Los Anteojos del Tata

DICTADURAS Y DEMOCRACIAS

Julio 8, 2009 · 65 comentarios

“La democracia es un asco (firmado: El Pueblo Armado)”.  Grafitis en la zona de Congreso, Buenos Aires

 

El aún no resuelto conflicto de Honduras ha llevado a la luz a uno de los más serios problemas que enfrenta la OEA (Organización de Estados Americanos). A pesar de que el presidente hondureño depuesto, Manuel Zelaya, logró el apoyo de esta organización para que aleje a Honduras de su seno, los nuevos poderes de este país no se han inmutado por ello. Al contrario, comenzaron a escucharse voces de diferentes dirigentes e intelectuales de toda América cuestionando la decisión de la OEA y tildándola de hipócrita.

 

Razones no les faltan ya que, durante los últimos años, el presidente venezolano Hugo Chávez  ha perseguido a los medios de comunicación que luchan por preservar la libertad de prensa y la OEA no dijo nunca una sola palabra acerca de ello. También enmudeció cuando el mismo Chávez generó un golpe de estado caraqueño contra el alcalde Antonio Ledesma, al crear ilegalmente el cargo de Jefe de Gobierno de Caracas con rango jerárquico superior a Ledesma. Éste, incluso, perdió el manejo del presupuesto y sus oficinas. En ese momento no importó que Ledesma fuera un gobernante elegido por el pueblo y que, según la Carta Democrática Interamericana de 2001 que promueve la democracia en la región, los países miembros estuvieran obligados a defenderlo. Tampoco dijo nada sobre la génesis del conflicto hondureño: la decisión del mismo Zelaya de ignorar las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia de Honduras y del Congreso, que lo obligaban a renunciar a su intento de reelección presidencial.

 

Durante los últimos años, circunstancias similares, arraigadas en el abuso de autoridad de los presidentes, se han cometido en muchos países de la América Latina, pero la OEA nunca emitió opinión al respecto.

Lo que sucede es que, en realidad, la eficacia ejecutiva de esta Organización supra nacional, así como está planteada, es inviable si no soluciona la incoherencia que existe en la estructura ideológica de las naciones que la componen.

 

EL PROBLEMA DE FONDO

“La Ley es como la veleta de un viejo campanario, que varía según sopla el viento”.  Leo Nicolaievich Tolstoi (1828-1910). Escritor y reformador ruso. Una de las grandes figuras de la novelística mundial.

 

En el año 2001 las naciones que la componen llegaron a un acuerdo y lo plasmaron en una Carta Democrática. En ella se comprometen a defender las estructuras democráticas en el continente. Es imposible que la OEA pueda hacerlo y la causa de este impedimento radica en que algunas de sus naciones miembros entienden a la democracia de una manera muy bizarra.

El ejemplo más claro y sencillo para explicar esto es la situación de Cuba. ¿Cómo se entiende la apertura para que este país se incorpore a la organización interamericana si existe esa Carta Democrática del año 2001?

La respuesta para que podamos entender este fenómeno la da, de manera insólita, Fernando Solanas, el director de cine argentino, y político nacionalista, que cosechó un importante volumen de votos en la última elección de la Ciudad de Buenos Aires.

En oportunidad de una reciente visita a Venezuela y Cuba, Solanas afirmó que estos dos países gozaban de una plena democracia. Fue sorprendente escuchar esa definición que rebate lo postulado por el mismo inventor del comunismo (es el sistema que rige en Cuba hacia el cual, aparentemente, se dirige Venezuela), Karl Marx, explicitó claramente que su funcionamiento se puede realizar únicamente a través de una dictadura, la del proletariado.

Así como Solanas trató de disfrazar una dictadura de democracia, la OEA acciona de manera hipócrita al invitar a Cuba para que se reincorpore, sin dar importancia a que el sistema que rige en ese país se dé de bruces con el compromiso asumido en defensa de la democracia.

 

Con esta actitud, la Organización de Estados Americanos establece de hecho una posición de prescindencia respecto de las políticas ideológicas de sus países miembros.

La postura de prescindencia ideológica no está per se, ni mal ni bien. Es tan válida como la de comprometerse con una ideología determinada. Lo que está mal, por su notable incoherencia, es que por un lado adhiera al sistema político democrático y republicano (elecciones dentro de un marco de pluripartidismo y respeto por la independencia de poderes dentro de una nación) y por el otro, acepte sistemas totalmente opuestos. Aplaude cuando algunos de los presidentes latinoamericanos se resguardan en la democracia cuando las circunstancias políticas están a su favor, pero se hace el distraído cuando los mismos funcionarios violan sus preceptos porque éstos se interponen y dificultan sus proyectos personales como gobernantes.

 

Por lo tanto, es imposible, desde una organización continental, que puedan congeniarse políticas democráticas abarcadoras cuando algunas de sus naciones miembros no lo son.

 

Por ejemplo, la Unión Europea tiene una coherencia ideológica democrática y republicana, y es justamente ésta característica uno de los principales motivos que están impidiendo la incorporación de Turquía a esa supra organización.

Situación similar se da en la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN). Sería imposible imaginar un acuerdo de defensa democrática si incluyeran a la dictadura comunista que gobierna Corea del Norte.

Sin tanto análisis, nuestros abuelos afirmarían: no se pueden mezclar el agua con el aceite.

 

Como premisa en mi vida, considero que los golpes de estado, civiles o militares, de derechas o de izquierdas, nunca son una solución para los problemas que pueda tener un país. Es extremadamente penoso que una Corte Suprema de Justicia o un Congreso recurran a las Fuerzas Armadas para evitar los abusos del Poder Ejecutivo, pero no olvidemos que, de los tres poderes que tiene una nación, el Ejecutivo es el único que tiene fuerza de fuego propia (las policías). Tanto el Legislativo como el Judicial, carecen de ellas. Esto, y lo aclaro expresamente, no los exculpa de no haber intentado otras formas de corregir la ilegal acción del ex presidente Zelaya, como pudo haber sido un juicio político previo al reemplazo presidencial.

Creo siempre que la buena política debe ser negociación continua y aceptación de la alternancia en el poder, y que la eficacia de funcionamiento de la OEA y su incidencia en el futuro democrático del continente dependerán de la coherencia y congruencia con que sus dichos y reglamentos se relacionen con los hechos en sí mismos.

 

LA EVALUACIÓN DE LA INCOHERENCIA

“Ninon de Lenclos, la célebre cortesana francesa, tenía relaciones con el conde de Choiseul, pero de quien estaba enamorada era de un actor y bailarín llamado Pecaurt. Un día se encontraron los dos y, como Pecaurt llevaba un traje que parecía un uniforme, el conde le preguntó: -¿En qué cuerpo servís?-

-Mando en un cuerpo en el que usted, mi señor conde, sirve hace tiempo.”

Anécdota extraída del libro Historia de la Historia (Círculo, 1984), de Carlos Fisas

 

Es costumbre tratar a la incoherencia como un mal menor, este es un grave error de evaluación. Cualquier proceso incoherente en la vida, implica una ruptura de relación entre las propias partes. Si decidiéramos accionar nuestro cuerpo hacia un objetivo, cualquiera sea éste, necesitamos mantener una unidad de los elementos que lo componen. Imaginemos qué nos pasaría si al salir a la calle, nuestro lado derecho quiere caminar hacia la derecha y el izquierdo hacia la izquierda, todo esto al tiempo que nuestro cerebro envía la orden de caminar hacia adelante. Nos paralizaríamos o, en el mejor de los casos, por más voluntad que pongamos en la obra, lograríamos caminar hacia uno de los tres lados con una marcada dificultad emergente de la tensión que las direcciones no atendidas provocarían. Seguramente iríamos con rapidez al médico seguros de tener alguna grave enfermedad. Entonces, ¿qué nos hace suponer que una sociedad incoherente, o un gobierno incoherente, o una organización supra nacional con esta característica, pueda tener efectos diferentes de los que experimentaríamos individualmente?

¿Desde qué lugar podemos minimizar las consecuencias de ello en temas como la ideología de una nación o de un continente, o las acciones de un gobierno, cuando, si nos llegara a pasar en forma personal no hay dudas de que cada uno de nosotros entraría en pánico, pensando en las terribles consecuencias que podríamos sufrir ante el descontrol de nuestro cuerpo y la sensación de que se desconecta de nuestra mente?

De la misma manera que sucede esto en la persona, sucede en todas sus creaciones. Sin la visión integral de un sistema político-económico, son una utopía sus posibilidades de éxito.

 

Enrico Udenio

8 de julio 2009

→ 65 comentariosCategorías: Actualidad

PRIVATIZACIONES Y ESTATIZACIONES

Julio 4, 2009 · 33 comentarios

“Los grandes espíritus siempre han encontrado violenta oposición de los mediocres. Estos últimos no pueden entender cuando un hombre no sucumbe compulsivamente a prejuicios heredados sino que, honestamente y con coraje, usa su inteligencia.”.  Albert Einstein (1879-1955). Científico considerado como el más importante del siglo XX.

 

Las elecciones legislativas del 28 de junio pasado, dejaron “picando” el tema de las privatizaciones versus nacionalizaciones, a tal punto, que ya hubo algunos comentarios de foristas en Los Anteojos del Tata.

Días antes de la elección, el jefe comunal de Buenos Aires, Mauricio Macri, un político demócrata liberal y filo peronista, anunció que, si por él fuera, volvería a privatizar Aerolíneas Argentinas y a compartir las jubilaciones entre el Estado y los privados dejando la elección a criterio personal de cada usuario.

Por el otro lado, una fuerza política comandada por el peronista populista, nacionalista y filo marxista, Fernando Solanas, realizó una rápida y exitosa campaña en la ciudad de Buenos Aires sustentada sobre el discurso de nacionalizar determinadas empresas, privatizadas durante la década de los 90. La mayoría de sus votantes, según los análisis que se realizaron, parecen provenir de los más jóvenes –siempre más inclinados hacia los parámetros de la izquierda estatista que hacia la derecha privatista- seducidos por el discurso estatista de Solanas.

 

Con respecto a los temas puntuales de Aerolíneas Argentinas y AFJP, no creo necesario decir más que lo ya explicitado en mis notas del 27 de julio del año pasado “¿De qué se ríe, Señora Presidente?”  (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/07/27/%c2%bfde-que-se-alegra-senora-presidenta/) y del 10 de noviembre pasado “La ideología como religión”  (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/11/10/la-ideologia-como-religion/).

 

Por ello y con especial dedicación a aquellos jóvenes que no han vivido la época estatista del país, voy a explicar de qué se trata, en la realidad política, social y económica, la disyuntiva que existiría entre ambas posturas: los servicios en manos del Estado o bajo el funcionamiento gerencial de los privados.

No es conveniente abordar este tema desde lo general, porque no todo lo que está en manos del Estado es deficitario y deficiente, ni todo lo que está en manos privadas es positivo y eficaz para una población. Cada servicio presenta sus particularidades. Tomemos como ejemplo a los transportes públicos. En primer lugar, es diferente si se trata de ómnibus o aerolíneas que de ferrocarriles. Una cosa es cubrir pequeños territorios y otra, extensas regiones. En segundo término, influye altamente en las decisiones el hecho de contar o no con un Estado eficiente. Si viviéramos en Japón, donde los trenes estatales funcionan mejor que los privados, la imagen que tendríamos de la eficacia del Estado sería diversa a la nuestra.

Esto nos lleva a afirmar que la conveniencia o no de estatizar o privatizar servicios depende de las características económicas, geográficas y poblacionales de cada nación.

 

Por lo tanto, pongamos un ejemplo argentino común a la mayoría de las naciones del mundo: la electricidad.

Este servicio tiene altas inversiones de infraestructura (llámese obras hidráulicas, usinas nucleares, centrales de distribución, generadores, cableados, etcétera) que son realizadas, en general, por el Estado. Por ello, en la mayoría de los países en donde se privatiza el servicio, no se transfiere la propiedad sino su gerenciamiento. Se hace sobre la base de un costo o canon que cobra el Estado por una cantidad determinada de años. La empresa privada que toma el servicio está obligada a realizar periódicas inversiones para la actualización, modernización tecnológica y ampliación del mismo. Todo lo invertido queda, al vencimiento del acuerdo, dentro de la propiedad del Estado.

Todo esto determina un proceso de costos –canon, materia prima, salarios, impuestos, intereses- que fija el valor del Kw según las zonas (cada zona tiene sus propios procesos y diferencias en esos costos) y, a partir de allí, se estipula el beneficio. Éste debe cubrir, básicamente, la amortización del capital más la reserva calculada para cumplir con las constantes inversiones que el servicio obliga. El excedente será distribuido entre los accionistas, entre los que, muchas veces, se encuentra el propio Estado.

Según los criterios de la mayoría de la población argentina, el costo del Kw debería ser bajo para que incida lo menos posible en el presupuesto familiar. Para ello, existen las tarifas diferenciales (R1, R2, C1, etc.) que intentan equilibrar según el supuesto nivel económico de los habitantes de cada área.  

