VENDER GATO POR LIEBRE NO ES UN BUEN NEGOCIO

En pocos días más se sabrá cuál es el nivel de aceptación que tendrá el nuevo ofrecimiento de canje de la deuda externa impaga. Se trata de una instancia clave para el país ya que, si no se logra cubrir un mínimo de 70% de aceptación por parte de los “holdouts”, proseguirán en el futuro los embargos a todo bien o inmueble que posea el Estado en el exterior.
La complejidad de este tema me motiva a intentar aclarar algunos mitos y ciertas dudas.

LA DEUDA ILEGÍTIMA

Grupos y partidos de la izquierda argentina insisten en que la deuda debe ser revisada por considerarla ilegítima. En este ítem, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene toda la razón cuando dice que esta posibilidad podría haberse llevado a cabo sólo durante los gobiernos inmediatos a la dictadura militar, pero no ahora. Recordemos que gran parte de esa deuda se inició durante la década del 70 –gobierno peronista y dictadura militar- y ya han pasado casi cuarenta años de aquel entonces. Desde una mirada imparcial, es poco serio e inaceptable que lo que no se hizo entonces se quiera realizar hoy. No existe un derecho internacional que lo ampare y ni siquiera posibilidades técnicas para ejecutar una exhaustiva revisión de esa deuda. Suena más a un discurso político nacionalista, populista y/o anarquista que a una probabilidad ajustada a la ética financiera y a las normas vigentes.  

LA DEUDA EXTERNA COMO EL GRAN CUCO

La deuda externa siempre fue un gran “cuco”, receptor de la mayoría de las acusaciones populares. En realidad, en la Argentina de hoy lo es porque ésta se encuentra en cesación de pagos y, por ello, el país sufre sanciones y constantes embargos en el exterior, lo que imposibilita su buen desarrollo económico. Por el contrario, una deuda equilibrada y en estado normal de pagos y financiamiento ayudaría en mucho al ansiado progreso.

Es importante señalar que, si bien el gobierno de Menem endeudó irresponsablemente al país en su búsqueda de financiamiento para los abultados déficit que caracterizaron a todos los años de su gobierno, las grandes dificultades para captar inversiones que tuvo el país con posterioridad al “default” demostraron que el crecimiento de una nación no pasa esencialmente por carecer de obligaciones monetarias. No nos olvidemos de que desde el 2002 hasta fines del 2009, la Argentina no pagó ni capital ni intereses de la deuda (salvo acotadas  remesas a los organismos de crédito internacional) y, a pesar de ello, no pudo salir de la crisis ni de la emergencia económica.
Por otro lado, la mayoría de los economistas consideran que si tomáramos como “verdad absoluta” la imposibilidad de crecer endeudados, no habría explicación para los crecimientos económicos de las naciones desarrolladas, todas ellas altamente endeudadas.

Vuelvo a mencionar un encuentro que tuve hace muchos años en Tokio, que mencionara en una nota anterior. Era con uno de los directores de mayor edad del poderosísimo Eximbank (el banco de exportaciones e importaciones del gobierno de Japón). Esa noche tuvimos una conversación sobre las implicancias que tenía para una nación la deuda externa. Nunca olvidaré una frase que me dijo este hombre: “Hay dos cosas por las que un gobierno debe preocuparse. La primera, en  invertir en desarrollo los préstamos que recibe. La segunda, en pagar (con los beneficios), sólo los intereses. Si se cumplen estas dos premisas, el capital de la deuda no cuenta porque jamás se devolverá”. 
La Argentina, durante casi toda su historia, se endeudó mayoritariamente para pagar los intereses de las deudas. No es necesario ser un especialista en cálculos financieros para saber que, cuando se toman préstamos para pagar intereses, cualquier deuda crece al igual que una bola de nieve rodando desde una cima.
Por ello, es perfectamente viable que una nación, desarrollada o no, se endeude para impulsar su crecimiento socio económico pues, para satisfacer las continuas y exigentes necesidades de su población no le bastará su capacidad de ahorro privado interno ni le serán suficientes los ingresos provenientes del fisco y la aduana.

