UNA MONEDA DE DOS CARAS

Las audiencias públicas a Luciano Benjamín Menéndez y Antonio Bussi provocaron abundantes comentarios radiales, televisivos y gráficos. A los mencionados militares retirados se les imputaron diferentes delitos, entre ellos la aplicación de tormentos reiterados y homicidio calificado, en concurso real con el delito de genocidio, previsto por el Derecho Internacional. Un número importante de medios, a través de sus comentaristas y editoriales, ponderaron la aplicación de la justicia y la importancia de revisar el pasado, al tiempo que criticaron, o se refirieron de manera despectiva, a aquellos sectores de la población que manifestaron estar cansados de la sostenida mirada hacia el pasado, en lugar de una que encare hacia el futuro. 

 

No se trata de determinar si es correcto o no, conveniente o no, justo o no, ocuparnos del pasado. Estoy seguro de que la mayoría de la población considera correcta y positiva las condenas a los máximos responsables de las atrocidades cometidas durante la represión militar. Lo que, a mi entender, genera un problema para el país es el hecho de que, paralelamente, no se pene o no se castigue al terrorismo civil de aquellos años, en el cual incluyo al de la extrema derecha (Triple AAA) y al de la izquierda radical (Montoneros, ERP, por ejemplo).

Todos los que han denunciado esta anomalía han sido acusados en los medios de comunicación como “defensores de la represión militar” o, en el mejor de los casos, de querer poner en un mismo nivel de responsabilidad al terrorismo de Estado y a las organizaciones guerrilleras paramilitares. Nadie que sea mínimamente imparcial puede equiparar los asesinatos en masa generados desde el poder de un Estado con los cometidos por una organización subversiva que, al no tener esa protección, asume enormes riesgos en cada acción delictiva. Pero una cosa es la diferencia de responsabilidad que le cabe a cada parte y otra, muy diferente por cierto, es que mientras se pene a una se deje impune a la otra. Para equilibrar la diversidad de responsabilidades, la justicia cuenta con mecanismos tales como los diferentes niveles de condena y punición para cada sector o individuo.  

 

La actitud de poner las cosas en blanco o negro, o la de promocionar la política del “único enemigo”, parece ser una estrategia que oculta una finalidad: proteger a los ex guerrilleros pues, al no contemplar sus delitos como de lesa humanidad (en contraposición con lo que determinan las leyes internacionales), estos poseen un tiempo de prescripción que al cumplirse equivale, en la práctica, a una amnistía disfrazada.

Estoy bastante convencido de que esta construcción parcializada de la historia argentina acarreará secuelas desagradables para el futuro cuando, inevitablemente, cambien los vientos. Esto puede suceder no sólo por alguna reacción violenta que provenga de los sectores que hoy se sienten condenados por una justicia totalmente parcializada y politizada, según las propias palabras de los involucrados o los familiares de los mismos, sino que quedaremos expuestos ante los organismos internacionales como poseedores de una justicia errática que interpreta las leyes según el viento político que sopla en cada momento histórico. Es que los estatutos internacionales que reglamentan los delitos de lesa humanidad, no amparan la particular definición argentina que consiste en determinar que los delitos cometidos por las organizaciones civil-militares guerrilleras no son delitos de lesa humanidad por ser perpetrados por civiles sin el apoyo oficial de un estado.

 

Los crímenes de lesa humanidad

 

Estos delitos se determinaron por primera vez en la Carta del Tribunal de Nuremberg en 1945, y fueron reconocidos al año siguiente como parte del derecho internacional por la Asamblea General de las Naciones Unidas. El 11 de noviembre de 1970, la Asamblea General establece la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad. La Argentina adhiere a la misma en 1995 y adquiere jerarquía constitucional en agosto de 2003. Recién al aprobarse el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, el 17 de julio de 1998, se definieron claramente cuáles eran.

