin producir pérdidas operativas. Por ejemplo, en mi caso, pagué en el julio del 2001, $96 por el teléfono de mi casa. Si en lugar de tratarse de la empresa Telefónica de Argentina, hubiera sido una empresa del Estado, sin beneficio a repartir, habría pagado $ 92. Sólo $4 pesos menos. Todo precio inferior a ese, habría significado una pérdida económica que hubiera tenido que ser cubierta con los impuestos que pagan los habitantes en su conjunto, tengan o no teléfono. Esto nos hace ver que, por lo menos, si se abonan las tarifas a valor real, el que paga es el que usa el servicio. Se paga por lo uno usa y no por lo que usa otro.

 

Otro de los argumentos comunes tiene su origen en la ideología.

Una gran parte de la izquierda o la derecha nacionalista, o los grupos nacional-populistas, o, desde ya, los marxistas, piensan que lo que está en manos del Estado es soberanía política e independencia económica. Consideran que el pueblo recupera la propiedad de los servicios públicos. Si huimos de este discurso populista para adentrarnos a lo que puede significar en la vida real la frase: “la propiedad de los servicios públicos”, podemos inferir que se trata de que la población tenga acceso a tarifas bajas, lo que nos lleva a lo explicado anteriormente en esta nota. Se trata de una paradoja, salvo que en la fantasía de esa población figure la decisión de no pagar los impuestos que se necesitan para sostener esas tarifas por debajo del costo propio del servicio.

Incluso se trata de una incongruencia ideológica porque es más esencial que esos impuestos vayan a subvencionar viviendas, trabajo y alimentos, que sostener gas, luz eléctrica y teléfonos muy baratos, por importantes que estos sean.

 

Cada servicio presenta su complejidad y debe ser tratado como tal. Hay circunstancias en la que la propiedad del Estado es imprescindible y hay otras que no. Por ejemplo, un territorio extenso como el de la Argentina necesita estar intercomunicado a través de trenes. Para ello es necesaria la participación de los Estados nacionales y provinciales, ya que la oferta privada no puede cubrir con beneficios económicos zonas de poca población. Es allí donde deberían intervenir el Estado haciéndose cargo del servicio y aplicando impuestos, en lugar de subvencionar a los más ricos que son los que más aprovechan las tarifas bajas de los servicios públicos, o los viajes aéreos gratis a París o New York de funcionarios, amigos y sindicalistas.

 

Casi podría decir, que no se trata de un tema ideológico, sino más bien, es una cuestión de sentido común. Pero lamentablemente, en la Argentina, éste es el menos común de todos los sentidos. 

 

Enrico Udenio

3 de julio 2009

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