 
 
¿FUE BUENO EL CANJE DE LA DEUDA EN EL 2005?

“La venganza es como una piedra que rueda, la cual cuando un hombre la ha forzado a subir por una colina, se volverá contra él con mayor violencia” Jeremy Taylor (1613-1667) Escritor y obispo anglicano

El camino que, una vez electo presidente, eligió Néstor Kirchner para elevar la alicaída autoestima de los habitantes del país, devenida a partir de la gran crisis de los años 2001 y 2002, fue el de un agresivo discurso tanto contra sus antecesores como con respecto al liberalismo económico, en especial el foráneo. Con ello logró movilizar las emociones nacionalistas de la población recibiendo, a cambio, un enorme porcentaje de apoyo hacia su gestión. Las encuestas a principios del 2006, tres años después de haber asumido, mostraron que más del 70% de la población estaba de acuerdo con su gobierno y, en especial, con la pesificación asimétrica y el resultado del canje de la deuda externa. Esto indicaría que gran parte del pueblo quedó capturado por sus necesidades al hacer propio el pensamiento oficial de que no hay obligación de honrar los compromisos contractuales asumidos si las circunstancias o las crisis así lo justifican.

Todo este apoyo también se debió a la influencia de un discurso a través del cual funcionarios, medios de comunicación y distinguidos profesionales se encargaron de transmitir a la población que el canje de la deuda externa fue muy exitoso y que, de allí en más, “el país, sólo puede crecer”.
Sin lugar a dudas, produce una sensación de alivio el hecho de reducir drásticamente una deuda, pero si éste fuera la clave del éxito no habría impedimento para que todo el mundo endeudado le haga “pito catalán” (1) a todos sus acreedores. Si el desarrollo económico pasara por no pagar, ¿quién no quisiera tenerlo asegurado?

Sobre el tema del canje traigo a colación una página escrita en el año 2006 en mi libro “La Hipocresía Argentina”:

“Néstor Kirchner popularizó, también, la fantasía de que no se pagarían los miles de millones de dólares (2) que pertenecen a los que no aceptaron la propuesta argentina, ya que las resoluciones judiciales terminarían siendo favorables al país y, en el caso de que no lo fueran, igualmente los acreedores no podrían hacer efectivo el cobro mientras ellos estuvieran en el gobierno. Esta decisión obliga a que, año tras año, el Congreso argentino prorrogue el estado de “emergencia económica” (3) del país pues, de otra manera, no podría evitar la avalancha de juicios internacionales por causa de esa deuda impaga. (…)  Esto muestra un alto nivel de voluntarismo y pensamiento mágico en un país como la Argentina que posee antecedentes históricos de trasgresión sistemática a las reglas establecidas. Respecto a esto, ya se está comprobando la intervención del gobierno en el organismo estatal de medición (INDEC) para que los índices de inflación muestren porcentajes menores a los reales, lo cual significa una estafa a los propietarios de los bonos.
(…) Después del default se difundió la idea poco probable de que pronto volverían los créditos y las inversiones (4). Seguir obteniendo ayuda de aquellos a los que dañamos quitándoles un dinero que les pertenece sin que medie negociación de partes, dependerá, finalmente, de la magnitud de esa quita y de la forma en la que se la consiga. El caso argentino mostró un recorte descomunal y una manera hostil en la forma de obtenerlo. Haber informado al acreedor que no se le va a pagar entre aplausos y vítores, además de insultarlo reiteradamente calificándolo como idiota útil, explotador, usurero o ladrón, no es el mejor camino a seguir cuando probablemente
en poco tiempo más, se deba recurrir nuevamente a él.
A su vez y según las encuestas realizadas en esos momentos, una gran mayoría de la población argentina apoyó la decisión de “no pagar” incrementando, de esta manera, la sensación del riesgo que significaba invertir en la Argentina. (…) Se reafirmaba así, la reiterada postura de la población y de sus gobernantes a transgredir sistemáticamente las leyes y la Constitución de su país. Con una legión de acreedores damnificados viviendo con un nivel de alto estrés y resentimiento, y con las organizaciones de crédito internacional acusadas sistemáticamente de destruir al país, ¿de dónde y de quiénes la Argentina puede obtener los créditos necesarios para financiar el sostenido desarrollo que el país necesita en el futuro? (…)
En realidad, la posibilidad de que no cobren los acreedores que quedaron afuera del canje de la deuda argentina parece poco realista. La experiencia indica que en los default de otros países, la mayoría de los que aceptaron la propuesta oficial logró finalmente cobrar el capital más los intereses mediante resoluciones judiciales (5). Por otra parte, la cantidad de gente que no aceptó la propuesta argentina corresponde al 50% de todos los tenedores privados de bonos argentinos en el exterior (6) (…) llenos de indignación son demasiados como para pensar en un desarrollo sin contratiempos. Algunos argumentan que si el país no tiene nada embargable fuera de sus fronteras, puede estar tranquilo. ¿Hasta cuándo? Un particular o una empresa puede preparar la quiebra o su propio “default” descapitalizándose artificialmente por largo tiempo pero, para una nación, esto es imposible ya que no puede quebrar judicialmente ni transformarse en otra entidad política.