 

Ahora bien, si los arqueos de los costos y beneficios necesarios dan un valor de venta “x1”, y éste es considerado alto (porque los insumos son caros o el costo del dinero es alto o la mano de obra tiene excedentes o elevados salarios), para bajarlos quedan tres posibilidades:

a)      Que el Estado reduzca canon o impuestos, lo que nunca ha hecho porque lo priva de un sistema de cobranza fácil y a su vez difícil de eludir por parte del usuario. Además, el Estado ha aprovechado esta dificultad para cobrar porcentuales de IVA muy superiores al mercado (27% en lugar de 21%) más otros impuestos adicionales.

b)     Que el Estado subsidie directamente a las empresas las diferencias que resultan entre el precio real y el políticamente ajustado por el Gobierno. Lo que sucede es que cuando este subsidio es menor a la realidad inflacionaria, la empresa descarta inversiones porque de algún lado tiene que compensar las crecientes salidas de dinero. Esta fue la política realizada por la administración Kirchner. Lo que hay que concientizar es que para la población esto no es un ahorro, ya que lo que obtiene por un lado (tarifas más baratas) el Estado se lo saca por otro (impuestos para conseguir el dinero necesario para subvencionar esas tarifas). Es muy importante conceptualizar esto, ya que en la Argentina, cualquier grupo corporativo de ciudadanos, en su lucha por sus intereses, puede requerir del gobierno una enorme cantidad de millones sin siquiera sonrojarse. Parecería que subyace la idea de que el dinero proveniente del Estado es un bien surgido del espacio infinito.

c)      Que el Estado nacionalice el servicio y se haga cargo de las pérdidas operativas. Ya no hay subsidios directos. Lo que, en función de nuestra experiencia argentina durante décadas, significa pérdidas para la empresa estatal que, por supuesto, deberán ser cubiertas por impuestos pagados por la población. Es decir, se trata de una modalidad similar al de las subvenciones directas (punto b) pero con algunos agravantes porque, al tratarse de una empresa estatal, y según las leyes laborales del país, los empleados que no cumplen con los requerimientos necesarios no pueden ser despedidos. Ya conocemos por la experiencia que nos dan cincuenta años de nacionalizaciones que, a través del tiempo, la cantidad de personal irá aumentando desproporcionadamente porque las empresas estatales son  utilizadas para emplear amigos y para paliar las cifras de desocupación. Asi como en las organizaciones estatales hay gente muy capaz y honesta, también, lamentablemente, los denominados “ñoquis” sólo tienen cabida en ellas. 

En los puntos (b) y (c), de una manera u otra, la población pagará más por el servicio, pero lo hará de una manera indirecta en lugar de hacerlo directamente a través de las tarifas acordes a los costos reales del servicio.

La experiencia en nuestro país nos ha mostrado que la inmunidad de despido, y la carencia de beneficio económico en el servicio, harán que haya más trabajadores de los que se necesiten, y que escaseen las inversiones para mejorar el servicio. Esto último se debe a que el dinero para ello deberá ponerlo el Estado, y éste siempre necesitará esos recursos económicos para cubrir necesidades sociales más acuciantes e importantes que mejorar un servicio público. Fue por esto que llegamos al extremo de no poder conseguir teléfonos, soportar continuos apagones, no poder prender más que una hornalla de gas, etcétera. Las empresas eran “nuestras” pero los productos eran ajenos a nuestra posibilidad de consumirlos.

 

EL MITO DE LOS SERVICIOS SOBERANOS

“El dinero es como un sexto sentido, sin él no puedes hacer uso de los otros cinco.”  William Somerset Maugham (1874-1965). Escritor inglés, nacido en Francia.

 

Uno de los argumentos más recurrentes esgrimidos por los defensores de las empresas del Estado, es que las tarifas son bajas porque se eliminan las ganancias de los privados. Esta constituye una idea falsa introducida por una manipulación política, o tal vez producto de la ignorancia.

Doy un ejemplo concreto: si tomamos los últimos tres años del período 1998-2001, en el que existía libertad de precios en las tarifas de los servicios públicos, vemos que las ganancias netas distribuidas en todas las empresas que manejaban los rubros gas, electricidad, teléfonos y aguas, promediaron poco más del 4% sobre lo facturado. Es decir, que si esas empresas hubieran estado regenciadas por el Estado en lugar de los privados, habríamos podido ahorrar un 4% sobre esas tarifas sin producir pérdidas operativas. Por ejemplo, en mi caso, pagué en el julio del 2001, $96 por el teléfono de mi casa. Si en lugar de tratarse de la empresa Telefónica de Argentina, hubiera sido una empresa del Estado, sin beneficio a repartir, habría pagado $ 92. Sólo $4 pesos menos. Todo precio inferior a ese, habría significado una pérdida económica que hubiera tenido que ser cubierta con los impuestos que pagan los habitantes en su conjunto, tengan o no teléfono. Esto nos hace ver que, por lo menos, si se abonan las tarifas a valor real, el que paga es el que usa el servicio. Se paga por lo uno usa y no por lo que usa otro.

 

Otro de los argumentos comunes tiene su origen en la ideología.

Una gran parte de la izquierda o la derecha nacionalista, o los grupos nacional-populistas, o, desde ya, los marxistas, piensan que lo que está en manos del Estado es soberanía política e independencia económica. Consideran que el pueblo recupera la propiedad de los servicios públicos. Si huimos de este discurso populista para adentrarnos a lo que puede significar en la vida real la frase: “la propiedad de los servicios públicos”, podemos inferir que se trata de que la población tenga acceso a tarifas bajas, lo que nos lleva a lo explicado anteriormente en esta nota. Se trata de una paradoja, salvo que en la fantasía de esa población figure la decisión de no pagar los impuestos que se necesitan para sostener esas tarifas por debajo del costo propio del servicio.

Incluso se trata de una incongruencia ideológica porque es más esencial que esos impuestos vayan a subvencionar viviendas, trabajo y alimentos, que sostener gas, luz eléctrica y teléfonos muy baratos, por importantes que estos sean.

 

Cada servicio presenta su complejidad y debe ser tratado como tal. Hay circunstancias en la que la propiedad del Estado es imprescindible y hay otras que no. Por ejemplo, un territorio extenso como el de la Argentina necesita estar intercomunicado a través de trenes. Para ello es necesaria la participación de los Estados nacionales y provinciales, ya que la oferta privada no puede cubrir con beneficios económicos zonas de poca población. Es allí donde deberían intervenir el Estado haciéndose cargo del servicio y aplicando impuestos, en lugar de subvencionar a los más ricos que son los que más aprovechan las tarifas bajas de los servicios públicos, o los viajes aéreos gratis a París o New York de funcionarios, amigos y sindicalistas.

 

Casi podría decir, que no se trata de un tema ideológico, sino más bien, es una cuestión de sentido común. Pero lamentablemente, en la Argentina, éste es el menos común de todos los sentidos. 

 

Enrico Udenio

3 de julio 2009

→ 33 comentariosCategorías: Actualidad · Política y economía

RECUERDOS PREVIOS AL DERRUMBE POLÍTICO

Junio 29, 2009 · 19 comentarios

“La estupidez posee la peligrosa capacidad de tomarse a sí misma en serio”. 

Enrico Udenio, 20 de Mayo de 1979. “Diario de un Divorciado” (Sobre la base de un poema de Luis Aute) Ed.Carra. 1981

 

El resultado de las elecciones legislativas del día de ayer, es la consecuencia lógica de un proceso de deterioro iniciado al poco tiempo de que Néstor Kirchner asumiera la presidencia de la Nación, en 2003.

En mi primera reacción, experimenté una satisfacción muy profunda, porque a la mayoría de la población le llevó sólo seis años saber que el país estaba gobernado por personas ineptas que sufrían desequilibrios emocionales y sembraban odios entre los argentinos.

A pesar de lo joven y experimental de nuestra democracia, se tomó rápidamente conciencia de que los Kirchner mintieron todo el tiempo, que desaprovecharon los mejores cuatro años de riqueza de los últimos 100 años del país, que concentraron el poder en un nivel que ni el mismo Perón pudo lograr, que se mofaron de las instituciones y la república, que utilizaron el dinero del pueblo a su antojo y capricho, y que nos hicieron pelear con todo el mundo, con excepción de Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela. Y no son justamente éstas las naciones que los argentinos eligen como modelos.   

Mientras repasaba qué decir sobre este extraordinario rechazo popular a una forma nefasta de hacer política, recordé algunos textos que escribí en el pasado y que se relacionan con el actual derrumbe político del matrimonio presidencial.

 

CORAZÓN DE DERECHA, DISCURSO DE IZQUIERDA (2003-2004)

 

En el año 2004, en mi ensayo “Corazón de derecha, discurso de izquierda” (Ugerman Editores), en el Capítulo 12, titulado “Los Medios de Comunicación”, me refería a las manifiestas complicidades del periodismo con el autoritarismo de Kirchner:

 

*   “(…) durante su mandato como gobernador en la Provincia de Santa Cruz modificó su Constitución para poder ser reelegido eternamente. Esta actitud, como ninguna otra, lo delató como un codicioso del poder, al igual que Menem y tantos otros caudillos del interior del país. ¿Cómo es posible que la mayoría del periodismo observara con tanta indulgencia esta tendencia autoritaria del actual presidente? Todavía hoy, cuando ya se observaron numerosas actitudes de Kirchner que, como mínimo, generan verdaderas sospechas sobre su condición democrática (juicio a los jueces por sus fallos, presión sobre los medios de comunicación, impulsos violentos ante las críticas a su gestión, descalificación de todo opositor, violencia verbal, entre muchos otros detalles), existen numerosas personalidades y capacitados profesionales que juzgan con enorme liviandad las palabras y acciones de este hombre. La tendencia a medir con distinto grado de tolerancia mismas actitudes, según la ideología del personaje de turno, reviste un signo de peligrosidad extrema porque, si una actitud es dañina, lo es independientemente de quien provenga. ¿Qué sucedería con la democracia argentina si Kirchner logra eternizarse en el poder utilizando sus ocho años permitidos y otros ocho años más a través de imponer a su esposa como candidata presidencial, previo paso por la gobernación de la provincia de Buenos Aires? (…) En la misma elección presidencial del año 2003, fue notable la incertidumbre y la ligereza con la que el periodismo (que a través de la opinión pública ejerce mucha influencia sobre la justicia electoral) enfrentó el increíble hecho de que todo el pueblo argentino tuviera que dirimir en la interna de una agrupación política (el peronismo). Se violó el contrato democrático y el pueblo se encontró para la segunda vuelta electoral con el hecho consumado de elegir presidente del país entre dos postulantes pertenecientes a ese mismo partido.

*   “(…) De todas las manipulaciones posibles, la que considero más perjudicial para el país es la de medir a la misma acción con diferente vara. Los medios que le perdonaron a Menem su ambición de poder a cambio de políticas socioeconómicas con las que estaban de acuerdo o les eran favorables tienen la misma responsabilidad que aquellos que le perdonan a Kirchner similar ambición de poder a cambio de políticas socioeconómicas con las que están de acuerdo o les son económicamente favorable. (…) Si bien todo periodista tiene derecho a tener su propia postura ideológica, con su trabajo debería promover el debate exponiendo sus ideas con cierto nivel de pragmatismo y la mayor cuota posible de objetividad. Sería una manera de reconocer las ideas del “otro diferente”. Una postura profesional con la que la gran mayoría del periodismo argentino está en deuda. El país necesita de periodistas que aporten conocimiento y tolerancia a la sociedad para encontrar los puntos en común con aquel que propaga con inteligencia ideas con las que uno no coincide.   

 

En el mismo libro, en el Capítulo 16, “El Transgresor”, me refería al inevitable estancamiento del desarrollo por causa de los desatinos de la política económica:

 

*    “(…) durante la administración actual de Néstor Kirchner, se mantiene buena parte del resquebrajamiento de este pilar principal del capitalismo: el derecho de propiedad. Casas y fábricas tomadas, expropiación indebida del dinero de los ahorristas y acreedores, discurso populista que busca agradar a la mayor cantidad de ciudadanos (de hecho las encuestas de opinión así lo marcan) defendiendo con mucho más fervor los derechos de los deudores y sectores carenciados en claro detrimento de los derechos de los propietarios y acreedores. Las consecuencias de ello son previsibles y muy perturbadoras para las posibilidades reales de un desarrollo económico. Por supuesto, desde el punto de vista de la ética y la sensibilidad social, un buen gobierno debe ayudar al sector más menesteroso de la población, pero no a costa de vulnerar los derechos de los que no sufren esa situación.” 

 

LA HIPOCRESÍA ARGENTINA (2006-2007)

 

En el año 2007, en mi libro “La Hipocresía Argentina” (Ed.Delared) me refería a la responsabilidad que tenía el pueblo argentino sobre los males del país:

 

 “En apariencia, el camino que eligió el presidente argentino electo en el año 2003, Néstor Kirchner, para elevar la alicaída autoestima de los habitantes del país, devenida a partir de la gran crisis de los años 2001 y 2002, fue el de un agresivo discurso tanto contra sus antecesores como con respecto al liberalismo económico, en especial el foráneo. Con ello logró movilizar las emociones nacionalistas de la población recibiendo, a cambio, un enorme porcentaje de apoyo hacia su gestión. Las encuestas a principios del 2006, tres años después de haber asumido, mostraron que más del 70% de la población estaba de acuerdo con su gobierno y, en especial, con la pesificación asimétrica y el resultado del canje de la deuda externa. Esto indicaría que gran parte del pueblo quedó capturado por sus necesidades al hacer propio el pensamiento oficial de que no hay obligación de honrar los compromisos contractuales asumidos si las circunstancias o las crisis así lo justifican. Este tipo de seducción política parece ser muy efectiva a la hora de aumentar las posibilidades electorales del quien lo utiliza”.

*   “(…) El presidente argentino, Néstor Kirchner, popularizó, también, la fantasía de que no se pagarían los miles de millones de dólares que pertenecen a los que no aceptaron la propuesta argentina, ya que las resoluciones judiciales terminarían siendo favorables al país y, en el caso de que no lo fueran, igualmente los acreedores no podrían hacer efectivo el cobro mientras él estuviera en el gobierno. Esta decisión obliga a que, año tras año, el Congreso argentino prorrogue el estado de “emergencia económica” del país pues, de otra manera, no podría evitar la avalancha de juicios internacionales por causa de esa deuda impaga. Como contrapartida, enfatiza que se pagarían los nuevos bonos utilizados para el canje de la deuda (actualizados por los índices de inflación), aunque no se entiende bien desde qué lugar lo asegura pues, con los dictámenes de la nueva Corte Suprema de Justicia, de aquí en adelante o hasta que otra corte anule lo hecho por la presente, la “emergencia económica” dará para todo y dependerá del factor político. Por lo tanto, no es descabellado predecir inestabilidad y peligrosidad de cobro en el futuro para los nuevos bonistas. Desde el gobierno se rechaza esta desconfianza pues se da por entendido que con el nuevo rumbo económico todo cambiará. Esto muestra un alto nivel de voluntarismo y pensamiento mágico en un país como la Argentina que posee antecedentes históricos de trasgresión sistemática a las reglas establecidas. Respecto a esto, ya se ha comprobado la intervención del gobierno en el organismo estatal de medición (INDEC) para que los índices de inflación muestren porcentajes menores a los reales, lo cual significa una estafa a los propietarios de los bonos.