 

EL Estatuto de Roma dice, en su artículo 7: A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por crimen de lesa humanidad cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque:” A continuación describe una serie de acciones como el asesinato, exterminio, etc. En el ítem (e) especifica: “Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional”. En el (h): “Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional,(…)”. Y finalmente, por si hubiera algunas dudas sobre el carácter de los crímenes, el ítem (k) abarca: “Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física”.   

 

En el párrafo 2 del mismo artículo 7, el estatuto aclara aún más ciertas expresiones, entre ellas las del ataque, la tortura y la desaparición forzada de personas: “(a) Por <ataque contra una población civil> se entenderá una línea de conducta que implique la comisión múltiple de actos mencionados en el párrafo 1 contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado o de una organización de cometer esos actos o para promover esa política”. “(e) Por <tortura> se entenderá causar intencionalmente dolor o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, a una persona que el acusado tenga bajo su custodia o control;(…)”. ”(i) Por <desaparición forzada de personas> se entenderá la aprehensión, la detención o el secuestro de personas por un Estado o una organización política, o con su autorización, apoyo o aquiescencia, seguido de la negativa a informar sobre la privación de libertad o dar información sobre la suerte o el paradero de esas personas, con la intención de dejarlas fuera del amparo de la ley por un período prolongado”.

 

En su artículo 22, párrafo 2, el estatuto aclara que: “La definición de crimen será interpretada estrictamente y no se hará extensiva por analogía. En caso de ambigüedad, será interpretada en favor de la persona objeto de investigación, enjuiciamiento o condena.”   

 

Para evitar algún tipo de confusión, el 1 de agosto de 2000, Amnesty International difundió un folleto en el que la Corte Penal Internacional aclaraba conceptos relacionados al enjuiciamiento por crímenes de lesa humanidad:

 

En primer lugar, los actos que constituyan crímenes de lesa humanidad, como el asesinato, tienen que haber sido cometidos «como parte de un ataque generalizado o sistemático» (…).

En segundo lugar, tienen que ir dirigidos «contra una población civil». Los actos aislados o cometidos de manera dispersa o al azar que no llegan a ser crímenes de lesa humanidad no pueden ser objeto de enjuiciamiento como tales. La presencia de soldados entre la población civil no basta para privar a ésta de su carácter civil.

En tercer lugar, tienen que haberse cometido de conformidad con «la política de un Estado o de una organización». Por consiguiente, pueden cometerlos agentes del Estado o personas que actúen a instigación suya o con su consentimiento o aquiescencia, como los «escuadrones de la muerte». Asimismo, pueden ser cometidos de conformidad con la política de organizaciones sin relación con el gobierno, como los grupos rebeldes”.

 

 

 La particular interpretación argentina

 

El principal fundamento que utilizó la justicia argentina para desvincular a la violencia emanada desde la guerrilla con el Estatuto de Roma, fue que los atentados no eran parte de un ataque generalizado o sistemático; que no estaban dirigidos contra una población civil; y que no tenían el apoyo de un Estado.

Esto peca, lo menos, de una parcialidad de interpretación, pues todos aquellos que vivimos esa época (desde fines de la década del 60’ hasta principios de los 80’) sin estar comprometidos con ninguno de los bandos en pugna, podríamos llegar a interpretar otra cosa:  

 

* Los atentados terroristas eran constantes y se ajustaban a una ideología o sistema político determinado por principios rígidos (por un lado la revolución socialista y por otro la defensa ante la infiltración marxista, según el bando al que perteneciera el paramilitar). Esto determina su sistematización. 

 

* Eran generalizados, pues no discriminaban zonas geográficas y no iban dirigidos sólo contra los militares en actividad. Otras fuerzas de seguridad como la policía y gendarmería, así como civiles (políticos, sindicalistas, periodistas e intelectuales varios), sufrieron la pérdida de su vida o heridas de consideración por atentados de esas organizaciones civiles, tanto por parte de las de derecha como de las de izquierda.

