EL HÉROE FRUSTRADO

La Argentina ha intentado, a lo largo de gran parte de su vida como nación independiente, seguir un camino demoliberal capitalista pero, de manera paradójica, sus gobernantes y su población se han encargado de quebrar, sistemáticamente, los principios básicos que sostienen la estructura de este sistema: la propiedad, las reglas del mercado, el capital, el trabajo y las leyes.

Entonces, ¿desde qué lugar se les puede ocurrir a los argentinos que el capitalismo puede funcionar si horada sistemáticamente sus bases?
En numerosos ensayos político-económicos y en los medios de comunicación se hace frecuentemente referencia al alto grado de pragmatismo de las sociedades, incluida la argentina. En realidad, el pragmatismo, dentro de la esfera de las ideologías, se aplica a diario en todos los países desarrollados, pero hay una diferencia conceptual entre cómo se aplica en ellos y cómo se da esto, en general, en los países de Latinoamérica y, en particular, en la Argentina. Ninguna de las medidas pragmáticas que se llevan a cabo en esas naciones del mundo desarrollado modifican la base del sistema ideológico que han definido en sus respectivos gobiernos pues siempre dejan intacta la columna principal que sostiene a toda ideología: una relación compacta e indisoluble que existe entre las leyes y la economía en una nación, relación que tiene que estar organizada en base a reglas de juego claras y coherentes.

En cambio, en Argentina, el pragmatismo es básicamente el pasaporte a la constante confusión. Al cambiar las leyes o el sentido de las mismas según el poder político de turno, sin importar si éstas apoyan o no el sistema de producción económica establecido, ha dado como resultado, a través de los años, a un injerto perverso que proporciona ganancias sólo a quienes están muy acostumbrados a este “desorden” y conocen sus códigos o a aquellos vinculados al gobierno que pueden sacar provecho de esa relación.
Por Enrico Udenio

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SALVADORES Y CARCELEROS

Es un tema apasionante analizar el fenómeno latinoamericano de los gobiernos populistas en algunas naciones de la región. ¿Qué significan? ¿Por qué se mantienen aunque no logren una sustancial mejoría en las condiciones de vida de sus habitantes?
Hoy podríamos afirmar que se trata de un populismo que propaga un discurso aparentemente progresista y presuntamente nacional y que es proclive a aceptar los regímenes totalitarios siempre y cuando respondan a los ideales incubados en un indoamericanismo de izquierda.
¿Pero cómo se puede calificar a aquellos gobernantes que habiendo sido elegidos por una mayoría popular gobiernan con absoluta prescindencia de la opinión y control de las minorías? ¿Son demócratas o dictadores?
Para algunos, son demócratas porque son los representantes legales de una población, por tanto, sus acciones de gobierno están consolidadas por el respaldo que les da el resultado electoral. Para otros, son dictadores de facto detrás de un escaparate democrático.
En realidad, parecerían ser ambas cosas al mismo tiempo.Por Enrico Udenio

 
SALVADORES Y CARCELEROS

Este tipo de populismo se hace presente en muchas de las naciones latinoamericanas, desde el cono sur con la experiencia peronista argentina hasta el norte con las sucesivas décadas de gobiernos del aprismo mexicano, en los cuales el apoyo popular y la validez democrática fueron utilizados para hacer trizas al sistema republicano, no respetando ni a las minorías ni a las instituciones.

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LA ILUSIÓN DEL ESTADO DESEADO

 Apenas cumplidos mis 18 años de edad ingresé a la Facultad de Economía y, al poco tiempo, quedé fascinado con la doctrina marxista. Cuanto más la estudiaba, más me convencía de estar ante un sistema que liberaría al ser humano del consumismo y la presión competitiva que imponía el capitalismo, y que le brindaría una mejor condición de vida. Mis padres, que eran lo que podría llamarse apolíticos, me escuchaban con atención pero sin emitir palabra. Un día, mi madre rompió su silencio y me habló de los miembros de nuestra familia que no habían podido, como nosotros, dejar Rumania, mi país de nacimiento. Mis padres, mi hermano y yo, por ser italianos, habíamos logrado salir, no sin esfuerzo, a fines de la década del 40, pero el resto de la familia no tuvo la misma posibilidad porque el gobierno comunista se lo impidió.
Mi madre me entregó las cartas en las que nuestros parientes daban cuenta del sufrimiento, la censura y sensación de esclavitud. Aún recuerdo algunas líneas: “no manden nada dentro de las cartas porque no lo recibimos ya que las abren (…) “nos han castigado porque Agop (el marido y jefe de familia) se negó a afiliarse”, son apenas pequeños ejemplos de la desesperación y tristeza anidada en ellas.

