EL DESBORDE EMOCIONAL Y DESEQUILIBRADO

 “La cultura política argentina tiene una extraña fe en las palabras; se cree que ellas resuelven los problemas”  – Nicolás Shumway Director de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas.

 

El discurso manipulador

En la Argentina son usuales los comentarios socio-políticos y económicos que contienen mucha carga emocional. La mayoría de los intentos de racionalizar el tema, para poder establecer un diálogo más igualitario, se frustran ante la incoherencia y la descalificación agresiva y persecutoria.

Tampoco son inofensivas ni gratuitas las expresiones que emanan del círculo central del poder político. Desde el año 2003, una y otra vez los Kirchner y compañía acusaron a terceros de todos los males que asolaban a este país. Es bien conocida la táctica política – de origen fascista y totalitaria- de denunciar un enemigo interno (o externo según sea el caso) para estimular un pensamiento nacionalista y recibir, mediante esa manipulación, el apoyo popular. En Argentina la utilizaron la mayoría de sus gobernantes, hayan sido éstos militares o civiles, de facto o ungidos por el voto popular.

Kirchner no manifestó tener problemas mientras las acusaciones caían sobre las dictaduras militares, el neoliberalismo, Menem, el FMI y los Estados Unidos. Pero las dificultades aparecieron cuando ese discurso se fue agotando por el cansancio de escucharlo o por el simple paso del tiempo. Es que la última dictadura militar cedió el poder hace veintitrés años; Menem dejó la presidencia hace diez; la política económica señalada popularmente como “neoliberalismo” (1980-2000) perdió su vigencia internacional, el FMI cobró el 100% de la deuda y se olvidó de la Argentina, y los Estados Unidos están, desde hace tiempo, ocupándose principalmente del actual líder sudamericano: Brasil.

 

En estos momentos, cuando el matrimonio presidencial argentino quiere traer al centro de la escena a un claro enemigo interno, los resultados ya no son los mismos. Al acusar a la terna “campo-grupos de derecha-sectores del peronismo de los 90” como golpistas que “promueven un modelo de país injusto”; o al señalar a un pequeño productor y líder de la protesta agropecuaria, Alfredo De Angelis, como “oligarca”; o a la Federación Agraria, bien conocida por su inclinación socialista, como un grupo de derecha que busca desestabilizarlo, dobla la apuesta en un juego en el que cada vez menos gente cree y participa. El riesgo de sufrir una caída libre al vacío institucional es muy elevado.

 

Recuerdo una leyenda israelí que cuenta que había una vez dos amigos que, no obstante estar condenados a muerte, conquistaron la simpatía del rey. Éste decidió ofrecerles una oportunidad para superar el trance: unió dos picos de una profunda quebrada mediante una soga y prometió a los condenados que si lograban pasar al otro lado, les concedía la vida. El primero de los dos, bambaleándose, logró finalmente cruzar. El otro, antes de intentarlo le preguntó a su amigo cómo lo había logrado. El compañero le contestó que no lo sabía. “¿Pero algo habrás hecho para no caerte?” -insistió el otro. “Y sí –respondió el que estaba ya a salvo- cada vez que me inclinaba demasiado para un lado, enseguida equilibraba mi cuerpo yendo para el otro”.

 

Es evidente que los Kirchner no pueden equilibrar su gobierno y probablemente terminen cayendo al abismo. La tragedia mayor será que se lleven con ellos al país entero en esa caída.        

 

La carga emocional

Las diferencias en política deberían negociarse sólo a través de un intercambio de ideas razonables, dejando que la pasión emocional incontrolada quede reducida al fútbol. La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social.

“Siente el pensamiento, piensa el sentimiento”, decía el filósofo y escritor español Miguel de Unamuno (1864-1936), precursor del movimiento filosófico existencialista.

 

Cualquier mirada sobre la realidad se distorsiona cuando la carga emocional es elevada.

