LA VIOLENCIA QUE AHUYENTA INVERSIONES

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El estudio de la economía indica que para que un país pueda eliminar la indigencia, reducir la pobreza y los conflictos laborales, tiene que crear puestos de trabajo con remuneraciones adecuadas y posibilidad de crecimiento.

En el sistema capitalista, para crear una demanda de trabajo se requieren no sólo inversiones, sino que éstas sean competitivas. Es decir, que no surjan al amparo de privilegios, restricciones a la competencia, o como producto de negociados personales con funcionarios de turno.

Para que hayan inversiones competitivas tienen que: 1) respetarse los derechos de propiedad; 2) mantener por largo tiempo las reglas de juego comercial e industrial; 3) confiar en las estadísticas y datos que deben guiar esas inversiones; y 4) controlar la violencia política y social que estorban el desarrollo del mercado. Si no se cumplen estas cuatro premisas, el dinero huye y el país involuciona o, en el mejor de los casos, se estanca su desarrollo.

En las tres notas anteriores sobe el tema de las inversiones (“Gastar más de lo que se tiene”; Las violaciones al derecho de propiedad”; y “La imprevisibilidad política y económica”) me ocupé de los primeros tres ítems. Ahora, me referiré al último.

La violencia está instalada en la Argentina. Tiene muchas y variadas formas de ejercerse. Desde las más simples, como son la agresión física, la delincuencia y el atentado contra la integridad o la vida de las personas, hasta las más complejas, como la prepotencia, las extorsiones, los insultos, el acoso, la falta de respeto a los derechos del prójimo, el obrar con fuerza y brusquedad desmedida.

Limitándome a aquella violencia que, específicamente, ahuyenta las inversiones en la Argentina,  destaco tres claros exponentes: 1) La privación al libre tránsito; 2) La complicidad del Estado Nacional; y 3) La extorsión y la amenaza.

En esta nota, me dedicaré a analizar el primero de los temas.

Como sabemos, el ser humano es una creación imperfecta de la naturaleza. Al menos hasta lo que yo sé, es la única especie que puede llegar a matar por placer. Para organizar mejor sus interacciones y controlar la violencia, se organizó a través de un ente –denominado Estado- al que le entregó el monopolio de la fuerza. Es este Estado, a través de sus poderes ejecutivo y judicial, el que debe velar por la convivencia, la seguridad general y los derechos de sus habitantes. Cuando no lo hace, es la mano propia la que suplanta la carencia de la administración de justicia, y la falencia de las fuerzas policíacas.

La privación al libre tránsito  

Los cortes de calles, rutas y avenidas son, para gran parte de la población, una de las modalidades más violentas de reclamo ya que suprime el derecho a circular libremente, derecho amparado por el artículo 14 de la Constitución Argentina.

Es generada por grupos minoritarios de protesta –denominados “piqueteros”- cuyo objetivo es perjudicar la vida de los demás para tener, de esa manera, más probabilidades de éxito en su demanda.

El tema se complejiza cuando intervienen componentes ideológicos. En su accionar, los piqueteros argumentan motivaciones y discursos políticos cambiantes. Un día se trata de apoyar una decisión del gobierno, otro día, exactamente lo opuesto. Muchas veces ni siquiera estas causas pertenecen al país. Cortan calles solidarizándose con Irán, con Chavez, con Evo Morales, o simplemente, contra el imperialismo yanqui y el capitalismo. En lo que todos coinciden es en impedir el paso de los vehículos y amenazar a quienes pretenden seguir su camino.

En la mayoría de estos grupos, hay “energúmenos que ocultan sus rostros con paños de tela blanca estampada con líneas negras entretejidas y blanden palos de madera o hierro. Son los esbirros a cuyo cargo queda la tarea de moler a palos a cualquier transeúnte o automovilista que pretenda circular libremente por las calles de la ciudad.”(Marcelo Birmajer)(1)  Recordemos a ese automovilista que llevando a sus dos pequeños hijos en el vehículo equivocó el camino y quiso atravesar un piquete en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Lo amenazaron y agredieron con los palos, mientras los dos pequeños lloraban aterrados. Se trata de una postura muy violenta que no puede tener otras interpretaciones, ya que si el Gobierno Nacional tomó hace ya tiempo la determinación de no reprimir esta supresión de la libre circulación de los ciudadanos, los palos y los encapuchados en ningún caso pueden explicarse pensando en evitar una represalia o represión oficial.