*   “(…) Después del default se difundió la idea poco probable de que pronto volverían los créditos y las inversiones. Seguir obteniendo ayuda de aquellos a los que dañamos quitándoles un dinero que les pertenece sin que medie negociación de partes, dependerá, finalmente, de la magnitud de esa quita y de la forma en la que se la consiga. El caso argentino mostró un recorte descomunal y una manera hostil en la forma de obtenerlo. Haber informado al acreedor que no se le va a pagar entre aplausos y vítores, además de insultarlo reiteradamente calificándolo como idiota útil, explotador, usurero o ladrón, no es el mejor camino a seguir cuando probablemente en poco tiempo más, se deba recurrir nuevamente a él. A su vez y según las encuestas realizadas en esos momentos, una gran mayoría de la población argentina apoyó la decisión de “no pagar” incrementando, de esta manera, la sensación del riesgo que significaba invertir en la Argentina. A través de los medios de comunicación internacionales el mundo observaba, con estupor, que la declaración de cesación de pago, la más grande de la historia mundial en términos de volumen de deuda, no era únicamente producto de equivocadas acciones realizadas por gobernantes incapaces e irresponsables sino que, además, contaba con la aprobación de un pueblo que, con esa acción, hacía evidente su carencia de ética ante los compromisos y contratos contraídos. Se reafirmaba así, la reiterada postura de la población y de sus gobernantes a transgredir sistemáticamente las leyes y la Constitución de su país.”

 

LOS ANTEOJOS DEL TATA (2008)

 

A su vez, en algunas de las notas publicadas un año atrás, en Los Anteojos del Tata, predecía la caída del matrimonio Kirchner como un hecho inevitable, por consecuencia de sus constantes errores e incapacidad para gobernar una nación:  

 

En la nota del 7 de julio del año pasado, “La Cuenta Regresiva”, (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/07/08/la-cuenta-regresiva/)

 

 *   “(…) el gobierno de Néstor Kirchner utilizó los subsidios monetarios y la persecución y extorsión a las empresas formadoras de precios. El inesperado aumento de los valores internacionales de los principales commodities exportables de la Argentina generó cuantiosos ingresos que permitieron construir a través de los años una extensa red de enredados subsidios. Los beneficios de las compañías prestadoras de servicios comenzaron a depender del dinero que les daba el gobierno y no de su propia rentabilidad. Kirchner pagaba para que no subieran los precios. En esto consistió la esencia del denominado “modelo de país” impulsado por el matrimonio Kirchner. (…) Siempre asocié la inflación con el agua. Es imposible contener sus filtraciones cuando no tenemos una buena canalización o sufrimos el deterioro del techo y paredes. Mientras el gobierno insistía, una y otra vez, en que no había inflación, la población comenzó, durante el 2007, a darse cuenta de que les estaban mintiendo, porque los precios internos no paraban de crecer. La inflación es el peor de los males económicos para una nación, porque son los sectores carenciados los más castigados por ella.”

*   (…) “Hoy el pueblo comenzó a ver que después de los 80.000 millones de pesos que el gobierno recaudó por las retenciones aduaneras a las exportaciones, seguimos sin tener más hospitales o más escuelas, contamos con escasas obras viales y públicas y limitada energía; estamos importando gas, electricidad y en pocos años más, deberemos importar petróleo (por supuesto, a valor internacional, lo que plantea la pregunta sobre quién pagará la diferencia). Los servicios esenciales son un desastre y la Argentina es la nación de América Latina que recibe menos inversiones. (…) En el grupo G8, donde están las ocho naciones más ricas del mundo, ya se conversa sobre la posibilidad de incluir a México y Brasil entre ellas. ¡Pensar que en 1940 nuestro PBI per cápita a valor constante era el doble y el triple del de esos dos países!” (…) “Finalmente, toda la bonanza promovida por el gobierno entra en flagrante contradicción con su discurso sobre la imprescindible necesidad de seguir contando con la ley de “emergencia económica. No se entiende. ¿Vamos bien o estamos en emergencia? Ya tuvimos un presidente que nos decía: “estamos mal pero vamos bien”.

*   (…) “El cúmulo de mentiras no podrá impedir que la realidad termine finalmente imponiéndose. El país tiene mucha experiencia en estas lides. La inflación escalará cada vez más; (…) volverán las demandas (…); las inversiones privadas seguirán sin aparecer, y sin ellas no bajará la desocupación ni podrá aumentar la riqueza; la inseguridad jurídica se mantendrá (…), y el dinero que recaudará el Estado con los mayores impuestos será cada día más insuficiente para calmar los ánimos y cubrir la maraña de subsidios creados.

 *  (…) “Aunque la crisis ya se ha instalado y proseguirá su curso hasta el desenlace final, podemos depositar nuestra esperanza en la fortaleza de sus habitantes y en la evolución que nuestro país ha demostrado desde el advenimiento de la democracia en 1983.”

 

En la nota del 14 de julio del año pasado, El Desborde Emocional y Desequilibrado”; (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/07/14/el-desborde-emocional-y-desequilibrado/)

 

*   (…) “Recuerdo una leyenda israelí que cuenta que había una vez dos amigos que, no obstante estar condenados a muerte, conquistaron la simpatía del rey. Éste decidió ofrecerles una oportunidad para superar el trance: unió dos picos de una profunda quebrada mediante una soga y prometió a los condenados que si lograban pasar al otro lado, les concedía la vida. El primero de los dos, bambaleándose, logró finalmente cruzar. El otro, antes de intentarlo le preguntó a su amigo cómo lo había logrado. El compañero le contestó que no lo sabía. “¿Pero algo habrás hecho para no caerte?” -insistió el otro. “Y sí –respondió el que estaba ya a salvo- cada vez que me inclinaba demasiado para un lado, enseguida equilibraba mi cuerpo yendo para el otro”.

Es evidente que los Kirchner no pueden equilibrar su gobierno y probablemente terminen cayendo al abismo. La tragedia mayor será que se lleven con ellos al país entero en esa caída.        

 

En la nota del 20 de julio del año pasado, Una Profecía Auto-Cumplida”; (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/07/20/una-profecia-auto-cumplida/)

 

*   (…) “Cuando en la medianoche del miércoles 16 de julio, la presidenta Cristina supo que su vicepresidente, el Ingeniero Julio Cobos, desempataría la votación del senado en contra de la implementación de la Resolución nº 125, finalizó un proceso de deterioro auto infligido.”

*   (…) “no encuentro argumentos para mantener la ilusión de un probable cambio en la política de gobierno. No creo que suceda”  (…) “Es imposible pensar que exista una Cristina Fernández políticamente diferente a su marido Néstor Kirchner. En un matrimonio en el que la política es un tema de muy poca relevancia, es probable que ambos miembros de la pareja puedan tener diferentes ideologías sin que esto genere conflictos. Pero en el caso de los Kirchner, en el que la ideología y el poder político han sido los factores más importantes de sus vidas, es impensable considerar que uno pueda llegar a ser diferente al otro. Por lo tanto, los tres años y medio que faltan para que finalice el mandato del matrimonio presidencial, probablemente transcurran en medio de serios conflictos (…)”

*   (…) “La psicología define al concepto de profecía auto-cumplida como una expectativa o predicción, en la mayoría de las ocasiones de inclinación negativa, cuyo efecto hace que quien la proclama realice, de manera inconsciente, actos que conducen a que se cumpla lo predicho.” (…) “Es un fenómeno interesante, porque los individuos raramente son conscientes de que han sido las propias expectativas las que han influido sustancialmente en el comportamiento del otro.” (…) “La rebelión del sector agrario, claramente determinada por la defensa de sus intereses comerciales, pudo haber sido controlada en pocos días, pero los Kirchner motorizaron un ciclo en espiral en el que, una y otra vez, se cerraron en sus expectativas negativas denunciando como golpistas a todos los principales actores sociales que participaban o apoyaban las posiciones del campo.” (…) “Fueron numerosas las señales que dio la mayoría de la sociedad para que los Kirchner dejaran de lado sus expectativas negativas: desde la defección de importantes políticos dentro del mismo partido político gobernante hasta la unión de buena parte de la oposición, pero en los más de cuatro meses que duró la rebelión federal, los representantes del oficialismo hicieron todo lo imaginable para enervar, someter y acallar a aquellos que dudaban de la conspiración denunciada.”

 

Por último, en la nota del 3 de agosto del año pasado, “Si Hay Miseria Que No Se Note”, (http://elmensajerodelotrolado.wordpress.com/2008/08/03/144/)

 

*   (…) “La sociedad está comenzando a concientizar que los KK no cambiarán en nada su forma de gobernar. Los últimos acontecimientos muestran al matrimonio presidencial más irritado, autista, sin admitir errores ni soportar la reciente derrota parlamentaria. El ansia de venganza  los obnubila y persisten en su actitud de considerar como una rendición al hecho de aplicar la racionalidad política con aquel que piensa diferente.”

*   (…) “Creo que la suerte política está echada para ellos, aunque aun detenten un alto nivel de aceptación positiva, en especial por parte de un sector del sindicalismo, sectores poblacionales del conurbano bonaerense, y  sectores de izquierda ligados emocionalmente a la reivindicación del proyecto revolucionario de los años 70. Quizás su final sean las elecciones del 2009 o las del 2011, puede dudarse de la fecha pero no de los resultados.”

*   (…) “Sin cambiar fondo y forma, los KK no podrán evitar que la inflación continúe o que siga aumentando la pobreza en el país. No servirán los controles de los precios para evitar la inflación, las retenciones aduaneras para acumular la caja que necesitan para pagar deudas y subsidios, ni el usual discurso de echarle la culpa de todos los males a vaya saber qué mano negra. Sin un cambio por parte de nuestros gobernantes, no aparecerán las inversiones para corregir el rumbo. Y ellos no pueden cambiar, porque todo lo que hicieron hasta ahora es lo único que demostraron que sabían hacer desde que ascendieron al poder en su provincia: gobernar desde el atril. Esto nos obliga a pensar en cómo será la Argentina post-Kirchner y en cómo debemos prepararnos para afrontarla.”

 

Todos estos análisis sobre el matrimonio Kirchner, escritos en los años 2003, 2004, 2006, 2007 y 2008, mucho tiempo antes de su derrota electoral en el día de ayer, mantienen su vigencia.

 

Enrico Udenio

29 de Junio 2009

 

→ 19 comentariosCategorías: Actualidad

LOS DOS MODELOS DE PAÍS

Junio 26, 2009 · 25 comentarios

La esencia de la democracia delegativa es que sus líderes creen tener el derecho –y la obligación- de decidir como mejor les parezca qué es bueno para el país, sujetos solo al juicio de los votantes en las siguientes elecciones. Creen que estos le delegan plenamente esa autoridad durante ese lapso”.   Guillermo O’Donnell (1936). Ensayista, abogado y académico argentino en ciencias políticas.

 

Hay dos modelos en pugna: nuestro modelo nacional y el que quiere retornar a los 90”. Esta  frase de Cristina Kirchner –palabra más, palabra menos- ha sido un argumento que utilizó constantemente durante las últimas semanas en aras de aprovechar para beneficio propio la mala imagen que existe sobre la política económica implementada durante la década del 90’. Pero por las últimas encuestas que se conocen, parecería que la mayoría de la población sospecha de que se trata de otro intento de manipulación por parte del kirchnerismo.

Además, cuando despotrican de los 90’, los Kirchner no toman en cuenta que la mayor parte de esa década la gobernó el peronismo. Claro, dicen que “eso” no era peronismo, pero los que no somos partidarios del movimiento justicialista sabemos que, dentro de unos años, también se dirá que, en realidad, el matrimonio K nunca fue peronista. Estamos acostumbrados a esta camaleónica transformación.

 

Paradojalmente, Cristina y Néstor, en un punto, tienen razón. En las elecciones legislativas argentinas del próximo domingo, compiten dos modelos, pero se trata de unos muy diferentes a los que señala el matrimonio presidencial.

He escuchado a una considerable cantidad de personas que, sin ser anti-kirchneristas o, incluso, habiendo votado en el pasado a Néstor o a Cristina, han decidido retirarle su apoyo al matrimonio presidencial porque están cansados de su autoritarismo y maltrato, o porque no les agrada que el país esté peleado con todo el mundo, o porque tienen como modelos a imitar naciones muy diferentes a Venezuela y Bolivia, o porque los Kirchner se empecinaron en someter a los productores agropecuarios hundiendo al país en una profunda crisis, con independencia del crack financiero internacional.

 

Todas estas personas, quizás sin saberlo a conciencia, están reclamando por la existencia de una república.

Me refiero a que la población intuye que, efectivamente, hay que elegir entre dos modelos de país:

1) El que impulsa el gobierno, que es un sistema democrático delegativo, en el que las instituciones claves de la nación se encuentran concentradas en el Poder Ejecutivo. Este tipo de democracia la describió muy bien Guillermo O’Donnell[1]

, el cual la llamó así para diferenciarla de la democracia representativa.
Lo esencial de este tipo de democracia es que quienes son elegidos creen que los votantes les delegan la plena autoridad y que, por esto, tienen el derecho de decidir según su parecer qué es lo bueno o no para el país. Desde esta posición intentan subordinar, suprimir o cooptar a las instituciones. El único juicio al que se someten es al de los votantes en las siguientes elecciones.

 

2) El que promueven varios de los partidos políticos opositores, que es la instauración de una república federal.

 

En este punto, creo que amerita recordar la diferencia entre democracia y república.

