EL PAÍS MODELO, MODELADO, MODELADOR… Primera parte

Una y otra vez el oficialismo se ha encargado de popularizar la expresión “hay que defender este modelo de país”. Lo hace a través de sus políticos; de los medios gráficos que reciben cuantiosas sumas del gobierno a través de pautas publicitarias, tal como el diario Página 12, y las revistas Veintitrés y Debate, entre otros; de los empresarios defensores del dólar alto; y de los intelectuales K reunido en el espacio denominado Carta Abierta.

Este modelo, promocionado como exitoso y  socialmente redistributivo, pareciera estar haciendo agua por varios lados, por ello me parece interesante analizar brevemente en qué consiste y cuáles son sus características.

EL MODELO DE PAÍS KIRCHNERISTA

Cuando Kirchner se hizo cargo del país,  continuaban en él los conflictos sociales pero su economía, después del colapso en el 2002, había ya salido del peor momento. El dólar se encontraba estabilizado alrededor de tres pesos, y por causa de la pesificación asimétrica,  se había realizado una fenomenal transferencia de riqueza desde los bolsillos de los particulares a los de los empresarios endeudados.

A partir de su asunción, el 25 de mayo de 2003, construyó un modelo de país basado en los siguientes pilares: 1) Peso subvaluado con superávit fiscal y comercial. 2) Reestructuración de la deuda nacional con bonos mayoritariamente atados a la inflación y con pagos previstos recién a partir del año 2008 en adelante. 3) Inflación controlada con elevado consumo de bienes. 4) Conflictos sociales amortiguados gracias al otorgamiento de subsidios. 5) Una concentración del poder en el ejecutivo que relega al legislativo y al judicial. 6) Una política de derechos humanos que acciona sobre las facciones de la derecha pero ampara a las de la izquierda. 7) Un sindicalismo peronista al servicio del gobierno.

Por razones de longitud, dividiré el editorial en dos partes. En esta primera desarrollaré los tres primeros ítems vinculados a las consecuencias económicas. La segunda parte con los últimos cuatro ítems, se publicará el próximo día 23 de agosto en este mismo espacio.

 

1)      Peso subvaluado con superávit fiscal y comercial (Un dólar alto sostenido por el Banco Central).

Según los cálculos técnicos existentes en los momentos finales de la convertibilidad, el valor de cambio real del peso era de aproximadamente $1,30 por dólar. Duhalde devaluó a $ 1,40 para tener un pequeño plus que compensara probables oscilaciones del mercado. El pánico que invadió a la población rompió con esta pauta llevándolo a casi $4 por dólar.

Cuando Néstor Kirchner asumió el poder, a fines de mayo del 2003, el pánico ya estaba controlado y al dólar se había estacionado en $ 2,90. Técnicamente, el valor real del peso podía calcularse en aproximadamente $ 1,50 por dólar. Es decir, la subvaluación de la moneda argentina rondaba el 100%, por lo que el gobierno tenía un enorme “colchón” para aprovechar los beneficios de este mecanismo cambiario, aunque debía enfrentar paralelamente sus perjuicios.

 

Las consecuencias positivas fueron:

·        Salarios y gastos ultra deprimidos que promovían las exportaciones y la fabricación y venta de productos nacionales. Se encarecieron las importaciones y esto permitió a la industria nacional espléndidos beneficios que promovieron la recuperación de vastos sectores industriales. Según las estadísticas al momento del colapso en enero del 2002, el promedio de ocupación industrial estaba en el 50% de su capacidad y, en poco más de dos, años se recuperó.

·        Permitió un auge del negocio turístico. Hasta el año pasado, Argentina fue un país de muy bajos costos para los turistas. Esto ayudó a que este rubro captara gran parte de las reducidas inversiones que tuvo el país durante estos años.