Una de las cosas más curiosas que tiene la política argentina, incluyendo a los medios de comunicación, es la renuencia a calificar a estos grupos por lo que, en realidad, demuestran ser por su comportamiento: “patoteros, intolerantes, autoritarios” (1).

Por una paradoja inexplicable, el mote de autoritarios lo reciben aquellos que se oponen a esta violenta metodología.  El argumento que esgrimen los piqueteros para calificar así a todos aquellos que reclaman el accionar policial o judicial para ordenar las calles, es que se quiere “criminalizar la protesta social’. De manera increíble, esta calificación la hace también la autoridad nacional, por lo que coloca a la sociedad en un estado de enorme indefensión ante estos agresivos grupos de ataque a la convivencia argentina.

Esta actitud de pasividad de las fuerzas del orden tiene varias consecuencias:

La primera de todas es que, al ser promovida por el gobierno nacional (hay numerosos “piqueteros” oficialistas), el mensaje que emite es el de que hay “pase libre”  para ejercer esa metodología. Por lo tanto y desde hace años, todo aquel que tiene conflictos o reclamos sociales (lo social significa sociedad, por lo que abarcaría todo tipo de reclamo, desde la de libertad de sexos a la de exponer conflictos vecinales) utiliza el corte de calles y rutas como la forma más eficaz para el logro de un objetivo.  

Como no podía ser de otro modo, la gente del campo utilizó esta “autorización oficial de hecho” e hizo padecer a gran parte de la población con el corte de rutas durante el largo conflicto por la Resolución 125. Recordemos que cuando la violencia se da desde arriba, se extiende con espantosa facilidad hacia toda la sociedad. Los únicos límites que presenta es la mayor o menor irresponsabilidad que tengan sus ejecutantes.

Recuerdo una carta de lectores que escribí para el diario Clarín en noviembre del 2002 titulada “El camino que lleva a una nación violenta”: y que se sintetizó en este comentario – ¿Aceptaríamos los cortes de calles y rutas de los piqueteros porque consideramos justos sus reclamos, ya que la desocupación es uno de los más grandes males que puede sufrir el ser  humano? ¿Deberíamos aceptar que ocupen casas quienes no la tienen, porque carecer de una vivienda digna es una situación denigrante? ¡Y ni hablar sobre la posibilidad de asaltar comercios para proveerse de alimentos! ¿O quizá podríamos aumentar aún más la apuesta de la demanda, justificando que nos asalten por la calle para robarnos porque tenemos dinero para comer y un techo donde dormir? Para evitar esta escalada, y hasta que podamos resolver nuestros conflictos con los límites que impone la convivencia, el Estado debería limitar con autoridad toda trasgresión a las leyes. Si no, podríamos convertirnos en una nación donde la violencia de los otros sería un justificativo para utilizar la nuestra.”
Pocos años después de ese escrito, una buena parte de la población de Gualeguaychú cortó un puente internacional, que hasta el día de hoy sigue inhabilitado para transitar y que, en otras épocas, por suerte superadas, hubiera sido una acción que podría haber desencadenado una guerra entre naciones. 

¿Cuál es el límite entonces? ¿Existe? Ya hubo en Mendoza un caso de secuestro temporario de un empresario por un reclamo salarial. Muchos pensarán que es imposible que lleguemos a “institucionalizar” los secuestros de empresarios para solucionar los conflictos sociales laborales. ¿Seguro? ¿Acaso no es un reclamo justo el que los obreros o empleados necesiten ganar más para mejorar sus vidas? ¡Claro que sí! ¿Entonces? ¿Por qué no secuestrar al dueño de una empresa hasta que acceda a estas justas y válidas demandas laborales? ¿Acaso Hugo Moyano no “secuestra” a una compañía cuando por días impide el ingreso o egreso a la misma?