Por ejemplo, en el tema actual de la crisis del campo es habitual que, en un diálogo con los adherentes al oficialismo, cuando se intenta defender la posición de los productores con relación a las retenciones móviles, se reciban respuestas que no se corresponden directamente con el planteo, como es el caso de las alusiones a lo mal que estaba el campo durante la década del 90 y lo bien que está ahora; o a que “con la comida no se jode”; o a que son “golpistas”. La apuesta descalificadora puede llegar a aumentar y, entonces, pasar a la categoría de “h… de p…” que someten al pueblo, o incluso, que fueron cómplices de las dictaduras militares pasadas. Y, en el mejor de los casos, si el interlocutor es un oficialista benevolente puede ser que emita un comentario tal como que no son “malos” sino, simplemente, idiotas útiles manipulados por los “malvados intereses de la oligarquía”. Todas respuestas emocionales que alejan la posibilidad de un intercambio racional de ideas.

Cuando esto sucede, queda en evidencia la extraña conexión entre los hechos que hacen los acusadores. ¿Cuál es el mecanismo que hace que vinculen la defensa de los intereses económicos de un sector de la población que se siente amenazado por el Estado con, por ejemplo, la desaparición física de miles de personas o la hambruna de otras tantas?

Este tipo de asociaciones hace imposible encauzar cualquier diálogo de manera racional.

 

Respecto a esto me viene a la memoria un relato alegórico situado en los años setenta: un grupo de legisladores norteamericanos son invitados a visitar la Unión Soviética. Una mañana, los funcionarios rusos los llevaron a visitar su famosa estación de trenes en Moscú. El líder del grupo soviético comienza a explicar las bondades del sistema ferroviario diciendo que “de este anden sale un tren para Kiev cada dos minutos, del siguiente sale otro tren para Stalingrado cada tres minutos…” y así sucesivamente hasta que uno de la comitiva norteamericana lo interrumpe para decirle: “Perdón, no quiero incomodarlo pero ya pasaron casi diez minutos y no vimos salir ningún tren de ningún andén”.  Se produjo un tenso silencio hasta que el ruso reaccionó respondiéndole: “¿Y ustedes qué tienen para decir? ¿Acaso no matan a los negros?”

 

La Argentina enemiga

En realidad, hay algo que se da por hecho en el estudio de la historia política de las ideologías. Todas quieren lo mismo. Fascistas, capitalistas, marxistas y anarquistas. Liberales, conservadores y socialistas. La derecha y la izquierda. Todas quieren que se aumente la riqueza, que se distribuya mejor, que haya igualdad de oportunidades para el hombre, más trabajo, más y mejor educación. Nada de pobres, menor delincuencia, mayor respeto en la convivencia, ciudades limpias, acceso popular a la cultura, etcétera, etcétera.

La diferencia se encuentra, entonces, no en los fines sino en los medios. Cada sector o ideología tiene un pensamiento propio sobre cuál puede ser el mejor y más seguro camino para acceder a todas esas maravillas económicas y sociales.

Si partimos de esta premisa, un hombre de derecha y otro de izquierda, por ejemplo, pueden sentarse y dialogar hasta el infinito sobre cuál de los dos caminos que proponen ambos es el más eficiente, o justo, o equilibrado, para lograr esos fines. Lo más probable es que ninguno llegue a convencer al otro pero existen muchas posibilidades que encuentren coincidencia en más de un pensamiento.

 

Esto jamás será posible si, como sucede en la Argentina actual, se le niega esos fines al opositor y se lo convierte en un enemigo a quien hay que humillar o someter. Incluso no interesa demasiado si los hechos no le dan la razón al agresor: Se los niega o se los desvaloriza, como sucedió con las evidencias del aumento de la pobreza o de la poca inversión en obras que favorezcan a los sectores carenciados a pesar de los cuantiosos ingresos fiscales de los últimos años.

Ejemplos tenemos a granel. Citaré sólo dos para no extenderme: los dirigentes de la CTA, la importante central obrera independiente, a la que no se puede tildar de “oligarca, reaccionaria ni derechista”, han denunciado una y otra vez que el crecimiento económico del modelo K no sólo se asentó sobre la base de la desigualdad social sino que la ensanchó. Por el lado de las continuamente promocionadas obras públicas, en el 2004 y 2005 se prometió, con grandes despliegues publicitarios, la construcción de 420.000 viviendas. Después de cuatro años se cumplió con sólo el 15% de ellas.   

 

Está fuera de toda duda lo imprescindible que es el Estado en la construcción de una sociedad que reúna las condiciones básicas para que sus habitantes accedan a una vida digna. Lo que está en duda es el destino real de la mayoría de esos formidables fondos que, fundamentalmente, provee el campo.  