 

DEMOCRACIA Y REPUBLICA

 “La democracia se mide no por las cosas extraordinarias que hacen sus líderes, sino por las cosas ordinarias que sus ciudadanos hacen extraordinariamente bien.” John W. Gardner (1912-2002) Ex Secretario de Salud, Educación y Bienestar Social de los EEUU. Escritor, recibió en 1964 la Medalla Presidencial a la Libertad.

 

Popularmente, democracia y república se visualizan como conceptos idénticos, pero no son tal.

La democracia (del griego, demos por pueblo y kratein por gobernar) es una doctrina política que promueve la intervención del pueblo en el gobierno político, a través de su mayoría. En cambio, la república (del latín res-pública por la cosa pública), refiere a la forma de organizar en diferentes sectores el poder público. Ejemplo: los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

 

Mientras que la primera república se estableció con el Imperio Romano, la democracia hizo su aparición histórica en la Antigua Grecia. En ella, Platón y Aristóteles, definían a la democracia y el republicanismo de maneras que sugerían la posibilidad de que la administración de un gobierno podía ser ejercida por una minoría pero para beneficio de la mayoría. Como vemos, la democracia griega no era republicana, así como la república romana, finalmente, no fue democrática.

Una cosa no significaba automáticamente la otra.

 

El cambio trascendental se produjo en 1787, cuando la Constitución norteamericana dio un giro en las definiciones de democracia y república. Con respecto a la democracia, adhirió al concepto del griego Pericles (495-429 a.C.): “un gobierno democrático recibe su nombre en razón de que no depende de unos pocos, sino de la mayoría”; pero incorporando la idea de que el pueblo gobierna a través de representantes de la mayoría y de las minorías, elegidos en forma proporcional a través de un sufragio.

En relación a la tradición republicana, la Constitución norteamericana adhirió a la idea aristotélica de gobernar para beneficio de las mayorías pero amplió su concepto incorporando los derechos que tienen las minorías a controlar a la mayoría gobernante. Propugna una república en la que los distintos intereses se supervisen y controlen entre sí. Con esto, se distancia de Aristóteles, cuya hipótesis se apoyaba sobre la administración de los bienes públicos en manos de una clase media predominante sin participación de las otras clases sociales.

El establecimiento de los Estados Unidos de Norte América como una democracia republicana y federal, con un sistema integrado por tres poderes coordinados pero independientes, sentó un precedente que sería imitado en gran parte del mundo durante los siglos siguientes. La Argentina lo incorporó en su Constitución de 1853, pero sólo pudo aplicarlo en algunos cortos períodos de su historia.

 

LOS MANDATOS POPULARES

“Siempre que tienes un gobierno muy eficiente tienes una dictadura.” Harry S. Truman (1884-1972) Ex presidente de Estados Unidos.

 

Es justamente la historia la que nos muestra que nuestro pueblo intuyó muchas veces lo que había que elegir en cada momento, más allá de si terminó equivocándose o no en alguna elección.

 

Si nos remitimos únicamente a las elecciones presidenciales de las últimas décadas, podemos ver que:

1)     En 1973, votó a la unificación y reconstrucción nacional. La población eligió mayoritariamente al FREJULI (el Justicialismo más varios partidos aliados). Su motivación principal fue que sólo Perón podía poner freno a los sucesivos gobiernos militares y unir en una convivencia pacífica a la izquierda con la derecha, fuertemente enfrentadas por causa del mundo bipolar de aquel entonces. La pronta muerte del líder populista frustró este mandato y todo terminó en una terrible guerra entre una alocada y mesiánica guerrilla y una de las más feroces represiones militares que reconoce la historia mundial.

2)     En 1983, fue la elección por la democracia. Después de tantas dictaduras militares y de tanto autoritarismo peronista, el pueblo se inclinó por Raúl Alfonsín. En este caso, el fallecido líder radical cumplió con el mandato popular e instaló la democracia representativa en el país. Lamentablemente, también enhebró una pésima política económica que desembocó en la primera hiperinflación argentina de su historia.

3)     En 1989, fue la elección para restaurar la economía. Tanto disloque monetario hizo que, el peronista Saúl Menem recibiera del pueblo el mandato de reconstruir la economía de la nación. Durante su primer período logró frenar la crónica inflación y las constantes devaluaciones de la moneda argentina, pero su enfermiza ambición de poder abrió la puerta a un profundo conflicto político dentro de su partido.

4)     En 1999, fue el voto ideológico en el que gran parte de la población apoyó un nuevo intento de construcción de un partido socialdemócrata en la Argentina. Con el nombre “FrePaSo” (Frente del País Solidario), nueve pequeños partidos políticos se unieron al radicalismo y ganaron las elecciones. Un conflicto dentro del peronismo incidió notablemente en el hecho de que la mayoría de la población castigara al peronismo y accionara un voto político –no económico porque la mayoría estaba de acuerdo en continuar la política económica basada en la convertibilidad de la moneda. Lamentablemente, surgieron desavenencias programáticas profundas en el “FrePaSo” que desencadenaron sucesivas crisis las cuales, finalmente, produjeron el colapso del gobierno, dos años antes del término de su mandato, y generaron una debacle económica y una anomia generalizada en el país. La población observó absorta cómo se declaraba la cesación de pagos y cómo en pocos días se sucedían cinco presidentes.

5)     En el 2003, se votó por un ejecutivo con fortaleza. Con el recuerdo amargo de un líder débil –Fernando de la Rúa-, el pueblo se inclinó por la opción de un presidente “fuerte” ungiendo al peronista Néstor Kirchner, un discípulo de Eduardo Duhalde, el principal enemigo político del ex presidente Saúl Menem.  

6)     En el año 2007, Cristina Fernández de Kirchner recibió el mandato popular de modificar el manifiesto autoritarismo que hacía gala su marido, pero no lo supo interpretar o no pudo cumplir con ello –probablemente porque ella no es en realidad muy diferente a como es él- por lo que se enfrenta en las elecciones de este domingo con la altamente probable pérdida de la mayoría oficialista en el Congreso.

 

Parecería que el pueblo sigue decidido a promover un cambio de forma y fondo en las acciones de un gobernante nacional.

 

LAS PRIORIDADES EN ESTA ELECCIÓN

“La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”.  George Bernard Shaw (1856-1950). Dramaturgo Irlandés. Premio nobel de literatura.

 

El oficialismo promueve una continuación de su sistema de gobierno: una democracia delegativa, en el que las instituciones claves de la nación se encuentran concentradas en el Poder Ejecutivo (o en el marido de la presidenta).

Las prerrogativas extraordinarias que tiene, desde que asumió Néstor Kirchner en el 2003, y la gran dependencia económica que sufren las provincias, eternizan esta concentración de poder. Su modalidad de gobernar es un constante pelear con la oposición interna, con los medios de comunicación críticos a sus acciones, y con los demás países –con excepción de Venezuela y Bolivia-, además de mostrar una enfermiza recurrencia a retornar al pasado –llámese décadas de los 70’ y los 90’.

 

La oposición intenta modificar este status-quo promoviendo una instauración de un sistema republicano, en la que se gobierne respetando a las minorías, fomentando el federalismo y consolidando la independencia de los otros poderes. Días atrás, una solicitada realizada por un vasto sector de la oposición sintetizó las prioridades republicanas:

  • Derogar la ley de superpoderes y cualquier otra que otorgue al Poder Ejecutivo facultades extraordinarias.
  • Modificar la ley del Consejo de la Magistratura para asegurar la independencia del Poder Judicial.
  • Defender la libertad de prensa.
  • Dictar una ley de Coparticipación Federal que termine con la dependencia política y económica de las provincias.
  • Proteger los derechos humanos, sin distinción alguna.
  • Consolidar la seguridad jurídica, el respeto de los contratos entre privados y entre estos y el Estado.
  • Diseñar una política de Estado que destrabe y promueva la producción y exportación de los productos agropecuarios y agroindustriales, revisando el sistema de retenciones.
  • Promover una nueva política exterior restableciendo las relaciones normales con el mundo al que debemos ver como una oportunidad y no un peligro.
  • Fomentar el diálogo como método permanente de consulta y consenso entre todas las fuerzas políticas.

 

Según cada momento histórico, la población envió diferentes mandatos a sus representantes.

Por tratarse de un recambio legislativo, en la actualidad, esta elección no parecería tratarse de una definición ideológica entre la derecha y la izquierda, entre las privatizaciones y las estatizaciones, entre un capitalismo de Estado (sea fascismo o populismo) y un capitalismo liberal, entre el peronismo y el liberalismo, etcétera.

Hoy parecería que la elección es entre una democracia delegativa, o una democracia representativa de una república federal.

Según la solicitada mencionada y las propuestas conocidas, hay varios partidos políticos que prometen cumplir con la reinstalación de las instituciones que representan a una república. Sólo el futuro nos dirá si efectivamente cumplieron con este mandato popular.

Mientras tanto, podemos alimentar la esperanza de que así sea, a sabiendas de que nuestro poder está en el voto.

 

Enrico Udenio

26 de junio, 2009

 


[1] Profesor emérito de Ciencia Política de la Universidad de Notre Dame (EU).

→ 25 comentariosCategorías: Actualidad

LA SANATA DE LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

Junio 23, 2009 · 48 comentarios

“Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestro pueblo quiere pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso los mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición”.  Juan Bautista Alberdi -“Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina (1855)”.

 

A pocos días de las elecciones legislativas argentinas, la “redistribución de la riqueza o de los ingresos” ya se ha transformado en una muletilla dentro de los discursos del peronismo y de la izquierda radical. El concepto teórico que encierra esta frase es que hay que distribuir la riqueza en términos más justos, y su práctica determinaría sueldos mucho más altos que los actuales para los asalariados, y ganancias menores para los patrones.

Por lo tanto, podríamos sintetizar que cuando se menciona este tipo de redistribución, se está refiriendo, principalmente, a que los asalariados ganen mucho más y los patrones menos.

Estas frases se explican únicamente en un escenario de economía de suma cero, esto es una economía sin crecimiento en la cual para que los empleados ganen más los patrones deben ganar menos. Lo que se le da a uno hay que sacárselo al otro.  

Pero si visualizamos a la economía como el arte de obtener con escasos recursos un desarrollo creciente y constante, la relación capital-trabajo se mueve en términos diferentes. Es el crecimiento del capital lo que permite mejores salarios y, por ende, una mejor y más justa distribución del ingreso de los trabajadores.

 

¿Por qué las naciones desarrolladas tienen elevados salarios y, a pesar de la suba en los costos que ello implica, sus productos pueden competir en el mundo, mientras que los países subdesarrollados o en vías de desarrollo necesitan de salarios bajos para lograr el mismo propósito?

La respuesta pertenece a una de las premisas del estudio de la economía: en las naciones desarrolladas el costo del capital y de los insumos es muy bajo, y esto posibilita que los trabajadores disfruten de altos salarios.

 

INSUMOS Y CAPITALES ASEQUIBLES, SALARIOS ALTOS

“El origen de la riqueza son el capital y el trabajo. ¿Qué duda cabe de que sin ellos llegamos a la miseria?(…) La ociosidad engendra la miseria y el atraso mental, de las cuales surgen los tiranos”.  Juan Bautista Alberdi -“Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina (1855)”.

  

Cada empresa sabe que su crecimiento está íntimamente relacionado con su capacidad para ofrecer su producto o servicio a un valor competitivo, es decir, está obligado a tomar en cuenta los límites que presentan estos valores. Si no lo hace, no solo no crecerá económicamente, sino que perderá o quebrará porque los mercados no permiten el estancamiento. En un mundo globalizado, esta interconexión se expande notablemente.

 

Pongamos un ejemplo simbólico: un producto o un servicio puede ofrecerse a un valor máximo de 100 para poder competir. Dentro de estos cien están incluidos los segmentos de los costos y el beneficio.

Los costos se distribuyen principalmente en insumos, impuestos, intereses del capital y salarios. 

Los beneficios serán la resultante entre el costo final y el máximo precio de venta que le permite el mercado.

 

¿Cómo sabemos si el beneficio obtenido es abusivo o es el mínimo razonable que necesita la empresa para promover su crecimiento?

Lo sabemos calculando el costo del capital, que son los intereses que demanda su tenencia.

Por ejemplo, hoy en la Argentina se puede obtener una renta hipotecaria privada del 22% al 24% anual en dólares. Por lo tanto, este porcentaje establece por un lado el costo del capital, y por el otro, la base del beneficio neto mínimo que una empresa debería obtener en un año, al que habría que sumarle el factor riesgo país.

Si este beneficio no fuera posible, el empresario se vería enfrentado a la circunstancia de que le convendría muchísimo más vender todo y poner a “trabajar” su dinero en los mercados financieros, que continuar arriesgando ese capital en productos de bajo beneficio, lidiando constantemente con las exigencias bancarias, las intimaciones de los entes recaudatorios, los reiterados reclamos de los empleados y la presión cuasi-mafiosa de los sindicatos.

 

Teóricamente, en el mundo de la producción, el comercio o los servicios, para poder competir con posibilidades de crecimiento y desarrollo económico, se debe contar con un dinero a un bajo costo que posibilite abundantes créditos, y/o con insumos baratos que impulsen el comercio, o con ambas circunstancias.

Por el contrario, si el dinero y los insumos fueran caros, la variable competitiva deberá depositarse en los bajos salarios, porque cuando se tienen intereses altos e impuestos elevados, no hay posibilidad de crecimiento y desarrollo sustentable si también el trabajo es caro.

 

LA SANATA

“Kirchner, que ha acumulado tanta fortuna personal puede tener un discurso de izquierda, pero su billetera es más definitoria que sus ideas. Dicho en otros términos, su discurso de izquierda populista pareciera responder a una mezcla de jueguito para la tribuna y una cortina de humo para esconder su proyecto hegemónico”.   Roberto Cachanosky. Economista liberal argentino. Escritor de varios libros de economía.

