EL ESTADO DEPREDADOR DETRÁS DEL RELATO BENEFACTOR

El Estado Nacional y Popular es la gran ficción por la que todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de los demás

Liberal Siglo XXIHace pocos días, Jorge Asís escribía en una nota publicada en su blog: “La oferta de centro resulta excesiva. La representación de centro izquierda es escasa. Y de la izquierda es mínima. El cuadro descripto acentúa la extinción culposa de la derecha. Extraño país (la Argentina) en el que ya nadie es de derecha. Salvo algún marginal que se disponga a provocar. Hoy hasta los empresarios impugnan el neo-liberalismo. No se habla en público de “libre mercado”, ni de privatizaciones, ni de clima de negocios. (…) La derrota de la derecha es semántica e ideológica. Sobre todo es cultural.”
Es cierto lo que dice Asís. Hoy se vive la preferencia ideológica hacia la derecha de una manera oculta. Recuerdo que 60 años atrás sucedía lo mismo pero con la izquierda. Salvo en las universidades y en algunos grupos intelectuales, no se podía expresar con claridad esa simpatía porque no era políticamente correcta ni generaba mayores adhesiones. Fue ésta una de las razones por las cuales a fines de los 60 y principios de los 70 gran parte de esa izquierda intentó infiltrarse en el peronismo porque dejaban de ser marxistas para pasar a ser peronistas reinventados como socialistas nacionales. Los mismos que hoy se autodefinen como nacionales y populares (nac & pop).
Y sucede algo similar cuando dejamos de lado el encuadre de derechas e izquierdas para enfocarnos en ideologías mucho más precisas: Los conservadores prácticamente han desaparecidos; los liberales son ninguneados; y los fascistas y comunistas defenestrados. En la práctica política la mayoría se dice del centro, algunos tirados un poco a la izquierda, otros a la derecha, pero casi todos defendiendo al Estado depredador detrás del relato de un Estado benefactor.

LA LIBERTAD ES LA BASE DEL ACTUAL SER HUMANO
Antítesis del populismo, las ideas liberales hoy siguen vigentes en el mundo desarrollado al sostener el concepto de que para determinar si una medida es buena o mala, se debe mirar sus consecuencias a largo plazo para toda la población, y no sólo las que tienen lugar a corto plazo para una parte de la misma.
Cuando en Francia, en 1748, Montesquieu dio a conocer su obra “El Espíritu de las Leyes”, iniciando un proceso revolucionario liberal que cambiaría todas las reglas de juego, político, económico, cultural y social existentes hasta ese momento, supongo que no imaginaba que en el siglo XXI, un mundo extremadamente distinto al suyo, continuaría con sus ideas, si bien modificadas una y otra vez al compás de los cambios demográficos y tecnológicos, manteniendo su misma base ideología: la libertad del individuo.
El marxismo, fascismo, nazismo, socialismo, nacionalismo, populismo latinoamericano, fundamentalismo religioso, anarquismo, son algunas de las numerosas experiencias que las sociedades vivieron en los intentos de cambiar, radicalmente o a través de reformas, todos o algunos de esos principios liberales.
No siempre el que sobrevive es el mejor, incluso, la historia del ser humano nos muestra que, en ocasiones, el que sobrevivió pudo haber sido el peor. Lo que podemos inferir es que, según el estudio de la naturaleza, los dinosaurios, a pesar de ser los más poderosos, desaparecieron, mientras que otras especies, en apariencia más débiles, sobrevivieron. La virtud fundamental de éstas fue que pudieron cambiar y adecuarse a las exigencias que imponía la misma naturaleza a través del paso del tiempo.
El liberalismo, bueno o malo, o mejor dicho aún, bueno y malo al mismo tiempo, demostró que durante casi 270 años fue el que más logró adecuarse a los cambios que el mismo ser humano impuso. Hasta el momento ha sido más pez que dinosaurio.

¿Y SI LLEVAMOS TRANSITANDO LA RUTA EQUIVOCADA DESDE HACE 60 AÑOS?
A principios de 2012, un grupo de jóvenes franceses decidieron propagar un video en el que osaban defender el concepto de la libertad individual.
Algunas partes del texto de ese video decían:
¿Y si llevamos transitando la ruta equivocada desde hace 60 años?
¿Y si dar siempre más espacios al Estado para dirigir nuestras vidas no fuera una buena idea?
¿Y si los ciudadanos fueran adultos libres y responsables, y no eternos adolescentes necesitados de una Mamá Estado para sonarle los mocos y de un Papá Estado para regañarles?
¿Y si multiplicar el número de cargos electos y burócratas para auscultarnos, para infantilizarnos, para saquearnos, para dirigirnos, no nos convirtió en más prósperos o generosos?
¿Y si dar cada vez más recursos al Estado para que se ocupe en nuestro lugar de nuestros cuidados, de nuestra jubilación, de nuestra vivienda, de nuestra economía, fue un error?
¿Y si cada vez más Estado no ayudara en verdad a los pobres sino al Estado mismo?
¿Y si el mejor remido contra la pobreza y el desempleo no fuera sólo redistribución, sino más prosperidad?
¿Y si la prosperidad no procediera más que de la acción de individuos libres y responsables y no de la planificación de una clase política que complica el trabajo y los intercambios?
¿Y si esta crisis no fuera una crisis del capitalismo liberal, sino una crisis del capitalismo de amigos de la corruptela política y social, consecuencia automática del intervencionismo excesivo del Estado?
¿Y si el Banco Central no fuera más que una inmensa máquina dedicada a transferir discretamente, mediante la inflación, los recursos de los pobres y de las clases medias hacia los Estados súper-endeudados y los grandes bancos?
¿Y si el dinero de los subsidios y de los estímulos no cayera del cielo, sino que procediera de nuestros bolsillos, y fuera mejor utilizados por nosotros mismos para consumir o invertir?
¿Y si el verdadero liberalismo no fuera combatido porque sea injusto e ineficaz, sino porque es la verdadera amenaza para aquellos que instrumentan el Estado para provecho propio?
¿Y si el colectivismo, incluso envuelto en bellas palabras de solidaridad, no fuera sino una ideología de sumisión, despilfarro, o apropiación legal?
¿Y si sacrificamos nuestra libertad y nuestra propiedad en provecho del Estado no hubiéramos ganado nada en seguridad o en solidaridad?
¿Y si la libertad individual, la responsabilidad individual y la propiedad individual bajo el amparo de la ley fuera el origen de nuestra prosperidad y el punto de apoyo de una sociedad armoniosa?
¿Y si llevamos transitando la ruta equivocada desde hace 60 años ignorando cada día más estos principios fundamentales?

Interesante texto que me hace pensar el hecho de que desde hace 28 años el peronismo, en sus distintas vertientes, viene gobernando la provincia de Buenos Aires, un territorio donde se ha intensificado la desigualdad, la miseria y la inseguridad en la que viven la mayoría de sus habitantes.
¿Y si llevamos eligiendo a los gobernantes equivocados desde hace 28 años?

Enrico Udenio
1 de agosto 2015

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