 

Gobernantes desequilibrados

Reiteradamente he dicho que los gobernantes de un pueblo no pueden ser muy diferentes a lo que es el pueblo mismo. Por ello, éste no puede ser inocente si sus creencias lo impulsan a elegir representantes emocionalmente poco equilibrados.

Pero un pueblo puede concientizar sus errores para aprender a no repetirlos. 

 

La Lic. Alicia López Blanco, en su libro “Por qué nos enfermamos”, editado por Paidós, comenta:

“Nuestra existencia está siempre vinculada a otros seres humanos. Pertenecemos a una familia, a una comunidad, a un grupo de amigos, a un grupo de trabajo y a tantos colectivos como roles ocupamos en la sociedad en la cual estamos insertos. (,,,) El conflicto forma parte de la vida misma. (…) Con el desarrollo de la cultura, la manera de superarlos ha evolucionado, en el mejor de los casos, hacia formas más civilizadas de manifestación, pero el ser humano ha tenido siempre que lidiar con sus dificultades a la hora de resolverlos de manera asertiva, esto es de forma directa, honesta y sin atentar contra los derechos de la otra persona.

Podríamos agrupar nuestras respuestas a los conflictos interpersonales en tres grupos:   – la lucha, expresada en forma de agresión física o verbal; – la huída, mediante la evitación o actitud pasiva;  y – la confrontación asertiva, que incluye la capacidad verbal y afectiva para resolver el problema.

A su vez, la conducta asertiva se asienta sobre algunas capacidades, estas son:

La empatía o poder situarnos en el lugar del otro;

La de poner límites o poder decir que no sin agredir;

La de reconocer las propias limitaciones y errores;

La de poder, según la ocasión y necesidad, solicitar ayuda o enunciar nuestros deseos;

La de reconocer y expresar los sentimientos tanto positivos como negativos, éstos últimos sin lastimar;

La de relacionarnos socialmente.

La de ser capaces de controlar y manejar responsablemente las emociones y ordenarlas de acuerdo a valores de vida.

La de ser capaces de superar las dificultades y tolerar las frustraciones.

 

… Si la respuesta ante el conflicto es de lucha, la tendencia será insultar, acusar o amenazar, lo que determinará un estilo agresivo. Si la reacción es de huida, la tendencia será la no expresión de los deseos, opiniones o intereses, y el estilo será pasivo. Si la reacción es expresar los propios sentimientos, opinión e intereses respecto a la situación respetando los sentimientos de la otra persona, el estilo será asertivo.”

 

Sería beneficioso para el país que los Kirchner dejaran su patrón habitual de respuesta de lucha (agresiva y descalificadora hacia la oposición), más adecuado a líderes de un centro de estudiantes que a presidentes de una nación, y se dedicaran a desarrollar cualidades de asertividad.

Por otra parte, la autora describe, entre otras, ciertas conductas negativas que no favorecen las relaciones interpersonales. He seleccionado las que me parecen corresponder más al matrimonio Kirchner y a los más importantes funcionarios del gobierno argentino:

 

La negatividad, tender siempre a ver el lado desfavorable de las cosas señalando lo que está mal o falta, estando siempre pendientes de lo que no está, o que no está como nosotros pensamos que debería.

La crítica negativa, una censura de las acciones o conducta de alguien. Implica una descalificación de quien el otro es o hace. Su diferencia con la crítica constructiva es que ésta pone el acento en aquello que se puede mejorar y adiciona propuestas en esa dirección.

La oposición, contradicción o resistencia a lo que el otro hace o dice. Puede expresarse en la conducta de manera activa y beligerante, o en la forma de rebeldía pasiva esto es, conductas agresivas encubiertas como, por ejemplo,  las que realizaba el personaje del programa infantil mejicano “El chavo del ocho” que perjudicaba al otro “sin querer, queriendo”.

La burla, con la que se procura poner en ridículo a alguien mediante alguna acción, ademán o palabras, y el sarcasmo, en el que la burla eleva su intensidad y llega a convertirse en mordaz y cruel. Ambos son formas de agresión encubierta en las cuales, desde una sensación de superioridad, se utiliza al humor como medio para expresar crítica o desaprobación.

La intimidación, infundir en el otro miedo para someterlo y obtener algún tipo de beneficio.