Todo es posible en la sociedad cuando el Estado se retira de una de las funciones básicas que su ciudadanía le otorga y reclama: combatir las transgresiones y el delito.   
La segunda consecuencia es que si el que tiene la potestad legal y legítima de usar la fuerza para hacer cumplir las leyes es incapaz de garantizar el derecho esencial a transitar libremente, la sociedad comienza a descreer que estos mismos gobernantes incapaces de solucionar lo básico, como es controlar a ciertos grupos anárquicos y/o corporativos y/o políticos que ignoran el acatamiento de la Constitución,  sean capaces de conducir con éxito el progreso socio económico de la nación. Con este descrédito, comienza a quebrantarse el ánimo de una gran parte de la población con su consiguiente deterioro de las perspectivas de desarrollo del país.

Este deterioro promueve la desinversión, lo que coloca a esos grupos transgresores de las leyes en una ridícula paradoja: con su accionar agravan su propia situación socio económica.

A tal efecto, Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas, un grupo con sede en Nueva York que representa a 190 empresas con negocios en Latinoamérica, dijo: “Los cortes de calles empeoran un clima económico ya de por si complicado, dificultan a los trabajadores llegar a sus empleos, y a los productos llegar a los mercados. Además, perjudican las inversiones, porque las empresas no quieren instalarse ni expandirse en lugares con un clima volátil”.

Es interesante contar que durante la reciente Conferencia de las Américas realizada en Miami, se dio un debate fascinante sobre este tipo de protestas entre el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y el congresista mexicano Luis Enrique Mercado.

Macri culpó al gobierno de los Kirchner por no ordenarle a la policía que mantenga las calles transitables y dijo que el aumento de cortes de calles “está llevando a Argentina a límites nunca pensados que van en dirección de una sociedad anárquica, en la que se va a perder inversión, se va a perder empleo, y va a aumentar la pobreza’‘.

Scioli disintió y argumentó a favor de la moderación y de la resolución de conflictos mediante el diálogo. “No se trata de imponer orden a cualquier costo”, dijo.  “Hay situaciones muy violentas con consecuencias fatales. Hay que encontrar un equilibrio en el marco del estado de derecho, el respeto a la propiedad privada y el reclamo de los trabajadores’.

Fue el mexicano Mercado, del partido oficialista Acción Nacional, el que le retrucó a Scioli: Estoy en total desacuerdo porque cuando las sociedades entran en una cultura en la que se tolera violar la ley, la gente dice: <Si puedo violar la ley un tantito, puedo violar la ley un poquito más>. Es una escalada. Agregó que la actual ola de violencia de los carteles del narcotráfico en México “no es algo que surgió de la nada. Empezó con la gente diciendo, si puedo violar la ley de tránsito, puedo violar otras. Es el resultado de una cultura de la ilegalidad que escaló a límites inconcebibles’‘.

El columnista del Miami Herald, el demócrata Andrés Oppenheimer, escribió recientemente sobre este tema diciendo que la solución no es castigar con azotes a los manifestantes no autorizados, como se hace en Singapur, ni encarcelarlos o recluirlos en hospitales psiquiátricos durante décadas, como se hace en Cuba. Pero debería haber consecuencias legales para quienes violan las leyes y cortan calles, perjudicando los derechos de los demás. De otra manera, los costos invisibles de los bloqueos callejeros serán cada vez mayores, y la cultura de la ilegalidad seguirá creciendo.”

Estos cortes generan millones de pesos mensuales en ventas perdidas y en inversiones que se postergan, pero hay una consecuencia mil veces peor que la pérdida económica. Se trata del deterioro de las bases morales y éticas de una población que permite un estado de anomia en la que se perforan las bases que deberían regular la convivencia.

Enrico Udenio

21 de noviembre de 2009

Próxima nota: “La violencia: La complicidad del Estado nacional”

(1)               Marcelo Birmajer. Cuentista y novelista argentino. Nota La Nación Nov.18.2009

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3 Respuestas a “LA VIOLENCIA QUE AHUYENTA INVERSIONES

  1. Académica la explicación de los grupos piqueteros, pero se le paso por alto el año 2008 en su análisis.Sera que existen dos clases de ciudadanos que nos impiden circular?.
    Por un lado los cortes “patrióticos”,”federales”,que se llevaron el aplauso de los comunicadores mediáticos.
    Por el otro los que nunca reciben aprobación,menos la comprensión que recibieron aquellos.Es el señor D´Elia (demonizado como todo dirigente popular)la fuente de nuestros males?o fue el otro D D´Angeli el que provoco el mayor daño al país que crecía a tasa chinas y que luego de los cortes y el intento destitúyente provoco que entráramos en una pendiente.
    Los cortes son buenos dependiendo de quien los aga,los subsidios son buenos según quien los recibe, las jubilaciones están bien si son los privilegiados de siempre los que las reciben, en fin será cierto lo de la distinta vara?.
    No solo las manifestaciones espantan inversores, las profecías apocalípticas, flaco favor nos hacen tanto del periodismo dependiente como de la candidata-pitonisa.