La determinación que tomó la justicia argentina al definir que los atentados guerrilleros no estaban dirigidos contra la población civil está rebatida por dos hechos muy contundentes: el primero, que el 30% de los muertos fueron civiles, lo que deja sin  relevancia a la “intención” que pudieron haber tenido los atacantes. El resultado final se encuadra en la declaración de la Corte Internacional del año 2000 sobre que “La presencia de soldados entre la población civil no basta para privar a ésta de su carácter civil”. Es esta aclaración la que anula el argumento de los violentos que promueven la idea de que un “buen fin” justifica cualquier medio en su intento por conseguirlo y que los daños “civiles” forman parte de esa brutal filosofía que ampara los “daños colaterales”. 

 

* Finalmente, la vinculación que hicieron los jueces argentinos entre los crímenes de lesa humanidad y la participación del Estado, contiene dos falacias: la primera, que la Corte Internacional aclaró debidamente que “Asimismo, pueden ser cometidos de conformidad con la política de organizaciones sin relación con el gobierno, como los grupos rebeldes; la segunda, que hay abundantes pruebas y testimonios de los mismos guerrilleros sobre el apoyo económico, estratégico, político y, especialmente, militar, que recibieron de terceros países, en el caso de la guerrilla de extrema izquierda; o del mismo Estado argentino, en el caso de la de la extrema derecha.

 

Del análisis que surge de la Carta de Nûremberg, del Estatuto de Roma, y de la declaración de la Corte Internacional del 2000, queda muy claro que los delitos cometidos por la dictadura militar durante la década del 70, son crímenes de lesa humanidad y sus máximos responsables deben ser castigados con las más severas penas posibles.

De la misma manera, queda también claro que los cometidos por las organizaciones parapoliciales de la extrema derecha (la Triple AAA) durante el gobierno constitucional de 1973 a 1976, así como todos los atentados causados, desde el año 1968 en adelante, por las organizaciones paramilitares de la extrema izquierda marxista y peronista (Montoneros y ERP, principalmente) en los que la población civil fue víctima inocente de la lucha por el poder, deben ser considerados crímenes de lesa humanidad y sus máximos responsables castigados con las penas que correspondan a cada caso. Esto, por supuesto, si es que queremos tener en la Argentina una justicia que sea independiente del poder de turno y que aplique sus sentencias en orden a las leyes, en lugar de acomodarlas a las innovadoras interpretaciones que los creativos abogados argentinos son capaces de inventar.

 

La teoría del único demonio

 

La sociedad argentina vive, desde hace muchos años, un entredicho con relación a la lucha que hubo entre el terrorismo de la guerrilla marxista y el terrorismo de Estado, durante los gobiernos democráticos de Juan Perón, Isabel Perón y la posterior dictadura militar. Un grupo señala a la sangrienta e ilegal represión militar como el único “demonio” de esa lucha, mientras que el otro sector opina que se trató de dos “demonios” pues ambos bandos (los militares y los guerrilleros) utilizaron el terror como medio para el logro de sus fines. 

 

Más allá de que, según mi opinión, el terrorismo en manos del Estado ha sido siempre más abominable que el de la insurgencia civil, no se puede exculpar a esta última de su similar responsabilidad en el hecho. Este tipo de contradicción es casi inexistente en los países más desarrollados cuyas poblaciones viven más preocupadas por su futuro que por su pasado. Un ejemplo lo tenemos en la España socialista de Felipe Gonzalez, la cual no entronizó a los republicanos socialistas en contraposición a la facción fascista de Franco durante la guerra civil española. Eran concientes de que las atrocidades realizadas por unos no le iban en zaga a la de los otros. 

 

 

En Argentina, en cambio, una buena parte de la población tiende a estigmatizar a una sola de las partes de cualquier conflicto. Sea esto motivado por un pensamiento, sentimiento, creencia o estrategia, el hecho de sostener que una de las partes involucradas en una disputa cualquiera (personal, afectiva, política, económica, bélica, etc.) deba asumir la posición de única culpabilidad, muestra un brutal desconocimiento de la esencia del ser humano. Cada hombre inmerso en una confrontación es como una moneda de dos caras y no solo una cara de la moneda.