 

Una y otra vez, el actual gobierno argentino hace trampa cuando alardea de su progreso económico ya que, las comparaciones que realiza para corroborar esa ostentación las hace con relación a las cifras del año 2002, números que corresponden al excepcional colapso que sufrió el país en aquel momento. Obviamente, todas las estadísticas –anteriores o posteriores- que se hagan con relación a ese año, mostrarán que todo era o es mucho mejor.

Pero, si la comparación se efectuara respecto de los años anteriores al 2001, las cifras pasarían a ser desventajosas para la administración Kirchner. Por ejemplo, tomando en cuenta el tema de la “redistribución de riqueza” que ocupa esta nota, el mes pasado se dio a conocer un informe de SEL, en el que se detalla que a fines del año pasado, el 10% más rico tenía 33,8 veces más que el 10% más pobre. Si observamos los datos de 1998, descubrimos que en ese año, la diferencia entre el rico y el pobre fue de 34,7 veces más.

Después de 10 años, prácticamente no se modificó la brecha social.

Nos consta del esfuerzo voluntarioso que hicieron los Kirchner para mejorar la distribución del ingreso. Entonces, ¿por qué no pudieron lograrlo? Una de las respuestas posibles es que Néstor Kirchner, que es quien se ha ocupado de la economía a partir del año 2005, no pareciera poseer la idoneidad necesaria para llevar a cabo esta tarea.

 

Existen tres tipos de economía en el mundo: capitalismo, marxismo y fascismo.

En la economía capitalista –cualquiera sea su variante, conservadora, liberal o socialdemócrata- existe un proceso natural de búsqueda de abaratamiento de los costos.

Generalmente se inicia con salarios bajos pero cuando se intensifica el desarrollo económico, aparecen más capitales de riesgo, se abaratan los intereses de los créditos, bajan los derechos aduaneros de las importaciones, y disminuye la presión tributaria porque aumenta el caudal del comercio y la producción. La reducción importante en los costos que generan estas circunstancias, permite modificar la variable compensatoria de los salarios, por lo que éstos comienzan a subir.

Este proceso tiene un ejemplo muy conocido dentro de los países emergentes como es el caso, por ejemplo, de Taiwán. En 1975, el costo del crédito en el pequeño país asiático era del 25% anual y su salario mínimo estaba en los 50 dólares mensuales. En el año 2000, el capital costaba sólo 4% anual y el sueldo de un obrero ya superaba los 1.000 dólares por mes. Después de Japón, Taiwán posee hoy la industria de alta tecnología más jerarquizada del este asiático. 

 

En cambio, cuando se intenta forzar esta regla de la economía, a través de intereses bajos subvencionados por el Estado, o de un aumento de los salarios a contramano de la evolución y los costos del mercado, no hay desarrollo que dure pues las ventajas que se consiguen son, en realidad, artificiales. Por lo tanto, todo proceso económico en el que el Estado se encierra en sí mismo, ignora al mercado, abusa de impuestos “extraordinarios” y no respeta las leyes y reglamentaciones vigentes, finaliza –tarde o temprano- en el polo opuesto a lo deseado: dinero muy caro, insumos con altos costos, y salarios escandalosamente bajos por efectos de las devaluaciones y la inflación. Argentina detenta una especialización mundial en el “logro” de este resultado. Sus constantes cambios de las “reglas del juego comercial” ahuyentan a las grandes inversiones y sólo aparecen los capitales –especialmente de “los amigos”- que, por lógica, deben obtener rápidamente grandes beneficios porque saben que todo es aleatorio y circunstancial. Estos capitales son escasos y muy caros, por lo que obliga a que los salarios deban ser la variable que permita la obtención de costos finales bajos, salvo que el gobierno les haya reservado un mercado cautivo. En este caso, los usuarios -la población argentina en general- serían los perjudicados.  

 

Por lo tanto, si usted está interesado en conquistar una mejor “redistribución de la riqueza” sustentable en el tiempo, ¿qué políticas sociales y económicas deberían llevarse a cabo para no terminar en una redistribución de la pobreza?

 

Reducir la brecha social es muy importante, por lo tanto debemos exigir a los políticos que expliquen –con fundamentación teórica-  qué medidas económicas y políticas van a instrumentar en el mercado de los capitales e insumos para promover los bajos costos y posibilitar, de esta manera, un aumento real de los salarios de los trabajadores para que todos los discursos que prometen una mejor “redistribución de la riqueza” no sean pura sanata (1)

 

Enrico Udenio

Junio 22, 2009

 

(1): Expresión lunfarda que refiere a la alocución excesiva y sin sentido.

→ 48 comentariosCategorías: Actualidad

EL CLIENTELISMO DEL CONURBANO

Junio 17, 2009 · 33 comentarios

“Un hombre hambriento no es un hombre libre.”  Adlai Stevenson (1900-1965). Político norteamericano.  Secretario de Estado durante la presidencia de J.F. Kennedy.

 

A pesar de los cuantiosos ingresos con que cuenta la Provincia de Buenos Aires, está muy lejos de poder cubrir su déficit. Acumula deudas y atrasos en sus pagos que sólo puede solventar con los aportes especiales que le otorga el gobierno nacional. Esta crítica situación no modifica su poder electoral pues, por su desproporción poblacional, es la provincia que más influye en el panorama político del país. No en vano, el ex presidente Néstor Kirchner, enfrentado a una muy probable derrota nacional en las próximas elecciones, ha destinado todos sus esfuerzos a reforzar su propaganda en el electorado del segundo y tercer cordón del conurbano, los que son, paradojalmente, los más empobrecidos de la provincia.

Considero esto una paradoja pues, después de seis años de gobierno del matrimonio Kirchner y veintidós años continuos de gobiernos a cargo de mandatarios peronistas, deberían rebelarse contra el partido político que los mantiene en esas miserables condiciones de vida desde hace tanto tiempo.

 

Muchos analistas explican que esta adhesión se podría entender mediante el uso del denominado clientelismo.

¿Qué significa en la práctica esta palabra? 

Se trata de beneficios económicos y sociales que el pueblo recibe desde el Estado pero que, en lugar de ser otorgados por instituciones perfectamente organizadas y destinadas a tal efecto, se promocionan y se perciben como un regalo del líder.

El famoso clientelismo de los caudillos populistas, incluido el actual matrimonio presidencial, funciona desde esta premisa: “Todos los beneficios que el pueblo recibe son gracias a nuestra voluntad, por lo tanto, son un regalo que nosotros hacemos. Si desaparecemos, se pierden los beneficios”.

En cambio, cuando hay un funcionamiento estatal claro, sencillo y eficaz, los beneficios que recibe el pueblo en la forma de un seguro de desempleo, o una atención hospitalaria, o una educación masiva con la mayor calidad posible, se transforman en un derecho individual y social, y se perciben como provenientes de las instituciones, con independencia del gobernante de turno. Para un populista, este tipo de Estado es su enemigo, pues su figura sólo puede subsistir si no existen estas instituciones o si actúan, deben ser permeables, ineficientes y corruptas.

Una nación enferma de “populismo crónico”, como es el caso argentino, tiende a engendrar un pueblo que recurrentemente reclama “salvadores” sin concienciar que lo que necesita son buenas instituciones, y gobernantes que las respeten y conduzcan con eficacia. 

 

  

UN PAÍS EN PELIGRO POBLACIONAL

“No es perezoso únicamente el que nada hace, sino también el que podría hacer algo mejor que lo que hace.”  Sócrates (A.C. 469-399) Filósofo griego. Maestro de Platón.

 

Aunque en su Constitución se especifica claramente el ideario republicano y federal, la Argentina macrocéfala es el resultado de un crecimiento de espaldas al proyecto federal. En toda su historia, el gobierno nacional fue cautivo del poder económico y político de la provincia de Buenos Aires y de la ciudad de Buenos Aires y, en los primeros años de este siglo XXI, sigue siéndolo. Las políticas de gobierno, tarde o temprano, directa o indirectamente, siguen impulsando el afincamiento de su población en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires.

Los resultados sociales de este unitarismo son una elevadísima tasa de crecimiento demográfico entre los sectores de mayor pobreza con respecto al resto de la sociedad y una desmedida migración hacia el conglomerado urbano de Buenos Aires, con las terribles consecuencias económicas que esta tendencia significa para el país.

Los sectores de mayor pobreza tienen una desproporcionada tasa de crecimiento demográfico. Cuánto más pobre y de más bajo nivel educacional es la estructura familiar, mayor cantidad de hijos tiene. Al Estado le cuesta mucho hacerse cargo, económicamente, de la marginación social que desencadena esta desproporción en la tasa de natalidad pues para obtener los fondos necesarios debería aplicar mayor cantidad de impuestos de los que los habitantes de todo el país están dispuestos a pagar. Además, en este punto hay una discusión en la sociedad sobre si corresponde o no que la población en su conjunto tenga que asumir el costo socio-económico generado por quienes, por ignorancia, conveniencia, negligencia o irresponsabilidad, hacen caso omiso a la necesidad de una planificación familiar y buscan una asistencia estatal, en lugar de reclamar trabajo, salud y educación para sus zonas de pertenencia.

 

La situación se asemeja al de un nudo gordiano, de imposible resolución.

Sería algo así: Exacción de las riquezas del interior del país > Concentración económica del gobierno nacional que posibilita un mayor desarrollo de Buenos Aires (provincia y capital federal) > Migración de los pobladores del interior del país hacia el centro urbano de Buenos Aires en busca de mejor salud, educación y trabajo > Aumento desproporcionado de la población bonaerense > Mayores obligaciones del gobierno nacional para proveer de vivienda, salud, educación y trabajo a ese incremento de ese sector poblacional > Aumento del requerimiento de riquezas para cumplir con ese objetivo > Exacción de las riquezas del interior del país> … y se renueva el nudo con el mismo desenlace.

Paradojalmente, en el intento de proveer de una buena infraestructura y mejores servicios básicos al conurbano, aumenta la necesidad de migrar desde el interior del país y desde las naciones limítrofes, por lo que cada vez será mayor la necesidad de extraer riqueza de todo el país para cumplir con ese fin. Por lo tanto, año tras año, se empobrecerá aún más el interior, aumentará la macrocefalia del país, y la ciudad de Buenos Aires comenzará a asemejarse a una ciudad sitiada por una población conurbana que no podrá superar la marginalidad.

 

Recordemos que en el siglo XXI, cada vez más las máquinas robot serán las que cumplan los trabajos que antaño hacían los brazos humanos, lo que predeciría el hecho de que, en el futuro, la excesiva abundancia de una oferta laboral de bajo nivel concentrada en una determinada zona desencadenaría una irreparable abundancia de pobres.

 

 

LA ANTÍTESIS DE UN ESTADISTA

“Solo hay dos cosas infinitas: el Universo, y la Estupidez Humana, pero no estoy muy seguro de la primera, pero de la segunda puedes observar cómo nos destruimos sólo por demostrar quién puede más.”  Albert Einstein (1879-1955). Científico considerado como el más importante del siglo XX.

 

Es extremadamente importante para la Argentina promover un federalismo que traslade al interior del país una parte de la riqueza que ostenta tanto la ciudad como la provincia de Buenos Aires. Una de las formas más firmes para lograrlo es la expansión del consumo interno. Para ello, es necesario poblarlas con personas que puedan consumir. Para esto, ellas deben obtener ingresos a través de un trabajo genuino pues los subsidios sociales directos, por su misma génesis, son incapaces de cumplir esta función, y tampoco pueden cumplimentarla aislados proyectos de desarrollo que, históricamente, han sido circunstanciales y muy limitados a las posibilidades de la naturaleza local.

Por necesidades económicas este gobierno ha extraído en exceso las riquezas del interior del país mediante un abuso de las retenciones aduaneras a las exportaciones de los principales productos que producen las provincias. Y por necesidades electorales, ha fomentado el clientelismo en el sector más populoso del conurbano en lugar de promover el retorno a sus lugares de origen. De esta manera, está consolidando la peor de las situaciones socio-económicas que sufre la Nación: su macrocefalia.

Los Kirchner actuaron como la antítesis de un estadista. Pensaron y a accionaron con un solo objetivo: la acumulación de poder. Y en lugar de aprovechar esta acumulación para gestionar políticas que ayudaran al crecimiento económico e independencia política de las provincias –hay varias maneras muy creativas de lograrlo-, crearon un sistema de gobierno perverso para profundizar la dependencia de éstas a su conducción unitarista. Premios y castigos según su criterio fueron la constante de su mandato. De esta manera, el matrimonio presidencial hundió más al país, económica y socialmente, y fomentó un “modelo” de desunión entre los hermanos argentinos.

En el informe “Aportes para el Desarrollo Humano de la Argentina”, del  “Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo”, aparece esta cita textual:

Argentina continúa siendo un país mal unido y consolidó una suerte de <confederación de feudos>, más abocados a la tarea de conservar su poder que a la de consensuar fórmulas de cooperación que garantizarán la integración y la equidad territorial para los habitantes”.

 

Enrico Udenio

Junio 16, 2009

→ 33 comentariosCategorías: Actualidad

EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA

Junio 10, 2009 · 24 comentarios

“La vida sólo puede ser comprendida observando el pasado, más sólo puede ser vivida mirando hacia adelante.”   Søren Kierkegaard (1813-1855 Filósofo humanista danés, precursor del existencialismo y crítico de Hegel. 

¿Cómo fue posible que un país “que era democrático cuando tres partes de Europa no lo eran; un país que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América latina era un continente de hambrientos; el primer país del mundo que acabó con el analfabetismo (…) con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo y que constituía un instrumento extraordinario de creación de igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, (…) sea hoy un país empobrecido, caótico, subdesarrollado? ¿Qué pasó? ¿Alguien los invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible? No. Los argentinos se hicieron eso. Los argentinos eligieron a lo largo de los últimos 80 años las peores opciones a pesar de todas las experiencias negativas” (1).

 

Creo que un experimento puede explicar acertadamente lo que le sucedió al habitante argentino.