·        Se logró una recuperación paulatina del comercio y de las exportaciones agropecuarias. Se obtuvo un considerable aumento de los ingresos fiscales a través de los impuestos y la imposición de retenciones aduaneras a los productos del campo. Con el gasto público reducido sensiblemente, porque los salarios y demás erogaciones se abonaban en los pesos cercanos al “1 a 1” de la convertibilidad, se pudo lograr un superávit fiscal muy importante. La estrategia fue clara: el gobierno sostenía un peso muy subvaluado pero, de toda esa renta extraordinaria que les otorgaba a los empresarios nacionales, el Estado se quedaba con una gran parte. Esto facilitó la obtención del dinero necesario para paliar, mediante subsidios, la extrema pobreza generada por el colapso financiero.

·        Con este excedente económico, se subsidiaron los transportes, energía, alimentos y otros servicios básicos para que los precios y tarifas no acompañaran la gran devaluación monetaria. Cuando comenzaron a recuperarse los salarios tan deprimidos, estos muy bajos costos de los servicios ayudaron a disminuir el alto porcentaje de pobreza de la población.

·        El aumento de la actividad industrial logró un mayor nivel de empleo, con la consiguiente baja en el desempleo, aunque las cifras de desempleo fueron tergiversadas con la exclusión de los beneficiarios de los planes sociales de las mismas.

·        Con el cambio tan desfavorable para las importaciones, también se obtuvo un fuerte superávit comercial (más exportaciones que importaciones), lo que ayudó a sostener el valor del peso.

 

Las consecuencias negativas fueron:

·       Muy poca inversión. La mayoría de las industrias no invirtieron para aumentar su posibilidad productiva. Esta circunstancia, que muestra una desconfianza crónica del empresariado nacional respecto del futuro del país, determinó que este modelo quedara limitado a la reactivación de la capacidad existente pero sin demasiada esperanza de ser ampliado y, por ende, de exportar y competir con los productos extranjeros en un marco de mayor libertad comercial. A diferencia de los industriales brasileños, los beneficios de los empresarios argentinos siguen hoy dependiendo de la sobreprotección que les pueda dar el Estado.

 

 

La mayoría de las industrias no invirtieron

 para aumentar su posibilidad productiva

 

·       Al no tener la economía mayor expansión que la ya existente, la redistribución de la riqueza quedó limitada a los subsidios otorgados mediante dos formas: los planes sociales y las compensaciones económicas a las empresas, de servicios y energía principalmente, para que sostuvieran los precios de sus productos y no acompañaran los inevitables ajustes que determinaba la fuerte devaluación del peso.

·       Para subsidiar artificialmente un dólar alto, el Banco Central tuvo que emitir constantemente moneda para comprar dólares. Luego, para evitar que esos pesos se volcaran en la plaza y se incrementara demasiado a la inflación, emitieron bonos a elevado interés con el objetivo de recuperarlos. Al no ingresar capitales para inversiones de mediano y largo plazo, la promocionada acumulación de reservas en el Banco Central fue producto de esas compras de dólares y del saldo del balance comercial. En síntesis, que las mayores reservas que hay en el Banco Central hicieron subir su activo pero, también, su pasivo.

·       La adquisición de propiedades a muy bajo valor en dólares durante los años 2002 a 2005, tanto en zonas rurales como urbanas, por parte de empresas y particulares residentes en el exterior.

 

2)      Reestructuración de la deuda nacional con bonos mayoritariamente atados a la inflación y con pagos previstos recién a partir del año 2008 en adelante.

Cuando se reestructuró gran parte de la deuda, se hizo con el pensamiento de “patear los pagos hacia adelante”. La espectacular depresión del mercado argentino aseguraba varios años sin inflación, por lo que el default del 42% de la deuda en pesos se hizo ajustable por CER, según el índice de Precios al Consumidor (IPC) que informa el INDEC. Los primeros pagos importantes comenzarían en el 2008.