Contrariando las creencias inducidas por la gran propaganda oficial, el tiempo transcurrido ha demostrado que no fue positivo el canje de la deuda, sino todo lo contrario. Signó por mucho tiempo al país a un ostracismo financiero internacional que inevitablemente perjudicará su desarrollo socio económico. No fue un buen negocio el vender gato por liebre.
Hubiera sido mil veces más productivo, astuto e inteligente, aprovechar el colapso de la economía argentina para renegociar toda la deuda a muy largo plazo (por ejemplo, treinta años con cinco de gracia) sin quita de capital pero sin intereses a pagar. La misma devaluación del dólar hubiera licuado a través de los años buena parte de esa deuda; los acreedores la hubieran aceptado a regañadientes pero sin sentirse agredidos ni violados en sus derechos; y la imagen de un país serio que, en pleno colapso de su economía, honraba sus deudas, le hubiera abierto las posibilidades de aprovechar con sustanciales inversiones la mejora económica que produjo el aumento de los valores internacionales de sus principales productos de exportación. 

LA PIEDRA JUDICIAL

En estos días, en el afán de convencer a los acreedores de las bondades que tiene el nuevo ofrecimiento de canje de la deuda, los funcionarios del Ministerio de Economía de la Nación se enfrentan a fuertes desafíos. Uno de los más difíciles de superar es el “problema judicial”.

Para información de los lectores, hay que decir que la mayoría de los préstamos foráneos que toman las naciones tienen la cláusula de la jurisdicción extranjera para resolver las controversias que pudieran existir en el futuro. Se trata de un requisito indispensable pues, de lo contrario, gran parte de los países se verían muy afectados en sus posibilidades de acceso financiero a los mercados mundiales.
Lamentablemente y según varios dictámenes de nuestra Corte Suprema de Justicia (3), la “emergencia económica argentina” dio y dará para todo. Por lo tanto, no es descabellado predecir inestabilidad y peligrosidad de cobro en el futuro para cualquier acreedor.
A su vez, en un juicio llevado a cabo por un fondo de acreedores del exterior que recurrió a un procedimiento denominado “exequátur”, que permite homologar en el sistema judicial local una sentencia obtenida en el extranjero, el juez Pablo Cayssials, titular desde el año pasado del juzgado de primera instancia Nº 9 del fuero Contencioso Administrativo y amigo de un camarista, Sergio Fernández,  magistrado afín al kirchnerismo y hombre clave tanto dentro de ese fuero como en el Consejo de la Magistratura, rechazó ese pedido de los acreedores aduciendo que con los bonos emitidos por el Estado argentino se “ha desconocido el principio de inmunidad soberana”. Por lo tanto, al no aceptar la renuncia a la inmunidad soberana, anula la clausula que establece las jurisdicciones extranjeras en los empréstitos que toma el Estado argentino. La realidad es que hoy, comprar bonos del Estado argentino, es un acto de gran riesgo que sólo se puede justificar con las expectativas por obtener grandes ganancias especulativas. 