La manipulación, distorsionar la verdad para conseguir que el otro haga algo que beneficia mayormente a quien la ejerce. Implica un grado de astucia por parte del que manipula y de inocencia por quien la recibe, el cual puede llegar a renunciar a sus valores, principios y objetivos para satisfacer los de otra persona. En general se basa en tres estrategias principales: la amenaza velada, la crítica encubierta, o la generación de lástima ubicándose en posición de víctima.

La violencia, el despliegue de furia o fuerza para alcanzar un fin, avasallando los derechos de elegir del otro. Si quien la recibe no tiene capacidad para confrontar, suele conducir a la violencia encubierta pues necesita drenar por otra vía la carga que le produce.

 

Analizando este texto, puede observarse la coincidencia entre las acciones de nuestros gobernantes y las conductas negativas descriptas, lo que deja en evidencia que los destinos de la nación están en manos de personas muy poco evolucionadas.

Esto sí, es muy preocupante.

 

Enrico Udenio

14 de julio 2008

 

Caricatura de Agustín Gomila

 

 

 

 

 

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18 Respuestas a “EL DESBORDE EMOCIONAL Y DESEQUILIBRADO

  1. Muy bueno todo lo suyo Enrico- Lo de su dossier sobre educación me ha resultado de suma utilidad… esto en lo atinente a la acertividad en materia de comuncación, el discurso paradojal, que no se como lo llama, la profecía autocumplida está tan bien planteados. Que no puedo hacer otra cosa más que darle las gracias… El que no entiende ….que se puede hacer… el kafkiano es el que critica, que le puedo decir…
    Yo pondero su razonabilidad, equilibrio y estilo, pero convengamos que a mi tampoco me resulta simple ser comprendida, desde mi manera de analizar los conflictos. Suelen sentir o pensar que mi falta de desborde emocional, es petulancia, y no es así, es más actúo desde el más honesto respeto por el otro. Que mal que estamos culturalmente….que pena de corazón me da, me duele en el alma…me cree no es verdad?. Lo saluda cordialmente una mujer de paz.
    Dra. María Cristina Montani Fischer

  2. Respecto al artículo DESBORDE EMOCIONAL Y DESEQUILIBRADO, modestamente a las características mencionadas yo agrego que los KK tienen memoria selectiva y evidencian cierta paranoia. El campo les fue marcando la agenda. Lamentablemente el problema del campo aún no se resolvió. A veces me pregunto si quieren irse porque no saben como seguir o porque sus bolsillos llenos están-

  3. Me parecen muy buenos los articulos, variados en su contenido, muy bien documentados.

  4. La única manera de no quedar atrapado en las tragedias pasadas es que se haga Justicia. Sin leyes de obediencia debida, ni punto final ni indultos… con la actuaciones de jueces honestos y probos.

    Los comentarios de Susana no tienen sustento en los hechos.

  5. LAMENTABLEMENTE ESTAMOS ANTE UNA REALIDAD: ESTAMOS GOBERNADOS POR ENFERMOS Y AFÁN DESMEDIDO DE PODER.
    SIENTO QUE NO ESTOY VIVIENDO EN DEMOCRACIA, SINO EN UNA MONARQUIA, ENEL ABSOLUTISMO Y YO, COMO TANTOS SOMOS LOS SUBDITOS QUE TODO TENEMOS QUE ACATAR SIN PODER EXPRESAR LO QUE SENTIMOS.

  6. En el juicio de Nuremberg se juzgó a unos pocos en representación de todos los nazis. La búsqueda y enjuciamiento posterior fue sólo para aquellos que en 1946 estaban buscados pero no pudieron ser capturados. Una cosa es no olvidar las tragedias pasadas (Europa las recuerda muy bien) y otra muy diferente quedar atrapados en ellas.

    En mi libro “Corazón de derecha, discurso de izquierda” tengo cuatro capítulos dedicados a las semejanzas y diferencias de las ideologías.
    Todas quieren el bien, aunque cada una puede diferir sobre en qué consiste ese bien para los habitantes de una nación.

    Estoy totalmente de acuerdo con el concepto que sintetiza Alejandro K sobre la búsqueda de culpables para justificar nuestros fracasos.