El ex candidato presidencial norteamericano, Al Gore, en su documental “An Inconvenient Truth“, explica el “síndrome de la rana hervida” (”boiled frog syndrome”): Si intentamos introducir una rana en agua caliente, da un salto y escapa, pero si la introducimos en agua a temperatura ambiente y procedemos a calentarla lentamente, aunque muestre una evidente incomodidad, permanece en el agua hasta morir hervida.

La cuestión estriba, pues, en lograr que la especie humana “salte”, antes de convertirse en víctima inconsciente de los pequeños cambios negativos que no percibe. Es importante que advierta, cuanto antes, la gravedad de la situación para motorizar su reacción.

 

En psicología, a este fenómeno se le da el nombre de “naturalización”. Es esta característica la que le permite al ser humano poder vivir en condiciones que alteren la satisfacción de sus necesidades básicas y de trascendencia. De otra manera, no podría subsistir en las guerras o en condiciones de habitabilidad muy precarias. Las condiciones extremas se naturalizan y pasan a conformar su forma de vivir. 

Los habitantes de este país fueron introducidos, desde hace muchas décadas, en “una olla” llena de diferentes arbitrariedades colocada sobre “una hornalla a fuego lento”, y no están siendo conscientes de que, año tras año, van adquiriendo una cultura totalitaria y transgresora que los está llevando por un camino de involución. Se han acostumbrado a un estilo de vida anárquica con “reglas de convivencia” constantemente cambiantes y estresantes.

 

 

LA CULTURA TOTALITARIA

 

En mi nota anterior, “Argentinos Devaluados” expresé:  “La Argentina padece de una cultura autoritaria, probablemente iniciada en los siglos XVII y XVIII con la monarquía española, continuada en el XIX con el predominio del caudillismo, los abusos de la oligarquía terrateniente y la lucha unitaria-federal; con la ascendencia ideológica que, en el siglo XX y a partir de las décadas del 20 y del 30, tuvieron en la población argentina el extremo nacionalismo popular, el fascismo y el marxismo, los regímenes autoritarios populistas y las dictaduras militares. Esta cultura dejó una profunda marca en los argentinos y ha jugado un rol determinante en la constante ruptura de las leyes que intenta sostener, hasta el momento en forma muy defectuosa, el sistema democrático, republicano y federal.” 

Es que a los argentinos les cuesta detectar la diferencia que existe entre un político democrático y uno totalitario, o entre un juez  que aplique la ley formal y otro que la adecue a las circunstancias políticas y populares del momento, o entre un legislador que se ocupe de legislar y otro que cumpla el rol de cubrir un voto positivo para su bancada, obligados a una lealtad más afín a un pacto mafioso que al cumplimiento del mandato electoral.

Creo importante mencionar que no estamos ante una circunstancia novedosa. Ya hace setenta años, existía un ambiente propicio para la transgresión. Hoy son los piquetes, pero “ayer” eran las bombas y las desapariciones, y “anteayer” la cárcel para los opositores, los golpes de estado y las estafas electorales de los conservadores. Recordemos una parte de la letra de Cambalache, escrita en 1934: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador… ¡Todo es igual!”

    

Lo he dicho en otras ocasiones. Creo que el fenómeno argentino puede analogarse al de un violador. No lo puede evitar y se siente compelido a repetir el hecho. Si bien con posterioridad reconoce el mal realizado, no tiene conciencia de las implicancias de su acción en el momento de realizarla.

Del mismo modo que el abusado tiende a realizar de manera activa aquello de lo que fue víctima, las nuevas generaciones de argentinos, al vivir en una sociedad cuyas reglas básicas son violadas por sus mayores, tienen altas probabilidades de transformarse en los próximos victimarios.

Como pueblo, hemos sido condescendientes con nosotros mismos hasta el hastío, buscando continuamente argumentos o explicaciones que justifiquen la recurrente tendencia a quebrar la mayoría de las normas legales y de convivencia que rigen en nuestro país. Entonces, las más de las veces convertimos nuestras transgresiones y delitos en acciones justicieras o revolucionarias.

 

¿Hay alguna manera de salir de esta cultura totalitaria a la que los argentinos se han habituado?

Sí, la hay. Es el mismo camino que recorrieron los países desarrollados: después de infinitas guerras y batallas, desencuentros y agresiones, modificaron su conducta y evolucionaron a través del respeto a las leyes vigentes más allá de las personales necesidades e indispensables reclamos de sus poblaciones por una sociedad más justa e igualitaria.

A partir de esta misma actitud, los argentinos pueden gestar un proceso positivo y constructivo alrededor del cumplimiento estricto del artículo primero de la Constitución Argentina: “La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal.”  Pero este proceso demandará mucho tiempo, por lo que es necesario resistir la intención de inventar un atajo, una costumbre muy argentina que históricamente ha fracasado. No se debe olvidar que una nación se transforma en poderosa si sus habitantes tienen en claro que la vida de su país es infinitamente mayor a la de ellos mismos. 

 

 

EL PODER DEL VOTO

“A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos seguido… y por las mismas razones.”  George Bernard Shaw. Premio Nobel Literatura 1925.

 

La cultura totalitaria a la que estoy haciendo referencia, ha llevado a los argentinos a considerar que hay que aceptar la corrupción y la búsqueda de una hegemonía en el poder como parte inevitable de un gobierno eficiente. En otras palabras, el pueblo acepta, con cierto beneplácito, la idea de que muy probablemente el gobernante “roba pero hace”.

 

Una idea básica de la democracia es la constante alternancia en el poder. Pero no es éste el pensamiento de los políticos peronistas. La postura del partido mayoritario del país ha sido siempre considerar a esa alternancia como una situación espantosa y un fracaso político. Esta posición profundizó su tendencia hacia el poder hegemónico y colaboró para que el espectro general de la política adhiera –consciente o inconscientemente- a la idea de que es necesario que al partido gobernante le vaya mal para que la oposición pueda acceder a ganar elecciones.

 

En realidad, en una democracia, los gobernantes se desgastan políticamente aunque administren bien. Por ello, en las naciones desarrolladas, los gobiernos de la derecha y de la izquierda, los conservadores, socialistas y liberales, intercambian los períodos de los mandatos.

No sucede así en la Argentina. En razón de que su cultura predispone a aceptar gobernantes que se quieren eternizar en el poder, el argentino no reacciona ante este tipo de totalitarismo. Acepta como natural el pensamiento de que si el gobernante es eficaz o se está de acuerdo con su ideología, puede permanecer en el poder “todo el tiempo que necesite para cambiar el país o una provincia”. Es una paradoja, porque la historia mundial demuestra todo lo contrario. La alternancia en el poder es lo que produce los verdaderos y fructíferos cambios que una nación necesita para su desarrollo.

 

Es obvio que un régimen totalitario o una dictadura, sea esta conservadora, populista o socialista, podrá gobernar con mayor ejecutividad porque no hay necesidad de lidiar con la oposición o con los sectores que no estén de acuerdo con tal o cual medida. La prensa no puede molestar, los sindicatos no pueden reclamar demasiado, los empresarios no deben quejarse ni pedir concesiones favorables a sus intereses, etcétera. No es necesario que las leyes deban pasar las comisiones de estudio ni el voto decisivo de un poder legislativo autónomo. Por supuesto, el otro poder, la justicia, nunca sorprenderá con una demanda que frene las acciones abusivas de esos gobiernos.

 Pero de la misma manera que el totalitarismo es muy ejecutivo en sus decisiones, sus errores no tienen “fusibles”. Por lo tanto, las equivocaciones son más constantes porque no hay una oposición fuerte que limite el poder del gobierno. Entonces, el país involuciona.

 

En cambio, cuando hay alternancia en el poder, todo es más lento, pero más seguro. Se asemeja a esa ya famosa frase puesta en boca de Napoleón Bonaparte: “Vísteme despacio, que estoy apurado”. Los “fusibles” funcionan, las leyes se debaten, los cambios se hacen más lentos pero las reformas son más sustentables en el tiempo porque las instituciones del país funcionan correctamente y, por lo tanto, los beneficios que recibe el pueblo son una resultante de ellas y no de un líder mesiánico que busca el poder eterno. 

 

Justamente, durante los últimos años hemos sido testigos de un agravamiento en el ya deficiente funcionamiento de las instituciones. La ciudadanía tuvo que afrontar numerosas transgresiones a las leyes y las normas constitucionales por parte de la dirigencia política y los funcionarios que se encuentran en la cúspide del poder. Y ya se sabe que cuando la corrupción, la prepotencia y el avasallamiento provienen de “los de arriba”, están marcando un “modelo” de funcionamiento ético y moral deplorable que, inevitablemente, imitan “los de abajo”.

Con este “modelo”, la población recibe una demoledora señal: no importa lo que se firme, se acuerde o se legisle, su permanencia en el futuro dependerá de lo que se le antoje al mandatario de turno. Hoy es Kirchner, ayer fue fulano y mañana será mengano.

 

En ocasión de una disertación realizada días atrás, el presidente de la Corte Suprema de la Nación, Dr. Ricardo Lorenzetti, dejó dos definiciones claves: “(…) para cambiar la cultura de una formación concentrada hay que fortalecer a la sociedad intermedia  y comprometer a la dirigencia en los mecanismos de control” haciendo alusión a esa predisposición totalitaria del país; y a continuación afirmó: “Nunca un Poder Judicial, por sí solo, cambió a una sociedad. Las sociedades cambian y el Poder Judicial es una parte de ese cambio”, referencia muy clara de que los cambios de un país dependen de la voluntad de todos sus ciudadanos.

Y éstos tienen un gran poder en sus manos para producir esos cambios: el voto y su participación activa en los debates.

 

Si bien no es un trabajo sencillo, tampoco es una utopía votar a políticos que hayan mostrado un mayor respeto por la independencia de los poderes. Si cada uno de nosotros reiteramos nuestra preferencia por un poder judicial y un poder legislativo que tengan los recursos, probidad e independencia indispensables para llevar a cabo la misión de modificar la cultura totalitaria y transgresora de gran parte de la elite política –incluyendo a las organizaciones piqueteras dentro del marco político-, empresarial y sindical, habremos conseguido realizar un paso esencial en pos de transformar la actual democracia delegativa (su nombre proviene porque se delegan todos los poderes en el ejecutivo) en una auténticamente representativa que construya las instituciones indispensables para formar una nueva república, democrática, representativa y federal.

Sería un buen principio para dar un salto hacia la Argentina potencia.

 

Enrico Udenio

10 de junio de 2009

 

(1): Palabras del escritor Mario Vargas Llosa en un reportaje realizado en Venezuela, por el diario Perfil de Buenos Aires.

→ 24 comentariosCategorías: Actualidad

ARGENTINOS DEVALUADOS

Junio 5, 2009 · 20 comentarios

 

Las riquezas de las naciones desarrolladas se obtuvieron en base a los enormes sacrificios realizados por sus respectivas poblaciones. Guerras devastadoras, hambrunas, crisis espantosas, solidaridades de sus ciudadanos en busca de un destino mejor, formaron parte de sus historias. Cada una de ellas, en su momento de inflexión, tomaron conciencia de que sólo con una convivencia regulada podían conducir a sus poblaciones a un mejor vivir, y a sus países, hacia un mejor destino. Todos ellos eligieron como sistema político la democracia; como sistema económico el capitalismo; y como forma administrativa, el funcionamiento republicano.

 

En una nación convergen habitantes con numerosas diferencias. Los hay de todo tipo de signo político, ideológico, religioso y raza. Creencias y pasiones desencontradas, inteligentes y estúpidos, bondadosos y dañinos, tolerantes e intolerantes, trabajadores y haraganes, habilidosos e incapaces, agresivos y respetuosos, sólo por mencionar algunos ejemplos dentro del abanico de posibilidades. Ante esta realidad humana, las principales naciones del mundo construyeron un fuerte desarrollo moral y económico sobre un pilar fundamental: leyes que deben atravesar a todos los habitantes por igual.

 

Sin este principio básico, no es posible implementar un punto de partida para una mínima y aceptable convivencia. Y sin ésta, una sociedad se deteriora por causa de sus luchas internas debido a las diferencias existentes entre sus ciudadanos. Cada uno de ellos crea su propia interpretación de las leyes, su propia ideología como única verdad, y la lucha en defender sus intereses se confunde con la lucha por defender el colectivo del país. Lo particular de cada uno se proyecta en el todo de una nación. Esta actitud es la antesala de un desastre anunciado.

 

En Argentina, vemos a diario cómo, desde el mismo gobierno, se trasgreden continuamente los valores esenciales de una democracia republicana. Sobre la base de los superpoderes otorgados año tras año al poder ejecutivo (algunos denominan a este tipo de democracia, ”Delegativa” en lugar de “Representativa”), se arrasa con gran parte de los derechos de los habitantes. Es muy larga la lista y conocida por todos: un poder legislativo inexistente –con excepción del aislado suceso de la Resolución 125- y una justicia dependiente del poder de turno. Candidatos electorales ficticios, injerencia abusiva en los negocios privados, agresiones hacia el empresariado y los productores agropecuarios, enriquecimiento notable de la fortuna personal del matrimonio presidencial así como de sus laderos, expulsión de capitales, extorsión constante a todo aquel que intenta tener un mínimo grado de independencia política o económica, discurso pendenciero hacia los que piensan diferente, manipulación de la información mediante la discriminación en el uso de los gastos publicitarios del gobierno, sometimiento de la voluntad de las provincias y comunas a través del envío condicionado de fondos, estadísticas oficiales ficticias de la situación económica y social, aislamiento internacional de la nación, y la actitud de los funcionarios en considerar que gobierno y Estado son la misma cosa, constituyen sólo una muestra del avasallamiento a las pocas instituciones y corporaciones que aún se mantienen en el país.

 

Si descomprimimos la angustia y el enojo que nos puede dar este nivel de totalitarismo, podemos adentrarnos en el pasado y comprobar que, en realidad, la culpa no la tienen los Kirchner, ni Duhalde, ni Menem, sino una población que ha perdido, con el correr de las décadas, la capacidad de valorar un estado democrático y republicano como necesario para emprender un fuerte desarrollo socio económico.