LOS KIRCHNER NO SON LOS ÚNICOS CULPABLES DE LA DECADENCIA

“En la Argentina hay un escenario poco predecible. La impresión que hay en el mundo es que no es un país muy responsable. Es increíble que con su estatura y su historia mienta en sus estadísticas.”  Peter Hakim (1942-) Experto en política internacional y presidente del Inter American Dialogue.

Probablemente, la Argentina de los próximos años no tendrán a los Kirchner en la cúspide del poder, pero eso no determinará que el país inicie automáticamente un proceso de recuperación económica e inserción internacional si gran parte de la población y sus dirigentes no resuelven antes su distorsionada visión de los acontecimientos mundiales, de los mercados, y sobre lo que significa la inviolabilidad de la propiedad.  
Salvo que se tenga relación y amistad con el gobernante de turno para que les asegure fuertes protecciones y/o mercados cautivos, la Argentina es una nación cuyas reglas de juegos institucionales y comerciales son constantemente vulneradas, lo que hacen imprevisibles a las inversiones.

Para asegurar estabilidad a las inversiones nacionales y foráneas, los tres poderes del Estado deben manejarse de manera coherente; pero todo será estéril si, al mismo tiempo, la población no se esfuerza para aceptar adecuadamente los límites y las frustraciones que le impone la realidad. Es que para evitarlas, el pueblo le pide al “político-papá” metas imposibles de cumplir, y éste, argentino al fin, promete al “ciudadano-hijo” darle lo que desea, porque sabe, que de lo contrario no lo votará o, peor aún, lo promete en un acto de voluntarismo porque cree que puede reemplazar la carencia de inversiones con asistencialismos sociales.

Desde esta posición, la Argentina de este último medio siglo intenta inventar un sistema económico propio que resulta ser una extraña mezcla de un “capitalismo- individualista sin capital ni inversiones” y un “comunismo- corporativista con algunas libertades individuales”. Este frustrado intento de fusión nos pobló de incoherencias alimentadas por esta población que desde “el corazón” adhiere al estilo de vida de la mayoría de los países desarrollados capitalistas mientras que desde su discurso, se contradice. Si no se modifica, esta incoherencia nos augura como nación, aunque los Kirchner desaparezcan del poder político, una existencia conflictiva y un desarrollo de espaldas a su gran potencial de recursos económicos y humanos. 
Enrico Udenio
12 de abril de 2010

(1): “Pito Catalán” se trata de una expresión popular en Argentina que refiere a la predisposición de una persona de no pagar una deuda. Hace referencia al mito de tacañería que ostentan los españoles de origen catalán.
(2): Fuente: Evaluación determinada por un informe del Banco Central de la República Argentina, 03- 2005.
(3): Se trata del concepto de un estado de necesidad a través del cual se gobierna por encima de las leyes y la Constitución que las rige. Fue utilizado con frecuencia durante las últimas décadas tanto por dictaduras militares como por gobiernos elegidos democráticamente. En octubre de 2004, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en votación dividida, convalidó ese concepto con un histórico fallo a favor de la pesificación asimétrica realizada en enero de 2002. El argumento base que utilizaron los juristas en su aprobación fue que si bien las medidas del gobierno afectaron el derecho de propiedad amparado por la Constitución Nacional, deben ser respaldadas judicialmente pues fueron adoptadas para paliar una profunda crisis política, económica y social. Poco tiempo después, varios jueces de distintos fueros rechazaron la decisión de la Corte Suprema con el principal argumento de que: “Las emergencias, las crisis, las necesidades del Estado, son el presupuesto implícito de las garantías constitucionales. Sostener que éstas se desdibujan cuando se configuran las emergencias no es sólo un contrasentido, sino que es también desconocer que en un Estado de Derecho no existe la posibilidad de que las respuestas a los problemas puedan ser halladas fuera de la Constitución”. 
(4):
Fuente: Discurso del entonces presidente argentino, Néstor Kirchner, donde presentó los resultados del Canje de la Deuda ante la Asamblea Legislativa de la Nación, Mayo, 2005.
(5): Fuentes: Informes del FMI, años 1998, 1999, 2002 y 2003.
(6): Fuente: Informe Ministerio de Economía de la Nación, Abril 2005.