 

Enrico Udenio

Autor de los libros “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed., 2005; y “La hipocresía argentina”, LibrosEnRed Ed.,2008.

10 de agosto 2008

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12 Respuestas a “UNA MONEDA DE DOS CARAS

  1. Quién se responsabiliza de las guerras? Alguien dijo alguna vez? Yo fui el responsable ?
    Qué dificil es para el ser humano aprender. ¿Por qué un ser humano tiene que tomar las armas para matar a otro que ni siquira conoce?
    El ser humano ha perdido la brújula. Es evidente que necesitamos a alguien superior al ser humano para que nos gobierne. La imperfección del ser humano nos lleva a estos errores. Es evidente, el hombre necesita la gobernación de su creador. Primero por derecho. Pero ¿por qué no se deja guiar? Quizá por soberbia, aquello de “yo sólo puedo”.
    NO. E hombre no puede, por su misma imperfección. El autor de la nota puso las cartas sobre la mesa y estuvo muy claro, clarísimo. Enrico Udenio. Muy bueno.

  2. LAMENTABLE LO TUYO MASTER…NO SE SI SERÁ LA CAÍDA O NO DEL CAPITALISMO…PERO AL MENOS RECONOCE QUE HA FRACASADO ROTUNDAMENTE….CARLITOS MARX ALGO DE RAZÓN TENÍA…CRISIS ENÉRGETICA…MORAL…ECONÓMICA….CAMBIO CLIMÁTICO….MASTER…DEBERÍAS REVEER TUS POSTURAS…Y DESDE EL SOLO MOMENTO QUE ESTAN NACIONALIZANDO BANCOS….SIGNIFICA EL COMIENZO DEL FIN DEL CAPITALISMO

  3. No recordaba haber leido desde hace mucho tiempo, una mejor descripciòn sobre el comportamiento de nuestra sociedad, ni la claridad de conceptos, sobre el acontecerde nuestro males, que describe el autor. Sinceramente, felicitaciones. A travès de muchos años vividos (màs de 80), la claridad de conceptos y conocimientos de la historia real que demuestra el autor, mereceria que estas fueran divulgadas para ser leidas por todos los argentinos. Gracias.

  4. Alejandro de Villafañe

    El análisis es muy correcto. Ante esta realidad lo que debería hacerse es luchar legalmente y demandar a quienes también participaron de estos delitos de lesa humanidad y llevarlos a los tribunales internacionales. El único camino, aunque lento, es la justicia.

  5. Excelente el articulo. Tengo 72 años, vivo en S.M.de Tucuman, me radique el 20-7-76, como representante de una firma de Baires, en el NOA. Quiero interpretar que hay una falta de memoria, total “ya que han pasado al olvido, las famosas carceles del pueblo, el intento de toma de la Plaza San Martin de la ciudad de Cordoba, como asi tambien el intento de copar la
    ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, el asesinato del Capitan Viola y su pequeña hija, las muertes del Capitan Caceres y Tte. Berdina pero lo que màs me rebela es la alevosa voladura de la ambulancia del E.A. en la entrada del pueblo Tte.Berdina en la ruta 301, donde fallecieron, el Cabo Pimentel y 5 Soldados. Este tipo de hecho es algo inedito en un acto de Guerra, segun el tratado de Ginebra.
    Ahora entiendo a M. Moreno: “Los pueblos tienen los Gobiernos que se merecen”. Sepa Dios perdonarnos!!!!!!!!!!!!!

  6. Si no quedan alternativas, a veces a la democracia hay que defenderla ejerciendo la violencia, pero no olvidemos que no es la UNICA manera posible (recordemos la metodología revolucionaria de Ghandi en la India).
    Además, lo que hay que dejar bien claro es que el altísimo nivel de actos terroristas ejecutados por los Montoneros, el ERP y la Triple AAA, durante el gobierno del Frejuli (Cámpora-Perón-Isabel), que era un gobierno democrático.
    Parece que hay una propaganda manipuladora que trata de ocultar o minimizar este hecho para dar a entender que el terrorismo existió unicamente durante la dictadura militar.