  2. Si es cierto que la convivencia depende de un sistema filosófico, jurídico, político y económico en ese orden de prioridad e inclusión no veo ninguna solución a ningún tema puntual (seguridad, vacío político, etc.) ni en el corto ni en el mediano plazo.
    Después de acordar actores sociales significativos el mediano y largo plazo , tanto en metas como en políticas de estado para alcanzarlas, recién en mi opinión es el momento de implementar las medidas para temas puntuales en el corto que establecen todos los países creíbles.
    Hoy cualquier tema puntual es sólo un síntoma más de un sistema que en lo filosófico prioriza al colectivo y que por ende condiciona en orden decreciente a priorizar los derechos sobre las obligaciones en lo jurídico, a priorizar la organización corporativa en lo político y a priorizar la planificación central en lo económico.
    ¿Como salir de este círculo vicioso de impotencia perpétua?: a mi entender se sale dando representación directa y real al par de millones de ciudadanos argentinos productivos, eficientes y más cultos, convirtiendo a los mismos en control sobre la conducta de los gobernantes siguiendo el ejemplo de control que ese par de millones ya ejecutó en Misiones contra la reelección de Rovira, en la 125, en el nuevo Congreso, etc.

  3. Con lo que dice el señor gobernador Scioli no coincido para nada como la mayoría de los electores de la provincia. Pero me llama mucho la atención la redundancia del señor Oppenheimer, si la solución no es reprimir y habla de sanciones legales: ¿Cómo se sanciona a los que cortan una calle si no es arrestándolos por medio de la fuerza?.
    Esta violencia es lo que más asusta a los inversores del exterior cuando tienen noticias de la Argentina. Soponiendo que el nuevo gobierno modifique las retenciones, ya que dada la evasión es imposible aplicar el impuesto a las ganacias de forma equitativa, y suponiendo que la sequía merme un poco, el agro es el único mercado para el cual van a aparecer inversiones ya que es una de las pocas cosas rentables, dada la demanda, por no decir la única que tiene este país. ¿A nadie le llama la atención como se saca el oro vía Chile de nuestro país sin pagar ningún tipo de retención? y ¿Qué pasa con el petroléo que se saca del sur que sigue la vía Chile con camiones que nadie controla y que obviamente tampoco paga retenciones?
    La tasa de interés es la mas alta en toda la región sudamericana, así no es posible ningún tipo de emprendimiento pyme. Obviamente que si tuviera una cantidad mas importante de dólares no los tendría en el país, el dinero es lo mas cobarde que pueda existir.
    Cuando mis conocidos de Europa y USA ven a Luis de Elía hablando de que hay que matar a los ricos en la televisión o por la web, tiene un efecto inmediato sobre las posibles inversiones, espanta más que el INDEC y hasta perjudica al turismo, ya que si alguien planea venir a gastar sus dólares en nuestro país dejándonos divisas, prefiere destinos menos complicados como Brasil.
    Recuerdo lo que le pasó al gobernador Sobich de Neuquén con el docente que murió tras la represión que ordenó. Hasta hicieron una manifestación en Capital Federal y las universidades no dieron clase. Una gran hipocresía que después se salga a pedir mano dura por parte de algunos porque ahora conviene políticamente. Yo siempre pedí que se rerspete la ley a cualquier costo y voy a mantener mi opinión aunque haya heridos en el futuro cercano. Si alguien quiere manifestarse llamando la atención de la prensa que vaya a los lugares donde hay que ir sin perjudicar al que quiere trabajar, para eso está la Plaza del Congreso o la Plaza de Mayo y no es necesario cortar ninguna calle.
    Excelente su análisis como siempre señor Udenio. Saludos desde Punta Alta (Puerto Belgrano) a 20 km de Bahía Blanca.

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