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7 Respuestas a “VENDER GATO POR LIEBRE NO ES UN BUEN NEGOCIO

  1. “La deuda externa Argentina se la puede dividir en distintas etapas, acciones de
    gobierno y diferentes coyunturas externas e internas.

    Primeramente, Argentina no se endeudó cuando quiso o porque lo solicitó, sino que la endeudaron en una primera parte por factores externos. Cuando se inicia la crisis del petróleo con el consecuente aumento del precio del barril, el excedente de Petrodólares hizo creer que no había mejor lugar para ubicar esa ganancia que en los países subdesarrollados.
    Se presumió que como un país no podía “quebrar” resultaba más conveniente (por las tasas más altas) prestarle a estos que a empresas privadas.

    Seguramente alguien puede preguntarse que tiene de malo de recibir divisas.
    El problema es que en principio los gobiernos “de facto” en la Argentina aceptaron los préstamos a tasas exageradamente altas y, además, no invirtieron en el país por lo menos como lo hizo Brasil con sus fábricas. Muchas veces gran parte de esos empréstitos se volvieron a girar al exterior para especular con tasas de interés ofrecidas en Europa que, paradójicamente, no saldaban en contrapartida el préstamo original y, especialmente, éstos préstamos fueron utilizados para sostener la “perversa tablita cambiaria” implementada por el ex Ministro de Economía Jose A. Martinez de Hoz.

    En este inicio la deuda comenzaba a tomar color, en los años de la dictadura militar durante la gestión del citado Ministro, continuada por Lorenzo Sigaut, José M. Dagnino Pastore y Jorge Wehbe, el endeudamiento argentino se multiplicó por cuatro -pasó de 8.948 millones de dólares en Marzo de 1976 a 38.736 millones en diciembre de 1982-. En este período se produce una parte de la estatización de la deuda privada, mediante seguros de cambio y pases (*).

    SEGUROS DE CAMBIO:

    Es un «seguro por el cambio del precio del dólar».

    Por ejemplo: Una empresa solicita un préstamo de 10.000 dólares al exterior, tomando el precio del dólar vigente 1 a 1. Pero se produce un aumento del dólar ó una devaluación del 200% y por ende
    ese valor del préstamo se triplica a 30.000 pesos.

    El Estado establece una tasa por el riesgo de devaluación hasta finalizar el préstamo de la empresa (fecha de pago del mismo).

    10.000 dólares = 10.000 pesos

    + tasa

    15.000 pesos es lo que paga finalmente la empresa

    Sin embargo la tasa es inferior para cubrir la devaluación.
    Lo que tendría que haber pagado la empresa son 30.000 pesos, pero pagó 15.000 pesos y 15.000 pesos los paga el Estado. El Gobierno establecía
    tasas siempre menores a las devaluaciones que él mismo efectuaba, favoreciendo a las empresas en detrimento de la sociedad.

    (*) Pases: Se utilizan como medio para prorrogar los vencimientos y obtener el ingreso de divisas aunque fueran a corto plazo.

    Contraída por bancos y compañías de primer nivel, rondaba unos 15.000 millones de dólares y fue transferida al Estado en dos oportunidades. La primera ocurrió en 1981/82
    durante la gestión de Lorenzo Sigaut, José María Dagnino Pastore y Jorge Wehbe como Ministros de Economía y de Julio Gómez, Egidio Ianella, Domingo Felipe Cavallo y Julio González del Solar como Presidentes del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La
    segunda estatización se produjo en 1985 donde el Estado asumió el total de la deuda externa privada, y con la disposición del Gobierno de atender con títulos oficiales o del Banco Central todos los compromisos financieros públicos y privados que vencieran antes del 31 de Diciembre. Así se cumplió con uno de los requisitos planteados por la banca acreedora y el FMI a los negociadores argentinos en un proceso que fue llevado a cabo por Juan V. Sourrille, como Ministro de economía,
    José L. Machinea, Presidente del Bco. Central (quien fue gerente de Finanzas Públicas del Banco Central durante gran parte del mandato de Martínez
    de Hoz), y Raul Alfonsín como Presidente, aumentado la deuda de 46.200 a 65.300 millones de dólares.