Había tiempo para recuperarse y si no se ganaban las elecciones presidenciales del año 2007, los pagos de la deuda iban a ser un problema para el siguiente gobierno.

 

Las consecuencias positivas fueron:

·        El país estuvo, en la práctica, seis años sin pagar capital ni intereses importantes de la deuda (con la excepción del pago al FMI). Tuvo entonces tiempo para desarrollar políticas económicas que permitieran un crecimiento económico.

·        En su momento y gracias al default, se redujo sustancialmente el monto total de lo que el país adeudaba.

 

Las consecuencias negativas fueron:

·        Durante la renegociación de la deuda, el trato político hacia los acreedores fue vejatorio a un nivel tal que, por mucho tiempo, se cerraron para el país todas las posibilidades crediticias desde el exterior, con excepción de Venezuela, que le presta a la Argentina a altas tasas de interés. Esto obligó a buscar créditos internos a través de las letras del Banco Central negociadas a tasas también elevadas.

·        A los seis años de haber hecho la cesación de pagos más grande de la historia y después de haber ejecutado casi unilateralmente la quita más furibunda posible enemistándonos así con todos los acreedores externos e internos, insólitamente la deuda pública ha llegado a un nivel similar a la que tenía en diciembre del 2001.

 

3)      Inflación controlada con elevado consumo de bienes. (El concepto de que una inflación controlada no es mala)

Después de una década sin sufrir inflación, aparece ese flagelo social en el país. El gobierno la acepta con el argumento de que una “razonable” cuota de inflación aumenta el consumo y que éste será el principal motor del crecimiento económico.

Teóricamente, los principales generadores de una inflación son: a) Incapacidad de la oferta industrial y de servicios para satisfacer una mayor demanda de sus productos. b) Devaluación de la propia moneda. Naturalmente los productos tienden a mantener un valor constante medido en términos internacionales. Si hay devaluación, hay suba de precios en la mayoría de los artículos. c) La alta tasa de interés del crédito que encarecen los costos. d) Aumento de salarios sin una mayor contraprestación productiva; y c) Las expectativas de un mayor riesgo inflacionario para el futuro.

 

La consecuencia positiva de esta decisión fue:

·      La población, indignada y con desconfianza hacia los bancos, por causa del conflicto derivado de la pesificación asimétrica, decidió invertir sus ingresos, más los dólares que muchos tenían guardados, en propiedades y productos varios. La sensación de que, por causa de la inevitable inflación derivada de la fuerte devaluación del peso, tarde o temprano los precios subirían, estimuló su aplicación al consumo.

 

Las consecuencias negativas de esta decisión fueron:

·      A pesar de que el dólar no presentaba movimiento, cuando la industria nacional tuvo dificultades para satisfacer la mayor demanda, impulsó la inflación aumentando los precios de sus productos.

·      Aumentaron las importaciones y esto produjo una nivelación parcial de la oferta y la demanda que marcó ciertos límites al aumento de precios de los productos nacionales. Pero en aquellos rubros en los que la importación no era posible, como por ejemplo en el caso de las propiedades inmobiliarias, los valores llegaron a superar con creces a los existentes en la época de la convertibilidad. 

 

 

Fue “peor el remedio que la enfermedad” pues la

desconfianza que se generó en la sociedad

aceleró la inflación

 

·   Cuando los números inflacionarios comenzaban a descontrolarse, el matrimonio presidencial decidió inventar índices más bajos (recordemos que una buena parte de los nuevos bonos emitidos a raíz del default del país se ajustan mediante los índices de inflación). Para obtenerlos, intervinieron el INDEC y falsearon las estadísticas. Pero fue “peor el remedio que la enfermedad” pues la desconfianza que se generó en la sociedad  aceleró la inflación. Hoy, los sindicalistas exigen aumentos de sus salarios en porcentajes que duplican los índices de inflación del INDEC; los acreedores se sienten estafados y comienzan a desprenderse de sus bonos; y los empresarios frenan aun más las ya pocas inversiones que realizaban. Es que la importancia que tiene conocer la evolución económica, social y financiera de una nación es primordial a la hora de evaluar su desarrollo y decidir las inversiones de capitales. Cuando se desconfía de la veracidad de la información, el dinero se fuga –irremediablemente- hacia otros países con el consiguiente deterioro para nuestra nación. No olvidemos que vivimos en un sistema capitalista en el cual, si no aparece el capital privado de riesgo, no hay desarrollo posible.