 

 

EL DESARRAIGO DE LOS VALORES DEMOCRÁTICOS

 “La verdadera filosofía es re-aprender a ver el mundo”

Maurice Merleau-Ponty (1908-1961). Filósofo francés existencialista.

 

En la nota “La Codicia de Poder es una Enfermedad” escribí: “muchos de aquellos que la eligieron entonces, hoy no quieren saber nada con ella ni con su esposo, y se sienten “engañados” por la forma de gobernar del matrimonio presidencial”. Es que los Kirchner no engañaron a nadie. Ellos ya eran así en su provincia y lo fueron durante veinte años. Se sabía que durante sus mandatos provinciales modificaron la constitución dos veces para poder ser reelegidos indefinidamente como gobernadores. A través de numerosas solicitadas, se tuvo conocimiento de que oprimían a los medios de comunicación que osaran criticarlos. También era de público conocimiento que los cientos de millones de dólares que Menem les concedió con el invento de las regalías petroleras, desaparecieron en el exterior para, seguramente, regar con créditos a ciudadanos de otros países, además de posibilitarles el cobro de comisiones personales en negro. No hace falta ser economista o empresario para darse cuenta de que es imposible que un matrimonio acumule, como fortuna personal, tantos millones de dólares sólo por “alquilar departamentos”.

 

Todo esto se conocía y había pruebas concretas de ello, por lo tanto debemos deducir que toda esta información existente no debía considerarse relevante a la hora de tomar la decisión de votarlos. Esto sí revela al verdadero problema: la sociedad argentina tiene desarraigados de sus valores aquellos que llevan a una población a inclinarse por la democracia y la república.

 

Este desarraigo puede entenderse en aquellos que adhieren a las ideologías totalitarias. Es difícil que un simpatizante comunista, o fascista, o nacional populista, acepte los principios democráticos y republicanos. Su inclinación política tiende al unipartidismo o, en el mejor de los casos, a una hegemonía en el poder, porque considera que el fin social justifica cualquier medio. Es lógico y entendible porque estas son sus pautas ideológicas. Además, es válido que así lo sea ya que el sistema democrático no es la “verdad absoluta” en política, del mismo modo –y mucho menos por supuesto- que el capitalismo no lo es en economía.

 

En cambio, es grave que aquellos inclinados por la democracia republicana estén distanciados de los valores que le dan sentido a su existencia.

 

La Argentina padece de una cultura autoritaria, probablemente iniciada en los siglos XVII y XVIII con la monarquía española, continuada en el XIX con el predominio del caudillismo, los abusos de la oligarquía terrateniente y la lucha unitaria-federal; con la ascendencia ideológica que, en el siglo XX y a partir de las décadas del 20 y del 30, tuvieron en la población argentina el nacionalismo popular, el fascismo y el marxismo, los regímenes autoritarios populistas y las dictaduras militares.

Esta cultura dejó una profunda marca en los argentinos y ha jugado un rol determinante en la constante ruptura de las leyes que intenta sostener, hasta el momento en forma muy defectuosa, el sistema democrático, republicano y federal, según lo ordena el Artículo Primero de la Constitución Argentina. 

Las maneras de interpretar la propia constitución, las leyes y sus reglamentaciones, son modificadas a diario, cuando no vulnerada la esencia de los conceptos de base que generaron su aparición. Esto, probablemente, estableció en las creencias de la población una actitud de poco respeto al orden previamente establecido o, peor aún, la idea de que cada uno puede hacer su propia ley o su personal interpretación de la misma.

El factor de subjetividad que implica cada creencia vence con holgura al de la relativa objetividad marcada por la ley formal. Si el hecho no concuerda con los deseos personales o pensamientos preconcebidos del que lo juzga, lo emocional cubre cualquier posibilidad de enfrentarlo con una mayor ecuanimidad.

 

Sin lugar a dudas que si la Argentina fuera una nación cuya población eligiera al fascismo o al socialismo marxista como su ideología deseada, se estaría de acuerdo con la eliminación de gran parte de las libertades individuales y no habría demasiadas posibilidades para que los argentinos expresen sus rebeldías y transgresiones a las leyes vigentes, por tratarse de regímenes represores.

Pero la realidad histórica es otra. Los argentinos declararon casi siempre su interés por transitar el camino de una república democrática y federal cuando, al mismo tiempo, atentaron contra la base por excelencia de la misma: la seguridad e intangibilidad de los bienes y el cumplimiento de las leyes que regulan el funcionamiento social y económico.

Se trata de una de las mayores y más perjudiciales incoherencias que experimenta nuestro país, y es promotor de la inestabilidad de sus habitantes y la expulsión del capital hacia el exterior.

Corregir esta incoherencia es un factor primordial a la hora de buscar soluciones.

 

Enrico Udenio

5 de junio de 2009

→ 20 comentariosCategorías: Actualidad

CONQUISTAR LA ESPERANZA

Mayo 29, 2009 · 38 comentarios

 

“Entre más violento sea un movimiento fascista, más apoyo popular tiende a tener.”   William Ebenstein (1910-1976). ( W. Today´s isms, 1970 pp. 121-150)  Filósofo. Fue eminente  especialista en derecho y teoría política del siglo XX.

 

Los Anteojos del Tata cumple un año desde su primera nota, el 31 de mayo de 2008, con La Crisis Del Campo, Una Consecuencia Inevitable De La Macrocefalia Argentina.  No es trabajo sencillo comprometerse con un artículo semanal que haga referencia a la actualidad política y económica del país  y que, además, tenga la intención de promover el intercambio de opiniones en un nivel que supere el común denominador de los agravios e intolerancia, que caracterizan a la mayoría de este tipo de comentarios. Esperamos habernos acercado mínimamente a este objetivo.

 

El blog ya superó las 185.000 visitas y los más de 1.000 comentarios recibidos (más de ciento treinta fueron por la vía del mail directo) dieron fe de un diverso e interesante abanico de opiniones. Por suerte, han sido sumamente escasos (en total, 18) los insultos y agravios soeces recibidos –algo muy común en los foros sobre política. En cambio, hemos recibido una enorme cantidad de aportes de un alto nivel intelectual y riqueza conceptual. Hago especial mención a aquellos que, sin estar de acuerdo con lo expuesto en las editoriales, en lugar de insultar o descalificar, intentaron defender sus posiciones desde ideologías o pensamientos diferentes.

En estas palabras, va mi agradecimiento a todos, por sus valiosas colaboraciones y por el apoyo a este proyecto.

 

Justamente tomaré como guía de esta nota las palabras de un forista en un comentario realizado hace pocos días con referencia a la postura ideológica de otro forista. Sus palabras fueron: “(…) evidentemente descarta la aplicación de la libertad de elección popular cuando su resultado está en desacuerdo con su ideología”.

El concepto que asomaba en este comentario era que las experiencias del pasado y la democracia se “regulaban” según la conveniencia. Si ideológicamente se está de acuerdo, hay que defender y respetar las decisiones de una población. Si esta elección va en contra de esos ideales, no hay obligación de cumplir con el deseo del pueblo, porque éste “se equivoca” o es “ignorante”.  

  

LA TRANSFORMACIÓN DEL PASADO

 “Curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.” Alberto Moravia, seudónimo de Alberto Pincherle (1907-1990), escritor italiano.

 

Existe una conducta en la cual las personas tienden a distorsionar el pasado para adecuarlo de mejor manera a las características de su presente. Este comportamiento, en el ámbito de lo político, muestra una actitud de negación o transformación de los hechos históricos para adecuarlos a las necesidades actuales.

 

En esta línea podemos encuadrar a reiterados comentarios de los adeptos al peronismo, o al “nacionalismo popular”, sean o no funcionarios del gobierno, que reaccionan con iracundia contra aquellos que marcan el origen fascista de Perón. Epítetos como “gorila”, “tendencioso”, “vendepatria”, “oligarca”, entre varios, son los habituales en el intento de descalificar al que lo dice. Esta actitud muestra al peronismo como un movimiento con poca predisposición democrática, totalitario y autoritario.

 

Valga para esto el ejemplo de la tendencia a convertir a Perón en un exponente del socialismo-popular de izquierda, cercano a figuras como Chaves, Lula, Correa y Evo Morales, cuando está debidamente comprobada (testimonios de la época-1945/55- de los mismos peronistas, documentos oficiales, etc.) su postura conservadora y su preferencia por el modelo fascista italiano. De hecho, los Kirchner conocían perfectamente esto, razón por la cual, durante sus primeros años de gobierno, impulsaron un proceso de transformación ideológica, conocido como “transversalidad”, para transformar al peronismo en una fuerza de izquierda popular cercana a una centroizquierda. Durante los actos partidarios ni siquiera cantaban la marcha del movimiento.

Su fracaso los obligó ahora a sostenerse en el poder a través de  la “columna vertebral del peronismo”: el sindicalismo y sus punteros del conurbano bonaerense -que en la Argentina siempre fueron la derecha peronista- a la que los montoneros calificaban como “la burocracia sindical”.

También está documentado –por los propios testimonios de los dirigentes de Montoneros- que luego de que Perón los echara de la Plaza de Mayo, en 1973, al compás del calificativo de “imberbes”, la Cuba de Fidel Castro siguió entrenando a los terroristas para intentar derrocar a Perón. El ex Montonero Roberto Perdía, en una reciente presentación sobre la década del 70 que realizó el 27 de septiembre del año pasado, dijo que a partir de ese suceso “se desató y se profundizó la lucha interna del peronismo, básicamente entre nosotros y las estructuras sindicales y por otro lado entre Perón y nosotros. La burocracia sindical estaba cercando a Perón y era la punta de lanza del imperialismo norteamericano”. El pensamiento montonero era que “Perón (que apoyaba a la derecha sindical) estaba traicionando a Perón (el izquierdista que quisieron inventar los montoneros), cuando, en realidad, el viejo líder siempre había estado muy lejos del socialismo marxista.
El peronismo de izquierda no sólo combatió a la dictadura militar. Sus acciones posteriores al suceso mencionado de la Plaza de Mayo fueron contra un gobierno elegido en las urnas: el del mismo Juan Domingo Perón. Es decir, siguieron detonando bombas, secuestrando y asesinando (al dirigente sindical José Rucci, entre otros), para destituir a Perón, primero, y a Isabelita, después de la muerte del líder.

 

También algunos peronistas y/o nacional populistas, intentan manipular el pasado cuando despotrican contra las privatizaciones de los servicios. Quieren demostrar que las estatizaciones son un símbolo soberano y defienden los intereses de los argentinos. Olvidan, consciente o inconscientemente, que en la época de ENTEL, conseguir una línea telefónica llevaba años de espera. Se compraban propiedades que tenían teléfono sólo para hacerse de él.

Ni hablemos del gas y la luz. En invierno no había gas para prender dos hornallas al mismo tiempo y los cortes de luz eran tan cotidianos que las familias intentaban guardar poca comida en el congelador de la heladera para evitar su deterioro. ¿Recuerdan el ruego para que las casas de familia racionalicen el uso eléctrico a partir de las nueve de la noche y no prendan los televisores?

 

Es común escuchar a los pro-estatistas lamentarse por la privatización de YPF, pero ninguno de ellos dice que era la única petrolera del mundo que daba pérdidas. Que Chaves quiera nacionalizar el petróleo en Venezuela y Evo Morales el gas en Bolivia puede tener una lógica económica: tanto las finanzas de Venezuela como las de Bolivia dependen del gran beneficio que obtienen del petróleo y del gas, respectivamente.

Este afán de nacionalizar empresas tiene su punto culminante y casi ridículo, con la estatización de Aerolíneas Argentinas, un modelo de pérdida de dinero e ineficacia empresarial, para que los funcionarios viajen gratis y abunde la corrupción anidada en los contratos de compras de insumos. Otra historia hubiera sido que el Estado fomentara una línea aérea nacional que permitiera conectar todos los puntos distantes del país. Pero para ello, no era necesario incautar AA.  

 

Es lógico que un marxista tienda a la estatización de toda la economía de un país. Es la esencia de su ideología. También un fascista es coherente con sus ideas cuando adhiere a un alto grado de nacionalización de la economía. A su vez, los autodenominados nacional-popular, al oscilar ideológicamente entre el marxismo y el fascismo nacionalista, inevitablemente deben apoyar una mayor estatización del país. Si pertenece al Estado, es bueno. Si es privado, es de temer.

 

Pero para el peronismo, esta cuestión no es tan sencilla. Es que al quedar a mitad de camino entre el capital y el corporativismo (tal cual como lo explicó el mismo Perón en numerosos escritos), sufre de profundas ambivalencias ideológicas que se ven reflejadas con el paso de los años en los contradictorios personajes que engendra, desde Cámpora hasta Lopez Rega, desde Rucci hasta Moyano, desde Menem hasta Kirchner.

Por ello, para los peronistas, los hechos históricos se interpretan de diferentes maneras según sea quien tenga el poder dentro del movimiento.  

 

 LA CULPA DE NUESTRA ACTUAL POBREZA 

“El destino baraja las cartas, pero nosotros jugamos.” Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.

 

La distorsión del pasado es también utilizada para enfrentar mejor el presente cuando se magnifican los daños producidos por los distintos gobiernos durante las últimas décadas.

 

La mayoría de los marxistas, nacionalistas populistas y peronistas insisten en que la culpa de nuestra actual pobreza se debe a que el liberalismo destruyó la industria argentina a favor de los servicios. Esos sectores siguen culpando de nuestros actuales males a los militares, por el derrocamiento de Perón en 1955; a la política económica impulsada por el ex Ministro de Economía, Martínez de Hoz, en 1976, y a la “convertibilidad” sostenida por Menem desde 1992 hasta el traslado de su mando, en 1999. No voy a entrar a discutir los argumentos con que sustentan esta creencia, porque ameritaría un extenso análisis, sino que me voy a referir a lo vergonzoso que significa para el orgullo argentino sostener esta postura.