    (*) Algunas de las empresas a las que se le habría otorgado el beneficio del seguro de cambio -avales – serían entre otras: Celulosa Argentina, Cognasco, Bridas, Pérez Companc, Acindar, S.A., Autopistas Urbanas S.A.,
    Covimet S.A., Parques Interama S.A., Banco de Italia, Alpargatas, Massuh, Aluar S.A., Papel Prensa S.A., Induclor SA. (para conocer todas las empresas involucradas ver la película de Diego Musiak, “la mayor estafa al pueblo argentino”).

    Con respecto a las empresas públicas, las mismas eran obligadas a endeudarse en dólares.
    El caso YPF: Excesivo y despiadado. La empresa pedía las divisas y éstas nunca llegaban a destino. Los dólares permanecían en el Banco Central para luego ser volcados al mercado de cambios con el objeto de sostener la maliciosa tablita cambiaria. Según la Justicia, eso “se advirtió en no
    menos de 477 oportunidades, número mínimo de hechos que surge de sumar 423 préstamos externos concertados por YPF, 34 operaciones concertadas
    en forma irregular al inicio de la gestión y 20 operaciones avaladas por el Tesoro Nacional que no fueron satisfechas a su vencimiento”. Pero YPF
    nunca recibió un centavo de esos préstamos y posteriormente se le negó el seguro de cambio para saldar su deuda. ¡Increíble! Otros destinos eran las mesas de dinero, cuentas personales en el exterior, especulación, estadios de fútbol, autopistas y otras construcciones sobrevaluadas, sin que estos gastos alcanzaran la totalidad de los préstamos. Sencillamente, lobbying seguido de fraude.

    Muchas empresas más sufrieron este tipo de embates como la ITALO, Compañía Argentina de Electricidad pero de capitales suizos, la cual se estatizó absorbiendo su deuda (año 1978).”

    Fuente: Diego L. Ciurleo; http://www.revistafacultades.com.ar/notas/109-quien-endeudo-a-la-argentina.htm

    • Estimado Alejandro, el foro le agradece la inclusión de los explicaciones con respecto a algunas disposiciones financieras que existieron durante la dictadura militar.
      En efecto, la tablita de Martinez de Hoz tuvo consecuencias funestas para el país, en especial, porque generó la tristemente famosa “bicicleta financiera” (el film argentino “Plata Dulce” muestra uno de los ejemplos de la misma en aquella época) en la que se ingresaban dólares del exterior y se los colocaba a plazos en los bancos pero en pesos. Como la tablita fijaba una devaluación mucho menor que la tasa en pesos pasiva que ofrecían los bancos, el beneficio era enorme y casi seguro. Muchos ganaron fortunas aunque otros, como sucede siempre, no pudieron salir a tiempo y perdieron o su beneficio fue mucho menor.
      Caso diferente fueron los seguros de cambio en los 80. Se trató de un recurso indispensable para que no se paralizara el país.
      La Argentina se había acercado a su quiebre económico por causa de los gastos ocasionados por la guerra de Malvinas y la situación financiera mundial -muy favorable en la década del 70 por los “petrodólares”- se había revertido negativamente a principios de los 80.
      Por lo tanto, todos los importadores querían comprar los insumos de contado porque de esa manera aseguraban su costo en pesos, pero el Banco Central carecía de dólares para solventar esas compras, por lo que se obligó al comercio exterior a operar con vencimientos no menores a los 180 días de la fecha de embarque del insumo.
      Los bancos del exterior se resistieron a dar esos créditos directos por su alta peligrosidad de mora ya que si el importador no conocía cuál iba a ser su costo final (porque dependía del cambio del dólar a la fecha del vencimiento del draft) era muy probable que ante una fuerte devaluación no pudiera cumplir con su compromiso de pago porque ya había vendido esa mercadería o utilizado su insumo a un valor en pesos menor.
      En esta particular circunstancia, el seguro de cambio fue el “salvavidas” para que no se paralizara el comercio exterior. Un banco local abría una Letra de Crédito para una compra con vencimiento a 180 días, pero como el país no tenía crédito, necesitaba de un corresponsal del exterior (otro banco) que garantizara al vendedor externo ese pago. El importador contrataba el seguro (desde ya bastante caro porque las expectativas de devaluación eran elevadas) por el cual la deuda quedaba en pesos y el banco local podía
      asegurarse con el comprador argentino mediante prenda fija o móvil de esa misma mercadería.
      Es cierto que todo esto parece muy complejo pero hay que tomar en cuenta que Argentina vivió momentos muy complicados, carencia de créditos, fuertes devaluaciones, constantes huelgas, alta inflación, tablitas, desagios, múltiples cambios (llegamos a tener ocho tipos diferentes de cambio de dólar al mismo tiempo) y tantas otras variantes que inventaban los diferentes gobiernos (civiles y militares), siempre con la intención de escapar de la dificil situación. El actual gobierno es un fiel ejemplo de esta crónica actitud desesperada por salir de las crisis cuando se carece de créditos externos e internos.