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

 Al instrumentar una política antiinflacionaria basada en el férreo control de las principales variables, se impidió que rubros tan esenciales para el país como el petróleo, el gas y la energía en general, las comunicaciones, los transportes y los alimentos entre otros, pudieran paulatinamente corregir los precios para acercarlos a la inflación implícita generada por la gran devaluación del peso. Esto anuló las inversiones en la mayoría de esos rubros, con el agravante de que, adicionalmente, el Estado debió subsidiar a las empresas para que siguieran produciendo a precios extremadamente bajos.

Después de cinco años, el país consumió su “depósito de capital energético” y ya debemos importar gas y electricidad a valores internacionales (de tres a cinco veces más caros que el precio nacional) y dentro de muy pocos años, importaremos petróleo. El plan fue brindar energía y transporte barato a la gente financiándolo con el consumo del capital productivo de las empresas y con más impuestos. Cada vez más subsidios y, por lo tanto, cada vez un mayor aumento del gasto público improductivo que genera la necesidad de recaudar más para poder solventarlo. Pero como no hay inversiones ni aumenta la “torta” a repartir, aparecen los graves problemas sociales. La revuelta del campo fue la muestra del punto límite que tiene este esquema.

Hoy las grandes empresas dependen más del dinero que les da el Estado que del que extraen normalmente del mercado. Cupos, retenciones y prohibiciones de las exportaciones, controles de precios, presiones extorsivas con amenazas y violencia física son acciones más afines a un comportamiento mafioso que al de un gobierno nacional.

 

Se necesita mucha ineptitud para volver

 a hundir un país como la Argentina.

 

Con respecto a lo financiero, cuando, días pasados, el gobierno aceptó un préstamo de Venezuela a una tasa de casi 15% anual, cometió uno de sus más grandes errores.

En términos prácticos, en el mundo financiero es sabido que sólo aquel país que está en un gravísimo peligro de caer en una cesación de pagos puede acordar un préstamo con este altísimo nivel de intereses. Para que el lector tenga una idea más cabal de las diferencias, Brasil obtiene préstamos a una tasa que no es muy superior al 5% anual. Cristina Kirchner habrá sido consciente de su equivocación porque inmediatamente mandó comprar esos bonos aunque tuvo que pagarlos a un mayor valor. Parecería uno de esos “chistes de gallegos”. Vendemos algo por un peso y al día siguiente lo recompramos a uno con veinte.  Esta es sólo una muestra de los gruesos errores que los Kirchner cometieron durante sus cinco años de mandato.

En fin, se necesita mucha ineptitud para volver a hundir un país como la Argentina en una época en la que la suerte les permitió contar con altísimos precios en los productos que la nación está en condiciones de exportar en abundancia, y con una fuertísima devaluación internacional del dólar que ayudó notablemente a sostener el cambio monetario del peso hasta ahora.

Enrico Udenio

Autor de los ensayos “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed., 2005; y “La hipocresía argentina”, LibrosEnRed Ed.,2008.