Por Enrico Udenio

Fue entonces que comprendí que una cosa podían ser las teorías y otra muy diferente llevarlas a la práctica.

LA TEORÍA

“El comunismo es la corrupción de un sueño de justicia.” Adlai  Stevenson (1900-1965). Político norteamericano. Secretario de Estado del presidente John F. Kennedy.

Desde el momento en el que mi madre me presentó aquella realidad tan diferente a la de mis fantasías, adquirí el hábito de analizar las teorías conjuntamente con sus posibilidades de aplicación práctica.
Pongamos como ejemplo a las Constituciones de los países que regulan y establecen las formas de convivencia de las poblaciones. Estas son documentos teóricos que no garantizan resultados si no se aplican de la manera adecuada. Puede que en algunas naciones con Constituciones modernas, que se articulan de manera orgánica con la realidad, pocos la acaten y, en cambio, en otros países cuyas Constituciones datan de dos siglos atrás sean rigurosamente respetadas. Incluso hay naciones que sin siquiera tener ese documento maestro respetan reglas tácitas de convivencia basada en los usos y costumbres, como sucede en Gran Bretaña. 
En la Argentina, el discurso estatista tiene muchos adherentes, tanto desde el oficialismo como desde los referentes de la izquierda y de la derecha nacionalista argentina. Este panorama ideológico amerita dedicarle algunas reflexiones.

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LA CULTURA DE LA ILEGALIDAD

El tema de las usurpaciones de propiedades se complejiza cuando intervienen componentes ideológicos. El principal referente de las exigencias de los ocupantes ilegales del Parque Indoamericano fue un declarado militante K. Esta circunstancia, así como el intento de haber querido culpar de esa usurpación y de las consecuentes muertes al titular del Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri,  motorizaron la sospecha de que “el Gobierno Nacional quiere modificar el mundo porteño mediante recomposiciones sociales manipuladas para hacer de la Capital Federal un espacio homologable al Gran Buenos Aires” (1).  No está de más aclarar que gran parte de la oposición insiste en que la estrategia de permitir las inmigraciones sin ningún tipo de selección o averiguación de antecedentes tendría consecuencias electorales importantes en un distrito que siempre ha sido desfavorable para el peronismo.
Por Enrico Udenio


LA INMIGRACIÓN

La Argentina ha sido y es un país de inmigrantes. La política inmigratoria es decisión del Gobierno Nacional. Por lo tanto, el problema habitacional derivado de la inmigración -legal o ilegal- es una competencia y responsabilidad del Gobierno Nacional y no del Municipio.
En estas últimas semanas se le ha cargado al titular del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, el mote de xenófobo por declaraciones que realizó en ocasión del conflicto por la usurpación del parque Indoamericano. Más allá de lo políticamente incorrectas que hayan sido las palabras de Macri, éste tocó un tema importante al denunciar la irresponsable política inmigratoria que desde hace años está ejecutando el Gobierno Nacional.
Para ser serios en nuestro análisis, recordemos lo dicho textualmente por el Gobernador de la Ciudad de Buenos Aires: “Lo que más falta es tener una política de desarrollo urbano inteligente y global. La Argentina es un colador. Cualquiera de Paraguay, de Bolivia, del Perú, entra como si estuviera en su casa y fija su residencia, preferentemente, en el conurbano o en las villas de la Capital. ¿Por qué? Porque la ciudad, aún en su decadencia, sigue teniendo un sistema de educación pública y salud mucho mejor que el existente en esos países. En ese desastre del descontrol inmigratorio, todas estas villas se han ido poblando y en estos últimos diez años crecieron a más del doble.” El nuevo censo parecería darle la razón al actual Gobernador de la Ciudad de Buenos Aires: es enorme el porcentaje de oriundos de esos tres países que residen de manera precaria en las villas de emergencia de la ciudad y el conurbano.