      Espero haber sido útil.

      Enrico Udenio

      PD: Referente a las diferencias entre el porcentaje de la tasa que el BCRA cobraba por el seguro de cambio y la devaluación producida al momento de los vencimientos, no era siempre favorable al contratante. Incluso, cuando el seguro de cambio era optativo, muchas empresas decidían no asegurar el cambio porque preferían correr el riesgo ante el alto costo que tenía ese seguro.

  2. Muchas gracias por las aclaraciones. Sin embargo habría que ver el monto total de esas demandas, y cual fue en definitiva el recupero del Estado, y que montos fueron declarados incobrables.

  3. Sin duda una parte importante de la deuda tiene un origen ilegítimo. Por ejemplo cuando el Estado asumió deuda privada de particulares, sin contraprestación alguna (salvo las coimas que seguramente le pagaron los deudores a los funcionarios de turno). Sin embargo la nulidad debió ser alegada y probada por el primer gobierno constitucional posterior al que estatizó la deuda. Ahora sería jurídicamente imposible plantear esta cuestión. Una investigación solamente tendría un valor histórico y moral, sin consecuencias legales.

    • Estimado Horacio, para su información, cuando en 1982 el Banco Central dispuso que el Estado se hiciera cargo de la deuda externa de la empresas privadas, lo hizo con la contraprestación de esas mismas deudas.
      En realidad, el Estado Nacional tomó a su cargo esas deudas como una manera de obtener crédito (que desde el exterior se le negaba al país). Este dinero se obtuvo porque, a sus respectivos vencimientos, las empresas privadas pagaban al Banco Central, pero éste refinanciaba esos montos a través de bancos y organismos internacionales.
      A través de los años se creó el mito de que esas deudas que el Estado asumió fue para que los privados no la pagaran.
      No fue así. Áquellas pocas empresas privadas que, por cuestiones de mora económica, no pudieron afrontar sus compromisos, tuvieron que enfrentar las demandas respectivas de cobro, impulsadas por el Estado Nacional.
      Espero haberle sido útil.

      Enrico Udenio

  4. excelente descripcion de la paradoja argentina, nos encanta vivir con los beneficios de una democracia capitalista pero votamos gobernantes demagogos y populistas.

  5. Un vampiro, según la leyenda, es una criatura maligna que se alimenta de la sangre de seres vivos para mantenerse activo. Se lo define como un cadáver viviente, depredador y chupasangre.
    ¿Los vampiros son obra exclusiva de la imaginación ?
    ¿Existen los vampiros?
    Miremos a nuestro alrededor…. Los banqueros, los políticos, los empresarios, los rentistas, los grandes charman de Wall Street.. ¿Se reflejan en el espejo?.

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