17 de agosto de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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4 Respuestas a “EL PAÍS MODELO, MODELADO, MODELADOR… Primera parte

  1. Pero como siempre ha ocurrido, la culpa no es
    del chancho, sino de quien le da de comer.
    Esto me hace reflexionar sobre el comentario de otros textos de este autor, que respeto y admiro, donde explicaba cómo los integrantes de distintos gobiernos peronistas se sucedian en el poder y hechaban las culpas de sus males a los anteriores, olvidándose de que tambien fueron peronistas. Nosotros, el pueblo,
    creo que estamos haciendo lo mismo: Cómo juntó Cristina la cantidad de votos que la unjió
    presidenta? Quién la voto?. Después de un tiempo pasará como con Menen: Hoy no se encuentra a nadie que lo haya votado alguna vez.

  2. Enrico,

    Tu artículo es técnica, política y didácticamente impecable. Coincido en un todo, por lo que no tendría nada que agregar; solo que cuando decís “Se necesitaría mucha ineptitud para volver a hundir un país como la Argentina” yo agregaría: “A no asombrarse, porque parece que ya hay dos que están a punto de lograrlo”

  3. Estimado Enrico:
    Le agradezco sinceramente sus textos, es reconfortante que alguien razone en profundidad. Es uno de los pocos autores que me hizo sentir acompañado intelecualmente, -los formadores de opinión, y hasta los “intelectuales”, son personas con serias limitaciones a la hora de argumentar y emitir opiniones (generalmente ambivalentes y parciales…)
    Pero para que se entienda; sos un grossso Enricoooo!!! Buenísimos los textos. El análisis en “el discurso manipulador” fue magistral. Las opiniones, el análisis histórico del federalismo, y la instrucción cívica que destilás son buenísimos. Al menos para mi, que soy agrónomo y relativamente pendejo (27) Un gran abrazo.
    Quería realizar un aporte constructivo. Vos decís “Teóricamente, los principales generadores de una inflación son: a) Incapacidad de la oferta industrial y de servicios para satisfacer una mayor demanda de sus productos” con lo que no estoy plenamente de acuerdo. El precio de los productos (que al medirlos nos dicen cual es la inflación) depende de la cantidad de billetes en circulación y la cantidad de productos dispionibles. Oferta y demanda. Más que incapacidad para satisfacer una mayor demanda debería hablarse de “falta de oferta” para no pecar de teleológicos o buscar una finalidad donde no la hay. Es decir, la industria no tiene como fin satisfacer la demanda, si no su oferta debería ser prácticamente infinita. El límite a la oferta surge por poner límites a los precios. Las faltantes de productos sólo ocurren en mecados intervenidos . La oferta y la demanda siemrpe se equilibran si no hay intervención, (más allá de que la cantidad transada en el punto de equilibrio sea mayor o menor). Esto hace que nunca halla “faltantes”; entendiendo a esta “faltante” como a alguien que teniendo el dinero y estando dispuesto a pagar, no pueda adquirir algún producto. A lo sumo habrá un mayor o menor consumo por parte de los consumidores, dependiendo del punto de equilibrio.
    Por último, quería consultar sobre la compra de los bonos vendidos a Venezuela, por que tengo entendido que se compraron por que estaba cayendo su precio y, por ende, más baratos que lo que había pagado Chaves.

  4. Estimado Enrico:
    como siempre un placer leerte, comparto lo escrito y agrego que el trato vejatorio no solo es para los acreedores sino para todo el pueblo argentino que en mayor o menor medida padecemos los humores del matrimonio presidencial, me consta que pequeñas y medianas industrias no invierten en el país pero tampoco la llevan a ningún lugar por que los costos no le dan y sufren la presión de monopolios , suministradores de materia prima. Amigos del poder , que por imitación o política avasalladora tratan a sus clientes de la misma forma que este Estado nos trata a todos nosotros.
    El desmadre del Indec , desde ya no es un capricho , responde a ocultar medidas económicas espasmódicas . Me sigo preguntando cuál es el modelo ? el tan mentado modelo económico.
    Muy bueno el comentario.
    Esto a parte , lamento no haber podido asistir a la presentaciuón en la Alianza Francesa.
    Chau. Hasta luego.

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