  7. Son conocidas las lamentables atrocidades de las guerras mundiales, pero no es edificante reducir a pequeños incidentes el genocidio perpetrado en nuestra Historia reciente, con más de trescientos centros clandestinos de detención, donde se torturó, se violó, se asesinó, se secuestraron bebés y se desaparecieron personas. Y si esos hechos no han dejado secuelas duraderas, entonces vivimos en países diferentes, Enrico. Han pasado más de 60 años desde Nürnberg, y aún hoy se busca y se enjuicia a los criminales nazis.

    La cuestión no es encontrar constantemente culpables internos y/o exógenos, para justificar nuestros fracasos como nación. Se trata de conocer quiénes y cómo han actuado, desde dentro y desde fuera, en nuestra Historia. No se puede mirar hacia el futuro sin tener presente la Historia, puesto que muchos actores de la misma siguen interpretando sus papeles en el presente.

    En cuanto a mis referencias acerca de las ideologías, yo no hice mención a bondad o maldad de las mismas; cuestioné que se postulara que comparten objetivos y que sus diferencias se reducen a los medios para alcanzarlos.

  8. A Eduardo Macías: ¡Que notable! Ud. admira nuestra capacidad de reaccionar ante ciertas conductas. Muchos de nosotros quisieramos tener la democracia que hay Chile; al menos lo que desde aquí se ve. De cualquier forma, compartimos sus sentimientos de hermandad.

  9. Un comentario muy atinado,uds tienen la capacidad de reaccionar ante ciertas conductas que pondrian en jaque su estabilidad,y la historia asi lo ha demostrado,es de interes de quien le habla que siempre le vaya bien,son muchas las cosas que compartimos como paises hermanos,historia comun,lazos sanguineos ,sociales,comerciales,un saludo fraterno,desde Concepcion,Chile.

  10. Consideo que la calificación de golpista que hace Marcelo es injusta y no corresponde. La amenaza de la caída de este gobierno la realizan algunos de los mismos funcionarios K que insisten -quizás al solo efecto de poner presión al poder legislativo-que si no se aprueba el proyecto de las retenciones móviles, esto significaría la renuncia de Cristina Fernandez de Kirchner y la caída del gobierno.
    Lo peor que le podría suceder a la nación es que esta administración no finalice su mandato. Ya tenemos bastante experiencia en el tema como para desear otra cosa.

  11. No estoy para nada de acuerdo con las referencias que hace Alejandro Kafka a las secuelas del pasado argentino. No sé cuáles serán sus orígenes pero yo estuve inserto en una familia europea que sufrió las dos guerras mundiales (incluso nací bajo uno de los últimos bombardeos de la aviación), cuyas atrocidades dejan reducidas a pequeños incidentes las cosas que pasaron en la Argentina.
    Esto no invalida de ninguna manera las tragedias y los daños causados por los distintos gobiernos en nuestro pasado-presente. Y digo “distintos” abarcando a todos porque para algunos la “balanza calificativa” de los gobiernos peronistas (incluyo a los de Menem y Kirchner también por más que esto disguste a muchos) es positiva y para otros es negativa. Lo mismo atañe a los gobiernos radicales y a las dictaduras militares. “De todo hay en la viña del Señor”. De la misma manera que hay gente que se siente con derecho a creer que los “hechos” demuestran que un gobierno fue mejor que otro, están los que creen justamente lo contrario.

    Pero Europa miró para adelante porque concientizó los gruesos errores cometidos. El Tratado de Versalles en 1919 (donde el rencor, la venganza y la soberbia del vencedor se impuso a la comprensión, el perdón y la cordura) fue uno de ellos y la historia la castigó con otra guerra mundial apenas treinta años después de finalizada la anterior. Entonces, decidieron cambiar. En 1946 crearon el Juicio de Nûremberg y, de allí en más, con “sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas” construyeron la desarrollada Europa de hoy.

    Ésta mirada hacia el futuro es la Argentina que deseo. Sé que hay muchos que necesitan encontrar constantes culpables, sean estos peronistas, militares, marxistas o capitalistas imperialistas. No es mi caso. Aunque haya mayor grado de responsabilidad en unos que en otros, mis análisis intentan ubicarse casi siempre en el lugar donde todos somos parte generadora, tanto de lo malo como de lo bueno.