  7. Estoy de acuerdo con lo expresado en la nota de Enrico y con los comentarios de Luis y Patricia. Ambos bandos extremistas han aprovechado nuestra mansedumbre (o desidia?) como pueblo joven e inmaduro. Me parece que deberíamos aprovechar mejor nuestro tiempo tan precioso, cada uno de los argentinos y salir a ganarnos el futuro (dejando guardado en casa los recordatorios, por las dudas).

  8. No defiendo ni condeno a nadie…

    Pero cuando no hay democracia, y la dictadura es el único orden, ¿como hacen los ciudadanos para defender la democracia?

    Defender la democracia está amparado en la Constitución Argentina. Sépanlo, léanla…

  9. Qué lamentable que todavía tengamos que seguir hablando de estas cosas cuando en el mundo se han curado ya la mayoría de las heridas del siglo pasado. Los guerrilleros, terroristas, jóvenes idealistas o como quisiéramos llamarlos, han torturado, matado y hecho desaparecer personas. Los militares, también. Presuponían acaso aquellos jóvenes que elegir entrar en combate con fuerzas militares oficiales, perpetrar atentados explosivos generando muertes civiles y/o militares, iba a ser algo inocente, sin consecuencias, penas ni castigos ? No, nadie presuponía eso, todos sabían muy bien que se exponían, mínimo, a la muerte.

    Al igual los militares, con la simple diferencia que un militar está preparado para la lucha, y ha elegido las armas y de antemano se presta para el combate y sus consecuencias.

    Como dice Enrico, la justicia puede manejar penas diferentes a responsabilidades diferentes, lo que no puede es ignorar el delito.

  10. La interpretación que yo hago de la lectura de la nota es muy diferente a la que hizo José María. Es un texto buenísimo que está más allá de la ideología política de cada uno. Creo que la intención es mostrar que aunque una parte pueda ser más responsable que la otra, ninguna de ellas es inocente de las aberraciones que causan con la violencia que ejercen. El simple hecho de matar es un acto abominable, sea cual sea el motivo que impulse a alguien a hacerlo.
    Y con respecto a los republicanos y los fascistas en la guerra civil española, diez años atrás visité a mi familia en España, en Prado del Rey. En la biblioteca y en la alcaldía están documentadas todas las atrocidades y barbaridades que cometieron los republicanos cuando arrasaron con ese pueblo durante esa guerra. Y esto no significa, de ninguna manera, una justificación de las otras muertes producidas por las fuerzas de Franco.

  11. Felicitaciones por su ensayo. Soy un ciudadano argentino medio de 49 años victima emocional de “los dos demonios”. El primer demonio que conoci intento reclutarme en sus filas de una forma artera y sutil mediante la seduccion de un cuadro femenino e involucrarme en una accion que me hubiese comprometido con la organizacion donde finalmente formaria parte de los 30000 desaparecidos.
    Al segundo demonio lo conoci mas tarde al ser detenido 48 hs en una comisaria por averiguacion de antecedentes y ser golpeado y apremiado psicologicamente sin ningun motivo, entre otros episodios similares sufridos mientras intentaba algun sano esparcimiento adolescente.
    Por lo tanto estoy harto de revivir permanentemente esta lucha de poderes que solo nos sumerge en las heces de nuestra miseria sudamericana; ¿hasta cuando debere soportar este revisionismo parcial y mentiroso que nos imponen,queriendonos demostrar que los asesinos pueden ser buenos dependiendo del fin que justifique al genocidio?
    Lamentablemente en algun momento cambiaran los vientos historicos y se admiraran a los generales asesinos y tengamos que soportar nuevamente la retorica de las botas !Dios quiera que no!

  12. asi que vos pones en el mismo plano a los que lucharon contra el facismo en españa con los facistas?
    Y que tal si se pidiera la misma reconciliciacion para Alemania
    Es decir que quienes lucharon contra Hitler son tan abominables como los nazis tambien??

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