LA ILUSIÓN DEL ESTADO DESEADO

 Apenas cumplidos mis 18 años de edad ingresé a la Facultad de Economía y, al poco tiempo, quedé fascinado con la doctrina marxista. Cuanto más la estudiaba, más me convencía de estar ante un sistema que liberaría al ser humano del consumismo y la presión competitiva que imponía el capitalismo, y que le brindaría una mejor condición de vida. Mis padres, que eran lo que podría llamarse apolíticos, me escuchaban con atención pero sin emitir palabra. Un día, mi madre rompió su silencio y me habló de los miembros de nuestra familia que no habían podido, como nosotros, dejar Rumania, mi país de nacimiento. Mis padres, mi hermano y yo, por ser italianos, habíamos logrado salir, no sin esfuerzo, a fines de la década del 40, pero el resto de la familia no tuvo la misma posibilidad porque el gobierno comunista se lo impidió.
Mi madre me entregó las cartas en las que nuestros parientes daban cuenta del sufrimiento, la censura y sensación de esclavitud. Aún recuerdo algunas líneas: “no manden nada dentro de las cartas porque no lo recibimos ya que las abren (…) “nos han castigado porque Agop (el marido y jefe de familia) se negó a afiliarse”, son apenas pequeños ejemplos de la desesperación y tristeza anidada en ellas.

Por Enrico Udenio

Fue entonces que comprendí que una cosa podían ser las teorías y otra muy diferente llevarlas a la práctica.

LA TEORÍA

“El comunismo es la corrupción de un sueño de justicia.” Adlai  Stevenson (1900-1965). Político norteamericano. Secretario de Estado del presidente John F. Kennedy.

Desde el momento en el que mi madre me presentó aquella realidad tan diferente a la de mis fantasías, adquirí el hábito de analizar las teorías conjuntamente con sus posibilidades de aplicación práctica.
Pongamos como ejemplo a las Constituciones de los países que regulan y establecen las formas de convivencia de las poblaciones. Estas son documentos teóricos que no garantizan resultados si no se aplican de la manera adecuada. Puede que en algunas naciones con Constituciones modernas, que se articulan de manera orgánica con la realidad, pocos la acaten y, en cambio, en otros países cuyas Constituciones datan de dos siglos atrás sean rigurosamente respetadas. Incluso hay naciones que sin siquiera tener ese documento maestro respetan reglas tácitas de convivencia basada en los usos y costumbres, como sucede en Gran Bretaña. 
En la Argentina, el discurso estatista tiene muchos adherentes, tanto desde el oficialismo como desde los referentes de la izquierda y de la derecha nacionalista argentina. Este panorama ideológico amerita dedicarle algunas reflexiones.

PARA LEER LA NOTA COMPLETA,
INGRESAR EN EL PERIÓDICO
LOS ANTEOJOS DEL TATA

www.losanteojosdeltata.com.ar

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