    Creo que ésta es una manera positiva de superar las secuelas por los constantes errores que se cometieron desde el nacimiento como país. Pero evidentemente, no es lo que cree Alejandro K.

    Por último, dos cosas sobre el comentario: la primera, respecto a la calificación de reduccionismo que hace porque la nota dice en una parte que todas las ideologías quieren lo mejor para su país.
    Mi opinión es, justamente, lo contrario: es reduccionista poner el mal de un lado y el bien del otro. Las ideologías no son religiones. Son creaciones del ser humano y, por lo tanto, se nutren de lo que él es. Lo bueno y lo malo del hombre está en ellas. Está en cada uno de nosotros nuestra preferencia a sabiendas que no se está eligiendo la única verdad.

    Cuando ayer escuché a Nestor Kirchner hablar de “los grupos de tareas” y “comandos civiles”, hacer una apología de Perón y Evita, o relacionar su necesidad de recaudar más dinero con la defensa de los derechos humanos, reafirmé mi convicción de que no es el gobernante que yo deseo para mi país. Pero sé que hay otras personas, como es el caso de Alejandro K., que con el mismo derecho de opinión pueden pensar que los K son los mejores gobernantes que la nación es capaz de tener hoy.

    Pero si aceptamos que sólo somos una parte del todo, seguramente habrá zonas en las que podamos encontrarnos. Y eso sí es muy positivo.

  12. Interesante el comentario, muy parcial, se ve nada mas que la mitad del problema, pero vaticinar la caida de un gobierno es de mucho mal aguero, parece que esta de lado golpista….

  13. correcto el enfoque, con algunas redundancias,pero aún no se toca lo principal para el correcto devenir de las instituciones,respeto a las leyes preestablecidas y no su vulgar manipulación. “Dios y la Patria me lo demanden” suena bien pero no se cumple.

  14. Admiro la forma en q puede explicarnos señor ENRICO lo q este gobierno(nestor kichsner) hace con nuestra sociedad ,lo hizo antes (unio a todos los argentinos x q no lo querian a menem y asumio) y ahora solo convence a algunos pocos y a otros solo con dinero y digo “admiro” x q es tanta la bronca q tenemos los q queremos trabajar y progresar y este gob no nos deja ,q si yo tubiera q opinar no serian flores ni perfumes lo q saldria d mi boca para los K y sus sequitos .
    Como lo dice el refran “para muestra solo hace falta un boton ” en el 1º comentario esta la base su articulo , un gusto señor ENRICO UDENIO siempre tan acertados sus articulos .-

  15. No encuentro mayor interés en un artículo visiblemente parcial, que deposita intencionalmente sobre el actual Gobierno falencias conductuales que son propias de la población argentina en su conjunto y no privativas de uno u otro sector. Pero, sí quiero referirme a ciertas ideas que se dejan correr a lo largo del artículo que me parecen no deben quedar sin respuesta.

    Deja inferir Enrico U. que ciertos hechos históricos no tienen más relevancia en nuestro presente por el mero paso del tiempo. La última “dictadura militar cedió el poder hace 23 años”, sí, pero desapareció a toda una generación, de la que habrían podido salir dirigentes con los que no contamos hoy en día. Además, el poder militar no cesó su actividad inmediatamente, continuó, desgastando al gobierno alfonsinista. “Menem dejó la presidencia hace diez años” y dejó un tendal de gente marginada, excluida por completo de la sociedad. Y no cesó ahí la decadencia… La destrucción es mucho más fácil que la construcción, Enrico, y las secuelas de una dictadura atroz y del neoliberalismo las viviremos por muchos años más.

    De la inclinación socialista de la Federación Agraria sólo quedan vestigios, Enrico. Y es natural, la mayoría de sus asociados ya no son aquellos chacareros arrendatarios, sino los que lograron sobrevivir a la década del 90 y se transformaron en propietarios. La estructura social y económica del campo no es la de otrora, gracias a la sojización, con las muchas cuestiones que este término encierra. No es descabellado el actual mayor acercamiento de la FAA a la SRA que la que pudiera haber tenido en los días del lockout previo al golpe de 1976.