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SIN CONTROL PARA LA VIOLENCIA

Sin duda, el ser humano es una creación imperfecta de la naturaleza, la única especie que puede llegar a matar por placer o por venganza. Consciente de sus anárquicas interacciones y dificultad para controlar la violencia, él mismo creó las instituciones, que son los órganos constitucionales del poder soberano en la nación, y las agrupó en la entidad denominada Estado, al que le entregó el monopolio de la fuerza. Es este Estado, a través de sus fuerzas policíacas y militares, el que debe velar por la convivencia, la seguridad del país y los derechos de sus habitantes. Cuando no lo hace, lo suplanta la primitiva ley del más fuerte.
Por Enrico Udenio

UN DISCURSO AUTISTA

Cuando hablas, repites lo que ya sabes; cuando escuchas, con frecuencia aprendes algo.”  Jared Sparks (1789-1866) Historiador norteamericano. Presidió la Universidad de Harvard de 1849 a 1853.

A las 20 horas del día viernes 10 de diciembre de 2010 se produjo un hecho digno de ser plasmado en un documental histórico. Mientras la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunciaba por la cadena nacional de radio y televisión que “no se puede quitar la vida a alguien para defender algo material” la gente se mataba entre sí por la ocupación ilegal de un parque de la ciudad de Buenos Aires. Mientras la presidenta seguía diciendo que la Argentina “no va a integrar el club de países xenófobos”, vecinos de ese parque perseguían a tiros a los inmigrantes bolivianos y paraguayos que intentaban ocuparlo. Mientras Cristina justificaba con bonitas frases la ausencia de la Policía Federal en ese hecho de usurpación de tierras (“La violencia no sirve para crear más seguridad. El orden público debe ser custodiado, pero no puede ser a partir de cobrar vidas humanas”), ya eran tres las personas fallecidas en el lugar por causa de la ausencia de las fuerzas del orden público.

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LA GOBERNABILIDAD

Ante la reticencia de la oposición a aprobar en el Congreso de la Nación, y sin ningún tipo de modificaciones, los proyectos enviados por el oficialismo, los funcionarios del gobierno nacional han insistido en que, con esas negativas, ésta intenta boicotear la gobernabilidad del país.
Se entiende por gobernabilidad a la capacidad de dirigir a un país o una comunidad. Desde este punto de vista, los Kirchner sostuvieron durante estos años esta capacidad mediante, principalmente, tres recursos: A) El dinero aportado por las exportaciones primarias -en especial la soja- para asistir a los grupos más carenciados e inestables de la sociedad (1-Datos adicionales al pie de la nota).  B) Un discurso y actitudes que estimularon las fantasías e ideales de los sectores de izquierda más propensos a la violencia callejera; C) Un acuerdo con el sector más agresivo de la CGT (Confederación General de Trabajadores) para evitar los conflictos gremiales. 

Por Enrico Udenio

NO HAY MAL O BIEN QUE DURE CIEN AÑOS

La modalidad y ejecución de esos tres recursos fueron:
Para el primero, un sistema de asistencialismo económico directo (planes sociales y aumento del empleo estatal) e indirecto (subsidios a las empresas privadas para contener precios). Señalemos que con el auge del desarrollo económico de China y la India, los valores internacionales de los productos primarios argentinos fueron en constante alza. Este golpe de suerte generó caja. Y esa caja le dio la posibilidad a los Kirchner de construir poder político a través del asistencialismo y el clientelismo.

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INTELIGENCIA POLÍTICA O MILITANCIA RELIGIOSA

Toda nación necesita adecuarse a los cambios que el mundo propone. La historia nos dice que hay dos maneras de hacerlo: a través de reformas o mediante revoluciones.
Una Reforma intenta modificar algo, haciendo base en lo ya establecido, con la intención de mejorarlo mientras que una Revolución implica un cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación de manera más rápida y profunda.
Un buen ejemplo de las diferencias operativas entre una modalidad y otra pudimos observarlo en la evolución del socialismo. Por un lado, la facción más fundamentalista y adherente a la teoría marxista de considerar como única forma de progreso del sector trabajador a la lucha revolucionaria de clases; y por el otro, la conocida como socialdemocracia, que considera posible hacerlo de manera más gradual, a partir de reformas dentro del mismo sistema democrático y de negociaciones con la patronal, evitándole a la sociedad las graves consecuencias de una sacudida violenta.

Por Enrico Udenio

EL POPULISMO AUTORITARIO

En la Argentina de los Kirchner la opción elegida fue la de un populismo autoritario que intentó producir reformas rápidas, mediante el uso cuasi-totalitario de los poderes. A diferencia del Estado liberal, donde manda el Derecho, en este tipo de populismo es el Poder Ejecutivo quien detenta el poder. Algunos llaman “democracia directa o electoralista” a este sistema de desigualdad de las instituciones en las que se le adjudica el máximo poder al presidente porque a éste le fue otorgado por el voto de la población.

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