 

Toda nación tiene gobiernos con aciertos y errores. También la Argentina. En un exhaustivo análisis podríamos pormenorizar sobre todo lo malo que resultaron para la nación muchas de las políticas económicas y sociales de los sucesivos gobiernos que tuvo el país durante el siglo XX, pero el desarrollo se encuentra cuando se aprovechan los aciertos de esos mismos gobiernos para poder ascender en la espiral evolutiva. Sería algo así como bajar un peldaño pero subir dos. Este crecimiento es posible siempre y cuando nos afirmemos en esos escalones positivos en lugar de intentar construir, una y otra vez, una nueva escalera.

 

Cuando se trae a la “década infame” de los años 30, o el advenimiento de un gobierno populista en 1945, o el golpe de estado de 1955, o la muerte de Perón en 1974, o la “tablita” de Martínez de Hoz en 1976, o la guerra de las Malvinas en 1981, o la apertura industrial y comercial impulsada por Menem, estamos trayendo hechos que sucedieron hace 80 años, 65, 55, 35, 15, o casi 10 años considerando el colapso financiero de diciembre del 2001.

 

Este discurso humilla la capacidad de afrontamiento y resiliencia de los argentinos.

 

¿O nos olvidamos que la Alemania de 1920, absolutamente quebrada y sometida por el Pacto de Versalles, con una inflación y depredación monetaria record en la historia de la humanidad, logró en menos de 20 años convertirse en una potencia mundial?

¿O la misma Alemania de 1945, que derrotada militarmente, diezmado su territorio e invadida por los vencedores de la guerra, consiguió convertirse nuevamente en una potencia mundial en apenas 15 años?

¿Y qué decir de Japón? Derrotado y rendido incondicionalmente en 1946, con dos de sus principales ciudades destrozadas por las únicas dos bombas atómicas que la humanidad vio utilizar, logró recuperarse en solo 9 años, y ya en 1970 se convertía en una potencia económica en el mundo.

¿Y Estados Unidos? ¿Recuerdan cuando los soviéticos lanzaron el primer vuelo orbital con la cápsula llamada Sputnik? Fue en 1957 y los norteamericanos todavía ni siquiera habían logrado superar la atmósfera para poder realizar un vuelo sub-orbital. Tocados en su orgullo, en 1959, su presidente John F. Kennedy, anunció que en 10 años iban a llegar a la Luna. Casi todos lo consideraron un delirio o un proyecto populista sin ninguna posibilidad de éxito. En 1965, de cada cuatro naves impulsoras para llegar al espacio, todavía explotaban tres de ellas, pero cuatro años después, el 20 de julio de 1969, Estados Unidos puso el primer hombre en la Luna, cumpliendo la promesa de Kennedy.

¿E Irlanda? En apenas 8 años, de uno de los países más pobres de Europa, se convirtió en uno desarrollado. ¿Y qué podemos decir de Taiwán, un diminuto país que es crónicamente amenazada por la gran China, y donde un obrero, veinte años atrás, ganaba 50 dólares al mes y ahora el mínimo supera los 1.000 dólares?  ¿Y Corea del Sur? A pesar de la constante amenaza militar que significa la Corea del Norte, en 1990 inició un desarrollo en educación que la puso entre uno de los cinco países con mayor nivel educativo.

 

Larga es la lista de aquellas naciones que habiendo sufrido fuertes privaciones y grandes tragedias, lograron crecer significativamente en muy poco tiempo.

 

Aquellos que insisten en justificar la involución del desarrollo argentino en hechos acaecidos 10, 20, 30 o más años atrás, ¿no sienten vergüenza viendo cómo otras naciones que han sufrido diez veces más que nuestro país han superado con éxito sus dificultades? ¿Dónde se encuentra el orgullo argentino?  

 

Un psicólogo diría que el pasado puede dar para todo, incluso para evitar encarar el futuro con el coraje que hace falta.

Un verdadero revolucionario diría que hay que conquistar la esperanza de cambiar la historia.

   

Enrico Udenio

Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.

29 de mayo de 2009

→ 38 comentariosCategorías: Actualidad · Política y economía

LA SOMBRA DE CRISTINA

Mayo 22, 2009 · 35 comentarios

“La política no es el fútbol. No confundamos pensamientos con sentimientos”.

Enrico Udenio.  Extraído  del libro “Corazón de derecha, discurso de izquierda” (2005). Ed.Ugerman. Cap.2.

 

Carl Gustav Jung designó con el nombre de sombra a los aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo, tanto positivos como negativos, que el yo no reconoce como propios pero que puede ver claramente en otras personas. Si la sombra no se integra a la conciencia, se originan multitud de proyecciones que, en su faz negativa, promueven la tendencia a ver en los otros defectos propios que son agradables de aceptar.

Cuando, a quien proyecta lo negativo de su propio accionar en el otro, se le señala que la acción que ahora critica es la misma que él mismo realizó en el pasado, la respuesta usual es que, “en este caso, es diferente”.  Es claro que los hombres no repetirían acciones fallidas si éstas fueran absolutamente idénticas. La repetición se da siempre y cuando haya algunos componentes que las hagan parecer “como diferentes”.

Nada mejor para describir este fenómeno que el accionar de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en un acto realizado días atrás en Chos Malal, Neuquén. En él intentó defender la toma, por parte del Estado, de los fondos jubilatorios que existían en las AFJP con argumentos tales como: “Ahora que está en manos del Estado, a la ANSES la llaman <la caja>, pero cuando los recursos estaban en manos de los privados y los giraban para afuera nadie decía nada” (…) “¿Saben qué descubrió la Presidenta? Descubrió algo central que nadie sabía. Que esos fondos eran prestados y muchas inversiones iban en obligaciones negociables al exterior. Miles de millones de dólares salieron a inversiones que no tenían nada que ver con los argentinos”.          

 

Al momento de decir estas frases, Cristina no tenía a una psicóloga al lado que la ayudara a recordar que, diez años atrás, ella y su marido enviaron al exterior cientos de millones de dólares pertenecientes a la Provincia de Santa Cruz. Que esos millones fueron a bancos extranjeros, los que a su vez, prestaron ese dinero para generar inversiones no relacionadas con la Argentina.

Años atrás, el matrimonio presidencial defendió esta acción con el argumento de que debían cuidar esos millones porque eran el patrimonio de los santacruceños. En cambio, ahora les negó a los jubilados ese mismo derecho –cuidar su patrimonio-, a pesar de que éstos votaron libremente apoyando la conservación privada de sus fondos. 

Por otra parte, gran parte del dinero de la Provincia de Santa Cruz enviado, sigue depositado en bancos del exterior, por lo que se deduce que no confían ni siquiera en ellos mismos, ya que desde hace seis años comandan la nación. De acuerdo a su accionar, más que patrimonio provincial, esos millones de dólares parecerían ser patrimonio personal de los Kirchner.

 

Este discurso del matrimonio presidencial haciendo referencia a los fondos que maneja ANSES probablemente responda a la necesidad que tienen de construir el marco adecuado para que se modifique la autonomía de la ANSES. El cambio a la reglamentación de la entidad que debería custodiar los fondos jubilatorios de los habitantes argentinos, permitiría al gobierno la utilización, a su antojo, de ese dinero.

¿Qué dirán ahora aquellos gobernadores no oficialistas como Binner o legisladores como los ex ARI, Macaluse, Raimundi, González, Maffei, etc, que aprobaron el paso a la ANSES de los cuantiosos fondos jubilatorios, con la promesa de que ellos “los iban a controlar”? ¿O acaso estas personas podían desconocer las sucesivas quiebras previsionales en las que incurrió el Estado durante las décadas anteriores a la instauración de las AFJP? Imposible, salvo que sean unos incapaces carentes del conocimiento mínimo que deberían tener para el ejercicio de sus funciones, cosa que no creo –o espero- que sea así. 

 

A este ritmo, ANSES se quedará sin fondos libremente disponibles en no mucho más de un año y medio. Esto significará que el dinero que ahorraron miles de jubilados habrá desaparecido nuevamente en el pozo negro e insaciable del gobierno porque es absurdo e infantil creer que, por tratarse de “préstamos”, se devolverán esos fondos. Como muestra basta un botón: ya fueron refinanciados todos los vencimientos que, para este año, la Nación tenía con ANSES, y así será todos los años y para siempre… Jamás volverán esos fondos a sus auténticos dueños, los jubilados. Se convertirán en simples asientos contables.

 

Además, como los aportes de los trabajadores activos no alcanzan para pagar la jubilación de la clase pasiva, el gobierno –tanto el actual como los que lo sucederán- deberá recurrir a la Tesorería de la Nación para afrontar esas obligaciones. Pero como nunca le sobra disponibilidad monetaria, deberá retacear los aumentos a los jubilados, tal como ya ha sucedido siempre en el pasado (salvo en los períodos electorales).

Es que, habiendo desaparecido esos fondos ahorrados en las AFJP, cada aumento –por mínimo que sea- es de una incidencia brutal sobre el presupuesto de la nación. Y, como los jubilados no salen a la calle con palos ni pancartas, cortando rutas y avenidas… se convertirán, una vez más, en el “pato de la boda”.

Sus fondos están yendo a tapar los agujeros de la caja del Estado Nacional sin generar ningún tipo de desarrollo genuino, todo por culpa de una dirigencia que dejó de lado el primer principio básico de la democracia –la población había votado a favor de la continuación de las AFJP y de mantener la libre elección entre el sistema de reparto y el privado- en aras de la rapiña –en el caso del oficialismo- y de la ideología –en el caso de los opositores que apoyaron la desaparición de las AFJP.

¿Qué dirán ahora estos opositores cuando ven que los Kirchner están utilizando esos fondos a diestra y siniestra sin que los poderes legislativo y judicial tengan capacidad de control sobre ello?    

 

 

LA IDEOLOGÍA COMO RELIGIÓN

 

“De tanto ver triunfar las nulidades, de tanto ver prosperar el deshonor, de tanto ver crecer las injusticias, de tanto ver agigantarse el poder en malas manos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra y a tener vergüenza de ser honesto”

Ruy Barbosa de Oliveira (1849-1923). Gran jurista, político y escritor brasileño.

 

En mi nota del 9 de noviembre pasado titulada “La Ideología como Religión”, expresé que este vaciamiento de los fondos jubilatorios fue apoyado por políticos no oficialistas por una cuestión ideológica transformada en religión: “La votaron porque dentro de su marco ideológico está contemplado que el Estado sea quien se hace cargo de la recaudación previsional pues, se supone, que éste es quien mejor puede cuidar de los valores de sus ciudadanos. La aprobaron porque llevaron la ideología al nivel de un dogma religioso, y un dogma no se discute, ni se razona, ni se cuestiona. De esta manera, arrasaron con uno de los derechos más preciados del individuo en las sociedades modernas: la capacidad de elegir libremente su destino.

Que un gobernador como el santafecino Hermes Binner –al que muchos independientes le tenían bastante fe en su proyección democrática – haya apoyado la iniciativa oficialista ignorando la clara voluntad popular, argumentando que “como socialista” no podía apoyar una administración previsional privada, es muy preocupante para la nación. Tiene ribetes angustiantes pensar que los socialistas argentinos se suban a su ideología para arrasar con las decisiones populares realizadas formalmente a derecho. Ya los peronistas, conservadores y militares, han demostrado a través de su historia que hay libertades individuales que no tienen por qué tomarse demasiado en cuenta. Ahora, los socialistas, auto- denominados democráticos y progresistas, también se hacen los distraídos con una de las esencias de una democracia: la libertad de poder elegir y el respeto a las decisiones que surgen de ese derecho.”    

 

Esta situación trae nuevamente sobe el tapete el tema de la democracia. Algunos foristas de este blog recalcaron que la Argentina es una nación que está viviendo un largo proceso de aprendizaje de lo que significaría ser y comportarse como un demócrata. Creo que tienen bastante razón. El desconocer una libre decisión ciudadana –promovida por el mismo gobierno que luego ignoró esa voluntad popular- es un ejemplo fascista, no demócrata. Recordemos que tanto en el fascismo como en el comunismo-socialista  marxista, se le niega al ciudadano el derecho a elegir entre opciones multipartidistas. Es el Gobierno-Estado que se erige en el único capaz de decidir sobre lo que más le “conviene a la población”.

 

La ideología como religión es una deformación democrática que también se expande en políticos más jóvenes que cuentan con buenas expectativas de obtener un crecimiento electoral, como es el caso del promocionado intendente de Morón, Martín Sabbatella, un peronista del “lado izquierdo”. En una reciente nota, el filósofo Tomás Abraham comenta que en una conversación con el intendente, éste insistió en que no trabajaría con un hombre de la derecha aunque fuera honesto. Abraham relata sobre Sabbatella: “Jamás comprendería que lo que él llama derecha puede llegar a solucionar problemas reclamados por la izquierda. (…) Jamás entendería alianzas como las que vemos en otros lares, (…) todo lo mide con la fidelidad a una ideología que llama de izquierda que le permite descalificar a los adversarios como de derecha” Continúa en la nota diciendo que para el intendente el mundo es diáfano: (…) “lo que entra en el saco de una ideología, está bien; lo que cae en el otro saco, mal.”

Finalmente, Tomás Abraham añade un comentario a título personal: “Hace rato que para mí, la izquierda no es una entidad diáfana que asegura un certificado de buena conducta. No me hace falta Gulag, Camboya o Europa Oriental para sospechar que una izquierda ideológica puede encubrir una política fascista y una moral espúrea”.

 

Un buen aprendizaje para todos aquellos que, una y otra vez, se auto proclaman respetuosos de la democracia, es aprender que ésta es, en realidad, un estado social en el que muchas veces hay que afrontar la frustración de lo que significa desear o pensar algo diferente a lo que la mayoría de la población finalmente decide, con la indispensable humildad que debería tener cualquiera que concientice que es imposible tener la verdad absoluta, porque ésta no existe.

 

Enrico Udenio

22 de mayo de 2009

→ 35 comentariosCategorías: Actualidad · Política y economía