    Y esto conduce a otra cosa que Enrico, perplejo, pregunta: “¿Cuál es el mecanismo que hace que vinculen la defensa de los intereses económicos de un sector de la población que se siente amenazado por el Estado con, por ejemplo, la desaparición física de miles de personas o la hambruna de otras tantas?” Enrico, por favor, no subestime a los lectores. Ningún mecanismo, los hechos, Enrico, ¡los hechos! “Volvamos nuestra memoria al 24 de marzo de 1976 y comparemos la actual situación con aquélla, recordemos etapas similares y veremos que las experiencias pasadas nos indican la inconveniencia de actitudes demagógicas, de aperturas políticas prematuras, que pueden entorpecer o demorar una efectiva recuperación del país en todos los órdenes. La Sociedad Rural reitera frente a los productores y la ciudadanía en general su apoyo a toda acción que signifique completar el proceso iniciado el 24 de marzo de 1976” (fragmento de la solicitada publicada por la SRA el 24 de marzo de 1977). Y no aludo a mera complicidad, sino a plena planificación y ejecución.

    Finalmente, decir que todas las ideologías quieren lo mismo, que “fascistas, capitalistas, marxistas y anarquistas. Liberales, conservadores y socialistas. La derecha y la izquierda. Todas quieren que se aumente la riqueza, que se distribuya mejor, que haya igualdad de oportunidades para el hombre, más trabajo, más y mejor educación” y que la discusión se restringe a una mera cuestión de medios para lograr objetivos compartidos… ¡qué espectacular demostración de reduccionismo! (no voy a adjetivar, no vaya a ser que se me considere desequilibrado emocionalmente). Celebro que no haya sumado al nazismo.

    ¿Y qué es el imperialismo, entonces, según esta concepción? ¿El derrame de la bonanza capitalista sobre los desposeídos, tal vez?

  16. La crítica del primer comentario, justamente ,sirvió como ejemplo perfecto de lo dicho en el artículo. Me pareció excelente el artículo y de una pertinencia admirable en el contexto. Aún cuando puede interpretarse que incurre en lo que critica, es exacta la respuesta que a mayor responsabilidad, mayor exigencia respecto a la búsqueda de lo asertivo. Excelente.

  17. Por supuesto, Mario. La oposición también se moviliza y ejerce, en más de una ocasión, respuestas violentas e interpretaciones parciales.
    Lo que hay que tener muy en claro es que la violencia, el desborde emocional y el desequilibrio mental emanado desde la cumbre del poder político actual (como es el caso del actual Ejecutivo y sus adherentes-ejemplo D’Elía) es enormemente más importante y responsable que el de cualquier oposición. Y esto no es una visión personal. Se estudia en todas las universidades sin distinción de sus ideologías.
    Una aclaración: Cuando los opositores hablan de la “Caja Kirchnerista” no se refieren al manejo clásico de la Tesorería de la Nación. El mismo gobierno reconoce que existe un caudal de dinero cuyos destinos no quedan “oficialmente registrados” porque justamente no salen de la Tesorería. Es el poder ejecutivo a través de la Secretaría de Gobierno que tiene la potestad de manejarlos a discreción amparados por la ley de emergencia nacional.

    Una discrepancia: no hay que darle a los medios de comunicación más relevancia que la habitual. Recordemos que Perón llegó al gobierno en 1945 con casi todos los medios en contra… y fue derrocado en 1955 cuando contaba con casi todos a su favor.

  18. En mi opinión, Ud. Incurre Ud. en lo mismo que critica. Lo que señala en los argumentos de un lado puede hacerlo , con mayor abundancia, en los del otro. Empezando por atribuirle mayor poder a un gobierno que no cuenta con los vitales medios de comunicación, groseramente parciales y favorables a sus opositores. Ejemplos fácticos hay muchos pero, por dar uno, 43 veces repetido Delía golpeando a un manifestante opositor. Rápido y sin imágenes se comentaron los varios golpes que sufrió Manusovich en Gualeguaychú. Encima Deangelis lo trato de “provocador” (fue sólo, es democrático y lo atacaron varios). Escraches a las casas de legisladores.
    Descalificación a diputados por votar por su propio gobierno, tratarlos de serviles, llamar Caja Kirchnerista a la Tesorería de la Nación, pagos por el gobierno a quien se le da la gana considerar menos malo el oficialismo que la oposición, y otros ejemplos que no se si conoce pero que pasaron tan por delante de sus ojos como de los míos. Tiene razón la carga emocional altera la percepción.

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